Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Diciembre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Nothing can stand by feelings alone [Ōjo o tasukemasu]

Mensaje por Akira Tohsaka el Jue Ago 10, 2017 10:28 pm

ambientación:

Mucho agradecía el joven ante la piedad de esa brisa nocturna. Su sangre no era apta para el calor veraniego de Eadrom, por lo que aguardó hasta la caída del sol para asomarse en el exterior, encontrándose la agradable sorpresa de aquel cambio climático. Era una hermosa noche, los altos grados eran templados por una fresca y constante brisa veraniega, bañando el ambiente con el perfume de los cerezos en flor. Las luces artificiales eran escasas aquel día, por lo que el cielo estaba salpicado de incontables estrellas.

Aquel día había decidido vestirse para la ocasión: llevaba una fresca yukata larga, de un intenso rojo escarlata, con bordes de ónice que brillaban ante el reflejo de la luz, sus geta haciendo eco contra el empedrado. Mientras surcaba por la parte baja del bosque de cerezas, disfrutaba del particular sabor de unos dangos -la gastronomía oriental aún lo sorprendía-. Habían transcurrido tiempos muy activos desde su llegada a aquellas tierras, amistades, peligros, lazos nuevos, lazos viejos… pero la compañía de su hermana Rin, que había reclamado para sí ese mismo día, era algo que nunca cambiaría.

Gentilmente entrelazaba sus dedos con los de ella, con la mirada perdida en el cielo iluminado, buscando recuerdos de la última noche de verano que habían compartido. Muchos años los habían separado con suma crueldad, y ahora buscaba recuperar cada minuto posible. Vio de reojo un destello en el cielo, algo que llamó su atención en el acto, así que soltó sus dedos para ajustarse los lentes, en busca de los fuegos artificiales.

- ¿Uh? ¿Ya han empezado? Vayamos a buscar algún clar-

Extendió los dedos a su lado, buscando la mano de su hermana, pero rasgó el mismo aire.

- ¿Eh?

No estaba junto a él. No estaba por ningún lado. Los nervios empezaron a acumularse a gran velocidad.

- ¿Rin? ¡Rin! -hizo un cono con sus manos frente a su boca- ¡RIIIIN!

Pero nadie respondía, salvo la suave brisa veraniega.

“Tu hermana está segura, pero… nuestro amor, no.”

Una voz resonó en su cabeza, una súplica que se escuchaba desde las mismas estrellas. A lo largo de su joven vida, Akira había escuchado muchas voces que susurraban desde ‘otros lados’. Pero era la primera vez que un timbre semejante hacía eco en su mente. Era dulce, tranquilizadora, pero sobretodo melancólica. Muy melancólica. Contra sus propias expectativas, le creyó.

- ¿Quién eres? ¿Te encuentras bien?

Preguntó al inmenso cielo estrellado, en busca de respuestas, y lo único que creyó escuchar en respuesta fue un suave sollozo.

- H-hey, ¿Dónde te encuentras? Puedo ayudar-

 Lo último que recuerda es una intensa luz blanquecina, y un cálido sentimiento que lo envolvió. Durante ¿Segundos, minutos, horas? Todo fue luz, y entonces...

- ¿...?

Los mismos hermosos cerezos lo rodeaban, pero las cercanías de la civilización habían desaparecido. Sólo estaba él, el empedrado, y el creciente eco que un desconocido producía sobre el mismo.
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