Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Evento A orillas de Amanogawa [Ōjo o tasukemasu]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 08, 2017 10:24 pm

Era una noche espléndida de verano, el viento era templado y agradable, se aspiraba un ambiente festivo, risas en la lejanía de las ferias que abrían por los festivales Tanabata. Niños jugueteando y corriendo con sus máscaras de yukai. Entre ellos, una jovencita descalza que cargaba un montón de cosas sobre la tela sobrante de la yukata de flores amarillas, con la cara cubierta por la aterradora de un “tengu”. Melody se sacó la máscara y la puso a un costado para ver mejor, sonriendo, se acercó a su hermana mayor con el botín. Evangeline, en cambio, llevaba una máscara de kitsune y parecía estar comprando cosas. Miró a su hermanita con algo de desaprobación.


Máscara Tengu:


-¿Te lo has gastado todo en dulces?
-¡No! Mira, también tengo este pez, lo llamaré Pato.
-¿Pato…?
Habían encontrado convenientemente uno de aquellos festivales de verano, tan alegres y esporádicos, cercano a la playa de la ciudad, en donde podrían prender sus fuegos artificiales. Las hermanas estaban fascinadas con todo el color y la alegría, los aromas de la comida extraña a sus paladares, los juegos y las máscaras. Todo era nuevo, curioso, cautivador.
Evangeline se había soltado un poco y consentido a su pequeña, y en ese momento, compraba una gran sandía fresca y algunas de esas bengalas para prenderlas en la playa, una pequeña sorpresa, a la luz de las estrellas.
-¿Qué es eso? ¿Qué es eso? –jaló del kimono de su hermana de repente la menor, con los ojos brillando de emoción, mientras señalaba hacia un, al parecer, pequeño teatro, donde un montón de niños revoloteaban.
Sin darle tiempo ni a reaccionar, Melody salió como un suspiro hacia el lugar, su hermana solo pudo suspirar y sonreir, mientras escondía las bengalas bajo su manga y cargaba la sandía en una pequeña red. A medida que se acercaba, pudo notar como una música, rítmica y reconocible, al ritmo de los tambores, comenzaba a sonar. Le agradaba, era relajante, y fue siguiendo el ritmo con la cabeza mientras se acercaba. El pequeño centro libre estaba ocupado por un círculo de personas, que, con las máscaras cubiertas, comenzaron a bailar al ritmo, y una canción que sonaba a muy vieja y nostálgica, sonaba en los parlantes.


“Sasa no ha sarasara
nokiba ni yureru.
Ohoshisama kirakira
kingin sunago.
Goshiki no tanzaku
watashi ga kaita.
Ohoshisama kirakira
sora kara mieru.”

Canción:


Miró el baile, que duró unos cuantos minutos, para luego aplaudir efusivamente. Lo mas genial de haber ido a vivir a ese lado del charco eran este tipo de cosas extrañas pero divertidas y hasta hermosas que se desplegaban. Su hermana también parecía encantada y reía dichosamente, seguro le hacía gracia las máscaras. Estaba por tomarla de una mano y llevársela cuando un hombre, con una máscara blanca y semblante noble, se acercó primero y repartió pequeños papeles entre los niños de la primera fila. Extrañada, Eva se acercó, el hombre la miró, como si por debajo sonriera, y le pasó un papel también, de color verde claro. Algo perpleja, lo miró irse, y su hermana pronto volvió a saltar sobre ella, agitándola y arrugando el kimono violeta que traía puesto.
-¡Eva, Eva! El señor blanco nos dijo que pusiéramos un deseo aquí, y lo colgáramos allá –señaló a un pequeño árbol de bambú.
Como si una chispa infantil se encendiera, creyente de la magia y los deseos, Eva asintió sonriendo. Las hermanas fueron ilusionadas a escribir sus plegarias y atarlas a una ramita.
“Deseo que seamos felices toda la vida”
“Deseo que Pato nunca se muera”
Juntaron las manos tras atarlos, y miraron al cielo. Las estrellas estaban tan brillantes, tan juntas, parecían salpicadas exactamente sobre ese lugar, como si formaran un camino.
-Bueno, ¿lista para la sorpresa? –Eva, con una renovada esperanza, le tendió la mano.
Se dirigieron entonces hacia la playa, fría y calmada. Las olas eran el único sonido que, sordo, y acompasado, les llegaba a los oídos. Algunas parejas y familias estaban dispersas con sus propias luces, como estrellas en la arena, pero en general, no había mucha gente. Se colocaron en un punto intermedio, no tan cerca ni de la orilla ni del festival. Eva partió la sandía, y se endulzaron los labios con el fruto mientras miraban al cielo. La vía Láctea se apreciaba en todo su esplendor esa noche. Cuando iba por el segundo trozo, la mayor sacó, tras un momento de expectativa, las bengalas y pequeños fuegos brillantes de la manga, extendiéndolas a Mel. Es poco decir que la niña se emocionó, sus ojos se hicieron brillantes como el cielo mismo. Tomó una de las bengalas y se apartó un poco más hacia el mar, para apreciarla sola, como recelando. Eva le dejó hacer, después de todo, las había comprado para ella, así que se sentó en la arena fría a terminar su sandía. Ah, y cuidar a Pato y el botín “con mucha responsabilidad”.
Con la fruta en la mano y la bengala encendida en la otra, Melody masticaba y miraba con los ojos bien abiertos las chispas de colores, con cuidado de no quemar su ropa. La bamboleó un poco, la hizo un haz de luz, girar y correr. Se reía tontamente cuando de pronto notó que algo sobrevolaba sobre ella. Se quedó quieta, extrañada. Miró al cielo. Las estrellas brillaban incluso más fuerte. Hizo una cara de no comprender y se encogió de hombros. Pero nuevamente, algo sobrevoló su cabeza, más cerca. Se quedó estática.
-…… ¡AJA! –se dio la vuelta de un salto, nada.
Molesta, dio un mordisco a su sandía, mordiéndose la lengua. Chilló unos instantes antes de darse cuenta de que… allí estaba. Una urraca, tan pancha, la miraba moviendo la cabecita a un lado y otro. Melody se tensó “Mi gran enemiga”. Caminó despacio, despacio, acercándose de a poco con la sandía en lo alto, por sobre su cabeza. Estaba cerca cuando…
-¡WAHAHH! –cayó al suelo tras resbalar, alguien la había empujado y la arena se tragó su orgullo, su bengala, y su sandía.
Tardó en reaccionar unos segundos, con el rostro en el suelo. Pero finalmente se levantó de un salto, con arena hasta la coronilla. Señaló con lo que quedaba de sandía en su mano, sin saber que gesticular.
-¡Lo estaba por atrapar! ¡TAAAN CERCA! –le tiró la sandía sobre la cabeza. Aunque esa persona no parecía estar del mejor humor posible…
Además, la urraca había desaparecido, pero algo había en su lugar, solo que aun ninguno se había dado cuenta.
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Evento Re: A orillas de Amanogawa [Ōjo o tasukemasu]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 09, 2017 1:53 pm

El albino estaba mirando por la ventana de su departamento. Era un tanto curioso ver lo hermoso que se veía el cielo esa noche, casi algo irreal. Normalmente él estaría tumbado en su cama, observando el techo como imbécil y llenándose de aquellas preguntas que eran difíciles de responder por sí mismo.
Suspiró bajando su vista, y sin quererlo la posó sobre las personas que se veían en las calles. Estaban felices y vestidas de manera poco normal, si no fuera tan ingenuo en los temas festivos sería capaz de deducir rápidamente que eso era toda una fiesta, un festival. O al menos esos habitantes iban hacia tal sitio.

Esto me trae algunos recuerdos —murmuró posando su mano sobre el vidrio, como añorando tocar algo—. La abuela solía contarme historias cuando afuera se veían personas así —finalizó alejando sus dedos del vidrio y volteándose para encontrarse con Hyorinmaru—, ¿no lo recuerdas? —musitó observando el gesto negativo que le propino su acompañante. Sonrió ante eso y volvió a colocarse en la posición inicial, la vista era colorida y eso le gustaba.
Me contó que suelen haber muchas fiestas así. La gente te se pone ropa extraña y hay mucho ruido, más de lo habitual, porque todos corren de un lado a otro mirando todas las cosas que hay. Ah, es que dijo que muchos señores y señoras se ponen a cocinar en las calles o a mostrar adornos —mencionó emocionado, girando su rostro para volver a mirar al espíritu de su arma—.Mmm. pero al mirar el cielo —regresó su vista al mencionado—, recuerdo un cuento en particular. Era uno de estrellas. Había una princesa que creaba ropa con estrellas, las más bonitas y brillantes para los dioses del cielo, así que siempre iba a un río para recoger las estrellas más bonitas para poder hacer aquella tela brillante. Sin embargo, al cruzar un puente necesario para llegar hasta ahí, su vista se cruzó con el de un pastor de las nubes —contaba la historia un poco compungido por el recuerdo de su abuela, sin despegar su vista del cielo que divisaba tras el vidrio—. Ambos se quisieron mucho así que se fueron a vivir juntos. Entonces dejaron de hacer sus trabajos, la princesa dejó de tejer y el pastor no cuidaba de las nubes. Por eso el rey se enfureció y los castigó; los separó, uno a cada lado del río. Aunque es un rey bueno así que al ver a su hija triste les permite verse simplemente un día al año, pero...la princesa no puede cruzar el río, entonces necesita que... —calló de inmediato al escuchar el rugir de su estomago—. Creo que sería bueno ir a comprar algo para comer —dijo con la misma voz infantil con la que estaba relatando su historia, por su parte el espíritu simplemente asintió y se esfumó para poder acompañar a su amo de la forma en la que siempre lo hacia, a su espalda dentro de una katana.

En verdad parecía desencajar con todos a su alrededor. De por sí llevaba una especie de kimono pero no exactamente uno de colores, solo negro y blanco con una capa con el número diez y su espada amarrada a su espalda; aún así, toda la alegría y murmullos en el entorno lo hacían sentir incomodo.  Risas y risas, muchos adornos con largas cintas en el cielo, y bambú, muchos de esas plantes cubiertos de tanzaku, como si de sus adornos se tratasen. Alzó sus cejas ante eso y terminó por llevarse otra cucharada de su Kakigōri. Al menos podía decir que ese helado fue lo único bueno que pudo ver al estar metido entre toda esa maraña de personas, porque sí, sin quererlo se había ido al centro del estruendo.
La zona del festival de las estrellas. Por muy tonto que suene, Kisa no tiene ni la menor idea de cuál es la razón del festejo y mucho menos sabe de qué se trata todo, simplemente la curiosidad de niño lo llevó inconscientemente a ese sitio bochornoso.

Hace mucho calor —se quejó pasando el dorso de su mano por su frente, y gracias a levantar su cabeza por el fastidio, consiguió coincidir su mirada con las estrellas. Notó que todos los adornos que habían antes hacían que no pudiese apreciarse bien tal belleza, y el ruido, eso también impedía deleitarse por completo por ese cielo espectacular—. Creo que...es la historia que estaba contando hoy —dijo sorprendido pestañeando un par de veces—, porque este cielo tan hermoso debe de ser algo especial —se convenció de aquello al no recordar haber visto algo tan hermoso en todo su vida. Las estrellas brillaban de manera inusual ante sus ojos, y pudo continuar caminando a ciegas por tener la vista perdida entre tantas otras miradas deslumbrantes, mas, el sentir algo anormal debajo de sus pies lo hizo bajar su mirar, extrañado ante tal hecho—. ¿uh? ¿arena? —miró al frente—¿la playa?. —Se acercó un poco más, allí también habían personas pero estaban haciendo algo más...raro. Se quedó hipnotizado, observando como una niña sostenía una luz en su mano, más que eso, le daba vueltas y zamarreaba como si le perteneciera, como si fuera su juguete. No sabía que se podía hacer eso, por lo que miró sus manos por algunos segundos y las agitó como imbécil esperando a que alguna clase de luz brotaran de ellas; nada. Volvió a mirar a la pequeña "maga" y decidió ir y preguntarle sobre su magia extraña. Le parecía interesante.

Se acercó más y más hasta que pudo ver algo más extraño aún. ¿U..U... Un pájaro? Arrugó un poco el ceño, eso sí era extraño. Volvió a mover sus pies, ya estaba bastante cerca cuando...


Ayúdame, por favor


Movió su cabeza de un lado a otro tratando de ver la cara de lo que pareció susurrarle esa suplica, no vio nada a sus lados. Volvió a enfocarse en la pequeña y le comprendió. Era ese pájaro que estaba frente a ella y...¿ella iba a atacarlo?. Era una suerte que la luz natural de la noche, y uno que otro fuego artificial, fueran lo suficientemente tenue como para poder permitirle ver tal escena, quién dice que eso no era obra de algún ser sobrenatural guiándolo, tentándolo a ir hacia allá . Daba igual... ¡Él tenía que hacer algo!. Fue corriendo para intentar detenerla y ¡Plass!. Sin querer tropezó y acabó por darle un buen empujón a la niña, provocando que él también se estampara contra el suelo. —Ugh —se quejó poniéndose de pie y... ¡Thump! Una deliciosa sandia dio contra su cabeza—¡!Oi! ¡¿Por qué demonios hiciste eso?! —gritó molestó recogiendo la fruta con una mano y acariciando su cabeza con la otra—.Más te vale que no le pongas una mano encima a... —cerró la boca al volver a escuchar ese extraño susurro.


Ayúdame, por favor


Miró a la pequeña y entornó los ojos—Acaso...¿no escuchas eso? —cuestionó  moviendo un poco su cuello para poder ver si ese pájaro seguía allí; la respuesta fue un no—. ¿Qué hiciste con el pájaro, bruja? —acusó dándole un mordisco a la sandía gratuita. La verdad era que su pregunta era estúpida, los pájaros vuelan y punto; no obstante, su acusación no iba por la desaparición de la misma sino por ese maldito susurro.

Oh, y más entretenido sería el hecho de que algo estaba por abrirse a su lado, algo que les permitiría adentrarse en una aventura única. Algo verdaderamente especial y único.
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Evento Re: A orillas de Amanogawa [Ōjo o tasukemasu]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 10, 2017 8:14 pm

-¿A quien llamas bruja? –la carita de la niña se puso algo colorada mientras fruncía el ceño- ¡Tu viniste a atropeyarme! Y esa urraca estaba haciendo cosas raras… seguro que estaba hablando –admitió para defenderse, con cierta vergüenza, pues si, pensaba agarrar a la urraca...
Bufó mientras se sacudía un poco de arena y miraba con cierta pena su bengala, ya apagada y gris en el suelo. La fue a levantar cuando notó de vuelta, patitas en la arena, dibujos de patitas. Su furia se desinfló mientras, algo absorta, seguía el rastro. Algo brillaba en el suelo, mas allá. En la arena. Se hizo un ectraño silencio mientras Melody se incorporaba con la vista fija en ese punto, como si temiera perderlo de vista, o que fuese una alucinación.
-¿Ves lo que veo yo? –murmuró hacia el chico que recién había llegado, olvidando completamente lo ocurrido antes con esa simpleza de quienes son demasiado ingenuos- El cuervo estuvo ahí, les gustan las cosas brillantes, tal vez sea algo importante, como un… ¡Un diamante! Aunque no entiendo que haría un diamante en la playa…
Mientras, Evangeline, algo perdida más allá, miraba al cielo, recostada en la arena. Sentía que podía tragarse las estrellas con los ojos, titilaban y llenaban el espacio sobre su cabeza, le llenaban la mente de recuerdos, de nostalgia y de tristeza. Podía distiguir más allá la estrella que poseía su nombre, siempre la hallaba, donde fuera que estuviese, como si la esperase para confortarla…
Alzó la mano al cielo, recortando su forma negra contra el cielo estrellado. Y pudo notarlo, la brecha ¿Por qué había una brecha en la vía lactea? Su rostro reflejó confusión. Sacó su mano para verificar que no fuera esta, pero ahí seguía, una brecha, tan pequeña y perdida que solo mirando un largo rato podría haberla visto. “Que extraño” pensó la joven, incorporándose y apoyando las manos en la arena fría sin despegar la vista “Por un momento pareció…”


“¿Me ayudarías?”


Ambas hermanas se sobresaltaron en su lugar cuando esa voz extraña y lejana les habló. Una voz sin edad, infinita, que pareció establecer un silencio profundo en la playa. El viento sacudió sus cabellos mientras sus ojos brillaban.


“Ayúdame, ayúdales”


-¿Escuchaste eso? –saltó Melody hacia el chico en una zancada, tomándolo por los brazos y sacudiendolo- ¡Era una voz preciosa! ¿No? También lo oíste, ¿no? Vino desde arriba… -lo miró fijamente a los ojos, con expresión ilusionada. Lo dejó algo pasmado, pero se notaba algo molesto.
Evangeline se levantó en esos momentos, absorvida por ese halo de misterio. Dio unos pasos cuando frente a ella pasó, como una ráfaga de viento, unas alas negras. Confundida, avanzó hacia su hermana, mirando para todos lados. El viento susurró nuevamente, por todos sitios.

“Ayúdame, ayudales, ayúdame, ayudales…”

-Melody, creo que algo raro esta pasando –decía mientras se acercaba a su hermana, quien se había alejado bastante, recién cuando estuvo a unos pasos notó al jovencito al que su hermana parecía estar haciendo un cuestionario policial- ¡Melody! ¿Qué te dije acerca de acosar a la gente? Espacio personal…
-¡Eva! –Mel soltó de golpe a su acompañante para saltar alrededor de su hermana, ignorando su regaño olímpicamente- ¡Por ahí!
Señaló hacia el sitio brillante, seguía titilando con suavidad. Como si se hubieran puesto de acuerdo, ambas se acercaron para rodearlo con cautela, ignorando por un momento al intruso. Se miraron y miraron al suelo varias veces, no muy seguras de que era o que debían de hacer.  
-Es como un hueco del que sale luz, pero no tiene mucha forma… -Eva sintió que sus pies se hundían a medida que se acercaba, así que retrocedió- La arena alrededor es muy… blanda…
-¿Deberíamos tocarlo? Parece un pedacito de luna…
-No creo que… sea bueno, ¿y si es algo extraterrestre?
-¡Que va! Seguro es algo mágico, es más probable –aseguró la menor.
Ella, agarrada a su falda, observaba muerta de curiosidad, pero con algo de resquemor. En ese momento, ambas daban la espalda al chico. Y una vocecita, desde atrás de este, le exigió, chillando.


“¡¡Corre hacia ellas!!”


A la vez, que la luz parecía tomar fuerza, atraérlas, como insectos hacia la luz…
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Evento Re: A orillas de Amanogawa [Ōjo o tasukemasu]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 11, 2017 2:19 pm

Él podía estar comiendo una sandía como si fuera otro del montón,descansado del estruendoso festival a orillas del mar y teniendo una pequeña pelea con quien podría ser una amiga, a los ojos de los demás por la escasa altura que tenían ambos, definitivamente ese sería un buen cuento, una maravillosa forma de ocultar lo que estaban ocurriendo en ese lugar y lo que habían presenciado—¿Ah? —tragó el jugoso trozo de fruta y ladeo un poco el rostro—, ¿cómo que cosas raras? y... ¿hablar? —intentó indagar un poco más al mismo tiempo que trataba de encontrarle sentido a lo que escuchaba de la contraria. Si en verdad esa ave fue capaz de hablar, eso significaba ¿qué en verdad le estaba pidiendo ayuda para no ser atacada por la pequeña bruja de yukata floreada? Se enfoco en sus pensamientos al unisonó que su boca buscaba devorar por completo la fruta, sin importarle si la misma tuviera algo de arena por la caída o no, y sus orbes perseguían los movimientos de la pequeña. Así es, gracias a eso pudo reparar en la ropa que llevaba, los detalles, era fácil suponer que venía de ese lugar ruidoso y además—. ¿eh? —gesticuló ingenuo llevando su vista hacia donde la niña le indicaba. Anormal, era verdaderamente anormal—.¿Un diamante? ¿Qué es eso? —preguntó mirando ese punto luminoso con más curiosidad. Pues sí, Kisa pecaba de ignorante con la mayoría de los temas del mundo humano, no obstante, eso no parecía ser barrera suficiente para su curiosidad infantil, planeaba acercarse a lo que sea que fuera esa cosa brillante, por desgracia las manos de su compañera lo atraparon sin previo aviso—¡¿Q-Qué te sucede?! —alzó la voz al verse sorprendido por tal acción de la pequeña, normal que al estar tan ensimismado le sucediera eso—. ¿E-Escuch-? —intentó responder pero se vio obligado a callarse al ser atropellado por las siguientes exclamaciones y, sí, Hitsugaya correspondió a esa mirada ilusionada de color castaño, pero lo hizo con una de desconcierto, e incluso una gota de sudor se podía ver bajar por su mejilla ante tremenda escena desconcertante; manteniendo un claro malhumor por el tacto contrario.

O-oi... —intentaba mencionar algo para terminar con todo eso, ¡pero no! En escena entró otra chica, el albino la observó con la boca entreabierta, aguantando el agarre de la otra, y es que ni siquiera se percató de su llegada; mas, eso fue lo de menos porque gracias a ella se había librado de los gritos y ese vaivén que le causaba la otra pequeña. Las miró dándole una última mordida a la fruta y tirando la parte "amarga" de la misma —la cascara— ahora él estaba detrás de ellas, dubitativo, todo sucedió tan rápido que no sabía qué diablos hacer.

Y la aventura no terminaba allí.

¡¿Correr hacia ellas?! —le respondió a la voz que había escuchado a su espalda, girándose para intentar encararla—eh...¿qué está pasando? —se preguntó a si mismo al no ver a nadie y ¿por qué debería hacer eso?. Sus labios se curvaron ante la duda y volvió su vista a las dos chicas, mirarlas le provocaba varias sensaciones, primero estaba el hecho de que parecían muy cercanas y que se apreciaban mucho; lo otro era que...—¡¿L-La luz?! —vociferó admirado por el brillo que sus pupilas estaban captando, no lo podía creer. Apretó su puño y comenzó a correr, estiro su mano para intentar atrapar las ropas de esas desconocidas, sentía que algo malo iba a pasar, al no iba bien.

"¡Joder!"

Justo en el momento en que sus yemas lograron rozar la fina tela de las yukatas, le pareció sentir un toque en su espalda, uno que lo obligó a irse de lleno hacia delante, impactando contra ambas femeninas y siendo tragados por aquel brillo que desprendía la arena al caer en el mismo.
Ahora su preocupación se volvió real, ya no era un simple sentimiento.

Al caer su vista se encegueció ante miles de luces e imágenes que no conseguía comprender. Le pareció ver a una hermosa mujer llorar, lamentarse y luego un hermoso cielo estrellando, un ¿río?. Todo acabo en oscuridad y en un fuerte dolor en la parte trasera de su cuerpo.

Agh... —se quejó abriendo lentamente los ojos, tratando de acostumbrarse a nueva iluminación del lugar. Levantó una de sus manos y la llevó a su cara para apartar el cabello que obstruía su visión—¿Q-Qué sucedió? —levantó su espalda para sentarse, la cabeza le daba vueltas, como si hubiera realizado un largo y movido viaje.


"¿Po-podrán ayudarme?"

Otra vez esa voz. Negó buscando con la mirada a los chicas que empujó sin querer y sus ojos se abrieron atónitos al captar el lugar en donde estaba—¿D-Dónde... —musitó apenas al ser incapaz de escupir algo más. Ya no había playa, ni mar, ni arena, y tampoco se veía como un lugar habitado.

"Las urracas, por favor. ¡Quiero verlo!"

Mágico. El ambiente contenía esa clase de sensación, algo anormal, irreal. Mientras sus vista estaba pasmada en su alrededor, un pájaro con aire mágico se poso sobre un techo de aquellas casas de aspecto antiguo, parecía portar algo mágico, algo que la iluminaba sutilmente gracias al resplandor de las estrellas, como un delicado manto de luz. Además le cielo...Ese cielo también poseía algo fuera de lugar, era demasiado brillante, tenía demasiados puntos centelleantes, casi hipnóticos. Sinceramente su vista turquesa estaba perdida en eso, apoyando ambas manos en el suelo terroso, ya no había arena pero tampoco asfalto.

"Mi amado..."
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Evento Re: A orillas de Amanogawa [Ōjo o tasukemasu]

Mensaje por Invitado el Dom Ago 13, 2017 11:31 am

Casi podía tocarlo, Eva alargó la mano para ver a través, su sombra se recortaba sobre la arena. El suelo parecía palpitar, y la luz parecía empezar a invadirlo todo. Melody la jaló para atrás, asustada de repente, cosa extraña en ella, pero su rostro reflejaba lo incómoda que estaba con esto, era normal, algo que no entendían, ¿estaban yendo muy lejos?
Pero tan pronto como esas preguntas aparecieron en la mente de la mayor, tarde pudo notar los pasos tras suyo en la arena, pasos apresurados y a la vez torpes que iban hacia ambas con velocidad. Apenas pudo voltear la vista y ver con el rabillo del ojo que el chico curioso de hacia un rato corría hacia ambas, con rostro ¿confundido? Y como si le estuvieran apuntando con un arma, como alma que lleva el diablo, le quiso poner una mano, pero… ya estaba siendo girada hacia el otro lado por la fuerza, la había tomado de la falda del kimono, resbaló trastabilló y finalmente cayó al frente. Melody lanzó un grito de sorpresa, pues no se veía venir nada, y simplemente se dejó caer de cabeza mientras se cubría la cara.
Esperó el choque de la arena y la inevitable frescura y terrosidad de esta. Pero, extrañamente, no sintió nada sólido frente a ella. Abrió los ojos, que mantenía fuertemente cerrados, para ser deslumbrada con miles de luces, mientras caían, como Alicia a la madriguera del conejo Abrió los ojos como platos mientras era absorbida por su alrededor, sintiendo el cuerpo ligero y la mente en blanco, parecía deshacerse y rehacerse nuevamente en miles de pedazos, buscó también con la vista a su hermana, pero todo lo invadían las luces, las imágenes, los colores y las voces, cientos de voces que recitaban quien sabe qué. Pudo notar ciertas cosas que se repetían, un hombre y una mujer, el cielo, vestidos, reclamos y llantos. Despues, todo pareció concentrarse en un punto, como si fuera absorbido hacia la oscuridad, el comienzo de un Big Bang. Y todo era negro nuevamente.
Cuando finalmente parecieron encontrarse en tierra, Melody salió disparada, rodando como una pelota hasta estrellar con la pared vieja de una caseta, terminó con los pies para arriba y mirando al cielo, más mareada que asustada, tratando de aferrarse al suelo como si temiera que se desvaneciera de vuelta. Evangeline, cambio, apareció con la cara al suelo, en una posición incómoda donde su trasero formaba una curvatura, como si le estuviera rezando a la Meca. Apoyó ambas manos en la tierra y se incorporó con molestia y extrañeza inmensas.
“¿Pero qué demonios ha pasado?”
Dio un empujón para poder sentarse mientras se sobaba la frente y las mejillas. Seguía siendo de noche, pero había algo extraño en todo esto. El cielo se llenaba con cientos y cientos de estrellas, como si en la ciudad se hubiera ocurrido un apagón general, no, como si en el país lo hubieran hecho, para apreciar el cielo. Miró con cierta cara de “Oh, qué bonito” por un momento, pero el viento fresco que la golpeó la sacó de su embobamiento, se agarró los mechones que salieron disparados y los acomodó mientras respiraba profundamente. Los sonidos de los insectos acribillaban sus oídos.
“¿Qué es? El aire se siente tan fresco… Diferente”
No era lo mismo, podía aspirar el aroma de las plantas y de la noche, algún olor lejano a comida cocinándose, a madera y telas. Flores y mar. Miró alrededor, ya no estaban en la playa… Espera…
“¿¡Ya no estamos en la playa!?”
Se levantó de golpe, mareándose un poco, mientras miraba todo alrededor con gesto perdido y desconcertado, dando pasos hacia todos lados, buscando una referencia, algo que la ayudase a comprender. Había solo árboles y algunas casitas más allá, casitas de madera que en su vida había visto. Así fue que visualizó a Melody. Corrió hacia ella, cuidando de no caerse también, y la ayudó a levantarse.
-¿Estas bien? ¿Te hiciste daño? –la puso de pie y le sacudió la ropa.
Melody solo parecía tan desconcertada como ella, y miraba lentamente alrededor, con la boca entreabierta de la sorpresa. Solo atinó a decir una frase.
-Ya no estamos en casa ¿…verdad?
Eva la abrazó y la alzó a la vez, acariciándole la espalda.
-Estaremos bien… todo esto pasó porque…
-¡El chico extraño! El que come cosas del suelo –la pequeña se apartó del hombro de su hermana con gesto acusatorio, y se zafó a empujones de ella para bajar al suelo y buscarlo con la mirada- ¡Allá!
Avanzó corriendo hacia el, mientras Evangeline le seguía confundida y asimilando que, porque él las había empujado, estaban allí.


“No te asustes”


Paró en seco. Era esa voz nuevamente. La buscó con la vista, pero no había nada en particular.


“No te asustes, shojo”


Como un manto de alivio, la voz la hizo relajarse un poco y serenar su mente para pensar con más claridad.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres?
El silencio fue lo único que le respondió.
Mientras tanto, Melody corría para encontrarse con el chico, pero tan pronto como se lanzó este la esquivó con facilidad, terminando nuevamente en el suelo tras rodar y estrellarse contra un árbol. Pero esta vez se incorporó con rapidez.
-¿A dónde nos has traído? ¡Tú eres el brujo aquí! –lo acusó, avanzando con paso ruidoso hacia él, denotando enojo- ¡Estamos perdidas! Este lugar, este lugar es… ¡es en ningún lado! –se abrazó a sí misma jalando de las mangas de su yukata, con la cara pálida. Al parecer, presentía que esto no era simplemente una escapada a cualquier lugar, sino que estaban mucho más lejos de lo que creían, muchísimo más lejos.
Eva avanzó hacia ambos con más serenidad, pero con una incógnita en el rostro.
-Tu, enano –lo llamó, no muy a gusto igual con la situación- Tampoco sabes que ocurre, ¿no? Por tu rostro se deduce fácilmente.
Colocando las manos en la cintura y adoptando el papel de mediadora, suspiró y lo miro con dureza.
-Ahora deberás ayudarnos a salir de esta, ya que te tomaste la molestia de meternos. Mi nombre es Evangeline y ella es Melody, mi hermana.
Miró hacia las casitas más allá y luego hacia él nuevamente.
-Espero que tengas un plan en mente, porque algo me dice que no es coincidencia que estemos aquí, en este lugar y ahora…
Esperó a que se presentase y diera algún tipo de primer paso, algo, alguna noción, que se explicara, por lo menos. En realidad no quería ser ruda, no parecía ser muy mayor y hasta le daba cierta pena, pero a la vez estaba molesta de que las empujara a esta... cosa extraña.
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Evento Re: A orillas de Amanogawa [Ōjo o tasukemasu]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 15, 2017 12:48 pm

Kisa seguía dudando sobre dónde diablos estaba. Aunque la verdad no le importaba demasiado teniendo en cuenta la paz que se sentía en ese silencioso y hermoso. Suspiró al dar un paso al costado para esquivar el pequeño proyectil humano que venía hacia él—.¿Qué diablos- —tragó sus palabras al ver a la pequeña acercarse tan enfadada y despotricando acusaciones. Hitsugaya la miró con una expresión de confusión y extrañeza ante tales actitudes—.Mmm...yo... —dio la vuelta rápidamente para encontrarse con la otra chica fantasma que aparece de la nada, arrugó el entrecejo ante tal forma de referirse a él. "¿Qué fue culpa mía? ¿en serio?" pensó aguantando la ganas de darle responder de forma agresiva—.En primer  lugar no me vuelvas a llamar enano o no la cuentas —la señaló con desdén para luego cruzar sus brazos y mirar hacia el lado contrario de ella—.En segundo, yo no hice nada. Ustedes son las brujas, no, no —rompió con su postura para señalar a la más pequeña del grupo—, ella, ella es la bruja. Cuando la vi estaba haciendo cosas raras con sus manos co...como luces —vociferó mirando sus manos—, y yo no puedo hacer algo así —explicó levantando su mirada para encontrarse con alguna de las dos femeninas—Así que en todo caso fueron ustedes las que hicieron todo esto —soltó con mirada acusatoria—.A-además si las empuje fue porque... —desvió su mirada pensativo, ni de broma iba a decir que era porque pensó que algo podía pasarles y quería evitarlo, bueno, lo intentó pero por un tropezón él también se vio envuelto en todo eso; no obstante, todo fue por culpa de la vo...—¡Eso!—exclamó girándose para estar frente a las chicas—Yo...yo escuché una voz, una que me dijo que debía ir hacia ustedes —recordó moviendo sus manos—, y...—miró al cielo—, aquí también la escuché, dice que le ayudemos —volvió su vista al frente y llevó su mano a su cabello para revolverlo un poco—.Aunque no lo entiendo, ¿por qué tendría que ayudarle? y más importante, ¿Por qué con unas molestas como ustedes? —volvió a darles la espalda, seguía enfadado por lo de "enano". "Maldita sea, no tendría que haberle hecho caso a esa jodida voz. Mejor si hubieran sido succionadas por la arena pero no conmigo" Lanzó un suspiró largo y sonoro.

Estaba en un hermoso lugar pero con dos personas que no le agradaban de nada. Sí, estaba prejuzgando pero le valía madres, para él todos eran exactamente lo mismo: Una molestia. Pues bien aunque no les dijo su nombre había dado su versión de los hechos para defenderse de las acusaciones y contraatacar con otra, mas, eso no significaba nada. Ya estaban ahí y poco interesaba de quién fue la culpa, debía de hacer lo que sugirió la de más altura del grupo


"....¡¡¿Me ayudan o no?!!"

Todos los pelos se le erizaron al escuchar tal grito, estaba seguro que las otras dos también lo escucharon porque el mismo pareció atravesar toda la ciudad, era un voz hermosa y femenina, no obstante, se notaba que estaba perdiendo los nervios. El shinigami miró a los lados y apretó su puño, cansado de todo el teatro de hablar sin dar la cara—. ¡Y una mierd-! —ni siquiera respetaba a la niña, esperemos que su compañera le cubriera los oídos—Desde hace un rato que escuchó tu voz pero no te veo, si quieres ayuda ¡da la cara! Además. ¿en qué debemos ayudarte?


"¡No me hables así! ¿no te das cuenta de la situación? ¿No sabes qué día es hoy?"

La voz sonaba más cabreada pero ese deje celestial que causaba el oírla no se apartaba—¡Por algo pregunto! ¿eres idiota o qué? —dijo con ironía levantando su puño hacia el cielo—.¡Habla claro de una vez! ¿Qué quieres? —volvió a preguntar impaciente. Si algo en lo que Kisa no era bueno era en tener paciencia y justo en ese momento lo estaba demostrando.

"¡Ayuda, ayuda! ¡Está claro que el tonto eres tú!


En la frente del pequeño shinigami se vio una vena al escuchar eso—.¡Ya sé que quieres ayuda, pero ¿en qué? ¿en qué?! —respondió con ironía con el mismo tono de enfado que poseía aquella hermosa voz, la verdad es que era un escena cómica. Un niño gritándole al cielo y una voz magia y especial respondiendo a sus gritos de la misma forma.
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Evento Re: A orillas de Amanogawa [Ōjo o tasukemasu]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 16, 2017 7:09 pm

Eva alzó las cejas levemente mientras lo miraba despotricar con paciencia, mientras mantenía los brazos en jarra, solo atinando a pensar y pensar “Pero si eres un enano… en fin”, no era realmente con mala intención, pero Eva de tacto tenía muy poco tacto al tratar con extraños que la llevaban a medio de la nada.
Cuando volteó hacia Melody con dedo acusatorio, tal como ella hacia unos instantes, su rostro volvió a ponerse rojo, pero luego de un segundo se miró las manos igual, por ahí era cierto y todo ¿no? “Tal vez mi magia es super magia y todo, como en los libros esos del chico de anteojitos…” se dijo maravillada. Así que solo respondió.
-No somos brujas… al menos no exactamente, eso es muy ofensivo –en un murmullo entre dientes mientras escondía de vuelta las manos tras la espalda, haciendo un mohín y mirando por sobre su hombro. Pudo distinguir un campo de arroz a lo lejos. Bueno, ella no sabía que era un campo de arroz, pero igual le llamó la atención. El agua reflejaba suavemente la luz de las estrellas y parecía formar un pequeño camino…
Ahora la conversación había tornado un giro y de repente ellas tenían la culpa de todo. Eva estaba por protestarle (aunque no estaba muy segura de querer luchar con un niño berrinchero) cuando algo en sus palabras le llamó la atención.
-Espera, ¿una voz? –Evangeline sonó intrigada, aunque su voz fue algo atenuada por la perorata que el chico seguía emitiendo- ¿Podrías…? –su cara se frunció un poco en molestia mientras alzaba un dedo para dar fuerza a sus palabras- ¿No serás solo esquizofre…?


"....¡¡¿Me ayudan o no?!!"


Los tres se quedaron de piedra mientras la voz les criticaba ¡Vaya! Para ser una voz tan bonita podía poner un tono bastante duro. Eva miró para todos lados, al inspeccionar el lugar no había notado nada ni nadie fuera de lo normal… Bueno, obviando la parte en la que estaban perdidos. El niño (no tan niño) respondió con una palabrota exasperada. La mayor, confundida como estaba, alargó las manos instintivamente hacia su hermana, pero solo le tapó los ojos en vez de los oídos. Pero no paró ahí, sino que siguió peleándole al aire, a (quien sabe) algún fantasma que les estaba hablando a todos ahí “¿Será esto el infierno? ¿morimos tragando arena? Oh dios por favor no…” se lamentaba ya con pesimismo la chica.


"¡No me hables así! ¿no te das cuenta de la situación? ¿No sabes qué día es hoy?"


La voz se irritaba cada vez más. Y también la paciencia de Eva, que siempre fue de hacer las cosas con practicidad y rapidez.
-A ver, little one… -trató de ponerse frente a él y llamar su atención, pero se había enfrascado.


"¡Ayuda, ayuda! ¡Está claro que el tonto eres tú!"


-¡Vaya! ¡¡Muy misteriosa, muy misteriosa, pero bien que le estas peleando a un niño señorita!! –saltó de repente la chica con gesto enfadado mientras apuntaba alrededor con el dedo- ¡Ya basta los dos! No llegaremos a ningún lado de esta manera –se llevó una mano al rostro mientras hacía cara de dolor de cabeza- Esto es lo más extraño de la noche pero… A ver…
La voz pareció calmarse al notar su falta de madurez cuando le llamaron la atención, por lo que respondió con algo de más calma.


“No puedo indicárselos, sus “corazones” deben guiarlos”


Pareció algo molesta con tener que ser ceremoniosa, pero su voz suplicó, casi lloriqueó.


“¡Por favor! ¡Hoy es un día muy especial, mi único día!”


Esas palabras quedaron flotando en el aire unos segundos. Pronto, Eva cayó en la cuenta.
“A ver… día especial… que recuerde la fecha, cielo brillante, voz en el aire, voz de mujer…” No lograba encajar las urracas, pero con un poco (mucho) de duda, murmuró.
-¿Es por el Tanabata….?
La voz dio un sonido parecido a un dulce canto mientras una brisa de viento le agitaba los cabellos junto a un suave aroma de camelias. Supuso eso como un gesto afirmativo, un exagerado gesto afirmativo. “Cosas de gente celestial, supongo…”
Miró al chico peliblanco con dureza.
-Bien, pasaré por alto tu falta de respeto a nosotras al no presentarte. Porque si tu estas aquí, será por algo…
Se rascó la mejilla, mientras hacía memoria.
-El Tanabata celebra la unión de la princesa Orihime y Hikoboshi, ¿no es así? –miró al chico buscando una afirmación- ¿Se supone que debemos hacer algo en específico?


“¿TE CREES QUE ES TAN SENCILLO COMO ESO?”

Chilló con dulzura la voz nuevamente, como ofendida.
-Bueno, bueno… -Eva se volvió a enojar “¡Pero que carácter…!”- Diré entonces que eres la princesa y que necesitas…
-¡Un camino!
La voz de Melody los sorprendió a ambos, no habían reparado en que no estaba ahí, y volvió a aparecer con su máscara de tengu puesta. Se levantó un poco esta para que vieran su rostro risueño.
-¡Hay un camino de estrellas por allá! –añadió agitada mientras apuntaba con la mano hacia el campo de arroz- Me acerqué a ver si encontraba a Pato en el estanque pero no hubo caso…
Eva dio un vistazo a ver si al chico le estaban cayendo las cuentas o no, y luego se dirigió con su hermana al borde del agua. Efectivamente, el cielo estrellado pasaba justo con su vía láctea por sobre el agua, formando la imagen de un camino.
-¿Cómo se supone que lo crucemos? –preguntó al aire, confundida.
-Hay caminitos de tierra alrededor, por allí, podemos ir siguiendo el rastro, ¡Como a los ríos! –solucionó nuevamente la hermana.
La idea parecía estrafalaria, una completa locura de hacer. No era muy probable que fuera una pista, ¿no…?
-Vamos, he visto a la urraca del otro lado del amanogawa –señaló Melody mientras se colocaba su máscara y, sin esperarlos, cruzaba por el camino de tierra que surcaba el sembradío.
La mayor se quedó estática un momento, comprendiendo, cruzó tras ella.
-Vamos, pequeño chico albino.
Del otro lado, los esperaba una urraca, efectivamente, con gesto señorial…
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Evento Re: A orillas de Amanogawa [Ōjo o tasukemasu]

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