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Muchas gracias!
6 AÑOS
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Lydia Fireclaw [ID]

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Finalizada Lydia Fireclaw [ID]

Mensaje por Lydia Fireclaw el Mar Jul 18, 2017 4:00 pm



Scarlet

Go and try, you'll never break me

Lydia
Fireclaw
Scarlet
15 de Agosto
18 Años
Mujer
Heterosexual
Estudiante
3ero A
Casa Roja
Demonio
Balrog

DESCRIPCIÓN FÍSICA

Lydia es una mujer joven de apariencia delicada, con una contextura atlética aunque no aparenta su real fuerza física, de piel sumamente pálida, bastante delgada, de apariencia magra, con una estatura ni muy alta ni muy baja de 1,70 metros y con unos ojos qué pueden variar su tonalidad entre un rojo claro, oscuro, o incluso entre el color amarillento. Su cabello es de una tonalidad rojiza carmesí, bastante sedoso, brillante y con un largo que da hasta su cintura por la espalda. Suele llevarlo suelto, ligeramente despeinado y con un mechón de cabello que pasa por su frente y termina en el límite de su ojo izquierdo, además de otro que pasa por el costado izquierdo de su rostro hasta acabar a la altura de su mandíbula, estando en su forma "humana", mientras qué en su forma real se ve más peinada, con un cabello mucho más liso, con un par de mechones que surgen a cada costado de su rostro y terminan a cada costado de su busto, además de tener el flequillo más recto y menos despeinado.

Sus ropas en su forma "humana" tienden a ser de color negro y ligeras, permitiendole una gran flexibilidad aunque estas cubran gran parte de su cuerpo, a pesar de llevar también algunos accesorios como una especie de capa pegada a la cintura, cinturones, bandanas y/o bufandas rojas, además de algún choker con una cadena en el centro. En su forma real, suele ir vestida de rojo, usualmente con un tipo de vestido qué deja expuesta su espalda, parte del busto, guantes largos y negros con decoraciones rojas qué llega hasta el bicep (Igual qué en su forma humana), botas negras, pantis y algunos accesorios qué igualmente usaría en su forma humana, más posiblemente repitiendo más el color negro que el rojo.

DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA

A simple vista, Lydia parece ser una chica bastante "hermética" y, a decir verdad, esto no es algo que se aleje de la realidad. No es alguien que podría considerarse sociable, ya que además de ser una persona desconfiada, usualmente no habla más de lo que cree necesario y es sumamente concisa con la elección de palabras que utiliza (cosa que, obviamente en situaciones normales, no extiende demasiado las conversaciones). En general, es una persona seria y con paciencia prácticamente nula en ciertos aspectos, por lo que no es fácil provocarla sin conseguir que se enfade y que reaccione de una u otra manera (por cierto, puede ser algo rencorosa, por lo que no olvidará ningún tipo de ofensa hacia ella o a algo/alguien que considere importante).

Cuando habla con las demás personas puede verse monótona o indiferente mientras la conversación siga en pie, pero definitivamente estará estudiando el comportamiento del otro aunque sea de una manera superficial. En cambio, cuando se encuentra con cualquiera de sus amistades, intenta ser más expresiva en general y puede llegar a ser totalmente capaz de soltar una que otra broma o comentario sarcástico. Es difícil que considere a alguien como amigo, ya que sumándose a las razones expuestas anteriormente (poco social, cerrada...) ganar su confianza en un inicio puede llegar a ser todo un reto en ciertas ocasiones (por lo que usualmente es preferible rendirse con eso, yendo por la opción más fácil), aunque una vez se logra, ella es una persona totalmente dispuesta a dar lo que sea por el bien del otro.

GUSTOS

- El verano.
- Entrenar, leer, estudiar.
- Dulces de cualquier tipo.
- Evidentemente, el color rojo.
- Los animales (preferencia por los zorros).
DISGUSTOS

- Discriminación.
- Insectos. De cualquier tipo.
- Perder el tiempo con cosas poco útiles.
- Agresividad/peleas/discusiones sinsentido.
- Que le desordenen/toquen el cabello (O a ella en general).

PODERES
Habilidades:
• Capacidad innata para aprender e inteligencia sobrehumana.
• Características, reflejos y sentidos sobrehumanos, además de visión nocturna.
• Gran maestría en el uso de la espada y en el combate desarmado cuerpo a cuerpo
• Capacidad para invocar y desvanecer a placer su espada "Kallias"
• Resistencias a los venenos, ya que su cuerpo los genera (Aunque sea incapaz de utilizarlo por carencia de colmillos o garras como otros demonios Balrog).
• Pirokinesis y Umbrakinesis. Capacidad para desviar o mover el elemento del fuego y la oscuridad.

Poderes de batalla:
Dark/Fire Control
Poder qué puede usar o con su elemento de oscuridad, o con su elemento de fuego, a no ser qué esté usando Shadow Flames. Lydia exterioriza su elemento, el cual es capaz de controlar y mover con la mente a voluntad propia para cubrirse o atacar (Como si de un tipo de telekinesis se tratara), dándole forma de ráfagas, esferas, o lo qué se le venga a la mente (Siempre ejerciendo ataques con un tamaño máximo de 5 metros) en un rango máximo de hasta 20 metros. El máximo numero de turnos que puede mantener este poder activo es de 3, y el tiempo de recarga será igual al doble de turnos qué el poder estuvo en uso (Pues también se puede utilizar solo un turno o dos). El daño máximo que puede alcanzar es del 45% (Daño total causado en todos los turnos), y puede repartir este 45% a placer entre tantos ataques quiera (Puede dividir de forma equitativa el 45% de daño, o repartirlo en distintos ataques de 5% y uno de 20%). Su debilidad será siempre el elemento opuesto (Agua de usar fuego, Luz de usar oscuridad, o la mezcla de Agua+Luz o Agua Purificada/Bendita de estar activa Shadow Flames). Además, entre mayor sea la distancia qué sus ataques recorran, menor será el poder (Cada 5 Metros de distancia que su poder recorra, el daño de dicho ataque bajará un 2%)  [En tramas e historia se usará más libremente].

Shadow Flames
Poder con el qué mezcla tanto su capacidad para exteriorizar el fuego como la oscuridad (Así como el control de los mismos), para mezclar estos dos elementos, creando un fuego negro capaz de quemar casi todo (Incluso el mismo fuego común) y el cual es más difícil de apagar qué el fuego normal aunque Lydia puede apagarlo voluntariamente. Con este poder, tanto Dark/Fire Control como Judgment utilizan este fuego negro híbrido una vez este poder es activado, "Buffeando" estas técnicas. Como contraparte, este poder es débil ante el agua bendita (O el ataque simultaneo de agua y luz) además de causar que sus técnicas tengan un aumento de enfriamiento de un turno por cada 2 turnos qué el fuego negro se utilice. Esta habilidad puede usarse un máximo de 5 turnos consecutivos, seguido de 4 turnos de recarga [En tramas e historia se usará más libremente].


Poder de trama:
Fate Smash
Técnica definitiva de Lydia. Con esta técnica, concentra todo su poder en toda la zona qué lo rodea, llegando a distorsionar la realidad y creando una "Realidad ficticia" o una pequeña "Dimensión alternativa" que simula perfectamente (Como si fuera un universo-espejo o como si entrara en un especie de "Limbo" junto al/los enemigo/s) la zona en la qué se encuentra. Esta "Dimensión ficticia" (Llamada "Dimensión Zero" y creada originalmente por Nero) abarca un rango total igual a una ciudad completa (Si alguien llega al "Límite" de esta dimensión, aparecerá de vuelta por el "Límite" contrario de la misma). Quien sea atrapado en esta dimensión, no podrá salir de esta si Lydia no ha sido derrotada o si bien, Lydia no desvanece este poder (Ella necesita estar presente y no puede "Aprisionar" a nadie allí). En esta "Dimensión Zero", se puede destruir completamente los alrededores sin tener ningún tipo de repercusión en el "Mundo real", salvo por las personas dentro de la "Dimensión Zero", cuyas heridas se causen allí dentro serán "Reales".

Dentro de la "Dimensión Zero", Lydia adquiere una velocidad de hasta 270 km y la capacidad de levantar hasta una tonelada. Además, tiene la capacidad  de manipular todo el poder que se usó para crear esta dimensión, para acumularla en el cielo y dejarla caer como si de una bomba de Fuego Negro se tratara, destruyendo un total de 500 metros a la redonda de dicha dimensión.


Debilidades:
• No puede regenerarse en su modo "demonio normal" y en el de su forma real, sólo podrá regenerarse en un porcentaje mínimo dependiendo de la herida.
• Si un ángel orador le hace una bendición, perderá su rango en el infierno haciéndole perder su capacidad de "balrog".
• A pesar de controlar el fuego, no es inmune a él.
• El agua bendita funciona como veneno para ella, pero a menos que se la trague, puede sobrevivir a ella.
• Los poderes de luz, las bendiciones y los artefactos sagrados, así como los lugares benditos pueden llegar a causar un daño considerable en sus cuerpos o pueden ser atrapados por contenedores o sellos de esta naturaleza benevolente.


Armas: Posee una espada roja y negra llamada "Kallias", la cual posee también runas las cuales le permiten usar un par de poderes que las misma posee. Esta espada solo responde ante ella y de caer ante manos ajenas, engendra su fuego negro con la intención de quemar a quien la esté sujetando. Además, puede tanto hacerla aparecer como desvanecer la misma (Siempre y cuando la esté sujetando).
Kallias:


Magic Breaker
Canaliza su poder sobre las runas de su arma para activar las mismas. El arma adquiere la capacidad de debilitar la magia, lo qué vuelve al arma capaz de debilitar el poder de aquello de procedencia "Sobrenatural" o mágica (Siempre y cuando no se trate de nada relacionado con la luz o lo celestial) en un 35% (DeBuff) en batallas normales o más en trama (inhabilitandolas), siempre y cuando sea capaz de corta a su objetivo (Personas, objetos o invocaciones físicas). El número de turnos qué esta habilidad puede ser usada es de dos, a costa de 3 turnos de recarga. La debilidad de esta técnica es tanto qué el elemento de la luz (Y sus similares) no solo son inmunes a esta, si no qué cancelan de golpe la técnica de entrar en contacto con el arma en cuestión (haciéndola entrar instantáneamente en enfriamiento), además de no poder ser usada de no tener el arma entre sus manos [En tramas e historia se usará más libremente].


•  Judgment (Arma)
Canaliza su poder sobre las runas de su arma para activar las mismas, tanto o con su elemento de oscuridad, o con su elemento de fuego, a no ser que esté usando Shadow Flames. Lydia rodea tanto su arma como su cuerpo del elemento que esté usando en ese momento y otorgándole distintas características dependiendo del elemento que haya escogido. De utilizar la oscuridad, sus capacidades físicas aumentan en un 35%. De utilizar el fuego, adquiere la capacidad de ejercer un 45% de daño con sus ataques en general. De utilizar Shadow Flames, utiliza ambos al mismo tiempo. Esta técnica está activa un total de 4 turnos, para luego volver a poder ser usada en un total de 6 turnos más. Su debilidad será siempre el elemento opuesto (Agua de usar fuego, Luz de usar oscuridad, o la mezcla de Agua+Luz o Agua Purificada/Bendita de estar activa Shadow Flames). También necesita de sujetar ella misma el arma para poder mantener esta técnica activa y, además, aumenta en un 30% sus propias debilidades [En tramas e historia se usará más libremente].


HISTORIA
Nacida gracias a la unión de una pareja de demonios, en un lugar en el que no había nada más que odio, destrucción y el constante deseo por encontrar cualquier cosa que pueda afectar a los demás pero de una u otra manera arreglárselas para mantener el pellejo propio intacto. Se encontraban en un sitio que se encontraba lo más alejado que les había sido posible de la civilización humana más cercana, por lo que su población consistía principalmente de razas resentidas, desterradas o que directamente solo buscaban escapar de los humanos en sí por quién sabe qué motivo. Además, para prácticamente todos los habitantes de ese sitio, el tener un hijo no era nada más que una carga innecesaria que te retrasaba, algo de lo cual podías deshacerte en cuestión de segundos si parecía incompetente en cuanto a cumplir las expectativas impuestas en él y, siguiendo esa lógica, solían abandonar a los niños que llegaban –el hecho de si estaban acompañados o no, era algo totalmente irrelevante- para “probar sus capacidades”, ver si serían “aptos” para la vida que llevaban en ese lugar o bien, en pocas palabras: divertirse a costa de ellos. Generalmente, para ahorrarse las molestias que suponía vigilarlos por tanto tiempo para comprobar si eran valiosos o no, los mataban en cuestión de horas. Hasta el nacimiento de la niña, estos padres primerizos habían seguido esa misma manera de pensar, aunque… ¿quién hubiera imaginado que esa pequeña pelirroja que tenían entre sus brazos iba a ablandarles tanto? En ningún momento imaginaron que se encariñarían tanto en tan poco tiempo –a decir verdad, no habían imaginado siquiera un futuro con ella-, por lo que después de meditar durante un par de días lo que deberían hacer a continuación y conociendo de antemano lo que le esperaba a la pequeña si pasaba demasiado tiempo en ese lugar, decidieron largarse con ella y que la criarían entre los humanos.

Era una contradicción abismal, mirases por donde mirases. Los humanos se habían visto en guerra con las razas que apenas estaban saliendo de entre las sombras, y como era de esperarse a estas alturas de la raza humana, redujeron el número de todas las demás razas hasta volverlas una ridícula minoría que para más remate era considerada como bazofia y tratada cruelmente en cuanto se daba atisbo de que tenían cualidades “sobre humanas”. Eso, sumado al hecho de que los padres de Lydia odiaban a los humanos de antemano, considerándolos como nada más que escoria que pululaba sobre la tierra como si fueran amos y señores. Sí, eran del tipo de demonio que se divertía a costa de ellos, de todas sus desgracias y de los variados resultados que podían dar gracias a los contratos que firmaban con un amplio número de demonios, por cosas que a estos últimos les parecían sumamente ridículas y banales. Entonces, es ahora cuando cualquiera se preguntaría: ¿Por qué criar a la que sería su propia sangre rodeada de esos inmundos seres? Confiaban en que podrían pasar desapercibidos el tiempo suficiente para que la niña creciera y aprendiera a defenderse de una u otra manera y porque quizás, tarde o temprano Lydia podría apreciar la naturaleza del ser humano (¿no he sido lo suficientemente explícita a estas alturas para evidenciar cuanto odian a los humanos en general? ¿Debo seguir insistiendo en ello?) y eventualmente decidir si valía la pena o no formar parte sus civilizaciones. Eso y que en caso de que se llegasen a aburrir podían retomar sus antiguas costumbres sin mayor problema, con el debido cuidado claro está.

Como sea, los padres primerizos fueron sumamente protectores desde el primer momento en que habían comenzado a trasladarse en adelante, por lo que cuando se instalaron definitivamente eso no hizo más que quedar sutilmente evidenciado. Podrían haber sido seres despreciables en algún momento, sádicos incluso, pero ahora no permitirían que nadie tocase a la niña que les había alegrado su mundo. Dejaron de lado –superficialmente, bien se sabe que seguía latente- la apatía que sentían hacia la raza humana en general (¡Lo he vuelto a mencionar!) para poder centrarse únicamente en la pequeña, quien desde aquel entonces recibiría todo el amor que ambos demonios podían entregarle.

Ya habían pasado cuatro años desde que se instalaron en aquel sitio. Durante todo ese tiempo, sus padres habían decidido guiar las habilidades innatas de la pequeña pelirroja e instruirla para que mejorase –de una manera básica, claramente, yendo paulatinamente aumentando la dificultad al tener en cuenta su corta edad- aunque lo que parecía ser la verdadera preocupación de ambos era evitar cualquier posible contacto innecesario con el exterior. Por lo general, Lydia se quedaba en casa, mirando por la ventana a algunos niños que solían jugar cerca de su casa mientras que se preguntaba el motivo por el cual no podía encontrarse junto a ellos, y si llegaba a salir por alguna razón debía estar acompañada por uno de sus padres –o los dos, directamente- por una cantidad de tiempo en específico y sobretodo debía de ser un paseo dentro de un área determinada. Parecían ser excesivos en cuanto a las medidas que estaban adoptando, sí, pero se habían prometido a sí mismos cuidar a Lydia por sobre todas las cosas, además de que aún estaba presente la fricción entre los humanos y todas las demás razas. Aunque, totalmente ajena a aquellas nobles intenciones por parte de sus progenitores, la pequeña Lydia a sus cuatro añitos había decidido escabullirse por la puerta trasera de la casa. No tenía malas intenciones y mucho menos deseaba llevarle la contraria a sus padres, solamente deseaba saber hasta donde podría llegar por cuenta propia y ver el qué podría encontrarse en esa pequeña travesía.

Según ella, no se había alejado demasiado de casa cuando algo logró captar su atención. Era un niño, aparentemente de la misma edad de Lydia, aunque lo que realmente le parecía curioso era su apariencia: vestía una especie de camisón desgastado mientras que se encontraba encadenado de manos y pies. Lydia no tenía la menor idea que aquello significaba algo e ignorándolo totalmente, le llamó sumamente contenta para que voltease a verla y así poder ver si su invitación para jugar juntos era bien recibida por el desconocido de cabellos blanquecinos. Tras haberle invitado, el chico se había descrito a sí mismo como un esclavo y preguntó si aquello le suponía una molestia, a lo cual Lydia negó con la cabeza. Esclavo o no, eso no le importaba en lo absoluto a la pelirroja, quien únicamente quería conocer al muchacho que tenía frente a ella.  Al ver que finalmente cedía, esbozó una amplia sonrisa y le tendió la mano “¡Vamos!”

Sin que ella fuese consciente de ello, aquel habría sido el inicio de la que vendría a ser su primera y más importante amistad.

Los meses pasaron desde aquel encuentro y esa tierna amistad que ambos estaban forjando, cada vez se iba haciendo más fuerte. No tenían la menor intención de dejar de ver al otro, por lo que acordaban verse con relativa frecuencia. Lydia, por su parte, entrenaba sumamente contenta pensando que una vez terminase la lección que tenía para el día podría ver al que se había vuelto su mejor amigo, además de emocionarse como la niña pequeña que era cada vez que acordaban una próxima cita de juegos y cada vez que veía llegar a Nero al punto que habrían establecido para reunirse. Le agradaba muchísimo estar junto a él, cada tanto se divertía molestándolo inocentemente para así ver sus respectivas reacciones, ya que estaban. Tiempo después Lydia finalmente decidiría llevarlo a casa para que así conociese a sus padres, totalmente segura de que se llevarían todos de maravilla… y así fue. Claro, la sorpresa de ver a Lydia a quien suponían en el jardín acompañada de otro niño estuvo presente en ambos padres, pero al notar casi de inmediato el cariño que su hija sentía por el chico y el hecho de que se había tomado la molestia de intentar presentárselos, por estrictos que fuesen no pudieron reprenderlos de ninguna manera. Recibieron a Nero con los brazos bien abiertos, seguros de que era un buen niño y de que su hija tenía buen ojo para elegir compañero.

A partir de entonces, Nero fue haciéndose poco a poco su hueco en aquella familia, ganándose el cariño y aprecio de ambos demonios y reforzando el que ya sentía su mejor amiga por él. Ahora que podían juntarse directamente en la casa de ella, jugaban tardes enteras a prácticamente cualquier cosa mientras que los padres les observaban con una sonrisa divertida. La madre, quien solía ser más suave en general, una vez se cansaban de corretear por toda la casa los sentaba en el salón y se dedicaba a contarles historias sobre héroes fantásticos que alguna vez existieron. Espadachines, justicieros e incluso piratas solían ser los protagonistas de aquellas historias, mientras que el padre de Lydia –y Nero a estas alturas- intentaba representar todo lo que narraba su pareja mediante “marionetas” –en realidad cogía lo que tenía a mano e improvisaba, pero a los niños les divertía igualmente y eso era lo que importaba-. Una tarde, mientras la pareja observaba a los dos amigos jugar como era habitual, cayeron en la cuenta de que debían ayudar a salir adelante al muchacho que ahora era parte de la familia, a quien consideraban prácticamente como otro hijo y quien sabían hacía feliz a su pequeña. Fue entonces que decidieron comprar a Nero para así poder devolverle su libertad y adoptarlo, haciéndolo formalmente parte de la familia.

- "Bienvenido a casa, Nero."

Lydia, quien a estas alturas tenía poco más de cinco años, inmediatamente les abrazó una vez les comunicaron a ambos esa noticia que les alegraría de sobremanera. Fue el padre de Lydia quien compró toda la ropa para Nero, ilusionado por dejar de ser al fin el único varón de la casa, mientras que las dos mujeres decoraban la habitación que ahora sería únicamente para el muchacho. ¿Quién lo hubiera dicho? ¡Resulta que Lydia si tenía buen ojo para elegir!

La alegría reinaba en aquella casa entonces. Los mejores amigos, inseparables desde un inicio, se acompañaban y jugaban casi todo el tiempo, aunque últimamente se veían dispuestos a seguir los pasos de todos los espadachines sobre los que les había contado la madre de Lydia. Eran personas valientes, fuertes y seguras… ¿por qué ellos no podrían ser iguales? ¡Lucharían contra todo maleante que se les cruzase, eso estaba claro! Y lo mejor de todo era que el padre –de ambos a estas alturas-, quien dominaba un amplio número de armas sin mayor problema, se ofreció para entrenarles en el manejo de la espada, además de guiarlos en el uso correcto de la magia. Lydia tenía una sutil ventaja en eso último al haber nacido con ello, pero Nero no tenía nada que envidiarle, siendo bastante prolijo una vez comenzó a manejar la magia con más soltura. Además, era sumamente hábil con el arco y en más de una ocasión la pelirroja intentó imitarle… Es bueno saber que su padre la quería muchísimo, porque el hecho de que la flecha impacte demasiado cerca de uno puede no ser considerado como “agradable” por la mayoría. Fuera de eso, ambos niños parecían ser totalmente acordes a lo que se les estaba enseñando e incluso disfrutaban aprendiendo, cosa que no hacía más que alegrar a ambos padres, quienes después de un tiempo comenzaron a observar los notorios avances que iban haciendo… además de que era imposible ignorar el hecho de que se complementaban de una manera sencillamente envidiable.

Pero como absolutamente nada puede ser eterno y mucho menos ser perfecto en un mundo que no desea más que ir en tu contra cueste lo que cueste, esa felicidad se vio súbitamente interrumpida, gracias a diversos grupos compuestos por fanáticos que iban en contra de cualquier ser considerado mágico o extraño, para cuando Lydia ya tenía alrededor de ocho años. Los humanos, como era de esperar, decidieron provocar a las pocas criaturas mágicas y éstas últimas respondieron de manera similar, cosa que no hizo más que aumentar la fricción que de por sí ya estaba presente en el ambiente. Cualquier movimiento por parte de cualquier bando podría verse reflejado en otra guerra sinsentido, pero… eso poco importó. Hordas enardecidas comenzaron a invadir pueblos y ciudades en donde habitaban principalmente seres de distintas razas a altas horas de la noche, cosa que dificultó la respuesta por parte de los seres además de sumarse el hecho de que se veían en obvias desventajas con respecto a los números. Los humanos iniciaban otra de sus famosas “cazas de brujas” sin sentido alguno, aunque esta vez no hubo ningún indicio previo, lo que complicó aún más al otro bando. Los padres de Lydia sabían bien que si se quedaban en ese lugar tarde o temprano irían a por todos y cada uno de ellos, por lo que decidieron huir lo antes posible. Se aseguraron de proteger a los pequeños mientras avanzaban con todo el cuidado que la situación les permitía, pero el lugar parecía no querer permitir que se alejasen de sus oscuras garras, viéndose rodeados del fuego que había destruido gran parte del pueblo mientras que gritos desgarradores perforaban el aire, siendo rápidamente silenciados de una u otra manera. Teniendo aquel mismo destino siguiéndoles de cerca, no tuvieron más remedio que seguir adelante. ¿Cuál era la necesidad de exterminar razas, intentando incluso extinguirlas? No tenía sentido y no era más que un sádico entretenimiento, pero nadie iba a tomarse la molestia de intentar entrar en razón con quien tiene un arma y no deseaba más que acabar tu existencia con ella.

Fue así como todos los que habían logrado escapar se vieron forzados a adoptar nuevamente un estilo de vida nómade, procurando pasar lo más desapercibidos posible ante el crítico ojo humano. Toda esta situación no era nada más que un embrollo en el cual Lydia no sabía como actuar, agotándose de sobremanera al no poder mantenerse de manera fija en ningún sitio, encontrándose nerviosa gran parte del tiempo al no saber cómo reaccionar y siendo nada más que un lio el intentar aceptar todos los horribles sucesos de los que escuchaban e incluso podían llegar a presenciar , siendo incapaz de comprender el qué había impulsado a una raza que aparentaba ser empática a actuar de esa manera tan cruel y despiadada. Esa pequeña y curiosa familia se había unido como nunca antes, sabiendo que se necesitaban mutuamente para poder salir adelante. Obviamente, al no tener manera “limpia” de conseguir dinero –o directamente los productos necesarios para sobrevivir, subsistían principalmente del robo. Lydia era la única quien al inicio, a pesar de poner su aporte de una u otra manera en ese aspecto, se resentía un poco con aquella manera de actuar. Vamos, no estaba acostumbrada a ello y se sentía incorrecto, ¿acaso se le puede culpar por querer respetar sus valores? Bueno, dejando eso de lado, volvamos a centrarnos en lo importante. Nero había logrado hacerse con unas cuantas armas provenientes de los ejércitos humanos y, para más remate, no eran precisamente armas común y corrientes. Siendo fabricadas por magos forzados a ello, esas armas tenían la capacidad de “destruir” la magia a la vez que poseían ciertas cualidades mágicas de por sí, razón por a cual los humanos no eran capaces de aprovechar todas las capacidades y el poder que tenían… Claro está que esa familia, conformada por demonios y un niño alquimista, tenían la ventaja en ese sentido y se encontraban totalmente dispuestos a sacarle provecho. Por mucho que esas armas facilitasen ahora las peleas que debían librar, el hecho de que poco a poco fuesen siendo más recurrentes no dejaba de ser un punto por el cual debían preocuparse.

Pero, por mucho que la pequeña pelirroja dedicase varias horas al día para dedicarse únicamente a entrenar con su espada, no fue capaz de prevenir lo que ocurriría cuando tuviese nueve años.

Se habían vuelto la presa fácil ante los ojos de los cazadores humanos. Les superaban en número, eran mucho más fuertes y poderosos por lo que si intentaban aunque fuese oponer algo de resistencia, todos se les irían encima. Nero y Lydia corrían, rogando por que sus piernas fuesen capaces de aguantar aquella repentina persecución. ¿Qué otra cosa podían hacer, siendo dos niños inexpertos en comparación? Tenían las de perder, mirases por donde mirases. Corrían, esquivaban y rodeaban lo que tuviesen en frente con tal de perderlos, pero nada surtía efecto. La desesperación se estaba apoderando de ambos, quienes parecían ser conscientes de que su corta vida estaría a punto de llegar a un drástico final a medida que se acercaban los cazadores a sus espaldas, hasta que los padres de Lydia dieron con ellos. Defendiéndolos con garras y dientes -¿literalmente? Quien sabe-, gritaban a los niños que huyesen, que se alejasen lo antes posible de aquel lugar y que se salvaran. Lydia había comenzado a quebrarse a medida que observaba las respuestas de los humanos hacia sus padres y les miraba aterrada, mientras que las lágrimas comenzaron a brotar en sus ojos y caían en sus mejillas. No sabía qué hacer o qué decirles, pero no pensaba moverse.

Si sus padres se “iban”, ella estaba totalmente dispuesta a irse con ellos. Eran su soporte, quienes le habían guiado, cuidado y amado desde el momento en que llegó a sus vidas… ¿qué clase de hija sería si los abandonaba?

Fue por ello que miró con profunda desesperación a Nero cuando éste sujetó con firmeza su muñeca e inmediatamente comenzó a correr, después de que su padre le pidiese que la protegiese. No quería dejarlos, ¡no debía hacerlo! Pero también sabía… sabía bien que sus padres estaban arriesgándose de tal manera con tal de que ellos pudiesen huir y por ende, salvarse. Volteó a verlos por última vez, sintiendo como su corazón comenzaba a resquebrajarse y por mucho que deseó gritar que los amaba, no lograba pronunciar aquellas palabras. Siguieron corriendo por largo rato y la pelirroja intentaba mantenerse al ritmo de su compañero aunque sus piernas hubieron comenzado a flaquear, cosa de no volverse una carga para él. Ambos habían perdido una parte esencial de sus vidas, a quienes fueron su soporte primordial y los que velaron siempre por el bien de ambos, así  que era comprensible el que se encontrasen… rotos, devastados. El que alguna vez había sido el mundo ideal de la pequeña Lydia se estaba desmoronando por completo y todo debido a los deseos egoístas de los demás. Pero aunque se sintiese de esa manera, no iba a perder la esperanza. Debía ser fuerte… por él. Volteó a ver a Nero y, sin previo aviso, lo rodeó en un fuerte abrazo.

Ahora solo se tenían el uno al otro.

La vida de ambos dio un cambio drástico a partir de entonces. Los acontecimientos recientes habían marcado fuertemente a ambos, por lo que era de esperarse que aún se vieran vulnerables a quebrarse si pensaban demasiado en ello. Eso, sumado al hecho de que ahora subsistir se había vuelto todo un reto para los dos pequeños, no hacía más que agotarlos. Aún debían de enfrentarse a aquellos que les seguían dando caza, por lo que las que antes podrían haber sido batallas sencillas de librar entre cuatro adquirían más complejidad al verse reducido el número por la mitad. Cada vez se encontraban más exhaustos, en prácticamente todos los sentidos

Un día, se escapaban –como era habitual a estas alturas- de estos tan famosos cazadores que aún seguían pululando por las ciudades, a través de un bosque… algo extraño. Lydia solo seguía a Nero mientras sentía los pesados pasos a sus espaldas y esquivando lo que sea que les intentasen lanzar ahora, y el peliblanco había comenzado a hacer algo a mitad de camino. La chica no había alcanzado siquiera a avisarle que uno de esos hombres ya estaba prácticamente sobre ellos, cuando repentinamente todo cambió. Ya no estaban siendo perseguidos, pero únicamente porque habían conseguido entrar a otro mundo. Por supuesto, ambos se encontraban igual de sorprendidos, mas Lydia era consciente de que algo como ello no debía de ser extraño por parte de alguien tan habilidoso como su compañero. Estuvieron un par de meses en aquel sitio y se dedicaron a conocerlo. Allí, las razas no se veían sometidas a todas esas cazas innecesarias y demás, por lo que coexistían tranquilamente y poco a poco se iban dando a conocer… Una historia similar a su mundo de origen, claro, y por lástima que pudiese despertar en ambos, quizás… Quizás ellos pudiesen tener más suerte en ese sentido y Lydia, intentando pensar algo positivo al respecto, deseó que así fuese.

Nero, tiempo después, fue capaz de abrir un nuevo portal para poder volver a su mundo de origen. Volvieron a su rutina, retomando la vida nómada a la que ya se habían acostumbrado por la fuerza, velando siempre por la seguridad del otro a la vez que entrenaban día tras día entre sí, con el objetivo de mejorar y fortalecerse. Aquel esfuerzo eventualmente comenzó a dar fruto, evidenciándose en el poder de ambos que iba paulatinamente en aumento y en sus habilidades, las cuales mejoraban considerablemente. Todo eso, sumado a las armas con las cuales ya habían formado una especie de vínculo, atrajo la atención de terceros. Aunque solo tuviesen doce y trece años, la gente había comenzado a esparcir rumores sobre ellos, logrando que se les tachase tanto de contrincantes inigualables y/o de seres que debían de ser controlados lo antes posible. En algún momento, movilizados principalmente por el miedo a desconocer de lo que eran capaces, comenzaron a enviar mercenarios a por ellos además de ponerle precio a sus vidas. Se habían ido acostumbrando forzosamente a las amenazas, claro está, pero estaban lejos de imaginar la emboscada que habían planeado en su contra, cosa que entonces les había pillado totalmente desprevenidos. Aprovechando la evidente ventaja que tenían sobre aquellos dos muchachos, empezaron a asestar golpes, uno tras otro, cosa de terminar pronto con aquel trabajo y poder retirar la paga que se ofrecía. Aquello duraría largo rato, mientras que Lydia y Nero devolvían cada ataque a la primera oportunidad que se presentase, se protegían entre sí e intentaban igualar de una u otra manera las condiciones para no encontrarse en esa abismal diferencia… Pero aunque acabasen con todos los humanos que tuviesen a la vista, llegaban refuerzos a cada instante y no eran capaces de reducir el número del enemigo. Pasaban y pasaban las horas, por lo que el cansancio comenzaba a vencer a ambos jóvenes y se encargaba de agarrotar sus músculos poco a poco, haciendo que mantenerse en pie fuera nada más que un martirio. La victoria ya iba a ser de los humanos.

Se acercaban lentamente, deseosos de reclamar el tan ansiado premio, además de ser conscientes de lo cansados que estaban los otros dos. Aún así, sin importarle lo ridícula que se viese, Lydia seguía dispuesta a defender a quien seguía siendo su mejor amigo y fiel compañero. Con dificultad, alzó su espada, totalmente dispuesta a seguir luchando el poco tiempo que le quedase. No tenía ni la menor idea, ni siquiera sospechaba lo que estaba haciendo Nero en ese momento… Por lo que su corazón prácticamente se detuvo al escuchar aquel grito plagado de dolor. No entendía absolutamente nada, ¿qué acababa de pasar? ¿Alguien había disparado a sus espaldas y ella no había sido capaz de percibirlo? “¡Nero!” poco le importaban ahora esos hombres que se encontraban tan pasmados como ella, solo quería saber si él se encontraba bien… No podía perderlo, no a él.

Aunque, lo que vino a continuación, le desconcertó aún más si era posible. El cielo sobre ellos se oscureció totalmente, dejando a todos los presentes sumidos en la oscuridad. El nerviosismo y la ansiedad que desprendían aquellos hombres era prácticamente palpable en el ambiente, cosa que no hacía más que preocupar a Lydia… Algo iba mal, de eso no había duda alguna. El miedo se iba apoderando de todos los presentes y Lydia no era una excepción. Pasaron unos cuantos segundos, la expectativa lograba hacerse paso de una u otra manera y rápidamente todos fueron capaces de percibir nuevamente todo lo que se mostraba dentro de su campo de visión, pero…

Lydia deseó que aquello no fuera más que una ilusión de mal gusto.

Flechas comenzaron a caer, atravesando directamente y de manera letal a quien se encontrasen dirigidas mientras que ciertos rayos oscuros acompañaban ese detalle final. “¡Nero! ¡No!” Gritó, inútilmente por supuesto. El muchacho corría frenéticamente, atacando a quien fuese que tuviera por delante como si su vida estuviera puesta a ello. La crueldad que reflejaba su actuar y aparente gusto por ver a sus enemigos cayendo justo bajo sus manos, tiñendo su ropa y el suelo con la sangre escarlata a la vez que quedaban diversos cuerpos inertes dispersos por toda el área… ¿Ese era el mismo Nero que el que estaba junto a ella solo unos cuantos minutos atrás? Lydia no supo que hacer, sumiéndose totalmente en el miedo a lo que estaba presenciando. Gritaba que se detuviese y varias veces intentó seguirle el paso para detenerlo por cuenta propia… Nada surtía efecto, parecía no ser capaz de oírla o al menos le ignoraba de una manera abismal. Era un cruel y siniestro espectáculo al cual ella nunca accedió a asistir y mucho menos haber formado parte de una u otra manera.

Cuando no hubo nadie más en pie que ellos dos, Lydia observaba a Nero, con una expresión... ¿confundida? ¿Adolorida? Era comprensible, teniendo en cuenta que acababa de observar una faceta totalmente desconocida proviniendo de alguien que llevaba junto a ella tanto tiempo… Nero no se movía en lo absoluto y Lydia le imitó. El ambiente al alrededor de ambos poco a poco parecía estar volviendo a la normalidad, pero era algo bastante difícil de apreciar gracias a todos los cuerpos inertes que yacían en el suelo, opacando considerablemente aquel que podría haber sido un bonito espectáculo. Lydia no tenía la menor intención de perderse ningún movimiento del albino, por lo que obviamente fue capaz de notar el hecho de que había soltado su arma para observar sus manos llenas de sangre. ¿Acaso…? Se aferró, de manera totalmente inconsciente, a su espada cuando Nero volteó a verla por primera vez. Ella no quería… no quería creer que quien era su mejor amigo y prácticamente su hermano se hubiese vuelto de manera tan repentina en un asesino, inclusive peor que aquellos que les daban caza, y lo peor es que esa masacre que acababa de presenciar no parecía dar a entender lo contrario.

Aún así…  Al ver esos ojos que nerviosamente se posaban sobre ella, supo que no lo había perdido del todo.  No se encontraban demasiado lejos, por lo que empezó a caminar en su dirección. Cuando Nero volteó a verla una vez más, visiblemente angustiado, apresuró el paso para acortar la poca distancia entre ambos lo antes posible. Dejó caer su espada y, sin previo aviso le envolvió en un cálido abrazo, interrumpiendo abruptamente lo que sea que el muchacho estuviera dispuesto a decirle entonces. “Tranquilo…” acarició su espalda “Ya… Todo está bien, tranquilo… Te prometo que todo estará bien.” Cuando el muchacho quebró finalmente en llanto y escondió la cabeza en su hombro, la pelirroja siguió acariciándole suavemente. Ahora estaban los dos y parecía que el Nero que ella conocía aún estaba allí… Eso era lo único que le importaba, ignorando totalmente lo que ocurriría a partir de ese momento. “Estoy aquí.”

Por mucho que Lydia intentase negarlo, desde ese día nada había vuelto a ser igual entre ambos. Algo estaba pasando con Nero, algo de lo cual Lydia no tenía ni la menor idea de qué era ni mucho menos el cómo podría ayudarlo, cosa que le frustraba de una manera que no había experimentado antes. Aquel que había sido alguna vez su único soporte y el motivo por el que ella se levantaba día tras día se estaba desvaneciendo frente a sus ojos, sin darle siquiera una oportunidad para poder entenderlo. Nero comenzó a cambiar paulatinamente, hasta que finalmente se había vuelto alguien totalmente distinto a aquel inocente niño que había llegado a jugar en la casa de la pelirroja. Se había vuelto alguien mucho más cerrado, frío y extraño ante los ojos de Lydia, por lo que obviamente se comenzaron a distanciar más y más. Ella ya no confiaba en él como antes y sabía bien que cualquier intento por retomar esa ya tan ansiada amistad sería en vano, por lo que comenzó a cerrarse en sí misma, practicando con su espada todo el tiempo que pudiese, para forjar ese “vínculo” con el arma y poder alejarse con una excusa decente del peliblanco, aunque fuese por unos cuantos minutos. Ella, por incómoda que estuviese, no era capaz de dejarlo. ¿Se le puede culpar? Apenas llegaba a considerarse adolescente, no tenía a nadie más en el mundo y, en el fondo, no perdía la fe en que ese Nero que tanto quería estaba bajo todo ese manto que ahora le estaba cubriendo y eventualmente lograría salir.

Un día, ambos se vieron frente a una reconocida ciudad de humanos. Su renombre se debía únicamente a los conocimientos que existían sobre su arsenal y el hecho de que hubiesen varios soldados patrullando en varias zonas, a cada momento. Era la oportunidad perfecta y, al menos, la pelirroja no tenía intención de perdérsela. Ella comenzó a trazar un plan, basado en toda la información que habían logrado recolectar –de diversas maneras- sobre aquel sitio, para que así pudieran pasar desapercibidos y evitar el catastrófico final que tenían previstos en caso de ser descubiertos. Lydia tenía mucho cuidado con los detalles, anotando incluso las rutinas que habían logrado observar en algunos de los soldados, pero aunque se lo escribiese varias veces o se lo dijera directamente en distintos tonos, Nero no parecía tener ninguna intención de escuchar o siquiera molestarse en verle mientras hablaba. Eso, como podría esperarse, logró molestar de sobremanera a la muchacha, quien se disponía a escribir nuevamente sin importarle si él estaba haciendo caso o no.

Cuando se hizo de noche, Lydia se quedó hasta tarde terminando de unir ideas, anotaciones y diversos puntos en específico para que aquel plan tuviese mayor probabilidad de acierto. Ignoraba totalmente el como se le vigilaba, por lo que una vez creyó tener todo listo, dejó todo cerca de Nero para que al menos considerase tener la dignidad de leer y se fue a dormir, pensando sarcásticamente que a lo mejor terminaba con una espada en la garganta por bajar de esa manera tan descuidada su guardia. Era ridículo pensar que terminarían de esa manera…

– ¡Nero! ¿Dónde estás? – una Lydia de apenas cinco años revoloteaba en la que alguna vez fue su hogar, asomando la cabeza en cualquier hueco que encontrase – ¿Estamos jugando a las escondidas? ¡No es justo! – frunció el ceño al no escuchar ningún tipo de respuesta y se encaminó a la ventana que tenía más cerca. Intentó abrirla, pero algo la trababa – ¿Nero? – se dirigió esta vez a la puerta, la cual tampoco parecía querer abrirse. Giró el pomo varias veces y tiró de la puerta, pero nada. Llegó a golpear la madera para ver si alguien podía escucharla y ayudarla a salir, frustrándose cada vez más mientras llamaba inútilmente a su amigo – ¡Nero! ¿Dónde estás? ¡No te veo! – acababa de decir aquello, cuando comenzó a escuchar gritos que provenían del exterior. El miedo empezaba a crecer y, no teniendo otra opción, corrió nuevamente a la ventana. Ahora no lograba ver hacia fuera, ya que una especie de humo cubría todo allá afuera y comenzaba a filtrarse por los bordes de la ventana, haciendo que los ojos le ardiesen y por consecuente que comenzaran a brotar lágrimas de ellos – ¡Nero, ayúdame! – la puerta se había abierto de golpe mientras que los gritos iban en aumento, pero cuando la niña iba a voltearse para ver qué estaba pasando entonces, sintió algo que aprisionaba su garganta y le impedía moverse.

Lydia despertó sobresaltada y con la respiración agitada, mirando de un lado a otro para asegurarse de que estaba en la habitación que compartía con Nero. “¿Pero dónde…?” Los gritos que ella había creído eran únicamente parte de aquel sueño seguían resonando a la distancia, perforando el que habría sido el silencio en una noche común y corriente. Dándose cuenta de lo que podría estar ocurriendo, maldijo por no haber despertado a tiempo y sin preámbulos levantó a Kallias, quien yacía en el suelo junto a ella y salió de aquella horrorosa habitación, dispuesta a encontrar a ese desquiciado.  En un inicio, no conseguía dar con el origen de todos esos gritos, por lo que se guió nada más que de su sentido auditivo, esperando que fuese suficiente… Pero cualquiera que luego sea capaz de vislumbrar un camino de “sangre y destrucción”, mientras que los cuerpos yacían destruidos sobre el suelo, sabría que era cuestión de seguir en la dirección que seguía para dar con el asesino. Corría, sumida en una angustia por ver todo lo que Nero había hecho a todos los habitantes de esa ciudad con los que se topaba. No sería para tanto si no hubiera sido tan… sádico y cruel con quienes estaban dispuestos a atacar en un principio, pero el hecho de haber involucrado a civiles que no tenían absolutamente nada que ver en todo ese asunto no hizo más que empeorar la imagen –que de por sí era terrible- que cualquiera podría tener sobre Nero. El fuego seguía alrededor, mientras que varios cuerpos mutilados iban haciendo su aparición a medida que avanzaba. ¿Cómo no fue capaz de sentirlo, o peor, prever todo aquello? Fue un error estúpido, que costó todo lo que estaba frente a ella.

Finalmente, lo encontró. Si bien el humo no le permitía ver con claridad lo que tenía a pocos metros de distancia, escuchaba perfectamente los gritos que provocaban aquellas flechas que aparecían de la nada o, quizás, la espada que Nero llevaba consigo a todos lados. Estaba cansada, asustada y varias cosas más, pero algo debía hacer. Era bastante consciente de que llegaba tarde y que posiblemente su aporte sería en vano, pero aún así iba a intentarlo. El humo comenzó a disiparse, pasando de ver únicamente una silueta borrosa a aquel albino que llevaba otra vez sangre en sus manos, tanto de quienes podrían haberlo merecido como de inocentes que no tenían razones para haber sufrido todo ese infierno que causó. Sujetando con firmeza la espada que llevaba en mano, no apartó la mirada de sus ojos – “Veo que despertaste…Lydia”.

Fue entonces que Lydia, intentando comprender el qué había llevado a Nero a actuar de esa manera, intentó entablar una conversación. Quería hacerle ver que esa no era la mejor manera de solucionar los problemas que alguna vez tuvieron con los humanos, que eso sencillamente terminaría por corromperlo definitivamente y que… ese no era Nero. Al menos no era así el muchacho que había logrado ilusionar con todas esas cursilerías nobles y puras a una inocente pelirroja alguna vez. No importaba la manera en que intentase expresarse, el albino no parecía querer ceder. Se veía decidido a exterminar prácticamente a todos y cada uno de los “despreciables seres humanos”, volviendo esa tan conocida caza de brujas finalmente en su contra. Sus padres, conocidos y muchos más seres de los que ambos serían capaces de contar habían sido asesinados injustamente, de eso no había duda. ¿Pero vengarse de esa manera no haría más que transformarlos en el enemigo que tanto detestaban? Con esa mentalidad, la pelirroja estaba decidida a detenerlo, de una u otra manera… La discusión fue en aumento. Lo que en un inicio deseó fuera una especie de conversación entre seres racionales se había envuelto poco a poco en subidas del tono de voz y amenazas. Lo que eventualmente se les habría ido de las manos y…  creo que ninguno de los dos está seguro de quien lanzó el primer ataque. Cada uno se veía dispuesto a explotar lo que tenían con tal de dejar su propia convicción como la vencedora, por lo que mientras Nero utilizaba diversos portales y lanzaba ataques a puntos que podrían llegar a ser letales, Lydia solo quería detenerlo. Incluso, intentando hacer cualquier cosa en lo que imitaba algunos de sus movimientos, fue capaz de abrir un portal a otra dimensión por cuenta propia.  

Ambos ignoraban el tiempo que transcurría o por cuantas dimensiones pasaban, pero eventualmente… llegaron a esta. Se encontraban agotados, heridos de una u otra manera por el otro. ¿Por qué habría terminado todo de esa manera? Parecía que todo el tiempo que pasaron juntos, codo con codo, no importaba... Eventualmente, fue Nero quien puso fin a la pelea. Aprovechando un descuido por parte de ella, logró herirla de tal manera que no tuvo más remedio que quedar rendida en el suelo, incapaz de ponerse en pie y esperando el próximo golpe que podría acabar definitivamente con ella. Estaba tan cansada que simplemente cerró los ojos, consciente de que el muchacho seguía acercándose, pensando en todo lo que fue y podría haber sido... pero para su sorpresa, ese golpe nunca llegó. Nero se había ido.


El tiempo pasó, y Lydia continuó viajando en búsqueda de un lugar que le pareciese adecuado para instalarse. No tenía motivos para seguir huyendo, por lo que había escuchado de algunas personas, así que no veía el problema. Consiguió uno que otro trabajo con tal de poder mantenerse entre viajes y, eventualmente, llegó a Éadrom. Las opiniones que lograba rescatar eran bastante favorables en general, por lo que intentando adaptarse a lo que creía era parte de las costumbres del lugar, se inscribió en el Instituto Takemori. Cursó el segundo año y actualmente se encuentra en el tercero, esperando que los habitantes de este sitio tengan mejor suerte con todo ese asunto de las razas en general.


OTROS DATOS
Otros datos:
- Aún no desarrolla su forma "real" (dragón, teniendo en cuenta que es un demonio Balrog).
- Sus poderes se redujeron al cambiar de dimensión.
- Una vez consiguió empleo como maid en un café... No funcionó.
- El collar -o choker- que lleva, fue un obsequio por parte de Nero. No se lo quita simplemente por el valor sentimental que alguna vez tuvo para ella.

Apariencia humana:
Spoiler:



Apariencia verdadera:
Spoiler:



Nombre del físico: Elesis [Dark Knight/Crimson Avenger]
Anime/Manga/videojuego: Elsword






Última edición por Lydia Fireclaw el Vie Ago 04, 2017 10:28 pm, editado 11 veces
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Finalizada Re: Lydia Fireclaw [ID]

Mensaje por Alice Sadao R. el Mar Jul 18, 2017 6:41 pm


¡Ficha en construcción!

INSTITUTO TAKEMORI ROL

Recuerda activar el botón de “Finalizada” y postear en este mismo tema cuando hayas acabado tu ficha y así podamos pasar a revisarla.



Mamiko y Alice:


No Mires(?):

Moderadora desu(?):



Hey we acércate (?):


Gracias Anja <3

~Reilice~ <3



Gracias mi bella Daia <3

Gracias Lunaris <3:


Yo hablo-Yo pienso- Yo escribo
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Finalizada Re: Lydia Fireclaw [ID]

Mensaje por Lydia Fireclaw el Mar Ago 01, 2017 5:59 pm

Finalizada~
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Finalizada Re: Lydia Fireclaw [ID]

Mensaje por Maryan el Miér Ago 02, 2017 12:53 am



Que tengas un buen día. nwn

Se bienvenid@ al Instituto Takemori, gracias por unirte a esta gran comunidad, esperamos que tengas una estancia larga y agradable en este foro.

En esta ocasión tengo la oportunidad de hacer algunas correcciones pertinentes para que tu ficha cumpla con los requisitos necesarios.


Poderes de batalla:

• Shadow Flames
Poder con el qué mezcla tanto su capacidad para exteriorizar el fuego como la oscuridad (Así como el control de los mismos), para mezclar estos dos elementos, creando un fuego negro capaz de quemar casi todo (Incluso el mismo fuego común) y el cual no se apaga si no ha quemado a su objetivo, si Lydia no lo apaga por voluntad propia o si no se enfrenta a su debilidad. Con este poder, tanto Dark/Fire Control como Judgment utilizan este fuego negro híbrido una vez este poder es activado, "Buffeando" estas técnicas. Como contraparte, este poder es débil ante el agua bendita (O el ataque simultaneo de agua y luz) además de causar que sus técnicas tengan un aumento de enfriamiento de un turno por cada turno qué el fuego negro se utilice. Esta habilidad puede usarse un máximo de 6 turnos consecutivos, seguido de 6 turnos de recarga [En tramas e historia se usará más libremente]
.

• No se puede evitar: Siempre se podrá esquivar un ataque, ya que deben tener un contra y por tanto flaqueza que deberán especificar. En caso de la evidencia de que efectúen un ataque y el contrario se haya demasiado cerca (3 metros a menos) sí se hará más difícil y por tanto será aceptable

>Segun esta planteado dicho poder no puede evitarse al no apagarse dicho fuego sino toca al oponente, por lo que seria constante e inevitable, por lo que deberas corregir eso.

>El numero maximo de turnos de duracion es 5.


•  Magic Breaker (Arma)
Canaliza su poder sobre las runas de su arma para activar las mismas. El arma adquiere la capacidad de "Destruir" la magia, lo qué le hace romper fácilmente cualquier tipo de escudo, proyectil o ataque qué se relacione con cualquier uso del poder "Sobrenatural" Siempre y cuando no se trate de nada relacionado con la luz o lo celestial. El número de turnos qué esta habilidad puede ser usada es de dos, a costa de 3 turnos de recarga. La debilidad de esta técnica es tanto qué el elemento de la luz (Y sus similares) no solo son inmunes a esta, si no qué cancelan de golpe la técnica, además de no poder ser usada de no tener el arma entre sus manos [En tramas e historia se usará más libremente].

> La Destruccion es uno de los conceptos a evitar al igual que el que sea a cualquier tipo, este poder debe ir exclusivo para trama, ya que estas negado practicamente cualquier tipo de poder y ataque de manera instantanea, de otra forma tendria que reducir solo una cantidad, 35%. Ademas de tener que ser mas especifico en que cosa puede dañar, de otro modo entra en god-mode.

Todo esto lo puedes revisar en este tema


•  Judgment (Arma)
Canaliza su poder sobre las runas de su arma para activar las mismas, tanto o con su elemento de oscuridad, o con su elemento de fuego, a no ser que esté usando Shadow Flames. Lydia rodea tanto su arma como su cuerpo del elemento que esté usando en ese momento y otorgándole distintas características dependiendo del elemento que haya escogido. De utilizar la oscuridad, sus capacidades físicas aumentan en un 30%. De utilizar el fuego, el daño que cause con sus ataques y/o poderes, aumenta en un 40%. De utilizar Shadow Flames, utiliza ambos al mismo tiempo. Esta técnica está activa un total de 4 turnos, para luego volver a poder ser usada en un total de 6 turnos más. Su debilidad será siempre el elemento opuesto (Agua de usar fuego, Luz de usar oscuridad, o la mezcla de Agua+Luz o Agua Purificada/Bendita de estar activa Shadow Flames). También necesita de sujetar ella misma el arma para poder mantener esta técnica activa y, además, aumenta en un 30% sus propias debilidades [En tramas e historia se usará más libremente].

>El maximo buff posible para raza canon es 35%.

Es todo por mi parte, cuando edites las correcciones, postea a continuación para que se revise de nueva cuenta tu ficha. Si tienes alguna duda puedes preguntar por MP a mi u otr@ mod de fichas.

Suerte y no desesperes, ya falta poco para que comiences a rolear.
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Finalizada Re: Lydia Fireclaw [ID]

Mensaje por Lydia Fireclaw el Vie Ago 04, 2017 8:59 am

Ficha corregida~
"Magic Breaker" ajustado~


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Finalizada Re: Lydia Fireclaw [ID]

Mensaje por Demian Serkin el Vie Ago 04, 2017 10:23 pm

¡UN POCO
MÁS!

¡Ánimo!, ya queda poco ^^

¡Saludos! te doy la bienvenida a ITR ^^, ya queda muy poco así que procederé a efectuar la corrección del siguiente detalle:


• Magic Breaker
Canaliza su poder sobre las runas de su arma para activar las mismas. El arma adquiere la capacidad de "Deshacer" la magia, lo qué vuelve al arma capaz de debilitar el poder de aquello de procedencia "Sobrenatural" o mágica (Siempre y cuando no se trate de nada relacionado con la luz o lo celestial) en un 35% (DeBuff) en batallas normales o más en trama (inhabilitandolas), siempre y cuando sea capaz de corta a su objetivo (Personas, objetos o invocaciones físicas). El número de turnos qué esta habilidad puede ser usada es de dos, a costa de 3 turnos de recarga. La debilidad de esta técnica es tanto qué el elemento de la luz (Y sus similares) no solo son inmunes a esta, si no qué cancelan de golpe la técnica de entrar en contacto con el arma en cuestión (haciéndola entrar instantáneamente en enfriamiento), además de no poder ser usada de no tener el arma entre sus manos [En tramas e historia se usará más libremente].

Si este poder va a ser usado al final para batallas, por favor, modifica lo subrayado a "Debilitar" para evitar problemas posibles correcciones.




Eso era todo ^^

Agradecemos tu paciencia enormemente. Por favor, responde tras esta contestación una vez hayas efectuado el cambio, para que algún moderador pase a revisar tu ficha.
Si necesitas algo o tienes alguna duda puedes consultar conmigo o cualquier miembro del staff de fichas, a ser posible, vía mp.

¡Mucha suerte! ♥




Otras cosillas:

Gracias a la genialosa de Noire por la firma ♡
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Finalizada Re: Lydia Fireclaw [ID]

Mensaje por Lydia Fireclaw el Vie Ago 04, 2017 10:28 pm

Corregida~


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Finalizada Re: Lydia Fireclaw [ID]

Mensaje por Alice Sadao R. el Dom Ago 06, 2017 11:05 pm


¡FICHA ACEPTADA!
Bienvenid@, espero que disfrutes mucho tu estancia aquí y te diviertas.
Recuerda que, si tienes ban en la CB, puedes solicitar que te lo retiren en este tema.
Por favor se paciente con el color y rango.
Gracias.

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Finalizada Re: Lydia Fireclaw [ID]

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