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Muchas gracias!
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Mensaje por Hiro & Hina el Lun Jun 05, 2017 10:14 pm

Hina. Universidad 15:30. Soleado.

¿Cómo se había metido en esta situación? Era la pregunta que asaltaba la mente de Hina en esos momentos, allí sentada con la cara completamente pálida oyendo la clase de un profesor de no sabe qué materia en la universidad. Si, en la universidad. Todo por querer darle una sorpresa a su hermano.

Hace una hora….

Había salido temprano. La profesora por casualidades del destino había enfermado y se tuvo que despachar a todo su curso debido a que no había quien les vigilara. Hina aclara en todo momento que no tuvo nada que ver con esos almuerzos en pésimas condiciones que ingirieron algunos docentes, o eso quiere aparentar escondiéndose tras esas gafas rojas.

Al hallarse sola en medio de aquel salón completamente vacío mensajea a su hermano “Ven a buscarme” le pone. No pasan ni cinco segundos cuando recibe su respuesta “Clases” Cierto, lo había olvidado, él ahora está en universidad. Hinami siempre salía a las 5 en punto, cinco y media si tomamos en cuenta todo el jaleo y las distracciones que tiene la joven camino a la salida. Siempre cuando su cabeza anaranjada se asomaba a la salida del instituto su hermano estaba allí, esperándola. Porque el apenas salía de sus clases el venía a recogerle para ir juntos a casa. No era porque tenía las llaves de la casa, que va, era por cuidar esa cabeza despistada que tiene por hermana.

No han pasado ni cinco minutos y ella ya cree que han sido horas. Los juegos del móvil no le divierten lo suficiente y al cabo de un rato le deja. Suelta un suspiro de aburrimiento mientras su cabeza va a dar contra la mesa, está todo su cuerpo desparramado en su pupitre mostrando con ello su fastidio de tener que esperarle.

—Estúpido Hiro…—Se queja en murmullos—Por qué te demoras… estoy que voy yo a buscarte…—Ante la última frase una ampolleta se ilumino sobre ella. De golpe se puso en pie botando su pupitre en el proceso, ni el tiempo se tomó de acomodarlo pues partió como alma que lleva el diablo hacia la salida.

Estaba soleado. Casi da un paso en falso y se expone a él. Estaba acostumbrada a que este sol estuviera despidiéndose cuando salía, en definitiva eso fastidiaba sus planes. Aunque eso no le detuvo, su salvación estaba allí no muy lejos de ella, específicamente donde se colocaban los paraguas para la lluvia. Habían 21 grados y muchos se preguntaban que hacía Hinami Tatsumi caminando en pleno sol con un paraguas negro, uno que ni siquiera era suyo y lo más seguro es que lo había robado. La respuesta era fácil, iba a buscar a su hermano.

Entrar fue fácil, el problema era encontrarlo. Media hora exacta fue el tiempo que la joven se dio por recorrer los pasillos sin éxito—Creo que mejor le pediré indicaciones, Hiro por favor no me retes—ruega a la vez que saca su móvil para mensajearle. Apagado. Un chillido de parte de la joven se escapó captando la atención de los presentes, más de lo que ya hacía portando el uniforme escolar. Al darse cuenta de su gritillo tapa su boca con ambas manos y corre de las miradas ajenas hacia la dirección contraria. Entre los pasillos choca con varias personas, pero la joven no experimenta el terror hasta encontrarse con dicha persona. No alcanzo a esquivarle y dio de lleno con el contrario cayendo ella y el otro sujeto, tan fuerte fue el golpe que sus gafas salieron disparadas junto a los papeles que portaba el contrario.

Asustada temiendo que el tipo le golpee por su estupidez se pone de pie al instante. Y agitando sus brazos nerviosamente pide disculpas—Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento…— Y continua repitiéndolo mientras huye de la escena sin siquiera ayudar a recoger su propio desastre.
Hinami es de esas que se pasan las medias películas en su mente, así que fue normal que pensara que dicho sujeto fuera en busca de venganza. Y es por ello entró a ocultarse dentro de la primera puerta que vio, una que estaba precisamente en clases. Al ver las miradas ajenas fue demasiada la presión de estas y no pudo evitar sentarse al final, precisamente en los últimos asientos.

Actualidad.

“¿Ahora qué hago? Piensa Hina, piensa” Se dijo a si misma recostada sobre la mesa sin prestar atención a la clase. Iba a acomodarse las gafas como siempre lo hacía pero grande fue su sorpresa al ver que estas no estaban. Lo que le faltaba. En definitiva necesitaba ayuda, pero el problema definitivamente era pedirla.
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Mensaje por Cat-men el Mar Jun 06, 2017 12:37 pm

Un sol radiante brillaba en lo alto del cielo, las nubes (las dos o tres que flotaban por ahí) dibujaban curiosas formas de esponjosos animales mientras que el viento las hacía correr una detrás de la otra en la misma dirección. Quitó el cigarro de su boca para sostenerlo entre medio de sus dedos, largando luego una bocanada de humo. Disfrutaba mucho las relajantes caminatas previas a las clases, no pasaba un solo día sin que recorriese las calles de Éadrom a paso pausado y con el tabaco en mano. Aunque más allá de ser una costumbre "saludable" (si así podría llamarse) era una artimaña para lograr acabar el paquete de cigarrillos antes de ingresar al predio de la universidad. Una vez casi lo pillan fumando dentro y no había sido una experiencia demasiado gratificante, sin mencionar que (como todo fumador empedernido) su concentración era de menos diez al no tener mucha nicotina en sangre. El vicio no resultaba un problema para él. Lo dejaría...cuando quisiese...algún día...probablemente.

Pero esa trivialidad no era un asunto de urgencia en esos momentos, al fin y al cabo no era un humano para verse afectado por completo por dicha droga. ¿Desde cuándo tenía ese mal hábito? No lograba recordarlo con claridad, ¿un siglo quizá? ¿Más? Era inútil intentar hacer memoria, con tantos años encima a veces se tiende a olvidar o tergiversar ciertas cosas. Esbozó una ligera sonrisa ¿desde cuándo pensaba como un anciano? A ese paso ni él miso creería el papel de estudiante que pretendía simular.

Detuvo sus pisadas en seco, justo frente al portal de entrada de la universidad. Era una pena, pero el momento de decir adiós a los cigarros había llegado. Sin más, guardó la pequeña caja en su bolsillo y dispuso a ingresar al edificio. Ignoraba la hora (vaya novedad) por lo que no estaba completamente seguro de si aún estaba a tiempo para entrar a la clase o llegaría tarde. Se encogió de hombros ¿qué le hacía una raya más al tigre? Era bien conocido entre los profesores por ser prácticamente el último, incluso muchas veces cuando la clase ya daba inicio. Estaba acostumbrado a llamar la atención de esa forma, después de todo ¿no debería comportarse así un alumno despreocupado de universidad? Debía apegarse al papel al pie de la letra para evitar hasta el más ínfimo error. Aunque si de llamar la atención se tratase, alguien ya le había ganado de mano.

Un chillido resonó en los extensos pasillos, acompañado de un murmullo de gente y unas cuantas personas que iban en dirección a la fuente del particular sonido. Francamente, aquello le interesaba en lo más mínimo dado seguramente sería algún joven con problemas típicos de un mortal, tal como pueden ser un lío amoroso, una disputa por disparidad de ideas o incluso no haber estudiado para un examen importante. Rascó su cabeza pensativo, la época de exámenes se acercaba y él no estaba tan preparado como quisiera, tal vez debiera reducir un poco sus horas de trabajo para dedicarse más a fondo a ello...Siguió caminando, papeles en mano para ver qué conocimientos necesitaba reforzar, tan así que siquiera notó cómo algo (o más bien alguien) avanzaba en su dirección con la fuerza de un tropel. Alzó la vista para determinar la distancia del objeto pero ya era demasiado tarde, este impactó contra él ocasionando que cayera de espaldas y largase todas sus notas por los aires. Lo único que vio fue una cabellera anaranjada segundos antes de tocar el suelo. Apenas escuchó un "lo siento" reiteradas veces, el cual fue decreciendo su volumen hasta hacerse inaudible. Para cuando Noah logró componerse del golpe ya no había nadie allí, sólo quedaban los curiosos que observaban la escena como quien mira una comedia, con risas y expresiones de chiste. Lo hecho, hecho estaba. No era una persona tan rencorosa como para revisar por todo el instituto en busca de venganza. Dicho de otro modo, una vez en pie limpió sus prendas con un par de palmadas y recogió sus papeles, repuso viaje. Uno, dos, tres pasos pero...¡sorpresa! Un par de lentes de marco color rojizo yacían a escasos centímetros. ¿Pertenecerían a quien lo arrolló momentos atrás? Sonaba factible, de esta forma y tras levantarlos, caminó hasta su salón.

Ya de por sí llegar en último lugar era un poco bochornoso, si bien estaba acostumbrado a ello no dejaba de ser un tanto intimidante tener la mirada de todo el mundo encima, profesor incluido. No le dio mayor importancia y enfiló hasta su asiento como de costumbre, justo en la hilera final. Un día normal a fin de cuentas, una clase aburrida con sus aburridos compañeros de no ser por... Al no ser muy espabilado en las clases tardó en notarlo, pero en la fila estaba alguien nuevo, una persona que no había visto jamás en la sala. ¿Una..cabellera anaranjada? Quizá se habría equivocado de sala, nunca faltan los despistados que ingresan a clases ajenas por no prestar la suficiente atención. Aunque... observó de reojo a la muchacha para o parecer maleducado, traía consigo un uniforme de instituto, algo bastante inusual en esos lados. ¿Una superdotada tal vez? A esas alturas nada le parecía raro, por lo que acercándose al lugar vacío situado a la par de ella inquirió. -Disculpa, ¿el asiento está ocupado?-
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Mensaje por Hiro & Hina el Vie Jun 09, 2017 12:50 am

Al momento de enterarse que había perdido sus gafas Hina pensó en ponerse de pie en ese preciso instante e ir tras ellas, dar vuelta media universidad, destruirla de ser necesario con tal de hallarlas. La joven temía que alguien las hubiese tomado, que nunca las volviera a ver. ¿Te preguntarás por qué tanto jaleo por un par de anteojos? Tenía montones en casa, te dodo diseño o color, pero esas eran las únicas que le importaban. Eran especiales. El primer regalo recibido a manos de su hermano, físico se podría decir, porque siempre para Hina el que Hiro haya llegado a su vida era su mayor regalo.

Pero primero se cerciora de ciertos aspectos.

Revisa su bolso en caso de haberlas dejado allí dando vuelta todo su contenido sobre el mesón, era imposible, puesto que siempre las llevaba puestas. Los bolsillos de su chaqueta, absolutamente nada. Cae en la desesperación. Tira de sus cabellos tratando de tranquilizar el ataque de nervios que está experimentando. “Respira Hina, uno, dos tres…” Cuenta hasta el diez haciendo exhalaciones como si estuviera controlando una crisis. Debe ordenar sus ideas primero para que hará, si va a lo loco más que seguro se ganaría un regaño por parte de su hermano.

“H-hiro”  Comienza a sollozar mientras le llama con el pensamiento. Deja caer rendida su cabeza sobre la mesa escondiendo su cara entre sus cabellos. Tiene un desastre en ella, bueno, ella era un desastre actualmente, debía de admitir que necesitaba ayuda.

Tan sumida estaba en su desgracia que no se percató de lo que sucedía a su alrededor. Que la puerta del gran salió se abrió, que alguien llegó, y justamente ese alguien se acercó hacia su persona. Le habló. La joven alza la vista todavía desorientada, se pueden apreciar sus ojos cristalizados y notoriamente con la mente en otro lugar. Eso se nota al ver que se demora en reaccionar ante la pregunta del desconocido, una buena respuesta tal vez esperaba, pero era Hina de quien se hablaba, claramente nunca sabes cómo reaccionara.

Esta vez para mala suerte del joven no lo hace nada bien.

—¡¡¡AHHHHHHHH!!!—
Sus ojos ámbares se abren abruptamente y su boca que ligeramente estaba entreabierta lanza un chillido agudo, tan alto con seguridad de ha escuchado en otros salones. El sonido sobresalta a los presentes haciendo que toda la atención se capte en ella. De la impresión su cuerpo retrocede por instinto alejándose del contrario pero al estar en una silla cae al suelo. Un ruido seco se hace notar. Su brazo tembloroso le está apuntando. Maldice su suerte. De todos los salones, de todas las personas que hay, se tiene que encontrar con él precisamente en ese lugar.
El tipo con el que anteriormente había chocado.

—¡¿Qué ha pasado?!—
El profesor hace su intervención alzando la voz notoriamente molesto por las interrupciones que ha habido en su clase. Primero le llega una chica que evidente no es universitaria a interrumpirle, le deja pasar con la esperanza de que esté interesada desde tan joven en el tema; luego ese chico que siempre llega tarde, ya ni saliva gasta en decir algo; pero esto, eso le ha colmado la paciencia—Ustedes dos ¡Fuera!—les grita sin dar chance de objeción, la vena marcada en su frente lo muestra, el sonido que hizo golpeando la mesa cercana lo confirma. Todos los demás en cuchichean, más no alcanza a huir nada de lo que dicen porque apenas toma control de su cuerpo corre a la salida—V-voy a morir… ¡Este tipo me está siguiendo para matarme!—se le oye decir mientras escapa a los pasillos. No mucho le importa que le hayan expulsado de la clase, al cabo que ni quería estar allí.

Es más importante proteger su vida aunque no esté para nada en peligro realmente.


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Mensaje por Cat-men el Sáb Jun 10, 2017 2:28 pm

Era como decía el famoso refrán "mejor tarde que nunca", a esas alturas ya el profesor había desistido en la idea de inculcar la puntualidad en su apático alumno, era completamente inútil esperar peras de un olmo. Sin más se acercaba hasta el final de la sala predispuesto a ubicarse en su característico asiento, como sucedía cada vez que ingresaba (tarde) en la clase. Nada fuera de lo usual ¿o tal vez sí? Llegado al punto de sentarse en la butaca de siempre notó algo extraño, algo ubicado fuera de su rutina...alguien estaba encima ocupándolo. Esto no representaba ningún problema puesto que aún quedaban multitud de sillas libres en la última hilera, siempre podía ocupar otro sitio. Dicho esto, acercándose a la extraña muchacha situada en su lugar preguntó cordialmente si podía sentarse junto a ella, no buscando el consenso (después de todo, era un país libre) sino más bien por una cuestión de respeto. Esperó unos segundos la respuesta, una confirmación verbal, asentir con la cabeza o una simple mirada de aprobación. Nada. La joven, sumida en su mundo, no demostraba signos de prestarle atención alguna por lo que abrió su boca para emitir nuevamente la interrogante. No obstante, no alcanzó siquiera a gesticular una sola palabra, su voz fue opacada por el potente chillido de la muchacha ocasionando que tanto él como muchos de los presentes tapasen sus oídos automáticamente. ¿Pero qué rayos le sucedía? En su torpe intento por escapar de quién sabe qué la gritona cayó de espaldas al suelo, apuntándolo a su vez con el dedo índice. ¿Y ahora qué? No contenta con la situación, echó a correr por el aullando que alguien intentaba matarla. Momento, ¿acaso insinuaba que el supuesto sicario era él? Habría abogado acerca de su inocencia pero el profesor mandó a callar a ambos, obligándolos a abandonar su clase sin derecho a reclamos.

¿Acaso todos se habían vuelto locos? La universidad entera estaba patas arriba ese día, primero lo chocaban de frente en los pasillos, luego llegaba tarde a su clase y encontraba su sitio ocupado, ahora la extraña roba-lugares lo acusaba de querer matarla y, consecuencia de esto, el profesor los expulsa a ambos del salón. Todo esto en medio de las miradas inquisidoras de sus compañeros. Vamos ¿en serio creían los delirios de una loca? Porque eso era para Noah en aquellas instancias, una colegiala demente que ingresaba en el predio universitario para sembrar caos y pasar el rato divirtiéndose a costa de otros. Frotó el entrecejo con sus dedos como solía hacer cada vez que una situación fastidiosa le deparaba, para una vez que tenía ganas de asistir a clases.

A toda prisa salió por la puerta, siquiera se molestó en pedir disculpas por lo ocurrido o recoger sus cosas. La clase podía esperar, la prioridad era evitar que la joven de pelo anaranjado defenestrase su imagen a lo largo de todo el edificio, imaginar el problema que acarrearía entrar todos los días después de ser catalogado como "asesino" le provocaba cefalea. Momento. Rebobinó sus pensamientos un poco, ¿había dicho "pelo anaranjado"? Si la memoria no le fallaba (y lo aseguraba, puesto que no tenía Alzheimer como para olvidar algo sucedido hacía minutos) ya la había visto antes. Tal vez... No importaba, al rato recordaría, detalles menores como esos no solían escaparse de él.

Siguió la búsqueda de la chica corriendo por los pasillos y evadiendo a cuanto estudiante se cruzaba en su camino, si bien no tenía la más remota idea de su paradero tampoco estaba en sus planes quedarse de brazos cruzados esperando que la solución cayera sobre él. ¿Pero dónde se escondería esa plaga? Como la cosa mantuviese el mismo ritmo, su asistencia al resto de las clases quedaría terminantemente prohibida. Su vida estudiantil estaba en riesgo por alguien que no conocía de nada, odiaba cuando este tipo de cosas le sucedían sin venir a cuento. De pronto, a lo lejos, divisó el volado de una falda girando en una de las esquinas ¿podría ser...? -¡Un momento, espera...!- Vociferó mientras doblaba en la misma esquina donde, según le parecía, la muchacha había huido. Genial, hablando así sólo parecía más culpable de lo que ya suponían que era.
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Mensaje por Hiro & Hina el Dom Jun 18, 2017 3:29 am

“Hiro, Hiro, Hiro” Llamaba la joven con la mente a su hermano mientras continuaba corriendo como alma que lleva el diablo. Exageraba en demasía sus reacciones pero no podía evitarlo. Estaba sola en un lugar desconocido, y más encima acarreando problemas a quien se le acercara, claro ejemplo era el chico que buscaba venganza(?. Entre tanto jaleo hasta se le había olvidado todas sus cosas en el salón “Lo que le faltaba", ya había perdido sus preciados anteojos y ahora ya no contaba con su bolso(donde yacía su móvil, su monedero) y lo más importante: su paraguas. Ya no podría salir de la universidad mientras estuviera el sol presente, no había salida más que correr.

Mientras corre por su vida deja desastre a su paso, son sus chillidos combinados con que todo objeto ajeno lo arroja al suelo como si un huracán se tratase. Un completo caos. “¿Puede ser peor?” Llega a pensar y como por arte de magia invoca la mala suerte para ella misma.  La experta en chocar a la gente lo vuelve a hacer, esta vez no es con un tipo de cara agradable a diferencia del anterior, este es diferente. Por el impacto ha botado la bebida sobre este manchándole la chaqueta. Hina está dispuesta a pedir perdón y salir huyendo nuevamente pero un fuerte agarrón del brazo detiene su escape. Puede sentir como su cuerpo tiembla ante el tacto rudo.
—¿Crees que con un simple lo siento bastará?—Oh, Oh; A Hina no le agrada para nada ese tono de voz ocupado. Ahora si tal vez debería pasarse todos los rollos que quiera, el rostro enojado cual gorila de ese chico le asusta, y mucho.

Chilló, e intento dar pasos en retroceso para alejarse de ello pero todo resulto en vano, el agarre era firme y detenía su escape—Déjame ir—pidió en voz baja observando su alrededor mientras forcejeaba. No hay nadie aparte de ellos. No hay respuesta y la nula paciencia que la joven posee se deshace. Está a un paso de usar su sangre para atacarle en algún modo de defensa extrema, odia que le toquen, y más encima de esa manera. Sus manos forman un puño conteniendo las ganas de hacerlo, de lanzarse brava hacia él. No puede. Está prohibido usarlas durante el día, no debe ser descubierta de lo que es, no debe de hacerlo en el lugar de estudio de su hermano. No, no, no. No obstante, si ese chico no le suelta no tendrá más opción...


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Tema Privado Re: Ayuda no solicitada

Mensaje por Cat-men el Sáb Jun 24, 2017 12:57 pm

A toda velocidad corrió siguiendo la sombra de la chica para luego girar en el siguiente pasillo donde ella había ido, con la prisa que llevaba consigo patinó hasta casi el punto de tropezar mas se impulsó con una de las paredes para no perder el equilibrio y seguir en carrera. Era peor que una clase de gimnasia, no transcurrieron más de diez minutos y ya una gota de sudor bajaba por su mejilla. Tal vez era hora de replantearse una rutina de ejercicio...

Otra vuelta más y aún no la encontraba, la habría perdido hace rato de no ser por el "rastro de migas" que dejaba a lo Hansel y Gretel (que no eran más que personas y objetos de ellos empujados al azar en su huida). Al menos no era discreta, eso facilitaba las cosas, pero no era momento de estar festejando, si no la encontraba pronto quien sabe que podría pasar, su reputación, su futuro universitario, todo se iría al caño. No y no, pensar en ello no aportaba nada, necesitaba accionar. Fácil era decirlo, pero en la práctica resultaba complicado, además ¿qué le diría a la muchacha para convencerla de que todo era un malentendido? Siquiera recordaba dónde fue que se vieron para darle aquella impresión de mafioso. No frecuentaba la parte escolar como para verla allí, sus días transcurrían casi en exclusividad dentro del predio universitario. ¿Entonces? Suspiró resignado, era bueno recordando sitios mas no caras. Volteó en otra esquina, la marea de gente poco a poco graduaba hasta casi desaparecer, era de esperarse siendo que el cambio de hora había terminado hace rato, más precisamente poco después que alguien lo chocara en el pasi...llo. Si hubiese sido una caricatura, den por seguro que sobre la cabeza de Noah aparecería un foco iluminado. ¡Claro, ahora lo recordaba! Previamente al ingreso a clases un desconocido colisionó con él, sólo alcanzó a ver su cabellera anaranjada por lo que difícilmente localizaría al sujeto en cuestión con más de un centenar de personas ubicadas dentro de la academia. Por supuesto, sería lo normal de no ser porque quien lo chocó tuvo la certeza de ocupar su asiento. No obstante, no estaba del todo seguro si se trataba de esa chica de lentes, al fin y al cabo habrían una docena de mujeres con el mismo color de pelo por esos lares. No importaba, luego se encargaría de interrogarla. ¿Acaso dijo interrogarla? Realmente sonaba como un mafioso y si agregaba el cigarro... Demonios, quizá era esa la explicación del por qué en las clases lo miraban de forma temerosa o despectiva. Aunque claro, también podría ser por su cara de pocos amigos cuando estaba concentrado.

De a poco aminoró el paso, sus jadeos y el palpitar acelerado de su corazón le advertían que su límite estaba cerca. De esta forma se recostó contra una de las pizarras ubicadas a los costados del corredor, tener más de dos siglos le estaba pasando factura, por muy elemental que fuera la edad no perdona a nadie. Alzó la vista, el rastro se detenía a pocos metros delante ya que el pasillo se encontraba vacío. Con que hasta allí había llegado su búsqueda. Ni modo, eso le pasaba por ser tan lento. Ya casi podía escuchar el sonido de las sirenas de policía atravesando media ciudad en su búsqueda, "el asesino de Takemori" no era un mal apodo... Apretó sus puños a modo de disconformidad, ¿qué más estaba a su alcance? Solamente un milagro los salvaría del predicamento.

¿Crees que con un simple lo siento bastará? Un tono masculino provenía del siguiente corredor y por lo que se notaba, no de muy buen humor. Quizá los ángeles escucharon su plegaria, cómo último recurso podría preguntarle al transeúnte si vio a una chica de gafas rojas corriendo despavorida, con la escasez de gente por allí sería evidente. Lento pero seguro decidió acercarse, pero para su sorpresa el panorama pintaba muy diferente a lo que imaginó; un tipo bastante fornido de espaldas, el cual mantenía aferrada de un brazo (y claramente contra su voluntad) a una muchacha de gafas rojas y pelo de peculiar color. ¿Acaso se trataba de....? Un análisis más profundo indicó que, en efecto, era nada más y nada menos que la persona a quien buscaba. Curioso sentido del humor el del destino, aunque tampoco estaba en posición de quejarse puesto que la susodicha tampoco la pasaba muy bien. Por lo visto su habilidad para meterse en problemas superaba con creces la suya, algo digno de un reconocimiento. ¡Pero no era momento para pensar en sonseras! La extraña se hallaba a merced de un buscapleitos de muy mala pinta, estaba a su alcance decidir si socorrerla o no. Aún no lo habían visto, por lo que si reculaba sobre sus pisadas tranquilamente saldría de eso sin más, meterse en embrollos por un desconocido no formaba parte de sus planes, mucho menos si aquello implicaba una pelea. Por otro lado, dejar a una dama a la buena de Dios en una circunstancia semejante... Sin mencionar que había recorrido tres cuartos de edificio por ella, no pretendía que tal esfuerzo fuese en vano, tenía pensado salir de ello sin utilizar la violencia y decirle un par de cosas a la muchacha.

-No soy quien para juzgar los métodos de cortejo de los jóvenes de hoy en día, pero creo que no es la manera correcta.- Dijo aproximándose a paso pausado hasta estar a unos centímetros del hombre. ¿Hablando como anciano de nuevo? Los años le jugaban demasiado en contra últimamente, hablaba demasiado confiado. No por tener más edad quedaba indemne de recibir una golpiza. Tarde se percató de ello, al encontrarse cerca notó la clara diferencia entre ambos, el extraño era más fornido que él y le llevaba un par de cabeza de altura. Era un mastodonte a comparación suya y no lucía muy contento por la intromisión. Bastaba con ver su rostro, denotaba un claro enojo, enojo que buscaba desahogar en Noah. ¿Entonces ya estaba decidido? Las palabras holgaban en situaciones así, por lo visto era del tipo de personas que aprendían con los puños....y así fue. Siquiera tuvo tiempo a prepararse, el sujeto lanzó un golpe con el brazo libre. Suspiró, sería sencillo esquivarlo. De esta forma dio un paso delante para agacharse y...tonto de su parte, no tuvo en cuenta que uno de sus cordones estaba desatado, ocasionando que tropezara y el puño del sujeto chocara justo en medio de su frente. Acto seguido, cayó de espaldas por el impacto, ahora quedaba a su suerte si intentaban golpearlo en el piso. Eso pasaba por intentar ser héroe, no tenía madera de ello. Realmente no era su día.



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Tema Privado Re: Ayuda no solicitada

Mensaje por Hiro & Hina el Dom Jul 16, 2017 1:56 am

Hina estaba en aprietos ¿Cuándo no? Hina levanta la mirada y se encuentra con ese sujeto que le detiene, le habla de mala manera y que por si fuera poco no acepta sus disculpas. Gruñe. Iba a sacar su arma cuando una voz detrás suyo se hace notar. Se le hace familiar, la ha oído anteriormente, al voltear lo confirma. “El chico asesino de lolis como yo” piensa agregando un nuevo apodo a la lista contra el joven. Le oye decir algo que no comprende del todo, pero esas palabras logran que el agarre de su brazo desaparezca.

¿Curioso no? Como la persona de la que se hallaba huyendo anteriormente ahora se encuentra ayudándole. O eso quiere pensar Hina, que debe ser positiva al menos una vez en su vida, pero no le da tiempo para replantearse aquello. Sus manos son llevadas a su rostro ocultando la mueca de asombro que se forma al ver el primer ataque del gorila malvado secuestrador (Mote que decidió darle al otro tipo) contra el asesino de lolis.  El golpe dio de lleno, tanto que hasta a ella le dolió con verlo. Pudo ver como caía y el gorila malvado secuestrador no satisfecho de haberle dejado en el suelo se acercó hacia él con ganas de satisfacer sus instintos asesinos contra el chico asesino de lolis.

—Te enseñare a no meterte donde no te llaman—se le oyó decir mientras se tronaba los dedos. Ah, iba presenciar una matanza entre dos desconocidos, no se sentiría tan mal si no se contará que era su culpa. A veces de verdad creía las palabras de Hiro sobre que atraía la mala suerte, situaciones como estas hacían que se lo replanteara.

“¿Qué hago?” Se decía la joven mirando en todas las direcciones, su preocupación aumentaba con cada paso que daba el gorila malvado secuestrador. “D-debo… ¡Debo ayudar!” Termina por decidir, justo en el momento que el maldito prepara la primera patada que el gorila se prepara para dar en el torso del otro. Hay que admitir que Hina no piensa mucho las cosas, simplemente se sitúa por detrás del gorila malvado y secuestrador, con rapidez deshace la venda de su mano y deja que la sangre fluya fuera de ella, toma forma y endurece, con ello Hina ataca. Hemoquinesis.

—¡Déjalo, idiota!—le grita rompiendo una silla hecha de sangre endurecida en su espalda. Si, lo que escucharon, de todas las cosas que podía crear con su sangre fue lo primero que se le pasó por la mente. La dichosa silla se quebró en mil pedazos al dar con la espalda del otro haciendo que este cayera como cayó King Kong en las pelis, no muriendo, pero si quedando completamente inconsciente sobre el cuerpo del asesino de lolis. Hina toma su tiempo para recuperar el aliento, porque siente que se la ha ido todo junto con su fuerza en ese ataque. Sus orbes ámbares se posan en él. Y con temor extiende su mano hacia él para ayudarle a ponerse de pie.

—Y-yo…¡Te estoy ayudando no me mates!—Exclama quitando la mano con la que prestaba ayuda, extendiéndola y recogiéndola como si dudara. Al final termina por dejarla extendida en su dirección mientras tirita—G-gracias—Musita sin mirarle.

Parecía una típica escena del crimen. Un cuerpo en el suelo, sangre(que era suya) por doquier manchando el suelo y al “supuesto cadáver”, el asesino de lolis que tiene cara de malo pero no ha provocado todo el desastre y la “victima” que es ella pero que ha sido la causante de todo, si llegaban tíos haciendo de polis se montaría tremenda obra de teatro. Si, Hiro tenía razón cuando decía que atraía las desgracias, quizás en otra vida fue un gato negro.


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Hiro:

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"Más allá del horizonte... fue ahí donde encontré mi libertad"

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