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Las alas que perdieron su color | Arlette

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Las alas que perdieron su color | Arlette

Mensaje por Liu|Meng|Hao el Dom Mayo 21, 2017 10:07 am



"...Renuncié a mis alas por ti, Hao..." Era como un castigo por su egoísmo "...una vez termine tu letargo vuelve a mi..." El viejo alquimista sentía la necesidad de hacerlo, después de todo aquellas últimas palabras que brotaron de los labios de Yu´y, distorsionadas por las lágrimas, resonaban a cada momento en su sueño. Él nunca respondió ni dio una señal de haber escuchado, pero ahora se arrepentía de irse así. ¿Valía acaso la Flama Creadora lo mismo que el amor de una mujer que espera sin una promesa, que renuncia a todo por otra persona? Todo este tortuoso pensar se repitió durante 28 años, como un bucle infinito que tenía como finalidad cambiar la manera de pensar de Hao.

-Debo buscarla- Una voz temblorosa pero potente resonó en la caverna donde fue vuelto a sellar aquel sujeto fascinado por las píldoras espirituales; una luz azul iluminaba el oscuro lugar, espantando a los murciélagos y demás animales que allí se refugiaban. La Flama de Hao era como una antorcha gigante, capaz de calentar 10 salones de un castillo y ahora envolvía a su dueño ayudando a que recupere sus facultades físicas. -Chu.. Yuyan..- ahora se puso de pie, apoyándose en las rocas sobresalientes de las paredes, y caminó hacia la salida mientras sus músculos se fortalecían de nuevo. Usualmente se quedaría allí haciendo circular su sangre y analizando la situación antes de abalanzarse a un mundo desconocido, donde tal vez aún quisieran darle caza; pero simplemente no podía aguantar más. Nació en él un sentimiento desconocido durante sus años encerrado, uno superior al respeto que sintió por su maestro Fang Mu, y que le impedía pensar con claridad.

Cuando finalmente llegó hasta la zona residencial donde vio por última vez la delgada y refinada figura de Yu´y sus pasos se tornaron lentos, tal vez por el miedo de que ella se hubiese ido después de esperar tanto tiempo, o por que sus sentimientos hacia ella ahora estaban mucho más claros y no estaba seguro de como demostrarlos. "...Mira, mira, este mural quedará grabado para siempre..." Un pequeño lienzo en una esquina, ahora casi oculto por el polvo. Una mujer abrazando a un hombre de armadura, ella se ve tan joven que se confundiría con una adolescente, protegida por su compañero. -Parece que el tiempo pudo más- Comento melancólico mientras limpiaba con sus manos la suciedad excedente de aquella imagen. Desde que llegó se dio cuenta de que nadie pisó los alrededores en mucho tiempo, no tanto como los 28 años de su ausencia pero si el suficiente para que una gruesa capa de hojas secas y polvo se acumulase en el suelo. -Pero no te culpo..- sacó una píldora de color verde claro del saco cosmos, una que le ayudaba a mejorar su estado mental, y se la tragó al instante. -..después de todo nadie esperaría a un egoísta como yo-

Hao decidió darle un último recorrido a la casa donde pasó tres meses completos, donde conoció a la única persona importante para él de esa época y donde, por primera vez, se preguntó si la alquimia era lo más preciado que tenía. Caminó hasta la entrada y pasó por la puerta de roble que estaba sin seguro. Lo primero que vio fue un pequeño pasadizo que conectaba con la sala, avanzó con paciencia y ojos cerrados, imaginando los vívidos recuerdos de aquellos años. Pero aquella sensación de pertenencia y paz fue interrumpida cuando notó una presencia que no tenía cabida alguna en esa casa -¿Quien eres?- Preguntó calmado, abriendo los ojos lentamente, para encontrarse con la mirada de aquella mujer de peculiar cabello. Nunca la había visto, pero sentía algo familiar en esos orbes.. y eso le ponía incómodo.

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Última edición por Liu|Meng|Hao el Lun Sep 04, 2017 7:21 pm, editado 1 vez



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Re: Las alas que perdieron su color | Arlette

Mensaje por Arlette Tziolis el Vie Jun 16, 2017 11:33 am




23 años atrás. República Popular de China.
Enero lunar - Fiesta de las linternas



Están son las mejores que va a encontrar en el mercado, señorita. - Mencionó con el afán de vender su mercancía un oriental que trataba de llamar la atención de la ola de transeúntes que visitaban el mercado. Arlette se encontraba observando pequeñas dagas con grabados típicos mientras ignoraba completamente la historia de cada una de ellas que contaba el anciano del puesto. Hubo una entre ellas que le llamó la atención, la reconoció de hecho. La tomó entre sus manos y presionó la gema del centro provocando un leve crujido y que ésta se abriera en la parte inferior. -...- El anciano detuvo su intento de vender al percatarse.  - Tiene mucha suerte usted, ha tomado una de las más valiosas y... - Trató de continuar para que no se reflejará su desconocimiento sobre la misteriosa daga. – ¿Cuantos Yuanes? - Interrumpió la ojivioleta cerrando el escondrijo. Tras entregar el dinero y voltear para marchase casi choca con una joven que iba con prisa, la misma, hizo un movimiento rápido para esquivarla y continuó sin notar que se le habían caído un par de cosas en el proceso.

Cada vez más distraída. - Escuchó la pelimorado murmurar al anciano mientras ella se inclinaba a tomar un brazalete del suelo. -  ¡Yu´y! - Gritó el hombre mayor saliendo de su puesto. Al tocar aquel brazalete la ojivioleta sintió el conocido ardor que lleva una quemadura por objetos sagrados. - ¿Por qué tanta prisa muchacha? - Le decía el anciano a la joven quien se había regresado mientras Arlette se erguía dejando el objeto en el suelo aprovechando que nadie le prestaba atención. - Vas a ocasionar un accidente, mira todas las cosas que llevas encima. - Continuó señalando la cesta llena de pequeñas lámparas que llevaba la chica. - ¡Perdón, perdón! - Decía ésta disculpándose antes de bajar la cesta y recoger sus cosas del suelo. – Disculpen. - Expresó una vez más con una reverencia oriental mientras una pequeña sonrisa apenada cruzaba su rostro.

Yu´y, nunca cambia. Aunque desde que está sola se puso peor.- Comentó el viejo volviendo a su puesto de trabajo. - Volverá a pasar sola el día de las linternas este año, no entiendo porque no consigue a alguien más - Suspiro el anciano mientras aquella mujer pensaba Siempre hablan demás" mientras observaba por donde se había ido la joven.

Al caer la noche, Arlette se encontraba sentada tomando algo caliente frente a una casa llena de pequeñas luces que adornaban su fachada exterior. Aquel anciano había hablado tanto que sin darse cuenta mencionó la dirección de la joven del mercado. Un ángel distraído, supo Arlette en cuanto había tocado el brazalete sagrado, pero además de distraído también se trababa de un caído. Caído, solo y a su alcance para variar.  La pelimorado estaba terminando su bebida serenamente mientras miraba como una silueta femenina pasaba de un lugar a otro a través de los ventanales antes de levantarse y empezar a dirigirse a la casa con la intención de apagar la luz que vivía dentro.



23 años después. República Popular de China.



Entre sus viajes Arlette se estaba nuevamente en China, habían pasado varios años desde la última visita a aquel país exótico. Se encontraba caminando por las cercanías de un río por las colinas. Aquellos pequeños senderos eran muy conocidos por ella, aunque cada vez eran más grandes y despejados al  pasar los años. La ojivioleta tenía varios destinos en los cuales decidía darse un espacio y perderse del mundo por unos días, aunque en ese particular no duraba mucho tiempo ya que al estar cerca de un pueblo pequeño la desaparición de ciertos habitantes resultaba sospechosa a los pocos días.

En la orilla del río estaba una gran linterna de papel flotando en el agua, su fachada blanca rodeada de diminutos peces se encontraba ahora sucia y rota. Debía llevar allí algún tiempo ya que la Fiesta de linternas tuvo que llevarse a cabo meses atrás. – Linternas… - Murmuró el demonio para sí recordando una casa subiendo la colina. La primera y últimas vez que estuvo en ella fue hace 23 años en un momento corto para ella y mortal para otro.  Volteó en dirección a esa casa, no podía verla debido a la maleza pero si caminaba un poco entraría en su visión. Caminó y la divisó a la distancia, ya no tenía aquellas luces llamativas de aquella noche, ahora solo tenía pequeños focos que colgaban de las ventanas, la puerta deteriorada y hojas secas que cubrían todo el terreno. “Abandonada“, pensó Arlette. Por su mente curiosa cruzó la pregunta ¿Tendrán las paredes la sangre aun?[, tenía que comprobarlo.

Entro a la casa por la puerta corrediza de atrás levantando una nube de polvo en el interior con el movimiento, cerró la puerta detrás de sí y miró el espacio opaco gracias a los años de abandono.  Recordaba el lugar exacto en el cual le arrebató la vida a aquella joven solitaria que habitaba en esa casa, se dirigió a éste y lo encontró limpio a comparación a como estaba la noche en que se marchó. Alguien había entrado y recogido los materiales rotos, la sangre y el cuerpo antes de dejar la casa caer en el descuido. Se acercó más a aquel lugar, una pequeña mancha entre la grietas del piso de madera reflejaba una noche sombría hace más de dos décadas. Incluso, no estaban varios retratos que recordaba la pelimorado que antes colgaban de las paredes. Se acercó a una repisa donde permanecía una fotografía, pasó su dedo encima para retirar el polvo y reveló el rostro sonriente que había en ella. Solo un par de minutos después escuchó como la puerta del frente era abierta, arqueó ligeramente una ceja y depositó la fotografía en su lugar para mirar el pasadizo que daba al lugar donde se encontraba. Se mantuvo en su característica serenidad al ver a un hombre hacer presencia en la sala. Es él, pensó evocando un recuerdo ajeno "Esperar un poco más no me hará daño, Hao" Esas fueron algunas de las palabras que mencionó aquel ángel Yu´y a un hombre sin expresión alguna mientras ella trataba de controlar sus lágrimas en vano. – No a quien esperabas ver presumo. Respondió ante la pregunta del azabache.  Bueno, de igual forma parece ser que nadie te está esperando. Continuó mirando al vacío de alrededor antes de volver su mirada hacia él actuando como desorientada.

Miró la fotografía una vez más, cubierto de polvo estaba el rostro de aquel hombre plasmado junto con el de la joven. Todo lo que estaba en la casa tenía una gran capa de suciedad por lo cual que podía ver las huellas en el piso del recorrido de ambos.  Es una lástima, una casa tan bonita en estas condiciones. Se ve que hace mucho no pasas por aquí. Agregó observando su reacción al señalar la fotografía donde estaba él.  


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Re: Las alas que perdieron su color | Arlette

Mensaje por Liu|Meng|Hao el Sáb Ago 19, 2017 11:15 pm


-24 años- Respondió con naturalidad imperturbable, acercándose sin prisa para contemplar mejor los detalles de la fotografía. El eco de sus pasos inundó la habitación, se percibía el crujir de su armadura y el peso de su cuerpo por cada ocasión que cerraba distancia, -Pero debo admitir que se sintió tan breve como una noche de sueño-

Se detuvo a un par de metros, cambiando la dirección de su mirada a aquella mujer de extraño color de cabello. Incluso después de ingerir la píldora que tranquilizaba sus pensamientos, verla a los ojos despertaba una inquietud perturbadora dentro de él; una muy bizarra mezcla entre las ganas de abrazarla y arrancarle la cabeza. "¿Qué es todo esto? No solo se encuentra casualmente en la casa, sino también parece conocerme, ¿quién es esta mujer en realidad?" Los vellos de sus brazos se erizaron en respuesta ante esas ideas, como una premonición de que nada bueno resultaría de quedarse; aun así, la curiosidad del mago era superior a cualquier otra cosa en este instante.

El curso de acción se decidiría una vez que determinase la identidad de la pelivioleta, pero por ahora necesitaba quitarse el sentimiento extraño que se expandía por todo su ser. Apretó los puños y lentamente giró su cuerpo, sin cambios en su expresión, para darle la espalda mientras se dirigía a la habitación del lado. Necesitaba más información, las respuestas a lo que sucedió luego de su partida. En aquella foto no aparecía el bebé con el cual Yu´y cargó por nueve meses, y la desconocida tampoco se preocupó por mencionarlo ¿Llegó a nacer? ¿Está con su madre? ¿Están vivos?

Cada segundo que pasaba las interrogantes parecían multiplicarse exponencialmente. Él nunca había sentido esa clase de preocupación por otras personas; sin embargo, los recuerdos de agradables momentos al lado del ángel atacaban su mente sin descanso mientras exploraba lo que antes fue la cocina de la casa. Fue un breve periodo de tiempo, que fácilmente caería en el olvido luego de ser sellado por más de dos décadas, pero no hacía nada más que crecer al punto de querer devorarlo.

-¿Qué haces aquí?- Inquirió con un tono de voz diferente, ligeramente cansado pero mucho más audible, de tal manera que la distancia no fuese problema para que lo entendiese. -Sin importar el tiempo que ha transcurrido esta sigue siendo mi casa- Apoyó su cuerpo sobre la pared, evitando entrar en contacto con aquellos ojos misteriosos, mientras el efecto de la píldora parecía disiparse antes de lo previsto y su corazón daba saltos violentos casi como deseando escapar de su pecho. "Ya puedo intuir qué es lo que sucedió, debo aceptarlo para averiguar la verdad."

Ante la situación donde todo lo que pensó que dejó atrás hace ya un milenio volvía a resurgir como olas furiosas golpeando la costa, Hao se veía extremadamente confuso. No estaba seguro de aceptar o rechazar los sentimientos que embargaban su mente, pero al mismo tiempo se preocupaba de evitar que la intrusa se percatara de la terrible lucha psicológica que estaba librando en ese momento.

No le quedaba de otra, así que soltó un suspiro largo, que duró varias respiraciones, antes de volver a observar por el pasillo hacia el lugar donde la mujer se encontraba, circulando su sangre varias veces para estabilizar sus emociones. Y cuando la mirada de ambos se cruzó, preguntó mientras sus propios labios entrecortaban sus palabras:

-¿Cómo lo hiciste?-

.....

-¿Cómo la mataste?-

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Re: Las alas que perdieron su color | Arlette

Mensaje por Harry Blume el Dom Oct 29, 2017 10:20 pm

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