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¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

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Tema Privado ¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

Mensaje por Attack Crash el Lun Mayo 01, 2017 1:52 pm


Las calles de la ciudad de Éadrom, desoladas y completamente reducidas a escombros en algunos sectores. Todo ello, había significado peligro al momento de ocurrir, pero por naturaleza, las personas poco a poco volvían a ponerse de pie para retomar las cosas importantes de la vida diaria. Uno no podía darse los lujos de victimarse ante tales hechos, debían continuar, y dejar todo eso en el pasado. Podía verse como todo lentamente volvía a la normalidad. Podía notarse en el cetro comercial, la gente circulaba con mayor normalidad, apegándose a la habitual acción consumista de sus vidas.


Centro Comercial
9:15 horas

El campo estaba completamente abandonado. No había nada sin importar por donde se viera. Pero de pronto, una feroz y abismal criatura emergió desde la nada misma. El viento sopló a su alrededor, dando una sensación de presión y tensión en el ambiente. Un rugido sin igual que al más rudo podría hacer temblar. Y allí, ante este, apareció de igual manera el susodicho ser destinado a enfrentarlo. Las llamas recubrían su cuerpo causando que el ambiente fuera áspero, seco y muy difícil de soportar.

La segunda criatura abocó a defenderse de los feroces ataques que su contrincante proporcionaba sin fin. Sin embargo, esta había caído en su trampa, lo que le provocó posteriormente una muerte abrupta y repentina. La balanza se había inclinado para el lado que aparentaba ser más desfavorable. No obstante, eso no implicaba que todo estuviera decidido allí, un simple movimiento podía dar vuelta nuevamente todo.... la criatura... desapareció...

Yumi: —¡Tú!— Exclamó de modo quejumbroso aquel que, había perdido todos sus sueños y esperanzas de convertirse en el mejor. —Se acabó— Dijo el otaku que acababa de obligarle a descartar toda su mano antes de invocar a Exodia. Era la tercera ronda consecutiva en la que lograba juntar las cinco cartas tan codiciadas. Con eso último, todos sus puntos de vidas decrecieron hasta llegar a cero. Gunha Sogiita alzó su mano victorioso, al mismo tiempo que su rival se lanzaba contra el suelo simulando haber sido víctima de alguna clase de explosión.

La ronda de duelos de cartas había acabado, titulando nuevamente a Gunha como el campeón. El poder del corazón de las cartas siempre parecía estar de su lado, no había manera de que no lograra sus tan conocidas victorias aplastantes. Recibió los reclamos de revancha que, a su debido momento aceptaría. Ya era hora de volver a su vida diaria, no podía pasar noches en vela jugando cartas tan seguido. Dejó así el centro comercial, cargando sus cartas y mochila consigo. Bajo sus ojos podían verse las ojeras causadas por los largos enfrentamientos sin descanso, y su estómago indicaba que aún sin haber comido nada, era invencible en Yu-Gi-Oh! Se metió por un cerrado callejón, observando cuidadosamente que no hubiera alguien a su alrededor, para finalmente cambiarse a su traje de héroe; la insignia del sol naciente que resplandece en su pecho.

Completamente listo para partir, oliendo a desodorantes baratos y anti-tabaco, se dirigió a su medio de transporte. El deber lo llamaba aunque su cuerpo no lo soportara. Cargó el cansancio y la responsabilidad de su deber al momento de iniciar a pedalear.


Calles
11:08 horas

Attack Crash recorría las calles sobre su bicicleta empleando todas sus agallas en ello. Cargaba a sus hombros la chaqueta apoyada que por alguna razón ni el viento del trayecto era capaz de quitarla de ese lugar. Fuerza, resistencia y agallas. Attack Crash no necesitaba nada más que eso para poder mantener la constancia de la cadencia del baile de las agallas. Con una postura firme hacia adelante, mantenía sus caderas en lo alto haciendo inclinar la bicicleta de un lado a otro sutilmente al pisar con fuerza sobre cada pedal. En conclusión, su trasero se movía de un modo no necesariamente sensual y en el sentido contrario al movimiento de la bicicleta, sintiendo en todo momento la presión del aire a su alrededor; era como si no llevara nada puesto... ¡Nada puesto! Infortunadamente Por más que su postura y movimientos le permitieran dar a relucir el potencial de su baile, la chaqueta que estaba apoyada sobre sus hombros ofrecía resistencia contra el viento reduciendo mínimamente su velocidad, impidiendo así poder alcanzar un máximo debido.

Cargaba un cansancio sin igual, al punto en el que podía dudarse de si no se llevaría algo por delante. Se detuvo finalmente frente a una tienda usando el freno. Tenía un nuevo objetivo momentáneo en mente; algo para sacarse el cansancio. Caminó junto a su bicicleta hasta asegurarle junto a la puerta y entrar a comprar algo. No tenía mucho dinero, pero algo podría llegar a conseguir. Vendedora: —¡Bienvenido!— Dijo la mujer detrás de la barra al momento de verle ingresar. Mientras tanto, él sólo se dedicó a buscar lo que le alcanzara y podría serle de utilidad. Aun no se daban cuenta que Attack Crash había entrado a su tienda.


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Tema Privado Re: ¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

Mensaje por Wade Starson el Lun Mayo 01, 2017 4:52 pm

Wade despertó en el cuartel general con una idea en la cabeza que lo atormentaba desde hacía ya algunos días, pero decidió ignorarlo una vez más. No podía sucumbir ante ella, aunque se arraigara en lo más profundo de su mente allí quedaría hasta que se cansara y decidiera irse. Wade tenía el poder para controlarla y no se mostraría débil ante nada.

Acomodó la cama, colocándola una vez más dentro del armario y movió los muebles para que su oficina volviera a la normalidad. Con el tiempo descubrió que la mejor forma de sobrevivir a los peligros de la noche era dormir en su propia oficina, era la habitación más segura del cuartel y contaba con todo su arsenal a disposición ante cualquier intruso que intentara atacarlo mientras se hallaba en el plácido mundo de los sueños… hacía mucho tiempo ya que no iba a ese lugar, todos sus sentidos permanecían alertas al punto de dormir con un ojo abierto, o casi.

Salió de la oficina y bajó por las escaleras en forma de caracol que conducían a la recepción. En un cuartel normal, ese amplio salón se utilizaba para recibir a cientos de personas que llegaban cada día para presentar una denuncia o esperaban hablar con los prisioneros. En la agencia de Wade esto funcionaba de una forma muy diferente. Para empezar, albergaba animales de diversas razas, tamaños y colores, todos los que buscaban un lugar donde pasar la noche, luego se marchaban cuando la luz volvía a asomarse o comenzaban a presenciar movimiento. Tampoco podía decirse que llegara demasiada gente, no había muchas personas interesadas en contratar a un detective privado en una ciudad asolada por organizaciones criminales y a medio camino de la extinción.

El pelirrojo atravesó la recepción desierta y llegó a la habitación contigua, el comedor exclusivo para agentes de la organización. Su momento favorito del día, luego de despertar de una mala noche o regresar cansado no había nada mejor que disfrutar de una buena comida. Abrió la heladera, deteriorada y sucia por el paso del tiempo, descubriendo que estaba completamente vacía. Entonces la idea que tanto intentó expulsar volvió a tocar las puertas de su cerebro, esta vez parecía sonreír de forma sarcástica: “Eh, te lo dije.”

Metió la mano dentro del bolsillo de su traje y sacó una pequeña bolsa, la abrió y contempló, desolado, su escaso contenido. Parecía un oscuro agujero que contenía los temores de cualquier hombre. Wade miró directo al abismo y éste le devolvió la mirada. Era momento de ir de compras…


Una transición más tarde...



Se dirigió a una tienda que conocía muy bien, era famosa por sus bajos precios… y por ser la única tienda del lugar que aún se mantenía en pie y no le prohibía el acceso. Eso no duraría mucho, Whitley se aseguraría de ello. El pelirrojo esperaba al menos que pudiera huir de la tienda con algo comestible antes que todo volara por los aires.

¡Bienvenido! —anunció una alegre mujer al momento que Wade y Whitley cruzaron la puerta. La señora se quedó mirando la esfera un largo rato, confundida por lo que estaba presenciando.
¿Tengo algo en la cara o qué? —inquirió la esfera con un tono molesto—. ¿No? ¡Entonces deja de mirarme!

Wade se apresuró para dirigirse a la sección de comidas antes de que la mujer se reservara el derecho de admisión. El pelirrojo rodeó a una persona que ya estaba en la tienda justo a tiempo, evitando así una situación cliché de serie, donde el protagonista se topaba con la mujer y luego iniciaban una relación muy empalagosa y que el detective siempre quería evitar. Whitley, por otro lado, se quedó examinando el lugar, planeando en lo que haría a continuación. Fijó su único ojo azul los clientes y luego se volvió a la vendedora.

¡Que dejes de mirarme! ¿Tus padres son hermanos o algo? ¿Acaso nunca viste una hermosa esfera flotante con la capacidad de hablar? —Whitley se alejó hacia la zona derecha de la tienda, directo a la sección de los lácteos.

A todo esto, Wade tenía una lucha consigo mismo para intentar coger todo lo que estuviera a su alcance antes de que algo malo sucediera. Si aquello fuera una carrera y la velocidad de sus manos pudiera ser calculada, en esos momentos habrían superado la velocidad de la luz… por desgracia no fue lo suficientemente rápido. Escuchó un fuerte sonido y luego fue testigo de cómo las estanterías de la tienda comenzaron a desplomarse, como un dominó que se dirigía hacia su posición. Wade contempló una bolsa de patatas que se veía atrayente y, en el lado contrario y hacia donde se dirigía la avalancha de comestibles, una niña pequeña que parecía haber salido de un anime de idols.

El pelirrojo se quedó en su sitio y todo a su alrededor parecía transcurrir a cámara lenta. Intercambió miradas con la bolsa de patatas, la cual con toda seguridad tenía parentesco con Brad Pitt por lo sensual que se veía a los ojos de alguien que está por sufrir inanición, y con la niña en el otro extremo, sujetando una enorme paleta con una mano y un peluche con la otra, parecía no reconocer qué función cumplía cada uno de los objetos que poseía.

Wade suspiró. ¿Tal vez sea el momento de actuar como un héroe? Se dijo para sus adentros, después de todo no tenía suficiente dinero para pagar. Corrió a socorrer a la pequeña, saltando, rodeándola con los brazos y apartándola momentos antes de que fuera aplastada por una avalancha de comida enlatada, manaos y packs de coca cola. Ahora estaban a salvo, pero toda la comida que consiguió recolectar no tuvo la misma suerte. Contuvo un grito de frustración, al menos había hecho una buena obra y tal vez sería recompensado, siempre el héroe es recompensado luego de hacer algo bueno… que ingenuo fue al creer eso.

¿Qué diablos haces? —dijo la niña con una voz que no hacía justicia a su cara santa y vestimenta dulce—. ¡Quítate o te mataré!

La primera que decide salvar en su vida y resultó ser una yandere ¿Por qué el mundo lo odiaba? Se puso de pie con dificultad, ignorando la gran cantidad de insultos que emitía la niña a su lado. Contempló la bolsa de papitas marca Brad Pitt, ya no estaba. Mientras la buscaba por el local, sus ojos se cruzaron con los de la vendedora, la expresión en su rostro le hizo saber que ya no era bien recibido en ese lugar. Volvió la vista una vez más a la niña y la silenció con un ademán.

Abre la boca de nuevo y juro que no encontrarán tu cuerpo.

La niña se puso aún más roja, estuvo dispuesta a continuar soltando la afilada verborrea pero la presencia de Whitley la hizo contenerse.

Vaya, parece que la enana quiere salir de la tienda siendo un colador humano. ¿por qué no corres? Te daré ventaja —dijo al tiempo que su ojo se iluminaba de una forma amenazante.

La cosa ya estaba jodida, lo mínimo que podía hacer era joderla aún más. Sea como fuere, no saldría de esa tienda sin algo con lo que alimentarse.

¡Quiero toda la comida donde pueda verla, esto es un asalto! —anunció al final en un tono teatral digno de un Oscar.




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Tema Privado Re: ¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

Mensaje por Attack Crash el Jue Mayo 04, 2017 4:50 pm


¡POR QUÉ! Un grito interno de desesperación inundaba la mente del más increíble héroe de todo Japón al ver que las sopas instantáneas habían aumentado unas centésimas. Eso significaba que si comprara solamente esa clase de alimentos durante el mes, en vez de comprar unas noventa y siete de estos, podría sólo noventa y dos. ¡Cuán injusta era la vida! No era sólo eso, la carne que solía estar con descuentos del treinta por ciento, ¡no estaba en oferta! ¿El arroz? No, ese seguía al mismo precio, pero no era lo mejor vivir sólo de arroz. —Si gasto de más, no podré pagar el alquiler— Se decía a si mismo mirando muy fijamente la etiqueta del precio de uno de los productos afectados. Esas escasas centésimas podrían lograr que a fin de mes no lograse pagar el alquiler, y por ello debía de encontrar un trabajo mejor pago o de menos carga horaria para poder realizar dos distintos.

La tienda continuaba siendo la más barata de toda el área, pero si las cosas comenzaban a aumentar de semejante manera, las cosas se irían complicando cada vez más para su bolsillo. Resignado, frustrado, y victimado, dejó allí lo que por un momento creyó sería su cena; ahora se veía obligado a buscar algo distinto y de menor valor. Él, quien vestía de los colores de la bandera de su país, no podía simplemente quejarse de las injusticias, puesto que tenía las agallas necesarias para afrontarlas con todas sus agallas. ¡Del mismo modo tenía las agallas para vivir al límite! Y por ello tomó el producto con aumento y a comprarlo se decidió. ¡Era totalmente hardcore!

Tras volver a tomar la sopa instantánea luego de meditar las contradicciones de sus agallas en cuanto a si debía comprarlo o no, pretendió buscar algo más para el día siguiente; en lo que escuchó como alguien en la tienda comenzaba a agredir a otro tras el sonido de numerosas cantidades de latas y refrescos que están tan fuera de su alcance. Podía dejarlos pasar, después de todo no era como si necesitaran de su ayuda en una disputa verbal, sin mencionar que no le afectaba directamente al no ser capaz de adquirir dichas mercancías tan costosas por simple gusto. Si, sus agallas no tenían nada que ver con ello.

Si su gasto semanal se excedía por varios centavos, a final de mes tendría algunos problemas, sin mencionar que ese mes le tocaba hacerse revisiones en el hospital. La suma de los centavos eventualmente se volvía un monto muy considerable. No podía dejar el internet, la luz, el gas, y todo servicio de consumo diario; como mucho debería verse obligado a no invertir el dinero en mangas o tratar de cambiar las marcas de los productos por alguna desconocida y de muy bajo valor. No obstante, mientras que este pensaba en soluciones, un problema apareció. Esta vez era algo en lo que si debía involucrarse como el héroe que era.

¡Un asalto!

Sin soltar sus futuros víveres, se volteó para ver como un drom parecía haber encendido la luz de la grabación al escuchar sobre el intento de aquel atraco al majestuoso lugar de las ofertas especiales. ¡Nadie se involucra con sus ofertas y sale ileso! Le resultaba familiar aquella cámara, pero no tenía un bigote como la última que había visto, quizá estaban de moda y podían ser personalizadas. ¡Quería una!

Tomó ambos productos y los deposito dentro de su mochila -aunque eso lo hiciera parecer que estaba robando-, para luego correr hacia el sospechoso. Como si todo ocurriera en cámara lenta, Attack Crash corrió colocándose la mochila a sus hombros y alistando su preciada Manuela en la posición más indicada para golpear a quien se encontraba efectuando el robo. La persona en cuestión no parecía haber notado que él, el héroe, estaba allí para frustrar sus planes y poner a salvo sus propios ahorros. El poder de la virginidad impacto sobre el rostro del sospechoso, quien parecía querer amedrentar contra un civil inocente delante de él. Su plan no debía ser el mejor, puesto que había sido descubierto en instantes. Si no hubiera sacado su arma al decir que se trataba de un asalto, quizá podría haberlo efectuado sin que lo notasen. Ni siquiera su disfraz de guardia de seguridad le había resultado.

Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, era difícil comprender la situación al haber estado tan concentrado. —¡Ahora!— Exclamó con todas sus agallas a los presentes, para que aprovecharan la oportunidad que les había conseguido para poder huir. En el suelo, se encontraba el guardia quien había dejado caer su arma lejos de él. ¡sus agallas habían actuado rápidamente!, pero no necesitaban agradecerle.

¡La cámara lo debía haber captado! Attack Crash había salvado el día una vez más. Ah, pero debía preguntarle al dueño su valor y de donde la había comprado, quizá si compraba solo ofertas por unos meses pudiera ahorrar para conseguirse una para sí mismo y así poder espiar los baños termales alguna vez... Era todo un héroe.



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Tema Privado Re: ¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

Mensaje por Wade Starson el Dom Mayo 07, 2017 10:36 am

Todo se descontroló, se fue de las manos antes de que Wade siquiera pudiera verlo venir, así como no vio a tiempo el ataque que se aproximaba a él, provocado por un ciudadano intentando ser un héroe. ¿Así acabará esto? Pensó sombrío. Ya podía ver las portadas de todos los diarios y revistas de la ciudad: “Lamentable robo fugaz se frustra por la acción de un valiente” o “se le otorga al delincuente un premio por el peor ladrón de todos y un puesto en los retos Guinness por el robo más rápido del mundo.”

Tampoco podía decir que no se lo mereciera, estaba efectuando un crimen. El hambre puede cambiar la mentalidad de una persona, provocando que no piense con claridad, pero ese no era el caso de Wade.

El pelirrojo decidió robar no solo por el hambre, sino por el aburrimiento, la falta de sueño y el estrés acumulado en el tiempo que llevaba en la ciudad. Todo se acumuló dentro de él, formando una mezcolanza de malas decisiones. No podía evitarlo, así como tampoco podía evitar que el golpe del ciudadano lo impactara, eso lo sabía muy bien. Cerró los ojos y extendió los brazos, al menos recibiría el golpe como todo un hombre.

Escuchó el golpe seco momentos después que sus cabellos se agitaron por la intensidad del golpe. Debe haber sido un ataque perfecto, si se tratara de un anime seguro que ahora estaría incrustado contra la pared o incluso la hubiera atravesado, dejando su silueta dibujada en ella. Pero no fue así, en parte porque no era el protagonista de un anime, y porque el golpe impactó en el rostro equivocado. Abrió los ojos con lentitud, como si tuviera miedo de ver lo que encontraría más allá de sus párpados. Esbozó una sonrisa nerviosa cuando el sujeto a su espalda se desplomó en el suelo con un gesto de completa sorpresa.

Antes de que el guardia pudiera efectuar algún comentario Whitley lo noqueó de un cabezazo, un ataque muy útil y poderoso para alguien que solo es una esfera.

Muy bien, ahora hay que llevarse todo antes que despierte —comentó Wade, intentando actuar con normalidad luego de lo que acababa de presenciar. Miró a su “salvador”, tocó su hombro y le dedicó una sonrisa, como el tío Ben a su sobrino Peter Parker—. Bien hecho muchacho, hoy has salvado una vida. Eres todo un héroe, pero recuerda: un gran poder con lleva una gran responsabilidad —se apartó tan rápido como un rayo para comenzar a cargar todos los comestibles que pudiera—. Ahora ayúdame, hay que salvar toda esta mercadería antes de que más ladrones intenten llevársela.
No hablarás en serio —dijo la loli con su tono arrogante—. Es obvio que…
Sigue hablando y te haré explotar, niña —le interrumpió Whitley bruscamente, enseñando sus armas. La muchacha pareció sonrojarse, avergonzada—. Ahora ayúdanos también.
¿Por… por qué yo?

Whitley mostró sus armas como un nudista sin verguenza fardando de su miembro viril ante jóvenes estudiantes.
Whitley:

Porque yo lo digo —la voz de la esfera se volvió más profunda y demandante, como la de un protagonista de una novela romántica. La muchacha obedeció sin oponer resistencia.

Wade no entendía muy bien lo que estaba sucediendo, entró en la tienda con la idea de comprar suficiente comida para sobrevivir ese día, esperando que su compañero no hiciera volar todo por los aires como casi sucede. Y ahora acabó robando el lugar junto con otras dos personas.
No se quejaría, pues al menos volverá al cuartel con las manos llenas, pero no puede evitar sentirse raro. Por lo general las cosas no le salen bien ¿por fin la vida le estaba dando una recompensa por todos los años de sufrimiento? No, eso estaba claro.

Con la confusión, el resto de clientes y la dueña del lugar ya habían huido a alertar a las autoridades. No tardarían en llegar, eso estaba claro, pero a Wade lo que le preocupaba no era la idea de ir a la cárcel sino más bien cuán satisfecho estaría antes de que comenzaran las explosiones. Le lanzó una mirada de complicidad a la esfera, quien se la devolvió con mayor intensidad. Su rostro parecía decir: “No te preocupes, lo tengo controlado” Eso no tranquilizó al detective.

Ahora la poca esperanza que tenía en ese robo reposaba sobre los hombros del muchacho que lo salvó de aquel guardia, no era mucho, pero al menos parecía mejor que confiar en una esfera capaz de autodestruirse y una loli que no dejaba de soltar palabras soeces cada vez que cogía algo de las estanterías. Ahora que lo pienso, parece como si esto fuera sacado de una película de marvel. Se dijo para sus adentros mientras sujetaba una bolsa de patatas algo aplastada, comenzaba a sentirse inspirado.

¡Caminemos hacia delante, compañeros! —anunció parándose sobre una de las estanterías del suelo, apuntó su dedo índice hacia arriba y posó de forma heroica—. ¡Perforaremos el cielo con nuestro taladro y lleguemos hasta las estrellas!

Tal vez ser ladrón de tiendas sea una profesión adecuada para mí, se dijo. De pronto la idea le pareció cada vez mejor, a su mente llegaron imágenes de él mismo conduciendo la mejor nave de la galaxia, una que haría parecer a la Enterprise nada más que chatarra. Podría tener los mejores ropajes, furcias y espadas laser. Todo eso sería posible por dejar su trabajo como detective y convertirse en ladrón profesional de despensas locales… su plan era perfecto, sin fallas. Incluso ya podía ver a la Liga de Villanos acudir a él para consejos sobre economía. Era un genio.




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Tema Privado Re: ¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

Mensaje por Attack Crash el Dom Mayo 28, 2017 3:20 pm


Una visita casual a la tienda por el propio bienestar, ¿cómo podría haber adivinado que le haría actuar? Sus instintos heroicos y su activa personalidad, le habían ayudado a concluir inmediatamente quien era el agresor, e incluso el plan que tenía en mente debido a su disfraz. Sus agallas habían actuado tan rápido, que incluso él mismo podría haberse sorprendido... pero tenía tantas agallas que eso ya le era algo habitual. ¡Era un héroe! El señor al que acababa de salvar, se había dado cuenta de ello, e incluso le había dedicado un par de palabras que ya tenía en cuenta desde tiempo atrás. El poder y las agallas conllevaban una gran responsabilidad... debía golpearlos a todos por igual. —Lo sé— Replicó simple y cortante mientras aquél se apartaba para comenzar a recoger suministros que podrían haber sido robados por ese criminal armado. Le pidió ayuda, y eso era algo que no podía simplemente declinar. Si alguien le pedía una mano, él se la extendería si la razón tenía las suficientes agallas. En esa ocasión, evitar un crimen, no carecía de agallas, por lo que no podría negarse como el héroe que era. —¡Cuenta con mis agallas!— Aceptó enérgicamente haciendo de las suyas, pagando por las cosas que había tomado, soltando las monedas sobre el abandonado mostrador. La niña se quejaba, pero era una niña, y era bien sabido que los niños de todo se quejaban, no era de importar.

Attack Crash, el héroe de Japón, debía ayudar a robar una tienda. Aunque en este caso, no lo consideraba un robo realmente, sino que, por alguna extraña razón mientras el juguete volador y la niña se amenazaban extrañamente, él había creído que realmente era una buena idea retirar las mercancías que podían ser robadas en caso de dejarlas allí, a causa de que el personal y los clientes habían huido. Estaba maravillado, de ver como aquel drom podía emular una personalidad tan característica, flotar, y decorarse con múltiples accesorios que parecían ser armas. La tecnología había mejorado mucho realmente, debía de ser muy caro, y todos sus accesorios seguramente se venderían por separado, un verdadero dolor al bolsillo.

Fue en aquel momento, en el que la niña, y el sujeto que se había percatado de que él era un héroe, habían comenzado a tomar cosas de la tienda. Por su parte, colaboró tomando solo cosas entre manos, sin meterlas en su mochila, ya que eso podría parecer robar, y eso no era lo que estaba haciendo, claro que no. Estaba ayudando a un civil inocente, junto a una esfera cuya personalidad era amenazante y maleducada, y una niña que decía tantas malas palabras como dígitos quisiera tener él en su bolsillo. Ella debía ser la dueña de aquel juguete, después de todo, era una niña.... millonaria.

Attack tomaba cualquier cosa y al azar, podría decirse que en su mayoría nada era de importar. Pero escuchó al extraño comenzar a delirar sobre unos estantes, y entonces pudo comprender, que la presión de la situación de haber estado a poco de perder la vida, y de intentar salvar los suministros antes de que algún criminal pudiera llegar para hacerle volver a vivir tan mala experiencia, le estaba afectando. Él era un héroe, y sabía muy bien cómo ayudarle. Le faltaban agallas, muchas agallas. Se acercó hasta su posición, soltó todas las cosas que cargaba, y le dio un puñetazo en el rostro que le haría recuperar la cordura. Todas las agallas que le inyectaba con aquel golpe, debían hacerlo entrar en razón. Lo llenaría de agallas, e incluso si este tuviera agallas, estas se llenarían de agallas. —¡Controla tus agallas!— Exclamó haciendo contacto directo entre su puño, y el rostro del ajeno. Esbozó una sonrisa de satisfacción al saber que estaba haciendo un gran bien.

—¡No deberían perder el tiempo!— Sentenció con energía y seriedad. Era un héroe, y no podía desperdiciar el tiempo con personas delirantes, niñas, ni juguetes. Él estaba allí para ayudarles, aunque realmente había ido a comprar su propia comida. Si debían extraerse los bienes de la tienda, debía hacerse bien, y con seriedad. Ningún civil trastornado a causa de la presión frustraría sus acciones. Tomó nuevamente las inútiles cosas que había cargado antes de golpearle, y hacia la salida se dirigió. —¡Es hora de irse!— Informó a los pocos presentes y a aquel juguete cuya IA debería ser capaz de interpretar sus oraciones.

Como si hubiera tomado el liderazgo de un gran atraco, que claramente no podía ser así puesto que lo que hacían era evitar que las cosas fueran robadas, alegó que ya era tiempo de irse, tuvieran lo que tuvieran en manos. Los criminales que podrían aprovechar la falta del personal, podrían caer en cualquier momento. El tiempo era sumamente importante, y no podía simplemente desperdiciarlo por delirar o discutir como la niña parecía siempre intentar llevar la contraria.

Estaban haciendo una buena acción de alguna manera, lo sabía, podía sentirlo. Ayudaba a la tienda que hasta aquel día le había ayudado a poder comer a diario gracias a sus bajos precios... Si no la estaba robando... Pateó la puerta rompiéndola innecesariamente, pero tenía las manos ocupadas y era bastante bueno rompiendo cosas. Era un héroe, ninguna puerta podría interponerse en su camino, ni por más que fuera la típica puerta de madera de los juegos que te obliga a buscar la llave aunque tengas un arma completamente destructiva en tus manos. —¡Vamos!— Exclamó finalmente siendo el primero en salir a la calle nuevamente, dejando caer una bolsa de papel sanitario que normalmente podría haber sido robado por alguien con diarrea.

Sus agallas no podían mantenerse quietas por mucho tiempo. Corrió hacia el exterior empleando todas ellas en su marcha. ¿Pero dónde debía llevar o dejar todo lo que había tomado? No le había preguntado a quien le había pedido semejante favor. Fue por ello que se detuvo para esperarlo. Si volviera a entrar, seguramente lo haría rompiendo una vidriera, y no tenía el dinero suficiente como para pagar todos los gastos de reparación.


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Tema Privado Re: ¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

Mensaje por Wade Starson el Dom Jun 04, 2017 8:26 am

El pelirrojo se estaba emocionando demasiado con aquello. Imaginar lo fantástica que sería su vida luego de robar aquella tienda lo atontaba. Era tal la imaginación de Wade que el embriagador olor a dinero comenzó a materializarse en el aire y lo envolvió, por unos momentos incluso fue capaz de ver con total nitidez una imagen de él sentado en un amplio jardín, en su propia isla privada en Phatos VII, el planeta más turístico y costoso de todo el multiverso. La imagen se retorció de dolor y se transformó en un renderizado 3d de un puño. Un puño muy real que impactó de forma real en su rostro real, provocando dolor real, obviamente.

Wade soltó todo lo que cargaba en las manos al recibir aquel repentino ataque y miró con desconcierto al joven que lo efectuó, el mismo que momentos antes lo rescató de un guardia salvaje que apareció de la nada. Parece que esa persona disfrutaba golpear a la gente en el rostro. El corazón del detective se aceleró levemente y los colores, así como la figura de su compañero de robo, se intensificaron. Si esto fuera una película adolescente, en estos momentos aparecerían flores, un destello blanco y una música de violines de fondo que indica el inicio de un apasionante romance. Pero esta no es una película y lo que sintió Wade al recibir aquel golpe no fueron mariposas en su estómago, sino un dolor intenso en su rostro y una sensación extraña, como si ese puño le hubiera inyectado algo invisible, psicológico.

Comprendió que estaba delirando de poder y ese golpe fue para devolverlo a la realidad. Debía vivir el presente, y en ese momento acababa de soltar tres bolsas de frituras, una botella de gaseosa dietética y un par de limones que podrían haberle sido útiles. Movió la boca para decir algo, aún se encontraba confundido.

D… ¿disculpa? —Preguntó con cautela. Estaba dispuesto a agregar algo más, pero el otro sujeto parecía más concentrado en el robo que en sus palabras, pues se limitó a silenciarlo con una frase cliché de película y se dirigió a la salida a un paso veloz. Rompiendo una hermosa y cara puerta de cristal en el proceso.

El detective, la esfera elocuente y la niña soez se intercambiaron miradas al tiempo que el “héroe” abandonada la tienda.

Este tipo me agrada —confesó Whitley al final, rompiendo el incómodo silencio—. Andando, enana. Tú llevas mi comida, no te quedes atrás.
P… pero tú no puedes com…
¡Silencio! Y llámame por Usted o haré que escuchar 12 horas seguidas a Justin Bieber sea solo placentero… ¡Ahora en marcha! Tú también, Wade.

La niña lo siguió, su rostro estaba rojo por la vergüenza, pero una leve sonrisa se dibujó en su pálido rostro. Parecía disfrutar aquello. El pelirrojo se sumó al grupo y abandonó la tienda. Por unos momentos se asustó al ver a su compañero de robo huir con la mercancía, temiendo que tal vez intentara traicionarlo, pero se alivió un poco al notar que se volteó a verlo. Si esto fuera una novela romántica de escolares, en el momento en que sus ojos se encontraron con el del ladrón de papel sanitario hubiera comenzado a sonar “Careless Whisper” de fondo mientras todo comenzaba a transcurrir a cámara lenta. Los dos amantes correrían en un campo de flores para que sus fornidos brazos se encontraran y sus cuerpos hercúleos se fundieran en un ardiente y desenfrenado…

No, esta no era una de “esas” películas. Ahora eran ladrones de tiendas y, en un futuro no tan distante, tal vez líderes de la liga de villanos intergalácticos. En un trabajo como ese no había tiempo para fantasías. El pelirrojo hizo lo que debía hacer en esa situación y se reunió con sus colegas de robo, pronto disfrutarían de unas merecidas y elegantes vacaciones.

Hacia el callejón —anunció, guiando al grupo como el líder que debía ser—. Lo atravesaremos para llegar al estacionamiento que hay detrás, es una zona poco transitada. Estaremos a salvo, al igual que nuestro botín.
Eh, Wade. Escúcha —susurró Whitley sin apartar su enorme ojo electrónico del sujeto que iba delante—. Sabes lo que hay que hacer a continuación, ¿verdad? Debemos deshacernos de él, es una amenaza para la operación. El sujeto me cae bien, pero nunca se sabe cuándo pueda traicionarnos.
Jamás, él es colega. Me salvó la vida y nos ayudó, ¿cómo podría hacerle eso? Se merece parte de la recompensa. Fin de la discusión —Wade apresuró el paso, colocándose junto a su salvador. Ni siquiera se percató que iba con las manos vacías, por suerte la niña recogió suficientes provisiones por órdenes de Whitley como para alimentar a un ejército. La esfera se encargó de ordenarle que utilizara todo lo que estuviera a su alcance, ahora mismo movía un carrito de compra con una montaña de alimentos que se elevaba varios metros.

Se detuvo a observar una bicicleta que estaba tirada en medio de la calle, frente a la tienda. Parecía haber salido volando, pero seguramente perteneció a un civil inocente que huyó despavorido al escuchar tanto escándalo proveniente del interior de la tienda. Por alguna razón, esa persona creyó que era más seguro huir a pie que montando en una bicicleta como aquella, seguramente quien se montara en ella podría surcar el cielo, con el viento recorriendo su cuerpo como si no llevara nada puesto… ¡nada puesto!

Sin demorarse, cogió la bicicleta y la llevó a su lado, nunca había montado en uno de esos extraños aparatos, pero siempre se podía aprender.

Adelante, yo me encargaré de llevar este extraño vehículo, puede ser útil luego —anunció Wade, con suficiente imaginación e ingeniería, tal vez pudiera hacer que aquella cosa volara.

Whitley, por otro lado, se acercó al protegido de Wade y le dedicó una larga y penetrante mirada con su único ojo. Permaneció unos momentos efectuando aquel potente ataque visual, si esto fuera un videojuego probablemente saldría un indicador diciendo algo como “Whitley utiliza Mirada Incómoda” y luego habría una pequeña pausa para ver si fue súper efectivo o no. Si se hubiera limitado a hacer aquello desde lejos, observando la espalda del sujeto, tal vez sentiría una punzada fugaz en su esfínter. Pero, en su lugar, la esfera optó por algo con menos clase y educación: se plató frente a su enemigo visual, tan cerca que, si bostezaba, probablemente se lo encontraría atorado en su garganta.

¿Cómo te llamas? Quien ayudó a perpetrar este robo debe tener un nombre digno de un villano, ¿verdad? —preguntó con interés. Aquellas palabras no fueron aleatorias, estaba intentando generar un conflicto—. Algo como Darth Vader, Galacticus o Spyro.
¡Eh! —exclamó Wade una vez se encontraba lo suficientemente cerca—. No lo molestes o te lanzaré lejos. Vuelve con la niña que parece extrañar tus insultos y deja a los hombres trabajar. No le hagas caso, compañero. Solo intenta confundirte, está defectuoso —el pelirrojo le propinó un golpe amistoso en la espalda al sujeto y soltó una carcajada. Luego aceleró el paso, con la bicicleta aún a su lado, y agregó—: Andando, al callejón.

Representación gráfica:

Así es como vio Wade a Attack luego que le propinara ese golpe que lo deja atontado por unso momentos (?)




"No puedes morir si ni siquiera estás vivo" —Whitley.
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Tema Privado Re: ¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

Mensaje por Attack Crash el Miér Jun 14, 2017 4:56 pm


Las agallas del héroe esperaban por el buen samaritano cuyo único propósito era ayudar a salvar los productos de bajos precios para que no fueran robados por los ricachones egoístas que buscaban impedir que la gente de bajos recurso se hiciera de estos con su esfuerzo, sudor y lágrimas. El impacto de sus agallas le había hecho entrar en razón, y afortunadamente había sido capaz de soportarlas sin que su cuerpo colapsara y posteriormente se sobrecargara de agallas causándole severos traumas o incluso la mismísima muerte. Debía ser alguien con la capacidad de asimilar agallas con rapidez, y eso realmente era algo a destacar.

Gunha, o debía decir, el increíble héroe japonés Attack Crash, desconocía el punto al cual se querían trasladar los elementos de la tienda para su cuidado, y fue por ello que espero por el buen samaritano que usaba su propio tiempo por el bien ajeno. Este, quien había sido el principal causante de aquella buena acción, había conseguido la ayuda del héroe que estaba de paso allí -comprando-; y dado a ello, estaba a su disposición para cumplir sus exigencias. Dicho el lugar al que debían ir, este emprendió la marcha, poco después de ver como procuró incluso cargar su bicicleta en su ligar. Si, él tenía las manos repletas de papel sanitario como para tomarla, así que estaba haciéndole un gran favor. —Muy bien, vamos— Replicó afirmativamente ante el buen hombre, dejando caer un par de bolsas de papel y jabones por el camino.

El camino había sido enunciado, hacia el callejón, y de allí hacia el estacionamiento. En el inicio del trayecto, la cámara flotante parecía querer tomar el mejor ángulo del héroe durante su gran hazaña por el bien mayor. Centraba su único ojo, o bien debía llamarse lente, delante de él; como si quisiera que supiera que sus agallas lo atraían como si de un imán se tratase. Nunca había imaginado que un juguete pudiera ser atraído por sus agallas, quizá era una reacción con sus baterías. Él, quien sabía que sólo se trataba de una cámara, respondió sonriendo. Fue entonces que esta, usando alguna de sus funciones, hizo uso de su IA personal cuyas capacidades de aprendizaje no parecían saber comparar la ficción de la realidad. Si fuera realmente inteligente, sabría que lo que hacían no era robar, sino salvar bienes, y además, podría distinguir que se trataba de un héroe. No obstante no respondió, por aquella interrupción. Parecía conocerla, aunque fuera de la niña; ¿acaso eran hermanos? De otra manera era extraño el trato que estos tenían entre sí.

—No te preocupes, no hay razón para no ignorarle— Replicó haciendo referencia que solamente se trataba de un juguete, o una mera cámara con la extraña capacidad para volar sin uso de hélices o control remoto; tecnología japonesa que realmente sorprendía.

Metiéndose en el papel de los gemelos Hansel y Gretel, el gran héroe dejaba el recorrido marcado con diversos elementos que se iban escapando de sus brazos. Fue entonces así como los tres, y el juguete flotante, llegaron a la entrada del callejón. Adentrándose a este se pudo percibir una gran obstrucción. No, no eran los montones de mangas yaoi que habían sido dejados allí por las limpiezas de primavera y estaban cubiertos por una colorida lona; sino aquel mural al final del mismo. Tres metros de altura impedían que estos pudieran atravesar el camino para llegar a su destino, el estacionamiento; pero aquello no era realmente un impedimento para él. —¡Camino cerrado!— Exclamó con total obviedad, mas al mismo tiempo dejó caer todo lo que en sus brazos había cargado hasta aquel momento para actuar. Era un héroe, no podía quedarse de brazos cruzados o esquivar un problema, él iría de frente con todas sus agallas. —¡Yo me encargo!— Añadió al instante, tomando esta vez su propia bicicleta, obligando a su compañero a soltarla; para así finalmente, lanzar por el aire aquel peso de aluminio y carbono de aproximadamente siete kilogramos por sobre el muro. No habría podido hacerlo con total normalidad según la apariencia de su musculatura, pero había estimulado levemente sus fibras musculares para por lograrla a cambio de algo de ácido láctico.

Como si todo ocurriera en cámara lenta; el agallasmovil giró por los aires hasta pasar la medianera; y en ese momento, sin permiso alguno, el héroe tomo en brazos a su compañero. El tiempo pudo detenerse allí, como de un príncipe cargando a su príncipe se tratara, consolidó así su devoción por las agallas. Su chaqueta y su cabello se movían con total libertad, aunque no había viento allí. Aquel segundo parecía durar eternamente, y entonces él lo miró sobre sus brazos. —Agárrate fuerte de mis agallas— Voceó, usó sus agallas, y a su compañero príncipe cargó. Saltó hacia la pared, y creando apoyo sobre esta, realizó un segundo salto para lograr atravesar así la medianera, aún con su bicicleta girando por los aires. La briza pausada era tan romántica, que una persona normal que pudiera ignorar el mal olor de la basura, podría desear que fuere para siempre. Pero no, apestaba y bastante feo.

La niña había quedado atrás, al igual que la esfera -aunque esta podía atravesarlo flotando-, cuando de repente el sonido de las sirenas de un móvil policial comenzaron a sonar. Los criminales habían tomado cartas en el asunto para ir hacia la tienda, pero estos ya les estaban pisando los talones; no había más necesidad de estar para actual allí, como héroe, podía dejarles el trabajo a los policías, y así dejarles algo de crédito.

En ese instante, sobre un contenedor de basuras a su compañero lo soltó. Las bolsas putrefactas podrían amortiguar su caída, pero nada lo haría con su bicicleta si la dejaba caer allí. Si su cálculo era correcto, él la lograría sujetar antes de que esta el suelo tuviera que tocar. Y así fue. El tiempo del romance acabó, y él su bicicleta salvó. —¡Perfecto!— Enunció finalmente siendo él quien ahora mantenía a su lado la bicicleta. La niña podría alertar a la policía, entregar las cosas para que las pusieran a salvo, y regresar a su hogar. Por otro lado, él podría interrogar al civil en busca de información su peculiar drom con accesorios que debían de venderse por separado. En ese momento, ambos estaban con las manos vacías; aunque él aun tenía su compra en su propia mochila. —¿Te encuentras bien?— Preguntó con una sonrisa en su rostro. Era un civil, debía preocuparle su bienestar.



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Tema Privado Re: ¡La pequeña cafetera flotante! || Whitley... y Wade

Mensaje por Wade Starson el Vie Jun 23, 2017 6:42 pm

El golpe que le propinó su compañero en el interior de la tienda aún lo sentía. No sabía la razón, pero además del dolor había algo más que le hacía saber que aquello significaba algo. Ese puño estaba cargado de alguna metáfora poderosa o de un poder psicológico increíble, pues luego de recibirlo se sentía cargado de… algo. ¿Qué era aquello? No podía ser odio, ni rencor, sentía como si fuera capaz de hacer cualquier cosa. Algo bastante obvio, pues si recibes un golpe en mitad de un robo la mayoría de las veces acabas preso.

Pensó un largo rato en lo que estaba sintiendo. Su mente intentaba con desesperación buscar una respuesta lógica, pero luego de varios intentos decidió rendirse y permanecer en blanco. Wade, por otro lado, se limitó a seguir a su compañero antes que atreverse a preguntar. “Los hombres hablan con los puños”, aquello era una creencia muy popular, aunque en Neocity no pensaran igual.
Se detuvo en seco al escuchar el grito de su compañero. El callejón estaba cerrado ¿Cómo era eso posible? La idea de hacer un callejón es dejarlo abierto para que los honorables ladrones y asesinos tuvieran un lugar donde trabajar. No podían realizar su labor y los transeúntes no eran capaces de actuar como víctimas si el camino al trabajo era bloqueado por tres metros de concreto. Quien sea que diseñara esa ciudad, claramente no pensó en la importancia de los atracos.

El pelirrojo suspiró y se preparó para utilizar su Jetpack, un simple muro no era un obstáculo para él. Podía cargar a su compañero si éste no contaba con ningún instrumento o habilidades deportivas, estas últimas, a juzgar por su apariencia; parecía que eran nulas. Antes que pudiera poner en práctica su plan, el muchacho a su lado lo detuvo con una exagerada exclamación. Le quitó el vehículo de sus manos lo lanzó por los aires, por un momento Wade pensó que el corazón le saldría por la boca al contemplar la posibilidad de que perdiera tan valioso artículo.

¡Mi nave! —exclamó el pelirrojo con una voz que parecía estar a punto de quebrarse. Iba a agregar algo más, pero se silenció con un grito ahogado cuando fue tomado de improviso por el otro sujeto. Lo cargó en brazos como si fuera una golfa de pueblo y le dedicó unas extrañas palabras que Wade no fue capaz de comprender del todo bien—. Creo que mejor no te agarro nada…

Comenzó a pensar que era la única persona cuerda, y eso era algo malo si se tomaba a uno mismo como referencia…

De un momento a otro, sintió como se elevaba por los aires, por encima de la muralla que bloqueaba su paso. Una extraña mezcla de olores, protagonizado principalmente por el sudor y la basura, se hizo presente.

Mientras estuvo en el aire, Wade llegó a pensar que el tiempo se detuvo unos momentos. Un silencio absoluto dominó el ambiente, esa clase de silencio que devora los sonidos, la clase de silencio que uno escucha momentos antes que una agradable persona vistiendo con una larga túnica negra se presenta a ti como Muerte. Resulta que es amante de los gatos y hace honor a su nombre. El pelirrojo también contempló la bicicleta, aun girando hacia un destino impredecible y, a su espalda, los rostros estoicos de la niña y Whitley. La esfera incluso parecía estar asombrada, aunque su gesto inexpresivo pudiera indicar lo contrario.

Esto es… —iba a decir increíble, pero la frase fue interrumpida por una sensación de vacío cuando su compañero, con total naturalidad y la delicadeza de una piedra, lo dejó caer sobre un contenedor de basura.

No hubiera estado tan mal si fuera como en las películas, donde los protagonistas siempre aterrizan sobre montones de cartón, pasto seco y esas bolsitas con pequeñas bolitas de aire que se suelen utilizar para evitar que un producto sufra daños por golpes. Pero esto, como ya se mencionó en muchas ocasiones, no era ninguna película y Wade no tenía tanta suerte. Cayó sobre comida podrida, pañales usados y un extraño líquido viscoso que olía a muerte. Una pequeña gotita de aquella sustancia salió volando del contenedor y, gracias a la brisa que sopló en el momento más oportuno y al poder del karma, fue a parar en la lengua del otro sujeto justo cuando formuló una pregunta.

No, no estoy bien —respondió el pelirrojo con desdén mientras hacía un gran esfuerzo por salir de la basura. Quería emerger imponente sobre el horizonte verde y maloliente del contenedor, pero la escena se vio frustrada por un pañal salvaje que apareció cuando dio un paso. Resbaló y el sucio pañal voló en dirección al otro sujeto, impactando en el cuerpo de la bicicleta.


Ignorando esta poco higiénica pantalla, del otro lado de la pared aún estaba Whitley, la elocuente esfera que aún no comprendía lo que acababa de suceder. Se elevó por encima del bloqueo al escuchar las sirenas, dejando abandonada a la niña que lo miró con tristeza y odio.

¡Regresa aquí, maldita sea! ¡No puedes abandonarme!

Pero Whitley tenía otros planes. Desatendió las advertencias de una niña malcriada y se acercó a Wade, quien consiguió escapar del contenedor. Parecía echar humo por las orejas, como una chimenea.



¿Wade? ¿Te encuentras bien, colegui?
Ahora no, ¿dónde está lo que robamos?
No tengo manos y la enana que los llevaba no sabía trepar, ¿qué esperabas?

El pelirrojo suspiró, intentando buscar algo bueno en todo aquello. No lo encontró. ¿Por qué las cosas se torcieron de tal manera? No importaba, el romance ficticio se rompió en el momento en que su compañero lo lanzó al contenedor y se convirtió en odio cuando abandonó la comida. Wade hubiera entendido que lo traicionara, después de todo lo más importante era cuidar su propio estómago. No había tiempo para romances cuando la tripa rugía, pero si alguien estaba dispuesto a dejar ir todo ese alimento gratis significaba que no tenía mucho aprecio por la vida.

Creí que teníamos algo especial —dijo Wade, quitándose una cáscara de banana de la cabeza—. Creí que podríamos llevarnos bien, parece que me equivoqué —sacó del bolsillo una moneda color plata y se la mostró a quien en el pasado fue su compañero de robos—. Si sale cara te cortaré esas nalgas esculpidas por ángeles y te meteré toda la basura de este lugar en el orificio. Si sale cruz, lo hará Whitley por mí.

Lanzó la moneda al aire… salió cruz.

Mala suerte, colega. Espero que hayas dicho tus plegarias, pues de aquí no sales —anunció Whitley con entusiasmo mientras se acercaba a su rival con lentitud, exhibiendo todo su brillante y numeroso arsenal. Cuando estuvo a poco más de un metro, se detuvo y agregó—: Resiste, guapo. Lo vamos a pasar muy bien. No seas tímido y toca mi gran y poderoso cohete.

Esa frase podría sonar extraña, pero para un ser artificial que no posee miembro viril ni nada remotamente similar, aquellas palabras solo era una floritura. Para nada sexual.




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