Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado The curious spell of a sneaky magician

Mensaje por Hikari & Elleri H. el Lun Abr 03, 2017 8:50 pm

~6:30 am

Edificio Antiguo


*El amanecer había llegado tan puntual como siempre había hecho por los últimos millones de años. El reluciente sol había llegado con sus brillantes cabellos dorados a darle mayores matices al cielo; el azul oscuro característico de la noche se desvanecía en un morado muy amigo del magenta, que poco a poco le daba la bienvenida a un rojo más intenso y este cedía rápidamente ante el naranja, solo para dejarle camino libre al color más escandaloso de todos: el risueño amarillo. Con su brillante optimismo prometía bañar al mundo de luz y así, todos los animales y plantas del lugar, sabían sin duda que un nuevo día había llegado.

Una jovencita admiraba todo el espectáculo de la naturaleza desarrollarse frente a sus ojos, ella estaba sentada en el lugar más alto de aquel edificio olvidado por el tiempo y la humanidad. Era bien sabido que las azoteas podían convertirse en las mejores contempladoras de la magia que se oculta en lo cotidiano. Representa una gran responsabilidad aquella la de observar historias entrelazarse sin tener intención alguna de ser alguno de los personajes, podría considerarse un divino arte muy poco realizado por los caminantes de la tierra en estos tiempos.

Podría decirse que en eso se parecían la joven y la abandonada azotea, ninguna de las dos interfería en lo que traía el nuevo día, ninguna de las dos era recordada por el Mago del Tiempo. Nadie sabía que existían y eso las hacía libres.*

… Hermoso.

~9:00 am

*Ella había cerrado sus ojos en cuanto vio al sol brillar galante en lo alto del cielo y se dejó caer delicadamente hacia atrás para quedar acostada sobre el pavimento que aún conservaba su frescura, dejó que el viento llenara el silencio de su adorable melodía matutina y de la danza que desempeñaba alrededor de su plateado cabello. Permaneció en aquella cómoda postura por un rato más, hasta que la temperatura comenzó a subir producto de la presencia del sol.*

Y estaba tan cómoda…

*Aquellas palabras habían escapado de su boca como una estalagmita de hielo con intenciones claras de atacar al responsable, pero no era más que su gélida voz haciendo juego con su fría y pétrea expresión. Sus ojos siguieron cerrados solo un segundo más, era imposible ignorar la incomodidad corporal que sentía ahora así que se levantó de un solo salto y se aproximó a la reja que protegía a los mortales de la altura. Cruzó la barra metálica y mirando hacia el vacío que creaba un edificio de 3 pisos, saltó.

Cayó delicadamente en el suelo como si se tratara de una pluma, sin levantar siquiera una mota de polvo y se dirigió hacia los jardines con total tranquilidad. Los grandes árboles le protegerían del calor. *

~11:00 am

*El paseo por los jardines había sido la decisión correcta, las plantas ondeadas por el viento traían suficiente frescura como para olvidar que el sol amenazaba con derretir a cualquiera que se expusiera ante sus brazos luminosos. Pese a que la jovencita estaba lo suficientemente cómoda en este momento, lo cierto es que estaba consciente de que en cualquier momento todos los estudiantes saldrían a tomar su almuerzo y entonces este lugar quedaría inundado de humanos, su soledad se vería amenazada si esto sucedía.*

~ Debería ir a otro lugar… ¿Dónde podría ser?~

Dong… Dong…

*A lo lejos se escucharon dos campanadas. Era curioso pues en Éadrom nunca se escuchaba tal cosa, esta era la primera vez. La chica se detuvo en seco, hizo aún más silencio del que de por sí lograba conciliar y esperó un nuevo resonar.*

Dong… Dong…

*A los diez minutos repicaron otras dos. Agudizó su oído y se dio cuenta de que en realidad el sonido provenía del Instituto así que, siguiendo esta nueva pista, entró al edificio por una ventana. Ignoró el susto que había provocado en algunos de los estudiantes y salió al pasillo, debía prestar atención a la nueva pista. Esto se repitió dos veces más un poco más estruendoso uno del otro, era curioso que nadie lo notara. Parecía que solamente ella había escuchado las campanadas y seguido las pistas, pues al final solo ella estaba frente a aquella puerta ese día.*

Esta es… ¿La Biblioteca, no?

~11:50 am

Biblioteca.


*Ella abrió la puerta del lugar y caminó adentro, ya había venido aquí antes. Vio un extraño libro sobre una estantería, su color morado galáctico parecía moverse como si estuviese vivo e incluso llegó a pensar que emitía una vibración. ¿Podía ser este el culpable? La joven lo tomó en sus brazos y esperó, en cualquier momento una nueva campanada sonaría… Y entonces, ¿Qué pasaría?*


[/center]

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Tema Privado Re: The curious spell of a sneaky magician

Mensaje por Helena Solaris el Sáb Mayo 26, 2018 9:43 pm

– Voy tarde, tarde tarde.

– Voy tarde tarde tarde – repetía un conejo blanco, de traje rojo y con reloj de bolsillo en pata pasando por segunda vez enfrente de una chica de cabello anaranjado.

– Va tarde, tarde, tarde – le secundaban los tres pequeños conejos que le seguían, fieles pupilos que querían aprender el arte del asombro del mayor. El primero era de color café pino, intenso y de bigotes ligeramente rizados, el segundo era negro, rellenito y con ojos rojos, el tercero era gris, delgado, atento y asustadizo. Todos trajeados y con relojes de bolsillo en patas.

– ¿Pero es que no me vas a prestar atención? He dicho que voy tarde. Es la primera vez que alguien me ve pasar, a mí, un señor conejo, que ve pasar un conejo blanco con traje y reloj en mano y no le importa al espectador.

Pata

– ¿Eh?

Pata señor conejo, usted tiene pata. – El conejo se ofendió, ¿quién era ésta para decirle si tenía pata o mano? Por más que estuviera en un error esos asuntos sólo se hablaban entre especies. Refunfuñando un poco el conejo retomó su camino saltando. Nunca lo reconocería, ni lo diría, sólo si lo amenazaban de vida lo diría, o si lo amenazaban con perder una pata, pero adoraba llamar la atención... Que una humana cualquiera pasara de largo ante su aparición le daba, ligeramente en el orgullo.

Helena dejó la paleta que tenía a un lado, al ver la mirada curiosa de los tres pequeños se las ofreció, que gustosos aceptaron. El conejo gris la guardo y entre los tres se hizo el pacto tácito de pasaba la lección compartirla, “15 lamidas uno, 15 otro y 15 el último” ¿De dónde habían salido aquellos del país de las Maravillas? Los pequeños no pasarían de los 30 centímetros, eran peludos, amables e iban trajeados. No pudo evitar gozar de la barriga ligeramente ancha del conejo negro, que al sentirse observado se avergonzó. Ella se disculpó con la mirada y un sincero “Lo siento”, él se cubrió la carita con las patas. Revisó en su mochila y por suerte encontró su pasaporte, identificación y cartas de referencia. Quizá con eso bastaría. – ¿Y si vamos tras el señor conejo? – los tres asintieron y saltando retomaron el camino. Al ver a la humana el mayor de los saltadores hizo una ligera mueca pero no podría negar que se sentía satisfecho de descubrir que no había pasado de novedad. ¡Por Dios era un conejo blanco con traje escarlata que hablaba e iba tarde a algún lugar!

Cuando aún no tenía cuerpo, cuando sólo era un sentimiento con fuerza de voluntad y pensamientos con la capacidad de entrar en la mente de seres vivos, seguidas veces asaltó la mente de escritores. Era delicioso. Los escritores compartían una peculiaridad: su “constancia” de sueños. Por lo general, entre la gente normal, la gente de rutina, los sueños se suelen formar y ofrecerse para ser soñados, algunos sueños llegan con un muy atractivo currículum vitae que les basta para convencer a su soñador, a otros les era suficiente su presentación (una especie de atractivo físico que resultaba ser justamente lo que estaba buscando el soñador) y en seguida eran aceptados. Nunca falta el sueño que se ofrece repetidas veces “Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar”, así que la gente aprendía a diferenciar el sueño que verdaderamente valía la pena del sueño bobo, que aparte de bobo era pesado y no dejaba ni descansar. Con los escritores no. Los sueños giraban casi siempre en torno al libro o idea que tenía en mente a desarrollar, así que debían de ser cuidadosamente seleccionados, nada aburridos, inesperados, con diferentes puntos de vista. Era algo tortuoso y delicioso, dependiendo del espectador. Para Helena era divertido, preocupante (cuando ya se había encariñado con un personaje y aparecía un muy atrevido sueño que ofrecía como posibilidad su final), intrigante y enriquecedor. La cantidad de ideas que se les presentaban a los escritores en una noche era abrumadora y a la vez, para algunos, desafiante. Qué no darían por soñarlos a todos en una noche. También podía ser para el escritor una tarea pesada, abrumadora, compleja y tormentosa; constantemente se cuestionaban cada idea nueva, ¿cómo conectaba las ideas que se le presentaban con lo que ya tenía escrito? ¿Qué dirían de su personaje si lo hacía hacer tal acción? Lo peor, el tormento verdadero aparecía cuando olvidaba la idea que tanto había buscado, la idea perfecta, atractiva y concordante con su novela… El tormento era olvidarla al despertar. Helena nunca olvidaría la cantidad de emociones que sintió nacer al ver como esos sueños trataban de dar nuevas ideas al escritor en turno, nunca olvidaría la lección. Siempre soñaba despierta.

Después de pasado un rato, después de andar pecho tierra y de aprender de los expertos el arte de saltar llegaron a la biblioteca, no le sorprendía que El país de las Maravillas estuviera en contra esquina con Nunca Jamás  pero antes de las aventuras que se viven en el 221 de Baker Street.

Señor conejo, ¿a dónde vamos? – el conejo no dejó de saltar, la miró y le contestó poniendo cara ce experto en la materia.

– Niña, ¿no ves nuestra peculiaridad? – literalmente olía al conejo café. Le llegaba el olor a pino. Vaya, tenía miopía en ambos ojos, podría no ver pero si le funcionaba la nariz.

Digamos que algo semejante a ver

– ¿Te gustaría ver más?

Claro que sí, pero no me esperaba la biblioteca, tiene sentido pero… ¡Cuidado señor conejo! – el mayor de los saltadores chocó con una joven que justo se interponía entre la puerta y ellos. Rodó sobre sí hacía atrás y los menores lo imitaron, incluso se golpearon con la pierna de la mujer. Verdaderamente quería jugar con ellos y gozar de su inexperiencia.

– Niña, quítate, vamos tarde y hay que pasar. – Helena no pudo evitar fruncir la nariz ante los modales del conejo blanco, lo ayudó a levantarse en dos patas y se dirigió a la chica.

Disculpa, aparentemente vamos tarde a algún lugar y esa es la puerta, no nos dejas pasar.

– Ya, ya, ya, ya, ya…. Basta de charla, ¿qué no escuchan las campanadas? El portal se va a cerrar. – de mayor a menor los conejos saltaron, el gris, le último en atreverse a saltar las miró con curiosidad.

– El portal se abre y cierra cada doce horas, sólo los que verdaderamente ven pueden pasar, así que al entrada es libre.


Notita:
Verdaderamente me disculpo por la demora,
pero finalmente te dejo mi respuesta.
Espero que te guste Copito,
yo he disfrutado desempolvando las teclas e ideas.
Aunque ha sido algo difícil.




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Tema Privado Re: The curious spell of a sneaky magician

Mensaje por Alice/Elizabeth el Sáb Ago 04, 2018 5:53 pm

TEMA CERRADO
Tema cerrado y trasladado a la papelera debido a que lleva más de dos meses inactivo.
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Dime, ¿Cuán grande debe ser el abrazo para olvidar mi soledad?
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Tema Privado Re: The curious spell of a sneaky magician

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