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Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

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Tema Privado Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Miér Mar 22, 2017 4:54 am

La soledad ya no es más. Lástima. Ya me acostumbraba.

Caminos que se abrían en el lienzo azul sobre las cabezas de la gente, viejos tiempos atrás quedaron lejos los senderos de piedra, los trazados a machete entre la selva, surcar las olas en frágiles rejuntes de madera. Hoy la vanguardia se daba a través de las nubes, aunque cierto era que contadas personas tenían verdadero espanto a la idea, a pesar de los bellísimos paisajes alguna vez vedados a los terrestres, disponibles solamente para los animales de garras, picos y plumas. La historia no se olvidaba, cuando se quiso probar ese don con el que la humanidad no nació, fueron tantos los que lo intentaron al punto de hacerse común anoticiarse de la muerte brusca y muy doliente de los intrépidos científicos dispuestos quererlo: a volar.

Era una fiesta tremenda de pájaros metálicos, muy ruidosos y sin graznidos característicos, tampoco cantos. Todos sonaban igual, aburridos; extraño en esa orquesta se acercaba nuestro propio tipo de intrépido personaje, un muchacho de cabellos oscuros y largos hasta pasar apenas sus hombros, bastante desaliñado a decir verdad, su aura era estimada normalmente en aquellos pobres diablos sin hogar ni una familia a la cual pertenecer. Vamos, los que se dice un vagabundo de pies a cabeza. Los guardias de seguridad lo observaron extrañados al abrirse paso por las puertas automáticas próximas al estacionamiento a cielo abierto; ese que hacía contraste respecto al otro lado de la inmensa construcción. Por un lado, coches a parir cosa imposible el pretender contarlos, y en la otra vera rugían sin cesar las turbinas listas para elevar toneladas de hojalata con personas en su interior. Las nacionalidades de los portentos alados variaban en colores y banderas, los ojos cambiaban rápidamente enseñando la heterogeneidad. Era un excelente aeropuerto, a las costas de una prefectura particular del Japón, archipiélago milenario.

– La bruma rebota siempre hacia aquí – avisaba por walkie-talkie uno de los guardias más experimentados – No lo pierdan de vista, en especial el estuche en su espalda – espuma rabiosa de miedo, se habían acostumbrado a ver gente… Bueno, “individuos” sumamente especiales, donde lo importante en el trabajo de vigilar ya no radicaba en cómo se vistiera o se viera una persona. No estaban juzgando a Ryuusuke por sus pintas, lo hacían de acuerdo a la mirada que tenía cuando ingresaba por el Hall número 6 del aeropuerto. Curiosas anécdotas se contaban de los que habían entrado por ese mismo portal durante los años de existencia del imponente edificio hecho de tres pisos, 25 estaciones y miles de pasajeros por día.

Las miradas declaraban intenciones, si es que se ocultaban en los gestos corporales y el habla, aún se sospecharía de la vista en pos de mantener a raya la inseguridad. Tampoco había gustado a los encargados de la seguridad, descubrir un símbolo oculto en la espalda del alto y a priori extranjero Ray, que lo escondía gracias a lo que llevaba colgando de un hombro y se reposaba en su espalda.

Dudó unos minutos de que estuviera siguiendo la dirección correcta, alzó la cabeza entendiendo mejor que sí, perdido estaba – Era en el otro sentido – refunfuñó dándose de inmediato la vuelta, el enorme número cinco fue el aviso necesario. Encaminó pasando de largo el siete, once, veintiuno, alcanzando los recintos donde se suponía llegaban los voladores internacionales, ¿por que debía encargarse de encomiendas que de seguro eran puras molestias? Encima, probablemente le gustaría hablar hasta por los codos del viaje y esa sarta de expectativas puestas en el desconocido destino. Desconocido para ella en muchos sentidos. Extrañado observó el reloj de considerable tamaño colgando en la perfecta mitad de la pared por arriba del ancho umbral, el umbral se supone era el final del camino para los aterrizados, por aquella rampa que iba hacia arriba desde el punto de vista de Ray y demás pacientes grupos a su alrededor. De brazos cruzados repiqueteó tres dedos en la curva interior del codo contrario, poniéndose algo nervioso en un leve tic del ojo izquierdo porque no creía tener que volver a empezar a conocer un alma compartiendo alguna parte de sangre.

Literal, corriendo en las venas una relativa cantidad cien por ciento idéntica.

Y no sabía absolutamente nada de ella. ¿Iba en serio?

La había visto de lejitos en fotos de su tío, sin hacer aspavientos al respecto porque le parecía al sobrino guitarrista una muchacha de cabello oscuro, distante y fría, porque apenas había imágenes impresas, instantáneas de unas vidas de las que él jamás formó parte porque creció en otro continente antes de regresar a sus raíces niponas. Según entendía, eso era quizá lo único en común con aquella chica “¿Terca, se llamaba?” su costado más latino surgía en ingeniosas comparaciones, estaba cerca del nombre femenino, pero mientras no lo recordara bien aprovecharía para entretenerse con diversas denominaciones que hicieran juego.

Hartazgo es lo que sentía, pudiendo estar en casa gozando de… Ehm… No hacer nada que digamos, se acomodó el sombrero tejido a mano totalmente fuera de moda, rozando el nudo de pañuelo en su cuello al bajar la zurda y apoyarla detrás en la base del estuche con silueta exquisita, un cuerpo de reloj de arena compuesto por 3 curvas despampanantes, la de abajo más ancha conectándose por la del medio hacia la de arriba apenas respectiva menor medida, y un mástil por arriba. Empujó con la palma un poquito en contra de la gravedad, liberando su hombro del peso, bajando el instrumento al suelo. Buscó un lugar cómodo donde iniciar la faena audiovisual, rechazando de plano los asientos dispuestos en esos grupos de filas apostados en el centro del Hall 21, alejose unos metros hasta apoyarse culo a la pared, deslizándose hasta sentarse en el frío piso, cruzando las piernas colocando el estuche entre las mismas, desnudando a la señorita abrigada adentro, sacándola de su descanso.

Las rodillas al aire debido al poco cuidado dedicado a sus pantalones de mezclilla color negro azabache, arrugados, aunque combinaban al cabello despeinado aquí y allá. En menos de 30 segundos afinó cada cuerda, arrancando la tropelía de notas aleatorias calentando las articulaciones de los dedos, recibiendo en el proceso la mirada molesta de varias personas cercanas. Sobre la misma pared, a distancia prudente le vigilaba uno de los guardias, informando que todavía el sospechado de ojos azul noche no actuaba mal. Era un tipo raro, nada más, se iba concluyendo esa idea en las mentes cuidadoras.

La primera pieza por fin con algo de sentido, se conectó enseguida de la improvisada puesta a punto, cerrando los párpados tocando tan fuerte que las cientos de voces quisquillosas, murmullos, se borraran de su fuero interno. Estaban solo él y su amante, la guitarra. Haciendo lo que más les gusta: música. En eso, un señor tomaba un teléfono público, metía la tarjeta con saldo, dio en los dígitos precisos y se dispuso a esperar respuesta.

Porque no lo encontraba en youtube D:

See the Sea – Maximum the Hormone (1999)

Nota: cualquiera de las tres opciones funciona online, sin necesidad de descargar nada. Infórmame en caso de virus (?)
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Tema Privado Re: Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Tenma Minami el Miér Mar 22, 2017 8:32 am

“Muchas gracias por haber volado con nosotros, esperamos que hayan tenido un feliz viaje.”

Horas llevaba esperando escuchar esa frase y, al mismo tiempo, la odiaba. La odiaba con toda su alma. Miró desde el asiento del avión como el resto de pasajeros comenzaban a recoger sus equipajes de mano antes de comenzar a desfilar fuera de aquel ataúd de metal, igual que si fueran cacahuetes y alguien hubiera volcado la lata. Tenma quiso hacerse pequeñita, más aún, esconderse y volver a Oslo, lejos de la vida aburrida que empezaría en cuanto pusiera un pie en tierra. ¡Lo odiaba, lo odiaba, lo odiaba! Si tan solo hubiera sido más prudente aquel día...

Un suspiro de resignación nació en su pecho para ir a morir al abandonar su boca. Se agachó para poder sacar una mochila de cuero marrón que descansaba debajo de su asiento, ese era su equipaje de mano, dentro estaban todos los documentos que necesitaba, así como cuatro o cinco novelas con las que evitó morir de asco y aburrimiento allí dentro. Aunque quizás hubiera sido lo mejor. Se la colocó a la espalda y se levantó, desperezándose, sentía todo el cuerpo agarrotado, sobre todo la espalda, que estiró con cuidado para evitar males mayores, no podía mostrar debilidad sino quería que la atasen más en corto. Barrió la cabina de pasajeros con la mirada, ya solo quedaba ella, por lo que, sin prisa, caminó hasta la salida, donde una de las azafatas le dedicó una amable sonrisa de despedida. Igual que una tortuga, la respuesta de Tenma fue encoger el cuello hasta que la bufanda beis que llevaba le cubrió media cara, apartó la mirada lentamente hacia el frente y salió de allí en el más absoluto silencio.

El ruido propio del aeropuerto era cada vez más audible, hasta que la pasarela que hacía la función de cordón umbilical entre el edificio y la aeronave le escupió sin delicadeza alguna a aquel caos organizado. Se detuvo, deseando volverse aún más pequeña que antes. Guardó las manos en el interior de los bolsillos de una chaqueta de punto gris que le llegaba casi hasta las rodillas, holgada y, visiblemente de un par de tallas más grandes de las que necesitaba. Debajo vestía un amplio vestido de color rosa claro, apenas unos centímetros más corto que la chaqueta, las piernas las cubría con unas medias gruesas del mismo color que la bufanda, que llegaban hasta por debajo de las rodillas y, sobre estas, unas botas altas de color marrón, planas y con cordones. Observó todo cuanto había a su alrededor, como una estatua, ganándose la mirada curiosa de cuantos iban y venían por allí. Minutos después, no supo cuantos, descolgó la mochila de un hombro para sacar de allí el teléfono móvil, lo encendió y comenzó a caminar observando la pantalla, en dirección a donde las maletas daban vueltas y vueltas en ese tiovivo sin gracia ni magia.

“Ya he llegado, ¿dónde estás? o3o”◄

Mandó el mensaje sin molestarse en mirar qué se cruzaba por su camino, quería salir de allí tan rápido como pudiera, lo que implicaba mandar vibraciones mentales a su padre para que le respondiera de inmediato.

►“¿Qué tal el vuelo? ¡Estoy deseando verte! >3< Peeeeero,
hay un pequeño problema, me ha surgido un problemilla
en el trabajo y no he podido ir :DU”

“¿Me lo estás diciendo en serio? .__.”◄

►“¡Te lo compensaré, lo juro! Dx”


“Ya...”◄

►“No me odies, hija T___T”

“¬3¬”◄

►“Pero no te preocupes, le he pedido a
alguien que vaya a buscarte :D seguro que te está
esperando por ahí cerca n3n”

“Estupendo...”◄

►“Ya verás cómo os lleváis bien <3
Bueno, Minamini, en un rato te vuelvo a escribir, que me
reclaman. ¡Tu papi te quiere!”


“Que te peten, viejo -__- "◄

Si la pelirrosa hubiera estado más atenta, se habría dado cuenta que acababa de meterse en terreno farragoso, un cartel amarillo ahora quedaba a su espalda, imposible de leer, indicando la precaución con la que ella no se movía, solo fulminaba la pantalla del móvil con la mirada, a falta de poder hacerlo con su propio padre. Le habían arrastrado de mala gana de vuelta a Japón y, encima, un mindundi al que no conocía de nada iba a ir a buscarla, ¿podía ser una bienvenida más penosa?

Infló las mejillas visiblemente molesta, acelerando el paso para poder llegar a casa y encerrarse en cualquier lugar, sola, para atormentar a Shin por lo mal padre que era. Pasaría por alguna tienda de comida del aeropuerto a comprar bolsas de patatas y así no tener que salir ni para cenar. ¡Que sufriera su cólera! Que pensase que pasaría hambre por su culpa, un magnífico plan maquiavélico.

Unos acordes de guitarra le hicieron levantar la mirada de la pantalla, aunque su ceño seguía fruncido y las mejillas hinchadas, cual hámster glotón. Siguió el sonido con la mirada y se sorprendió al ver que permitían, no solo la entrada, sino que un mendigo pudiera estar ahí para pedir limosna. O los de seguridad eran terriblemente empáticos o hacían su trabajo de pena. Se fijó en el instrumento, que le resultaba más interesante que el tipo que la portaba. Debido a su padre, sabía bastante del tema, y la que llevaba no era una que un pordiosero pudiera permitirse. La mente de Tenma rápidamente llegó a una conclusión: aquel sujeto mató a su anterior dueño estrángulándolo con una de las cuerdas. Los ojos de la muchacha se abrieron como platos al descubrir tan terrible verdad, que en ningún momento puso en duda, y, como si esa revelación fuera la desencadenante del desastre, uno de sus pies resbaló sobre el suelo mojado, haciendo que sus piernas se separasen casi de inmediato, cada una para un lado. No tuvo tiempo de reaccionar, ni de entender qué pasaba, mucho menos de quejarse, solo de ver cómo su móvil salía volando y ella estaba cada vez más próxima al suelo, al más puro estilo de comedia.



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Tema Privado Re: Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Vie Mar 24, 2017 5:26 am

Los fantasmas caminando sin parar demostraban que tenían poco sentido, apenas gusto por las pequeñas bellas cosas de la vida, como era escuchar música gratis. El escenario no era el correcto siendo honestos, donde las ideas estaban puestas más en llegar a tiempo al vuelo siguiente. Sin un par de alas para escapar, se resignaba a esperar, tratando de inundar esa ciudad en miniatura con su guitarra. Era difícil demostrar que podías controlar el mismo tiempo usando las correctas entonaciones, bastantes personas se giraron a observarle, la mayoría siguió su camino impertérritas, algunas se detuvieron pero el apuro superaba la curiosidad, y pocas realmente dedicaron interés a querer entender que tocaba el extraño hombre allí apostado en su rinconcito. Necesitando mover el aire, crear sonidos, iba a presentar la siguiente obra con las cosquillas en las yemas intérpretes de cuerdas. La sensación maravillosa del nylon, caja de resonancia acústica, sin cables ni rimbombantes efectos dejando la electricidad para otro día.

¿Existiría en realidad? ¿Se aparecería frente a él exigiendo ser tratada como una reina malcriada? Debido a las maneras conocidas de su tío, temía a que sí estuviera próximo a una hecatombe en forma de niña mimada… Para poder llegar a esos oídos querría seguir tocando, así atraería los ojos desconocidos, arrancando las palabras correctas de la boca ajena. Le fue complicado puesto que el tropiezo se apareció en su rango visual, un futuro zopetón que deformaba el rostro de Ray en esa mueca característica llena de empatía “Cuando me va a doler hasta a mí que estoy solamente mirando”, una despistada total hallaba su fatal destino sobre la superficie recientemente lustrada, dejada a limpio brillante, y por consiguiente resbalosa. Atinó a elevar la mano izquierda, por sobre el mástil de su guitarra, inclinándose adelante estirando ese brazo. Los dedos rozaron primero y luego se colocaba con cuidado en la palma, un teléfono móvil por lo seguro salvado de haberse destrozado contra el suelo. Una buena parábola había hecho.

Cuando regresó la espalda hacia el contacto de la pared, acercó el aparato en la maleducada idea de mirar la pantalla. Lo primero que notó fue el trato desigual en las últimas dos entradas de la conversación – Pobre viejo… ¿Minamini? – ambas cejas se elevaron, cotilleo consumado. Dejó el móvil en el suelo, en realidad sobre el estuche vacío de su instrumento, el cual ya poseía algunas monedas de distintas denominaciones. Ni siquiera había empezado la segunda pieza, ¿y ya le lanzaban esos botones metálicos? Yenes, euros, centavos de dólar. Lo único importante eran los dromes, moneda corriente de la ciudad y no debería buscar una casa de cambio.

Observó al frente con la reservada quietud del espectador, cuando un conserje se acercaba preocupado a echar una mano a esa persona envuelta en húmedas cuestiones. Se agachó con su lampazo con hebras grises del mismo tono al de su ancho bigote, en una mano, la otra a ser “la echada”. Un guardia rechoncho tomó el cartel color patito dándolo vuelta, mirando a la accidentada de forma elocuente, frunciendo el ceño y una línea recta con los labios, señalando las palabras y sobretodo el símbolo indicador de peligro “Wet Floor”. Cosa rara, la inspiración nació imprevista en el guitarrista, quien cambiando temprano el repertorio deshilvanó los acordes siguientes sobre los trastes correspondientes.

Arena Mojada:
RHCP – En acústica

– My shadow side so amplified
Keeps coming back dissatisfied
Elementary son but it's so

My love affair with everywhere […] –

Tergiversó la labor de las letras, yéndose a cantar en la segunda estrofa pasando por alto la gran parte restante de la primera. También ignoró el estribillo, enfocándose las manos en repetir las armonías, metiendo punteos pequeños para que no fuera aburrida a oídos inexpertos.

– I saw you there so unaware
Those hummingbirds all in your hair
Elementary son but it's so […]

My what a good day just to let it slide […] –

En cuanto la propietaria del celular se acercara, pondría manos a la obra a la búsqueda y captura de la bestia salvaje: su extraña prima. Tanto mientras, las monedas seguían cayendo a esporádicas cantidades. Con esto pagaría la cena.


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Tema Privado Re: Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Tenma Minami el Vie Mar 24, 2017 3:20 pm

¿Su primer pensamiento? Tratar de recordar qué ropa interior llevaba, pues era muy consciente de que todo el mundo la iba a ver, sino lo estaban haciendo ya. La expresión atónita de la muchacha fue mudando rápidamente hasta una que parecía decir “Me preparo porque se que va a doler”, con los ojos cerrados y la cabeza agachada.- ¡Pingüinos!- la respuesta llegó en el mismo instante en el que sus piernas no dieron para más, notando como ingles y muslos le tiraban, igual que si estuvieran a punto de partirse. Y, ahora que recordaba las bragas que llevaba, parecía que todo ya no tenía tanta importancia. Le gustaban.

Sus rodillas se doblaron finalmente, lo que propició que el peso del cuerpo se inclinase hacia delante. Seguro que nadie había presenciado una entrada tan triunfal en un país como la que Tenma estaba teniendo porque, evidentemente, todas las miradas estaban fijas sobre ella. Estaba teniendo el dudoso honor de robarle el protagonismo al vagabundo homicida musical.

Todo estaba pasando rápidamente, aunque para ella no era así, al revés, parecía ir a cámara lenta, pero sin darle tiempo para reaccionar. Hincó las rodillas en el suelo, sabía que lo siguiente sería su cara sino hacía algo. Levantó un brazo, cambiando con ello su centro de gravedad, lo que le permitió rotar brevemente para no aterrizar de morros contra las baldosas, sino que se retorció de una manera rara e indescriptible, cayendo de costado y sin ninguna elegancia. Aunque eso fue algo que perdió desde el primer segundo del resbalón.

Un brazo bajo el cuerpo, el otro sobre la cabeza, las piernas una mirando para cada lado, el pelo, afortunadamente, ocultándole la cara y, a juzgar por el frío y la humedad que notaba, debía tener el culo al aire. Fantástico. No necesitaba un espejo para saber que su cara estaba más rosa que su pelo y escuchar los murmullos de la gente a su alrededor, no ayudaba a que eso cambiase. Se quería morir... ¿No era Japón una zona propensa a los terremotos? Pues bien, ¿a qué estaban esperando? Quizás si comenzaba a frotarse contra el suelo entraría en combustión espontánea... Ah, no, espera, que estaba mojado. Sí, definitivamente se quedaría ahí tirada y sin moverse hasta el fin de los tiempos. O hasta que todos se acostumbrasen a su presencia y se hiciera invisible. Lo que antes ocurriese.

Pero no,tenía que llegar un buen samaritano a echar una mano que nadie había pedido. Escuchó y notó los pasos acelerados de alguien que se aproximaba a ella, instantes después ese alguien le agarraba para levantarle. No para ayudarle, sino para levantarle, literalmente, pues ella no hizo ningún amago por colaborar, solo apoyó los pies en el suelo y ejerció la fuerza necesaria para tenerse en pie cuando ya no le quedó más remedio.- Takk...(Gracias)- fue apenas un susurro que, si llegaba a oír, seguramente no entendería, ya que lo dijo en su lengua materna sin darse cuenta.

Una vez en pie y suelta, se giró hacia el lado en el que había otro hombre, uno mucho menos amable, señalándole el cartel amarillo que no había visto, como si ella fuera tonta. Con suerte, su aspecto y el haber hablado en otro idioma le serviría como excusa, no era que no vio la señalización, sino que no la entendió. Sí, también estaba el monigote pintado resbalando, pero eso en Noruega podría tener otro significado que no tardaría en inventarse si era necesario.

De nuevo, tuvo que recurrir a la técnica de la tortuga: encoger el cuello hasta que la bufanda ocultó la mitad inferior de su rostro, haciendo que aquel par de ojos de un extraño color verdoso destacasen aún más de lo usual, sin que el flequillo, todavía alborotado, llegase a cubrirlos. No trató de recuperar la dignidad, esa ya estaba muy, muy lejos, pero sí intentó ignorar las risitas de los demás pasajeros que volvían a ponerse en movimiento, ahora que el espectáculo parecía haber terminado. Las mejillas seguían ardiéndole, mientras mantenía la mirada fija en aquel hombre que le había reprendido y ahora se marchaba con su colega, seguramente maldiciendo a la juventud y su despreocupada existencia. La joven intentó aguantar el tipo, clavada en el sitio y metiendo las manos dentro de las mangas de la enorme chaqueta, casi con miedo a moverse por si volvía a suceder lo mismo.

Miró de reojo a la izquierda, después a la derecha, se giró un poco y volvió a repetir la misma operación, siempre con lentitud y suavidad para pasar desapercibida. Cinco minutos después, la vida parecía seguir su curso y pudo respirar con algo de alivio, lo que incluyó un suspiro con el que cerró los ojos un momento. Se pasó las manos por el cabello, tratando de peinarlo con los dedos, después se recolocó la chaqueta y finalmente el vestido, aunque antes de eso lo levantó un poco de un lado para poder mirar el muslo que recibió casi todo el golpe. Todo hacía presagiar que iba a tener un bonito cardenal. Entonces su vista captó algo más, algo que había olvidado por completo.

De la funda del instrumento pasó a su interior, donde se fijó en el móvil que había allí. Le recordó mucho al suyo.- Ay, ikke! (¡Ay, no!)- abrió los ojos como platos y los dirigió de inmediato al suelo, por donde esperaba encontrar el teléfono desparramado por piezas. ¡Estaba perdida sino funcionaba! Se mordió el labio angustiada, no tenía ni idea de la dirección de su padre, ni había memorizado su número para llamarle, pero, por más que miró por todas partes, no lo vio. Una bombillita se encendió en su cabeza. Lentamente, igual que siempre que no quería hacerse notar, comenzó a girar la cabeza en dirección al pordiosero. ¡No se parecía a su móvil, es que lo era! Frunció el ceño, quería robarle el teléfono del mismo modo que hizo con la guitarra, pero ella no se dejaría asesinar tan facilmente. Giró para quedar de frente a él y, esta vez sí, caminó con mucho cuidado, aunque el suelo que pisaba estaba completamente seco. Un paso, dos, y llegó junto al desaliñado. Esperó algunos segundos para ver si le hacía caso y extendió una mano, aunque solo la punta de tres dedos asomaban de la chaqueta, en su dirección, reclamando en silencio lo que era suyo.



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Tema Privado Re: Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Lun Mar 27, 2017 11:15 pm

El tiempo pasaba más rápido gracias a la guitarra, y se ralentizaba ante las exasperantes acciones de aquella muchacha rosada. No es que tuviera color raro en la piel, más bien estaba tan avergonzada de su caída que parecía un farol para navíos. No, parecía un sol de atardecer que hacía las nubes sonrojarse, al nivel de la accidentada ahora presente en el aeropuerto. Bufó fuerte una exhalación, eso no era un suspiro, era su respuesta a la cansina actuación; ¿tanto le costaba ponerse de pie por su cuenta? Si no encontraba a su prima pronto, creería que se le pegará esa torpeza de la extraña. Miraba de vez en cuando a las personas ensimismadas en sus propias burbujas sociales, mirando celulares, charlando con parientes y amigos por chats o teniéndolos a su lado. La rosada parecía estar sola, asumió entonces que era una de dos: residente o turista. Ojalá que no la segunda opción. Lo que menos querría era tener que ayudar a una desconocida… No a menos que tuviera algún beneficio para el intransigente músico. La mirada del guardia de seguridad se había hecho severa en cuanto vio dónde colocó el celular volador, esperando la oportunidad de actuar sin causar un escándalo con aquél vagabundo.

– Up in flames – cantó repetidas veces, copiando a la perfección las notas del solo de guitarra, tan simple como lo era ese músico inglés que usaba una gorrita de tela aún más sencilla. Tanto poder en pocas notas, luego introdujo el cierre de piano pero a su versión, tomando las armonías sobre las cuerdas como si fueran las líneas de la partitura, y sus dedos las negras, corcheas y redondas necesarias, trabajando en equipo. Se acomodó un poco el trasero, puesto que pasar tanto rato con piernas entrecruzadas haría mal a su hueso sacro, estiró la espalda contra la pared así entre los puntos de los tobillos en el suelo, y los omóplatos respaldados, levantaría sus posaderas en el aire durante unos segundos, lo suficiente en que ese cosquilleo molesto de los glúteos se iba al regularizarse la presión sanguínea. Le dieron ganas de rascarse allí, sin embargo el deseo de hacer música era mayor, desobedeciendo los dedos ante la orden cerebral de impartir rasguños en pompas en vez de cuerdas.

Tenía los ojos cerrados y el sombrero algo caído sobre la frente al tenerla cabeza también echada apenas atrás, viendo solamente el calzado de la patinadora profesional de pisos mojados, aproximándose. Miró demasiado arriba, no se acomodaría el sombrero de paja, estirando el cuello y sentándose nuevamente en el suelo – ¿Una monedita, señorita? – más allá de cuestiones idiomáticas, usaba el japonés de forma fluida deseando que ella supiera esa lengua. ¿Para qué se acercaría quien fuera hacia un pordiosero? Su mente hizo click, aún el mentón en alto, la mirada oscurecida por la sombra del, bueno, del sombrero. ¡Ya entendía porque se llamaban así! Todos los días se aprendía algo bueno, que diga interesante. Iría con su tío a contarle el chisme “¡¿Sabes por qué se llaman sombreros?! Porque dan SOMBRA”, una leve, levísima, media sonrisa asomó en la siniestra de sus labios cerrados. Un aspecto que le daba toda la socarronería acorde a una persona altiva, probablemente arrogante. Sus palabras, sin querer queriendo, acompañaron esa imagen.

– ¿El móvil? – miró de reojo hacia abajo, al estuche donde se rejuntaban las monedas de diversas nacionalidades, y ese reluciente aparato comunicador al cual podría sacarle unos cuantos billetes – Soy yo el que pide ayuda y vas y me estiras la mano. Si es que tienes una en esos vestidos más largos... – sentado como estaba, todavía se notaba que la mujer era de medidas menudas, el utilizar ropa de tallas mayores mejoraba y acentuaba el cuadro crítico de enanismo – Mas tú lo acabas de donar a la caridad, ¿no ves que lo dejaste caer en mi humilde funda? Muy generoso de tu parte – distanciado de los modales, la tuteaba desde su tamaño hasta las intenciones de dudosa veracidad según el punto de vista del vago.

Veloz en unos cuantos pasos repiqueteando el suelo, los zapatos del guardia se apostaron a su lado, un brazo en jarra y el otro con la palma sobre el walkie-talkie, enarcando una ceja antes de dirigirse al pelinegro. – Tendrás que devolvérselo, macho. A menos que quieras te devuelva yo a la calle – daba contados y sonantes TAC-TAC con la punta del zapato derecho, eso fue lo que más molestó al músico, quien se consideraba pacífico hasta la impertinente llegada del oficial. A regañadientes soltó la música, otro detalle que hacía rabiar a Ray, dedicando una mirada de furia al hombre de uniforme. Ceño fruncido, y labios de sonrisa invertida, arrugando la barbilla y las comisuras; cómico a decir verdad. Suavizó las cejas, faz de resignación aceptada cuando entonó a la chica, punteando con la mano sobre el mástil unas velocísimas notas golpeadas con las yemas de los dedos.

La mano derecha se dirigió a tomar el celular, leyendo de nuevo los últimos mensajes de texto, fisgón por curioso y por otra parte la aburrida espera – No puedo comer con cosas así. Necesito monedas – se excusó, alejándose entonces el guardia – Bien hecho, galán –, aquél sí era un grandilocuente arrogante. Ryuusuke, más que nada, un haragán. – Casi lo tenía, mierda –, porque pudo haber dado un excelente golpe a las partes bajas ajenas, usando el clavijero de la guitarra, una madera no precisamente blanda – Anda, tómalo antes que me retracte y me lo quede de verdad – así confesaba que no buscaba conservarlo desde un primer instante. No se dio cuenta de ello en su frase – Sabes. Hacen juego tu cabello, el vestido oculto y tus lindas bragas. Buena combinación de colores– asintió con seguridad antes de retomar su amado instrumento.

– ¿Merezco unos dromes por ser tan buena gente? ¿Estás esperando a alguien? Yo sí, también – una respuesta automática para ambas preguntas.


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Tema Privado Re: Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Tenma Minami el Miér Mar 29, 2017 4:10 pm

La vergüenza poco a poco se fue tornando en impaciencia por recuperar lo que le pertenecía. Al menos lo material, el orgullo herido tardaría algo más de tiempo en quedar sanado, u olvidado. Seguramente lo segundo sucedería mucho antes que lo primero. Tenma se mantuvo firme, algo raro en ella. Medio escondida entre sus propias ropas, pero con la mirada decidida a no dejarse ningunear por aquel asesino en serie. Frunció el ceño al ver la actitud de aquel tipo, tan despreocupada, eso solo podía significar una cosa: robar, matar y mendigar era su pan de cada día. Pues bien, ella iba a ser un pedazo de pan tan duro, que se partiría los dientes con el primer bocado.

Aquel par de ojos esmeralda siguieron cada uno de los movimientos ajenos, deteniéndose sobre su rostro cuando este quedó parcialmente a la vista, bajo la custodia de aquel sombrero que debía haber conseguido durante unas vacaciones en la playa. La expresión de la muchacha se suavizó, no porque él hiciera algo, sino porque ella misma comenzó a perderse en sus pensamientos. Ese chico no parecía tener rasgos totalmente orientales, sino que tenía aspecto ser una mezcla, al igual que ella. Uno de los dos ingredientes estaba claro, pero el otro no tanto. Entrecerró los ojos a la par que ladeaba levemente la cabeza y la mano que mantenía extendida perdía parte de la firmeza con la que se la había mostrado, pero aún así daba la impresión de estar pendiente del varón. Nada más lejos. Vio como decía algo, pero ninguna información llegó hasta su cerebro, su hámster mental estaba demasiado concentrado en tratar de averiguar la otra parte de su procedencia. Ya había descartado África.

Cambió el peso del cuerpo de una pierna a la otra, estaba a puntito de descartar también Oceanía mientras volvía a ignorar de nuevo lo que salía por su boca.- Parece demasiado simplón para ser nórdico…- una idea fugaz atravesó su mente, dejando tras de si una estela do algo muy próximo al espanto. Primero volvió a abrir los ojos como platos, después arrugó la nariz como si repentinamente algo oliese muy mal.- Francés…- una mueca de un asco totalmente ilógico se fue formando sobre su rostro, que seguía semi oculto. Pero antes de que esta terminase de formarse, se esfumó.

La muchacha dio un saltito apenas perceptible, fruto del susto que sintió cuando esa burbuja en la que estaba explotó con la llegada de un extraño. Otro más. Bajó la mano y se quedó tan tiesa como una vela, mirando de reojo al de seguridad, mas no tardó mucho en comenzar a alternarla entre los dos hombres, sin enterarse de qué estaba pasando allí. Ella solo quería resolver el interrogante que había llevado a un segundo plano todo lo demás.

Su atención la captó el músico asesino, no le molestó lo más mínimo que leyese los mensajes, pero sí le hizo pensar que allí usaría la lengua materna con bastante más frecuencia de lo esperado. Pudo ver por el rabillo del ojo que el guarda se alejaba, seguramente sabiéndose victorioso, y le arrebató rápidamente el teléfono de la mano en cuanto se lo tendió, no fuera a ser que, realmente, cambiase de idea. Giró el aparato, observándolo de un lado y otro para poder asegurarse que seguía de una pieza. Encendió la pantalla, la desbloqueó y, ahora sí, hasta sus oídos llegó la voz masculina.- Lo sé, no es algo casual.- respondió con toda la naturalidad del mundo a una conversación en la que estaban incluidas sus bragas, que ya había visto medio Japón.

Suspiró con alivio una vez segura que todo funcionaba bien, guardó el teléfono en la mochila y miró al asesino, con curiosidad renovada.- ¿A tu próxima víctima?- preguntó sin pensar, agachándose hasta quedar de cuclillas frente a él, con los codos apoyados sobre los muslos y el mentón reposando en las palmas de ambas manos. Pocos segundos después, cayó en la cuenta de algo que había dicho. ¿Quería drones? ¿Para qué? ¿Decapitar con las aspas? ¿O quizás para estamparlos contra las cabezas de la gente y dejarles sin sentido? Ahora que lo pensaba, tenía cierta lógica… Era un tipo muy, muy retorcido.

Algo vibró sobre su espalda, arrancándole un escalofrío que casi le hizo perder el equilibrio de nuevo, apoyó la punta de los dedos en el suelo y se puso en pie, pensando que seguramente se trataba del móvil, que tendría poca batería. Se dispuso a volver a sacarlo, solo necesitaba coger el cargador y conectarlo a algún enchufe durante un rato, fue entonces cuando se percató de lo más obvio.- La maleta.- murmuró con la mirada perdida durante varios segundos, tras los cuales parpadeó rápidamente, dando la espalda al extraño. ¿Cómo había podido olvidarla?- Ikke, ikke, ikke…- siguió murmurando, cada vez más nerviosa, buscando con la mirada cualquier señal que le dijera dónde podía estar. ¿Qué más podía salir mal?



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Tema Privado Re: Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Lun Abr 03, 2017 5:30 am

De las expresiones femeninas sólo se preocupó cuando estaba visiblemente molesta, asqueada. Olisqueó el ambiente lado a lado tan rápido que el sombrero levitó en el aire sin apenas rotar siguiendo la cabeza, regresando al frente arriba. No, nadie parecía haberse tirado un gas venenoso por detrás, de esos ninjas que dejan desmayados medio salón de clases.

El interín del guardia entrometido, haciendo su trabajo para la molestia del pelinegro, no pudo atinar a jugar un poco queriendo probar los reflejos de la extraña; la idea de revolotear el móvil cerca de la mano extendida se apagó enseguida, inclinando un poco la cabeza sintiéndose con franqueza derrotado, negando enérgico comenzando su respuesta a la suposición, la mujer acuclillada delante – En realidad a mi victimario... Oh, por cierto, ahí se te ven otra vez – se burló cerrando despacio los párpados, junto a una carcajada encerrada entre dientes. Ojalá fueran cambiados los papeles y fuera otra persona la que esperara, cada segundo que pasaba en ese aeropuerto se asqueaba de la espera. Ya habían pasado 6 minutos de la horda en aquél “International Arrivings Hall”. Paró la música agradable, hecho que se contrastaba al ver la cantidad de monedas y algunos billetes ganados en buena y barata ley. Sacando un gastado monedero de cuero, colocó allí los metales nacionales y extranjeros, luego enrollando los papelitos como si fueran material de cigarros caseros, sólo faltaba el lengüetazo para sellarlos y por supuesto, el tabaco. Cosa que no tenía ni cerca. Aunque ese abrigo oliera fuerte a esa esencia tan adictiva, que dominaba gran parte del inconsciente colectivo de la humanidad y otras razas.

Chaqueta de mezclilla revieja, con algunas hilachas del tiempo pasado, más bien pisado sobre la prenda. En especial en esas costuras gastadas de las muñecas y toda la cintura, el hombro izquierdo, la primera botonera contando desde el cuello, cuyo botón ya no existía. El  excesivo uso se veía en el codo siniestro, sumando esa rotura del abdomen, ¿es que llevaba rascándose durante siglos para dejar esa  marca entre costuras? Había más pero sería desgraciar peor la imagen del muchacho. Seamos honestos, la verdad es que esa chaqueta ni siquiera era de su propiedad. La tomó prestada sin avisar, un clásico de la vida familiar a la cual estaban habituados tanto Ryuusuke como su tutor encargado de su bienestar y hogar Éadrom. ¡Y perdonen que lo repita, ese tufo a cigarrillo no se iría con absolutamente nada!

El botín reunido, escondido en el interior de la odorante chaqueta, que el maltrato creó bolsillos extras ahí adentro, además de los originales externos en el pecho y los costados típicos. La voz acompañante de esos interesantes ojos verdes, enseñó las primeras sensaciones de pavor y duda “¿Y esta qué le pasa ahora?”, mirando más allá de su silueta, con el mentón alzado apenas, abriendo los ojos en franca sorpresa – Tu maleta estaba allí donde decoraste el piso con tu cuerpo, cual estampado… Pero esa maleta ya no está – apuntó usando dos dedos, triangulando el brazo de similar manera a lo que haría una gárgola, si existieran. Un momento, sí, existen.

Girando tras la esquina de la pared contraria, el lado más angosto y visto de atrás de la valija se, nueva palabra, desasomaba – Over there! – (¡por ahí!) abrazó la guitarra, colocándola dentro del estuche vacío. En dos parpadeos, uno en cerrar la funda, el siguiente parándose sin usar otra musculatura que la de sus piernas entrecruzadas. Partiendo desde los empeines de los pies, aunando tobillos hasta que la fuerza se trasladó a pantorrillas. Resortes que tenía por fibra y tendones, articulaciones excelsas a pesar de la empobrecida fotografía representada por Ray en público. La ropa no haría al vagabundo, pero en definitiva su actitud cansina y mirada agotada ayudaban mucho a que sí lo fuera. Debajo de las telas, un cuerpo relativamente sano era invisible casi todo el tiempo.

La desesperación en ella no pudo ser resistida, Ray molesto consigo mismo dejó doblar el cuello para atrás, arrugando la nuca, cayéndose el sombrero el cual se sostuvo colgando de un fino y hasta entonces ignorado hilo. Cosido de lado a lado del ala, permitiendo maniobrar y moverse al músico sin temor a que movimientos bruscos lo quitaran de lugar, como la quejica actual – What a mess! Not now please – (¡Qué lío! Ahora no, por favor) su cabellera negra se liberó por fin cayendo desde la misma nuca, en finas hebras irregulares, despeinadas sin embargo manteniendo un singular bien parecido entre ellas mismas. Un mal lindo aspecto, ese enmarañado entrañable que pocas veces el dueño de la melena le prestaba atención, y gracias a ese desinterés que sucedía. El apremio de las palabras vibraron en los tímpanos, caminando dos pasos con la guitarra colgando del hombro derecho, sobresaliendo por la espalda y sostenida la correa con la mano del mismo lado, llegando al flanco de la muchacha – Está bien. Vamos – las pronunciaciones finas y fallidas del idioma nipón eran materia para malentendidos siempre, asunto que solía mosquearlo – No se dice “ike” – (池 - “estanque”) con apenas una letra errada cambiaba el significado de las palabras, incluso de frases enteras – Se dice en realidad “iku” en todo caso, si no quieres conjugarlo – (行く - “ir”), no obstante quedaba una posibilidad extra, en el fuero lírico de un artista callejero, Ryuusuke era de esa madera – A menos que buscaras “despedirte de mí”, sin recompensarme – era importante la repetición, cuántas veces, de los fonemas (いく いく – Iku Iku - “Que les vaya bien”).

– ¿Vamos por tu maleta, o de ella te despedirás quedándote estancada? – el pequeño trabalenguas que se había inventado, era absurdo tratar de trascribirlo al idioma original.

Aspecto casi exacto de la chaqueta:


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Mensaje por Tenma Minami el Jue Abr 06, 2017 2:52 pm

¿Por qué? ¿¡Por qué!? ¿¡POR QUÉ!? Ese país le odiaba, y era un sentimiento mutuo, ¿cuánto tiempo llevaba allí? ¿Diez minutos? Quería llamar a su madre, suplicarle, rogarle para que le dejase volver con ella al barco, donde tan poco encajaba por su edad y tan a gusto se sentía al conocer a las pocas personas que lo tripulaban. En tierra todo era diferente, más sencillo aparentemente, pero mucho más complicado en realidad. Era tantísimas las posibilidades, que resultaba casi imposible encontrar el lugar correcto al que pertenecer, algo que, además, a Tenma siempre le había costado horrores de por si. Y ahora tenía que hacerlo sin maleta, sin más ropa que la que llevaba puesta y que ya casi no guardaba ningún misterio gracias a esa habilidad innata de ir enseñando las bragas sin darse cuenta. “Hola, me llamo Tenma y estas son mis bragas”, bien habría podido ser su saludo oficial, aunque lo más seguro era que terminasen por tacharle de algo que no era ni de lejos, demasiado despistada y simple para el pensamiento “hentaisioso”.

Su mirada se desplazaba de un lado a otro, giraba la cabeza y repetía la misma operación, mordiéndose el labio y apretando los puños con fuerza, por dentro de las mangas de la chaqueta. Estaba perdida, totalmente perdida, y la culpa de todo la tenía el maldito Shin, ese mal intento de padre. Un puchero hizo el amago de aparecer sobre su rostro, pero logró contenerlo cuando notó una presencia a su lado que tensó por completo su cuerpo, dejándola completamente tiesa. Muy despacio, como si moverse despacio le hiciera invisible, miró de reojo en la dirección en la que había aparecido esa persona.- El asesino...- abrió aún más los ojos y apretó los labios, casi poniéndose de puntillas. Volvió a mirar al frente, a la misma velocidad, empezó a deslizar la suela de la bota contraria por el suelo, tratando de ser natural y discreta, hasta que no pudo más y fue el momento de hacer lo mismo con la pierna que estaba más próxima al desconocido, alejándose de él poco a poco y con la respiración contenida, seguro que así pasaba totalmente desapercibida y lograba escapar sin que se diera cuenta.

Fue entonces cuando se percató de que le estaba dando una clase de pronunciación japonesa, que no tenía ni pies ni cabeza. Con el ceño levemente fruncido, volvió a mirarle de reojo, tratando de averiguar si le estaba vacilando o era una maniobra de despiste para que bajase la guardia y matarla allí mismo.- ¿Iku y qué?- de nuevo la misma mueca de asco que antes y, de nuevo, abrió la boca sin pensar en ello antes. Al darse cuenta de que ella misma acababa de truncar su huida, sus ojos casi se desorbitaron, mientras se giraba hacia él, tratando de hacerse pequeña. Más pequeña. Levantó un brazo y le señaló con dedo acusador.- ¡No me das miedo, maníaco!- agachó la cabeza y miró al suelo.- No me das miedo.- repitió en voz mucho más baja, volviendo a mirarle casi de inmediato. Tomó una bocanada de aire que hizo que su torso se inflase, y apartó la mano con un movimiento rápido, no fuera a intentar cortársela con una cuerda de la guitarra. Le miró fijamente, tratando de parecer digna, aunque fuese una tarea complicada.- Y no, mi maleta no estaba ahí porque acabo de recordar que aún no la he recogido.- ¿qué habíamos dicho del hablar sin pensar antes? Que era una constante. En su intento por cerrar la boca de aquel tipo, había descubierto su descuido.

Se llevó las manos a la boca, aunque las dos seguían dentro de la chaqueta, asomando únicamente las yemas de los dedos más largos, mientras maldecía una y otra vez mentalmente. ¿Qué tenía ese sitio que le volvía tonta? ¿Sería la contaminación? Por segunda vez en muy pocos minutos, trató de hacerse la digna. Pestañeó con rapidez un par de veces, lo que le costó bajar los brazos y erguirse todo lo alta que era, que tampoco era mucho, alzó un poco la cabeza y adoptó una pose de “aquí no ha pasado nada, estaba en mis planes decir eso”. Una mano sobre la cadera, la otra junto a su cuerpo, todo en una pose natural, naturalmente forzada.- Así que...- carraspeó.- Así que no está perdida ni nada de eso, solo... solo está dando vueltas.- miró hacia los lados sin mover la cabeza.- En algún lado.- suspiró volviendo a hacerse pequeña y buscando la protección que la bufanda le otorgaba. Por lo que le contaron, la fabricaban en el mismo lugar que las mantas que protegen de los monstruos que viven en la oscuridad.



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Tema Privado Re: Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Jue Mayo 18, 2017 4:25 pm

Ni que fuera un maldito Tiranosaurio Rex, o como decía la leyenda de que si te quedabas quieto, no te vería para comerte. Ese o en realidad era sobre los osos. En todo caso Ray podría parecer un tirano de vez en cuando o parecer tan enojado como un oso gruñón; pero hoy no, más que nada estaba fastidi-oso, tiran-do de su paciencia porque la tarea de niñero estaba haciéndose eterna por minuto que pasaba en el inexorable reloj – ¿Eh? – en la escuela y por la calle había escuchados tantas maneras de ser encasillado, en una palabra, o prejuicio – Suelen decir que doy vergüenza. Una vez dijeron “asco”. Pero miedo, nunca. Lo de maníaco, sí, creo; arriba de un escenario fue – viéndola tratando de mantener una compostura por lo demás deplorable, las monedas de su musical ganancia le pesaban indicando que debía usarlas pronto, estaba dándole sed – Si no has perdido tu boleto del avión, puedes volver por donde viniste – no se refería al país de la muchacha, pero la notaba tan preocupada, y asustada, que se aclaró enseguida – Al corredor de los pasajeros internacionales – allí estaba, estratégicamente colocado, el salón donde las maletas danzaban en cintas infinitas – Y trata de no perder la cabeza en el proceso. Te ves más turista de lo normal –

Alzando un puño cerrado, con el pulgar extendido le señaló ese portal de donde ella y tanta otra gente había llegado minutos atrás. Con que la pelirrosada perdiera el tiempo allí, seguramente le robarían sus pertenencias, o las mandarían para siempre a la zona de objetos extraviados, esa cueva que los empleados del aeropuerto hacían mieles y dulces de lo que hurtaban a los olvidadizos pasajeros – Será mejor que te apresures, o los amigos de lo ajeno se llevarán tus cosas – sus cejas rectas, paralelas al suelo, demostraban la poca importancia que le daba al asunto, su voz natural tenía un leve deje de mala onda. La actitud desganadas, y en realidad su aroma de la chaqueta, lograba que las personas pasaran de largo alrededor de estos dos seres, algunas tapándose la nariz por el repentino ataque y golpe marcial del tabaco fuerte. Más los que iban por la espalda de Ray que de la de ella – Algo que sí me han dicho seguido – se acercó un poco pero no dando pasos, mas inclinando el torso adelante, cruzando ambos brazos – Y a ti te toca oírlo: estás dando pena – cuando hartaba la paciencia o la empatía de los demás, provocaba esa reacción en otras almas; aunque aquí, no es que Ryuusuke estuviera enojándose para con aquella amante de pisos recién lustrados, es que le gustaba remarcar bien directo lo que veía o sentía. ¿Sin modales? También, prácticamente ninguno.

Un guardia algo flaco resguardaba la salida del gentío por el portal, impidiendo que alguien quisiera entrar sin el debido permiso, boleto en mano o que fuera empleado del lugar. Sin lo segundo, la pequeña femenina estaría tan perdida como su maleta. El Minami mayor en todo sentido (aún sin saber quien era la despistada rosada), se desentendió no diciendo adiós, o buena suerte, nada. Se volteó hacia el centro de la estancia, punto en el que se erigía una modesta y bien señalizada zona de Información General. En cuanto llegó, ahuyentando algunos curiosos y preguntones transeúntes, consultó si era posible saber la lista de pasajeros de un avión; entre negativas del personal y el regateo del estoico muchacho, arriba estaba un mapa extenso del aeropuerto indicando las partes más importantes. Entre las mismas, la recién aconsejada vía hacia el despacho de valijas y pertenencias de los viajeros, la indicada para extranjeras como la extraña mujer dejada atrás hacia apenas segundos – Ehm… ¿Sabe al menos de dónde viene el avión de esa chica que está esperando, señor? –, la señorita que le atendía, fruncía los ojos tapándose como podía la nariz, enseñando que odiaba a los fumadores y metía a Ray en esa categoría – Uno de esos países nórdicos… No sé. ¿Suecia, Noruega? – tampoco tenía en su memoria si alguna parada intermedia hubo – ¿Y cómo voy a conocer las escalas? Ni la más pálida idea. Debería ser tu trabajo – destilando educación por doquier, por supuesto. La forma de resolverlo estaba debajo de sus narices, literal, le quitó un par de hojas, apenas importándole qué tan necesarias eran en su lado impreso; sólo que estaban inmaculados del otro. Ante la sorpresa de los ataviados y pulcros informantes, reclamó cinta adhesiva y un marcador grueso de pizarra, negro a ser posible. Como no tenían, le extendieron un bolígrafo rojo a cambio, a pesar de las maneras repentinas de actuar del peliazabache.

Bueno, ese era uno de sus colores favoritos. Enseguida trazó el contorno de unas letras indescifrables hasta que empezó a rellenarlas de rabiosos trazos colorados, como pintándolas, y saliéndose de la línea muchas ocasiones. Devolvió la cinta adhesiva al haber unido las hojas donde podría completar su improvisado cartel, que con algo de humor podría ser visto como esas guirnaldas navideñas, culpa de lo mal pegadas entre sí que estaban. Y no tenían ninguno monito o dibujo alegre que digamos. Allí, entrelazadas tan bien al estilo de Ray, rezaba:

TERMA MINAMI
SOY TU PRIMO
(púdrete Shin)

Tomándolo en cada mano, regresó en sentido contrario a las personas que querían salir del salón para Llegas Internacionales, enseñando el cartel maltrecho por delante de su pecho, y una cara de muy pocos amigos. Tan cerca y a la vez tan lejos de escribir correctamente el nombre de su prima


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Tema Privado Re: Doesn't size matter? Yes... [Aeropuerto]

Mensaje por Saji el Mar Ago 22, 2017 11:40 am


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