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El despertar de la maldad (10 mandamientos)

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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 03, 2017 12:26 am

La oscuridad reinaba y todo era silencio, todo
lo que podía escuchar eran sus pensamientos, la tranquilidad era tal que podía escuchar como su sangre circulaba por su cuerpo y el ritmo su corazón, esta sensación podría ser desesperante pero el esto no era más que una paz absoluta para estar en contacto con nada más que no fuesen sus pensamientos. El sonido de su circulación atravesando sus arterias era particularmente fascinante para sí ya que el canal se hacía más amplio haciendo que el líquido carmesí fluyen con mucha mayor velocidad como las corrientes de los ríos y canales de agua alrededor de todo el mundo. intentaba mover sus muñecas o brazos pero esto era imposible ya que su cerebro enviaba las señales pero sus extremidades no responden ante las mismas, había algo que lo impedía y las horas se habían transformado en meses y los meses en años difuminando lo que era la percepción temporal del sujeto, o de manera más específica, su cordura.

“Esto esta tardando mucho, empieza a ser fastidioso”.

Pensaba para sus interiores al tiempo en que la imagen de sí mismo suspirando se hacía visible por encima de la neblina con la cual podía describir lo que actualmente era su mente, estancada, esperando que algo más sucediera, un evento que estaba fuera de su control pero esperaba con ansias si se le permitía ser sincero, el estar sellado hace que tu cuerpo no posea necesidades básicas como la alimentación pero a su vez la naturaleza era innegable y como un oso durante la hibernación pasaría poco antes de que los ánimos se tornaran en desesperanzas al no haber probado ni una gota de sangre durante tanto tiempo, dos fuerzas chocan como los rayos cuando producen un trueno y dan un espectáculo de luces en el cielo, el cuerpo del vampiro mostraba signos de hambre, sus colmillos eran visibles en su totalidad y las pupilas aunque estuviesen cubiertas por el párpado brillaban con paciencia, estaba muy seguro de cuál sería su primera acción al despertar, y no le importaba nada más allá de eso, debía ser honesto, sus prioridades estaban algo distorsionadas.

Escuchaba una voz que susurraba de fondo, era difícil distinguir entre sí esta era real o se limitaba a ser una ilusión diseñada por su perturbado cerebro que a estas alturas era capaz de hacer lo que fuese por mitigar la sensación de soledad. Había sufrido de largos intervalos de inconsciencia total al igual que de sueños que poseían un realismo y duración espeluznantes ya que tenía la intensa fobia de jamás llegar a despertar de ellos, que el ser que les había prometido un despertar jamás apareciera y que hubiesen firmado un contrato con la muerte al permitir ser objeto de tal ideal por el cual se había entrenado y convertido en su dogma. Abrió los ojos de par en par al notar que su cuerpo respondía ante las órdenes que daba, al fin su sistema nervioso respondía ante las olas de señales eléctricas que se paseaban por el de manera alocada, eran tantas las cosas que sentía en ese segundo que absorto tuvo que arrodillarse y posicionar las manos sobre el suelo para no caer. Su respiración se escuchaba fuerte y jadeante como aquella que se sufre después de correr muy rápido o por una gran distancia aunque no hubiese realizado ninguna acción posee la sospecha de que el sello se alimentaba de su propia energía, extrayendo la misma por tanto tiempo para mantener su vitalidad al mínimo, un limbo entre la vida y la muerte que rayaba lo inmoral ya que el ser que sufría el mismo sería incapaz de liberarse a voluntad ya que era su propia energía la que le mantenía en un letargo prolongado a capricho de el invocador de el otro lado del cristal.

“Ya era hora, maldición”.

Farfullaba improperios en contra de aquellos responsables de llevar a cabo el ritual, aunque les respetaba su orgullo era el suficiente como para permitirse cuestionarlos y de ser necesario sobrepasar los límites de la alianza y desafiarlos, su lealtad era más para con sus compañeros que para con el mismo líder aunque igualmente sería capaz de morir por cualquiera de ellos en el campo de batalla si de esa forma se entretejen los hilos del destino, caprichoso titiritero de la realidad, amo y supremo de todo aquello que sucede, de las aves que vuelan, de la respiración de cada ser y de la misma manera, de su muerte.

Una vez culminó de desahogar toda la presion que sentia despues de haber permanecido congelado por tanto tiempo dio una fuerte mordida a su mano, alimentándose de su propia sangre, esto era un acto que generalmente no se consideraba muy saludable para los vampiros y mucho menos los de sangre pura, pero parecía que no tendría la oportunidad de alimentarse en algunos minutos y si hubiese alguna palabra para definir el estado en el que se encontraba esta sería “Famélico” sin dudarlo y de disponer de una persona ajena para alimentarse seguramente acabaría desangrandole sin mucha dificultad. El acto de morderse a sí mismo le permite controlar los impulsos iniciales, los más difíciles ya que sus deseos de supervivencia eran mayores a el placer que se generaba en sus papilas al contacto con la hemoglobina, especialmente para aquellos que son considerados”donadores universales” poseedores de sangre del tipo O positivo o negativo este fluido no posee ningún antigen por lo tanto no hay obstáculos entre la aceptación y asimilación al momento de ser ingerido por parte de un vampiro.

Una vez culminó de beber la sangre goteaba por el dorso de su mano e igualmente por las comisuras de sus labios, no se había tomado ninguna elegancia ya que estaba en total confianza y a final de cuentas, nada de de lo que hiciere podría cambiar todos los recuerdos que había generado con las personas presentes, todos eran capaces de revivir su pasado y esto lo agradece ya que era lo más cercano a una familia que jamas habia poseido. Se levantó para pasar a una posición erecta con la espalda sin algún tipo de curvatura y ahora llevo las manos a los bolsillos recostandose sobre la pared de piedra que se encontraba a un costado, se tomó el tiempo para asimilar todas las cosas que sucedían girando sus orbes en todas direcciones ya que la curiosidad de observarlos a todos despertar le invadía, más sin embargo no sentia ningun deseo de entablar conversación alguna con aquellos que se encontraban frente a el, los responsables de la invocación. Permanecía expectante con una semblante seria, relamiendo de sus labios de los restos de sangre que le manchaba, haciendo lo mismo con el dorso de su mano hasta que la herida estaba totalmente cerrada, debía agradecer la fisonomía de un vampiro.


Última edición por Envidia el Vie Feb 03, 2017 7:39 pm, editado 1 vez
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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Gula el Vie Feb 03, 2017 12:58 am



Sabía que algún trayecto de mi existencia me había prácticamente quedado como “Invernando”, no sabía cómo decirlo, pero realmente desconocía muchas cosas de este mundo, sobre todo aquella estupidez que todos declaraban como “Magia”, pero sin importar la razón o como, estaba recobrando consciencia. Primero habría mis ojos, notando que me encontraba en mi forma primigenia… tenia tanto milenios que no reconocía mi propio cuerpo original, más alto de lo común y con la piel un poco áspera, reconociéndose con facilidad mi larga lengua y dientes puntiagudos. Como si fuera un instinto básico, apenas lograba tener más naturalidad en mis movimientos; cambiaba de forma drástica mi anatomía. Hasta tener aquella apariencia humana tan reconocible de mi persona, con aquella expresión tan poco significativa de mi persona que no daba mucha diferencia a la de un muñeco.

El problema de cambiar a una forma humana, es que obviamente no podía crear un tejido o algo similar como ropa, por lo que estaba completamente desnudo. Me parecía interesante estar en aquella forma a su vez que reconocía el olor de uno que otro compañero que iba apareciendo de igual forma espontánea que yo, sintiendo que las cosas empezaba a organizarse y tener un sentido.
Vuelo como a pato asado pasado de cocción…
Miraba hacia los lados con cierto tono lúgubre hasta que lograba visualizar a “Envidia”, iba hacia el con un paso apurada y un poco ajetreado, tocándole el hombro enseguida; ignorando por completo la misma sangre que recorría de su brazo.
Basura, por fin te vuelvo a ver. ¡Necesito ropa!; dame tu capa.
Era cierto que Gula no compartía empatía alguna por nadie en realidad, realmente estaba entre ellos solo por la satisfacción de la diversión y la adrenalina, mientras el líder de todos ellos pudiera de ofrecer cada vez más cosas para mi persona, le seguiría si con ello satisfacía mi hambre hacia el conocimiento. Sentí la necesidad de mostrarme un poco mas “Amigable” para Envidia, suponía que debía de colocar una expresión que fuese adecuada para la situación. Así que sonreía al punto de mostrar los dientes pero sin cambiar la forma de mi mirada, que era penetrante y un poco fatigada, sintiéndose completamente desubicado la sonrisa a combinación con la forma que miraba.

No esperaba que colaborara de buenas a primera Envidia, pero no perdía nada con pedírselo, sino tendría que más adelante robar o asesinar por un poco de ropa, aunque tampoco me incomodaba tener a mi amigo colgando, sentía más bien que me daba la posibilidad de mostrarme superior ante los otros. Hablando de otros, el olor de otra persona estaba en el aire con mucha presencia… O era cara de pescado (Hefesto), agitando mi mano con una señal de respecto (.l.), hacia su persona para demostrarle lo alegre que estaba de volver a encontrarme con su persona.




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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Dolor el Vie Feb 03, 2017 4:32 pm

La oscuridad. El vacío. El solo ver los ojos negros de la criatura en la noche, brillando. Eran sensaciones conocidas para la metamorfa. Pasar tiempo a solas no la asustaba, mas la continua presencia de Mara la alteraba hasta niveles insospechados. Junto con la sensación perdida, todo era más que extraño. Flotaba en un vacío existencial, donde no sentía nada. La metamorfa no sufría del dolor, pero normalmente conservaba el resto de sus sentidos. No entendía dónde estaba, o qué estaba pasando. Lo había olvidado, mucho tiempo atrás. Pues lo único de lo que estaba segura es de que su conciencia existía desde hacía más años de los que pudiese contar. La mala memoria le jugaba estas pasadas. Curiosamente no olvidaba lo que leía, así que en aquel hueco dimensional simplemente se dedicó a repasar mentalmente una y otra vez cada una de las palabras que había leído en toda su existencia. Era mejor que aguantar la mirada de la entidad que la observaba sin descanso. O lo había sido hasta que esta alzó la voz.

"Niña. Es hora."

¿Frunció el ceño? No podía saberlo. Quería haberlo hecho, y creía haberlo hecho, si no fuese por la ausencia de su cuerpo, o al menos de su tangibilidad y visibilidad. No estaba segura de qué quería decir. No podía contestar, solo oír. Los labios de la criatura se curvaron hacia arriba, mostrando una sonrisa que resultaba escalofriante a la morena.

"Prepárate. Llegarás pronto."

¿Llegar a donde? Mara parecía advertir su desconcierto y nerviosismo, pues simplemente se fundió aún más en las sombras, y su presencia dejó de ser perceptible. Se había ido. El silencio se hizo. La oscuridad seguía siendo absoluta, y la calma regresó al alma que flotaba en el vacío.

Por poco tiempo.

Minutos, horas, días, quién sabía. La noción del tiempo no significaba nada para la ojiazul, que, tras un lapso indefinido de tiempo, comenzó a tener una sensación de velocidad en lo que debía ser su cuerpo. Quiso cerrar los ojos, pero sus parpados no respondían. Sintió con impotencia como su cuerpo comenzaba a dar vueltas y más vueltas en el vacío, creándole una sensación de inestabilidad en el estómago la cual conocía muy bien. Iba a vomitar. Y en cuanto sus recién recuperados ojos fueron cegados por la luz sintió el cúmulo de jugos gástricos mezclado con diversos objetos tales como una cucharilla de té o un bisturí salía despedido por su garganta, amargo y pestilente. No sabía cómo había llegado a aquella posición, pero estaba arrodillada, por lo que el vómito ahora encharcaba sus manos, pálidas y delgadas. Cogió ansiosa una bocanada de aire, y lo próximo que salió de su boca, a parte de los restos de saliva y bilis que colgaban de sus labios, fue una risotada. Se miró las piernas, el pecho. Todo estaba igual que el momento en el que comenzó la oscuridad. Misma ropa rota, sucia de sangre, sudor y tierra. Mismas heridas. Todo.

Se apresuró a tomar sus objetos desparramados en el suelo, y sin pudor ni molestarse en limpiarlos de sus propios fluidos regurgitados los volvió a introducir en su boca, de uno en uno, tragándolos de la forma ensayada durante años. Miró a su alrededor, y limpiándose la boca con la manga de la especie de camisa que llevaba contó el número de personas. Todas las caras eran conocidas, menos una. A su alrededor había nueve personas, pero una de ellas era un desconocido, y aquello la dejó desconcertada. Avaricia no estaba. Cuando sus ojos se clavaron en el desconocido, algo en su estómago, desatendido por milenios, hizo que empezase a rugir con violencia. Sin embargo siguió mirando uno a uno, recordando sus nombres. Odio, Amor, Pereza, Lujuria, Envidia, Gula, Ira, Enfermedad, y a una distancia prudente del resto del grupo, aquel desconocido. Con ella, Dolor, formaban un grupo de nueve. Pero algo fallaba. Dibujó una sonrisa difícil de interpretar, y se levantó con gran esfuerzo. Hizo caso omiso a lo desarreglado de su ropa, y solo observó cómo todos empezaban a interactuar los unos con los otros.


Última edición por Dolor el Miér Feb 15, 2017 10:21 pm, editado 1 vez



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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 03, 2017 6:35 pm

Se encontraba inmersa en la oscuridad absoluta, era simplemente sofocante. Todas sus emociones se concentraban en su mente sin ser posible exteriorizarlas haciendo que su estado fuera preocupante hasta para ella misma, porque a pesar de que muchos pensamientos rondaban por su mente el principal sería siempre el odio, odio profundo hacia todas aquellas razas que osaron encerrarlos como si fueran simples seres que caerían ante sus órdenes; a cada segundo se juraba que cuando fuera liberada por fin cumpliría con el exterminar a cada una de aquellos quienes intentaron hacerles frente. La energía, su preciada energía que había estado recolectando con el paso de los milenios se iba consumiendo o simplemente extinguiendo al no tener un cuerpo físico en el mundo en el cual residir, necesitaba alimentarse, necesitaba volver a ser un ser físico; a cada momento odiaba más al mundo. ¿Cuánto tiempo había pasado allí?

Pero en algún momento la oscuridad y el silencio se vieron interrumpidos por unos susurros, lejanos. Lo siguiente fue demasiado rápido, tanto que solo logró verse de nuevo en su forma física, su apariencia humana, en cuestión de solo segundos. Tanto que no logró reaccionar lo suficientemente rápido para mantenerse de pie de inmediato, por eso cayó de rodillas sobre la tierra  mientras daba la primera respiración después de milenios; por fin era ella de nuevo. Apoyó ambas manos en el suelo y primero que todo se observó a si misma, llevaba aquel vestido destrozado y hecho jirones que había tenido durante la gran guerra, durante el fatídico día. Hizo una mueca de molestia hacia su lamentable apariencia, era el recuerdo más vívido de que en algún momento perdieron, le molestaba.

-Que asco… - Esas fueron sus primeras palabras después de haber estado miles de años encerrada Todo por que cuando decidió mirar alrededor con lo primero que se encontró fue  con Dolor vomitando y volviéndose a tragar lo que había expulsado, eso fue simplemente asqueroso.

Se levantó del suelo para sacudirse sus manos ahora untadas de tierra en el pobre vestido, que parecía unas pobres tiras de tela que apenas le podían cubrir lo necesario, aunque no es como si a ella le importara que la vieran desnuda, pero en ese momento no estaba dentro de sus planes. Aprovechó el momento para volver a sentir, intentó estirar cada músculo de su cuerpo para sentir aquella quemazón que tanto había ansiado sentir con el paso de los años encerrada.  Seguido a sus ejercicios de estiramiento con los cuales había hecho poses extremadamente sugerentes se acercó a pereza, a pesar de que lo consideraba un inútil se llevaba bien con él, no le dijo nada ni le ayudó a levantarse, solo se quedó cerca mirándolo con una sonrisa.

-Por fin estamos libres- Comentó al aire, sin poder evitar reprimir aquellas palabras llenas de emoción, una emoción mala, llena de ansias por volver a comer y de seguir con lo que no pudieron terminar milenios atrás.
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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Amor el Sáb Feb 04, 2017 6:45 am

Oscuridad y silencio....era todo lo que podía sentir, había perdido la noción del tiempo hace años, no podía hablar solo sentir. Era horrible el no tener control de tu cuerpo; la última vez que la demonio había visto la luz del Sol fue en ese fatídico día, el día donde perdieron contra aquellas razas que amaba tanto y fueron encerrados. Debería odiarlos tanto o más que sus compañeros...pero ella no era así. No por nada la habían nombrado Amor, realmente amaba a todas las razas del mundo...e incluso fuera de este. Los amaba tanto que le dolía ver como se destruían entre ellos decidió unirse a la causa de Zeldris, el mundo necesitaba una limpieza.

La paz..el silencio y la oscuridad fueron interrumpidos por unos murmullos lejanos, una voz femenina los llamaba. Sintió cómo el mundo a su alrededor se rompió, como un espejo, sin esperarlo estaba libre...de nuevo . El kimono que años atrás había sido hermoso estaba..roto y sucio, se veía parte de sus largas piernas y una de las mangas había desaparecido. Estaba hecha un desastre y no pudo evitar gruñir en señal de disgusto, se giró para ver a sus compañeros encontrándose con..¿9? Faltaba alguien...A lo lejos vio a Avaricia y sonrío de manera ladina. Ahora estaban completos. El sonido de alguien vomitando le llamó la atención solo para encontrarse con Dolor la cual comenzó a consumir de nuevo el contenido de su estómago.

Gula estaba desnudo, Envidia...era difícil de describir y Lujuria como siempre estaba mostrando desagrado ante las situaciones de la vida. La demonio se movió riendo con suavidad al sentir la tierra en sus pies y el aire despeinando su cabello, de manera inmediata una mariposa se le acercó colocándose en su nariz unos segundos. Amor se derretía por esos pequeños gestos pareciendo la más débil del grupo pero no se debían dejar engañar...ella era igual de peligrosa que sus compañeros, solo que ella era más sutil.

-Extrañe este sentimiento….-murmuró moviendo su cabeza, dejando que el viento despeinaba sus cabellos, extrañaba la libertad, el poder hablar, el poder….estar viva.
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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Ban Boraychoo el Sáb Feb 04, 2017 1:55 pm




-¿Que diablos? Hugg… ¿cuánto he dormido?- Extendí mi mano hacia el frente de mi rostro –Mi cabeza, no me duele, que extraño… ¿Qué fue lo que paso? Estaba luchando y de repente una luz y luego me quede domado, ya lo recuerdo- me levante, di un par de pasos algo tambaleantes y luego un gran bostees y estire mis músculos – DONDE DIABLOS ESTAN LOS ANGELES, VENGAN, VENGAN, PELEN COVARDES- mientras miraba a mi alrededor buscando los vestigios de aquella antigua y colosal lucha, al ver que no encontraba a nadie, me senté en el suelo cruzando mis piernas, tomando la calabaza que siempre llevaba conmigo, saque el corcho y la eleve para que el licor ingresara a mi boca, pero solo salía polvo –¡NOOOO HAY MAS VINO! POR FAVOR MATENME, NO TENGO FUERZAS NO PUEDO VIVIR SI EL- gritaba en medio del espeso bosque, apartado de mis compañeros.

Luego de unos minutos me calme –Si no hay vino, no me queda de otra que lo consiga, aunque sea un trabajo fastidioso, pero debería reunirme con los demás, Aoz ilumina a tu siervo, muéstrale el camino que debe tomar- mencione en forma de cantico, mientras extendía mis brazos –Comprendo tus palabras, iré por el vino mi señor- comente al escuchar su voz en mi mente. Comencé mi camino, cuando note que no poseía vestimenta alguna, pero no me importaba estar desnudo en medio del bosque, esas eran para mi cosas menores, camine y me encontré con lo que me encontré fue decepcionante, alguno de mis compañeros, los cuales ya estaban reunidos. –Mierda, me equivoque de dirección- dije mientras miraba a los demás sin importar quienes estaban en aquel lugar.

Sin saludar a nadie solo camine y recosté sobre una de las rocas y comencé a bostezar –Ni modo, me tendré que quedar aquí- Resignado, en la búsqueda de aquel preciado licor, me puse observar a los demás y sus actos, no me daban deseos de hablar con ellos, pues tampoco era que me desagradaran, pero la verdad estaba algo molesto. Pues sin el alcohol corriendo por mis venas, las cosas se ponían un tanto extrañas para mí, la vida se veía extremadamente lucida y triste para mi gusto.

Bostece mientras me acomodaba –Despiértenme cuando traigan el vino- dije mientras me volvía a quedar dormido en aquel lugar, aunque en realidad era un estado leve de somnolencia, en ese que puedes escuchar lo que sucede a tu alrededor.

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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Nikolay Lincer el Jue Feb 16, 2017 4:37 pm

Dio unos pasos hacía atrás mientras observaba aquel “despertar”, casi parecía irreal que tantos años después aquellos seres siguieran vivos, eran más viejos incluso que el con la gran diferencia de que l si se había alimentado durante todos aquellos años, ¿podría ser posible que estar en un trance durante todos aquellos siglos no les hubiera afecto? Era difícil de saber. Apretó sus dientes observandolos con detenimiento desde cierta distancia, su madre le había relatado muy poco de ellos, pero los libros y documentos esparcidos que alguna vez leyó le dieron algo más de información, nadie diría que aquellos tipos fueran ninguna amenaza, al menos no hoy a día, antiguamente cualquiera era una amenaza y quizás por el simple hecho de matar les consideraron seres superiores, ya había visto la historia tergiversada una y otra vez por los humanos, no sería la primera vez que ocurriera una exageración o sobrestimación de algún suceso.

Se mantuvo en silencio examinando la escena, realmente no les produjo ninguna sensación salvo un poco de  repugnancia, un vampiro mordiéndose a sí mismo sin duda por los años de malnutrición, a su lado uno que tan siquiera llevaba ropa , sus ojos dieron un ligero rodeo justo en el momento preciso para observar a una de ella tomando su propio vómito - ….-No esperaba la elegancia en persona pero tampoco lo más repulsivo que podía ver en directo , por lo menos las otras dos mujeres parecían más normales o almenos a  simple vista.Su gesto cambio por un instante  sin esperar los gritos de uno de ellos, al parecer creía que aún estaban en alguna pelea, miró alrededor sin ver a los que faltaban aún, sabía quien era su padre, Ira, pero no tenía idea de su aspecto,aunque por lo que estaba viendo debía tambien estara algo mal de la cabeza.

Un suspiro salió de sus labios entrecerrando su mirada , tan siquiera sabía cómo plantear el hablar con personas que llevaban toda una eternidad durmiendo y peor aun, que no conocían nada de aquel mundo , por lo menos de algo estaba seguro su dialecto -Iré al grano …-dijo para sí aproximándose a ellos sin ningún miedo o duda, solo quería una cosa , los demás les daba igual,  no  importaba quienes fueran ni sus intenciones, poco le importaba si pretendía matar y destruir todo a su paso , había vivido tantos años que aquellas alturas no le importaba nada -¿Cual de ustedes es Ira? - dudaba un poco de que le hicieran ningún caso, pero no tenía ganas de perder su tiempo con ellos, años buscando solo para aquel momento no iba a pretender ser educado y esperar que por algún milagro decidieran presentarse afablemente, hablaba a diez personas que en su día fueron condenadas por asesinar, no eran ninguna señorita con modales, mejor ser directo  con lo que buscaba.
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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Eros Lincer el Lun Feb 20, 2017 10:23 pm


Sus ojos no se abrian.

L
levaba tiempo intentando romper la barrera que le separaba de su mente al mundo externo, un mundo en el que antaño vagaba sembrando el caos, destruyendo lo imperfecto, por el mandato de un dios que quería exterminar las leyes de los que le preceden. Sí, los humanos eran imperfectos, todas las razas eran defectuosas. No había nada que pudiera rescatar, todos tenían un concepto igual y a la vez distinto de bien y de mal; correcto e incorrecto, pero lo cierto es que ajeno a todo, solo eran ideas inventadas para destruir todo lo que no estuviera de acuerdo con ellos, con el único fin de gobernar por encima de todos, una causa llevada por la misma avaricia y ambición de poder;  patético. Una sola idea discorde bastaba para llevarlo a la hoguera o torturado. El mundo no se ponía de acuerdo y estaba en manos de él y sus compañeros el guiar hacia el camino correcto.  

Allí, en la nada y en medio de ninguna parte, se encontraba solo con la compañía de sus recuerdos. Tal vez era un consuelo o un modo de defensa creado para no entrar en un estado de locura absoluta. ¿Quién no se volvería loco cuando como  compañero te tenías a tí mismo? En medio de su soledad se preguntaba cómo lo estarían llevando sus compañeros. Amor...a ella no le gustaba estar sola ¿Como estaría su delicada figura en la soledad? ¿Pasarían el mismo tormento que él? Eran preguntas que, con clara obviedad, no obtendrían respuesta. Los recuerdos impregnaban su mente de un modo agresivo y casi necesario, era un modo que le decía “recuerda para sobrevivir, recuerda por qué seguirás el camino que juraste seguir”  Una imagen tras otras se formaba en su cabeza la cual más irritante que la anterior. Sí, las criaturas, en especial los humanos podían llegar a sorprender, cómo es que su modo de supervivencia le llevaban a cometer actos de valentía o cobardía bajo situaciones extremas. Ira pensaba que cada vez que los torturaba psicológicamente extraía la verdadera esencia de esa persona y así podría ver con exactitud cuán equivocado estaba el mundo.  Entre ellas también se encontraba ese vago recuerdo de la súcubo que había dejado con vida. Bien que se arrepentía. Aquella fiera víbora de mirada de cordero lo había encerrado tras haberle dado el privilegio de seguir con vida. No le guardaba rencor, no obstante le molestaba saber que si era débil podían pasar ese tipo de situaciones, no volverá a pasar. No otra vez...





¿Era cosa del destino o una casualidad?


Tal como una pequeña ironía o, tal vez, justicia poética un muchacho se atrevió a liberar a la bestia, en este caso, eran varias. Las cadenas del destino que lo mantenían preso en ese abismo de desesperación parecían estar rompiéndose a su alrededor, permitiendo que ejerciera el primer, aunque débil, movimiento de muñeca. Le dolió. Llevaba tiempo posicionado a saber como, pues sus articulaciones parecían estar entumecidas y esa fuerte sensación, como si de mil agujas clavándose en su piel se tratase, cobraban protagonismo en su cuerpo.  Estaba despertando, no hizo falta nada más obvio que el movimiento de su propio torso.  Hicieron falta unos minutos antes de que pudiera ponerse en pie. Maldita sea, la luz le molestaba. Era de noche, sí, pero venía de un lugar donde la luz les había abandonado completamente y para él la claridad de la noche en el plano terrenal era doloroso para su vista. Nada más abrir los ojos, sus pupilas se contrajeron;  se vió obligado a guiñar los párpados y colocar su mano sobre su rostro para  apartar la claridad de él, debía acostumbrarse.  Le costó, pero logró ajustar su visión a la que actualmente se encontraba. Movió sus hombros e hizo tronar su cuello para terminar de desentumecer sus articulaciones, era un completo alivio el poder moverse.

Visualizó el terreno a su alrededor. Al parecer, sus compañeros habían despertado antes que él, entre ellos, Zeldris. No dijo nada, tampoco quiso hacer nada, prefirió mantenerse estático justo donde estaba con sus ropajes de lino y lleno de tierra. Por manía, comenzó a analizar todo lo que se encontraba a su alrededor. El paisaje estaba tan distinto, ese no era el mundo que había abandonado. Miró al suelo y arrastró la tierra donde se encontraba a su alrededor había un extraño sonido sordo y fugáz. Pudo verlo. ¿Qué clase de bestia concordaba con semejante habilidad? Tenía un rugido potente y un solo ojo luminoso que alcanzaba una larga distancia. Frunció el ceño, curioso y molesto por el el sonido ensordecedor, aunque no fue peor que los gritos de Pereza ¿Qué demonios hacía desnudo y Gula?  Negó con su cabeza, dejándole el problema a Envidia. Observó a las chicas, Lujuria tan atractiva como siempre, tener poca ropa le sentaba bien; Dolor, tan extraña, nunca entendió la finalidad de guardar tantas cosas en su garganta; ahh...y Amor, su compañera, tan hermosa y delicada que habría que inmortalizar su belleza en una escultura para que esta prevalezca aún cuando está presente.  

Entre ellos pudo percibir a alguien más. Era un olor extraño, familiar tal vez. El aroma de una fragancia dulce, como las flores, penetró por sus fosas nasales, estas se ensancharon al percibir la delicada fragancia que despertaba su más adormecido instinto en aquel instante entre ellos también se encontraba un aroma muy similar al suyo.  Escuchó a Zeldris dirigirse a él maldita sea. Al mirarlo pensó que debía ser  imposible que eso pudiera pasar, no a la primera vez. El muchacho tenía las mismas facciones que ella, incluso su color de cabello, su aroma, ¡sus ojos! debía ser casualidad ¡TENÍA QUE SER CASUALIDAD! No era el único, tampoco era seguro que fuera él. Se negaba a aceptarlo y cuanto más lo hacía, más se esmeraba el universo por demostrarle que era cierto.  Ahora sí que se podría identificar como justicia poética.

En cuanto el joven preguntó por él, se abrió paso entre sus compañeros para quedar enfrente suyo. De cerca pudo apreciar una pequeña muestra de parecido entre ambos aromas. Mierda.  No dijo nada, no hacía falta, al menos no preguntar algo tan obvio, pero tal vez sí era mejor asegurarse. Tomó, acto seguido, del cuello al joven y lo elevó unos centímetros del suelo. El brazo le temblaba, podría ser porque aún sus musculatura debía adaptarse al movimiento o la emoción por saber de su error. No obstante el impulso o quizá el coraje por conocer la procedencia de esa pregunta le llevaba a soportar más de lo que podría aguantar en aquel momento.

¿Ilora?

Solo ese nombre brotó de sus labios como un pequeño atisbo de lo que en el pasado había sucedido. Por suerte, su semblante serio y siempre molesto, no reflejaba más que su agresividad de siempre, nada más sus emociones permanecerían ajenas, encerradas en el centro de su pecho. Nadie sabría que pensaba al respecto. Por ello, una pregunta concreta y directa de algo que solo conocían ambos revelaría sobre sus sospechas. Si era cierto, aquella mujer debería estar removiéndose en su tumba...


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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Invitado el Mar Feb 21, 2017 12:54 am

Recién había logrado de lo que había sido la batalla más aterradora de su vida, no sabía qué era lo que había sucedido justo después que la estructura colapsara y el magma cubriera la superficie, no estaría seguro de la certeza de todo lo sucedido si no fuera el dolor quien le recordase que todo lo vivido era más que real, se arrepentía de haberse dejado llevar por los instintos más básicos, de adrenalina y acción, de haber seguido el odio que por tanto tiempo había cosechado con el recuerdo de su padre, pensaba que había sido capaz de perdonarle pero muy en el fondo era más que obvio que no. Su caminar era torpe y jadeaba con fuerza intentando mantener la consciencia mientras caminaba, realmente no sabía qué camino tomar ya que estaba totalmente desconcertado, lágrimas de dolor escapaban de sus mejillas como si de las últimas se tratase mientras tenía la zurda en lo que antes solía ser el antebrazo ahora reducido a jirones de carne colgantes que sangraban de manera lenta ya que la mayor parte de la sangre que había derramado ya había coagulado y como un efecto natural del cuerpo, esta formaba una capa que evitaba que el derramamiento fuese peor, había tenido la suerte de hacer un torniquete con la tela de su camisa lo suficientemente apretado como brindarle una mano al proceso natural evitando así el fallecer de una hemorragia, su disposición era firme y no se permitiria el fallecer aunque las condiciones fuesen siempre en su contra, era un sujeto terco y difícil de quebrantar.

No parecía ser seguido por ninguna persona, aunque sus oídos no escuchaban con la misma agudeza, la fortaleza de las explosiones que había escuchado aún hacían eco en su interior y mermaban su poder de detección, una constante vibración le molestaba por lo que solo seguía su caminar hacia delante sin preocuparse por lo que sucedería o lo que sucedió, algo le decía que la salida del túnel sería brillante y la felicidad estaba a tan solo unos pasos más de distancia, pero no podría haber estado mucho más lejano a la realidad.

Podía escuchar algo, algunas personas conversaban, fue entonces cuando poco a poco el constante chirrido que le ensordeció se desvaneció haciendo claro que las intenciones de aquello que se encontraban del otro lado de un muro de concreto no eran nada positivo para el mundo, sabía que debía reportar a alguien pero lamentandolo mucho no cargaba su celular, lo había dejado en el escritorio de su casa y molesto consigo mismo se mordía un labio de manera profunda llegando incluso a sangrar de el enojo con que lo hacía, ahogaba un grito de impotencia ya que sabía que de escucharlo ese sería su final, o al menos no seria un encuentro agradable por el contexto en que la situación se estaba desarrollando ya que incluso si lograba salir vivo, si estos eran conscientes de que el estaba husmeando probablemente no estarían muy contentos y las consecuencias irían más allá de lo que él define doloroso, su carne estaba sensible y sus huesos cansados, no podría pelear y mucho menos correr de alguien, era tonto pensar en pelear ya que incluso de estar en todas sus facultades, estos le superan por lo menos 8 a 1 y utilizando la logica, seria muy dificil el que estos tuvieran el suficiente honor como para enfrentarse uno a uno, el cansancio acabaría por pasar factura, y esto tan solo era una visión en el mejor de los casos de haber estado en la mejor de sus condiciones.

Desecho por completo la opción de confrontar y al contrario pensó que podría escabullirse si tan solo era lo suficientemente silencioso como para que ninguno se diese cuenta de que había estado al otro lado de una pared, escuchando con atención aunque no pudiese realmente otorgar un sentido a tantos puntos de vista diferente que se presentaban no quiso prestar más atención a eso y con cuidado quiso levantarse sin apoyarse demasiado en el muro ya que el golpeteo podría alertarlos, pero era demasiado tarde y una tonta decisión ya que con la falta de un punto de apoyo verdaderamente firme como para soportarlo y con coyunturas cansadas de soportar su peso heridas terminó por desplomarse al suelo causando un gran estruendo que había sido demasiado obvio para todos, sin contenerse golpeó el suelo con todas sus fuerzas y dejo escapar un grito de frustración

“Maldición!”.

Grito a cualquiera que quisiere escuchar entrando en pánico, su respiración y corazón se agitaron y activaron a todo lo que daba causando que encontrara algo de fuerzas para arrastrarse lo más rápido que podía en dirección contraria, pero era demasiado tarde como para decir que escaparía. Los humanos son criaturas que al enfrentar una situación de peligro pueden actuar de maneras muy diferentes, hay quienes se quedan congelados pero al contrario Mathew podía aprovechar su adrenalina al maximo, moviendose, siendo desafiante y causando las mayores molestias que pudiese, este había sido el carácter por el cuales se le había dejado salir de el laboratorio con anterioridad, siempre causaba problemas a aquellos que intentan utilizarla como una herramienta pero...Más allá de unos metros no llegaría por lo que parecía que su destino estaba sellado.
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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 26, 2017 7:24 pm

Una vez se había alimentado de su propia sangre  no sentía ya aquel sentimiento de necesidad que le inundaba las neuronas y lentamente le hacía perder el juicio, al contrario ahora la tranquilidad regresaba a su expresión  ya que era su verdadera naturaleza más allá de los instintos o designios que su raza le impone, mismos que odia ya que siente culminan tomando control de situaciones que normalmente desea manejar de maneras diferentes y termina sucumbiendo ante lo que no puede manejar. Estando apoyado sobre una de las paredes principales de la construcción podía sentir como el frío del cemento se transmitía desde la tela de su ropa hasta su piel y el mismo le recorría la espalda causando el reflejo de apartarse en primera instancia, luego terminó por adaptarse y se quedó fijamente apoyado para evitar gastar energía que no fuese necesaria, los efectos de haber sido sellado aun mermaban la mayoría de sus fortalezas, se sentía incapaz de incluso evocar cualquiera de sus habilidad lo cual para sí era un poco preocupante por lo que la vulnerabilidad no era algo con lo que se sintiese demasiado agusto.

Hubiese permanecido allí pero tras unos instantes todos empezaron a despertar, parecía que él había sido uno de los primeros por lo que pudo contemplar como todo sucedía desde el fondo.  Ignoraba cualquier contacto con otras personas ya que no era un ser particularmente social o por lo menos no cuando algo le irritaba y se encontraba genuinamente molesto con quienes les habían sellado, como era posible que hubiesen tardado tanto, no comprendía el sufrimiento por el cual les habían hecho pasar a todos, un ser tan insensible como Arthur había llegado a temer por su vida ya que no hay algo más aterrador que el saber que estás en un estado de inconsciencia inducido pero no poder despertar de este a voluntad, te cuestionas el futuro o si aquello que sientes en ese momento se prolongará como la unica sensacion hasta el final de los tiempos.  Incluso se alguien se dirigía a él prefería mantenerse en silencio mirando para otro lado ya que por respeto a los demás guardaría su opinión, las manos en sus bolsillos apretaban con fuerza la tela, haciendo agujeros a través de la aterciopelada textura ya que el estrés le obligaba a utilizar mucha más fuerza de la que el material podría resistir.

Se levantó del muro cuando sintió que algo se estaba moviendo por detrás de este, todos sus sentidos se colocaron alerta ya que los intrusos no eran para nada bienvenidos en el ritual que se estaba llevando a cabo, sin reparo corrió con suficiente rapidez a las afueras del recinto como para toparse con una lastimosa escena, un sujeto que ya estaba herido se arrastraba lanzando maldiciones al cielo y rogando por misericordia, no podía sentir lastima pero su curiosidad se hizo presenta al ver que este ni siquiera se volteaba, parecía poseer una fuerte voluntad por lo que aunque su destino ya hubiese sido elegido el continuaba desafiando las probabilidad. Se acercó en silencio lentamente mientras un camino de sangre  que brotaba por su brazo hacía las veces de guía para el albino, se detuvo justo cuando estuvo al lado de su cabeza y sin detenerse a decir algo lo pateó con una fuerza media contra el muro que había abandonado hace algunos segundos, tan solo deseaba acercarle de nuevo a la estructura ya que no tenía intenciones de alejarse o dejar que se alejase en gran medida.

“Cuéntame, quién te ha hecho esto?”

Murmuró de manera suave colocándose de cuclillas justo frente al rostro del contrario, incluso se podría sospechar que le mordería o besaría por la cercanía, podía sentir su respiración jadeante y desesperada por lo que emitió el mismo un suspiro de impaciencia y con su mano izquierda le tomó por el cuello golpeándole contra el muro  ahora produciendo un sonido seco, similar al de la madera al ser golpeada contra el pavimento.

“La verdad no me importa que tanto hayas escuchado, ni que hayas visto ya que no vas a salir de esto con vida, pero quiero saber quien te ha hecho esto, tan solo nosotros tenemos el derecho divino de juzgar a otras razas”.

Dice de manera inquisitiva al tiempo en que apretaba la mano que se encontraba sobre su cuello, sabía que no le mataría de esa forma pero el sentimiento de ahogamiento probablemente le invitaria a ser mucho más colaborador, muy similar a la tortura de sumergir la cabeza de la víctima en agua pero puesta en práctica de una manera diferente ya que no tenía los instrumentos o tiempo disponibles como para un interrogatorio fidedigno. Volvió a soltarle unos segundos después mirándole con curiosidad ya que no tenía muy seguro de cuál sería su respuesta, le impresiona si no cooperaba, y probablemente acabaría por arrancarle el otro brazo, mantenía uno de sus pies apoyados sobre la rodilla contraria ejerciendo igual presión, le causaba tanto dolor como pudiese de manera medida como para no acabar asesinando de manera colateral.
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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Gula el Vie Abr 14, 2017 5:10 pm



Aunque soy un fiel partidario de buscar emociones que lleguen a desquiciarme, debo admitir que todos andábamos un poco aturdidos o bien malhumorados por el hecho de despertar. En mi caso me sentía con un hambre tremenda, mi cuerpo llamaba a gritos, suplicaba y imploraba que le llenara de nutrientes. El problema claro esta es que donde me ubicaba ahora solo tenía a mis “Aliados” y un panorama de lo más simple, que no me aportaba en lo más mínimo alguna presa que pudiera administrarme algo. Quería buscar a Zeldris y exigirle que diera ya las ordenes bases para ir buscando tanto ropa como comida, pero antes que pudiera siquiera olfatear al ajeno, un ruido se escuchaba de lo más estruendo roso.
Quise ser el primero en actuar, pero mi compañero Envidia terminaba tomando aquella iniciativa, mostrando una sonrisa de lo mas amplia, aunque esto era mas bien para reflejar mi angustia, no sabia bien como expresar esto.
Suertudo.
Mascullaba entre dientes, a su vez que observaba con cuidado como trataba ahora a nuestro nuevo invitado sorpresa.

Pero lo que visualizaba era que Envidia estaba intentando dársela de “Chico Cool”, este sujeto realmente era de lo más peculiar, siempre lo dire. Yo hubiese preferido sencillamente un poco de terror exagerado, eso siempre ayudaba a que la gente desesperada fuera mas versátil, en cambio ahora tendría es un sujeto intimidado, pero no realmente en pánico o eso creo. Me acerque a paso sencillo, sintiendo la brisa calidad en mi cuerpo, estar desnudo debería ser una moda pero lastimosamente en esta época no lo era tampoco. Rascándome un poco la entrepierna ante este pensamiento tan humilde y fantástico.
Ya llegado a donde se ubicaba Envidia y nuestro invitado, ladeaba un poco la cabeza, apuntando con cierta ironia a los dos.
Si no termina siendo útil, ¿Puedo comérmelo?, además que su ropa parece de mi talla. Enserio necesito tener que ponerme al dia.
Mi indiferencia a la empatía hacia el extraño era completa y directa, pero es que enserio yo tenia problemas peores que su cuello que quizás estaría en peligro de fractura por mi amigo, sino que era mas preocupante que siguiera viéndome el trasero al desnudo. Es decir, debería cobrarles solo por que me viesen, soy un ser al fin de cuenta perfecto en muchos sentidos o eso es lo que intente ser al momento de desarrollar anatómicamente esta apariencia humana.


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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 29, 2017 4:47 pm

Después de haber estado por tantos años en la oscuridad, sentir su cuerpo físico parecía realmente un sueño extraño. No parecía real que pudiera mover por fin sus extremidades y que pudiera ver finalmente el color, aunque todo estaba oscuro por la noche, pero las estrellas y aquella concentración de luces debido al poder maligno concentrado aun vagaba por ahí mostrándoles que todo el encierro por fin había acabado. Lastimosamente su cuerpo se sentía débil y apenas sentía que tenía la energía necesaria para pasar un par de días sin desmayarse. Esto le llenaba el alma de furia, toda la energía que había recolectado a lo largo de su longeva vida se habían desperdiciado, Precisaba comer, pronto.

A pesar de haber estirado e intentado hacer que sus músculos reaccionaran como siempre le fue imposible sentirse a gusto de nuevo con su cuerpo. Se sentía una extraña en su propio cuerpo y eso era simplemente asqueroso. Soltó un suspiro de fastidio intentando recuperar la calma, pero fallando en el intento. Mejor decidió observar lo que sus compañeros hacían después de haber despertado.

Envidia y Gula fueron a acorralar un tipo para matarlo, sinceramente no le apetecía ir a ver como volaban tripas por los aires, no después de haber visto como dolor regurgitaba todo lo que tenía dentro y lo volvía a comer, aquello había sido el tope de lo asqueroso. Ira, parecía concentrado en el chico que los había liberado. ¿Acaso era algún conocido de él? Bah, simplemente no le importaba.

La mejor opción parecía ser estar al lado de su jefe un instante. Así que dejó a paso lento el lugar donde estaba y se dirigió a donde Zeldris miraba la ciudad cercana. Sus rodillas no parecían estar de acuerdo con que siguiera parada, así que cuando llegó al lado de su jefe se sentó en la roca donde éste se encontraba parado, mirando también hacia la enorme ciudad que se extendía ante sus pies.

Todo parecía tan distinto, con tantas luces, tanto ruido y al parecer tantas criaturas. Sería divertido.
-Es bueno volverlo a ver, Jefe- Comentó la albina mientras recostaba todo su cuerpo contra las piernas del pequeño Zeldris, siempre manteniendo su coquetería a pesar de todo. –Estoy ansiosa por empezar lo que tenga preparado- Su voz fue lenta, y arrastraba las palabras manteniendo aquel tono seductor que usaba para sus víctimas, sabiendo muy bien que con él no funcionaban. Y es que realmente se encontraba ansiosa de poder empezar de nuevo, los 10 mandamientos volverían a tener su poder y la gente volvería a temerles. Eso sonaba como a un buen futuro.
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Tema Privado Re: El despertar de la maldad (10 mandamientos)

Mensaje por Harry Blume el Lun Ago 21, 2017 12:26 am

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