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¿si te engañe? Puede [Priv. Karen]

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Tema Privado ¿si te engañe? Puede [Priv. Karen]

Mensaje por Demian Serkin el Jue Ene 19, 2017 4:49 pm

¿Quíen eres?


"El deseo de Demian por saber quién se escondía tras la radiante figura que siempre se mostraba de espaldas, creando una ilusión hipnótica que mantenía cautiva la mente del pirata. Aquella hermosa espalda, desnuda que se mostraba radiante ante el pálido tono aterciopelado.  Una figura que hacía que le hacía caer en su trampa mortal, siendo incapaz de sobrevivir a su hipnotismo. Una figura que bien se reflejaba distante y que nunca hablaba, nunca le miraba. Siempre le daba la espalda, ocultándose de él.

-No temas-anunció, desesperado por conocer el color de lo que posiblemente serían los ojos más profundos y hermosos que jamás había visto- Por favor, no te haré daño. Sólo dime…¿quién eres? solo...dí algo, necesito saber cómo es tu voz-

Parecía ser una mujer, pero no podía ver más allá de sus hombros que bien parecían afeminados pero no sabría decir con extrema certeza su género y sus labios que podía ver unos labios de carácter afeminado, carnosos, de un rosa pálido y brillante, portadores de brillantes perlas que formaban la más cálida de las sonrisas. Una sonrisa que lograba doblegar al pirata ante ‘ella’. El misterio le exasperaba, pero al mismo tiempo le mantenía preso en aquella pequeña red que comenzaba a tejer su mente >>Maldita ilusión, te burlas de mí con tu presencia, tu sonrisa parece que me acoge, pero sólo puedo ver burla en ella, pues se mantiene fija, con esos dientes que son las celdas de tu melodiosa voz, aún ni quieres hablarme y tu silencio me amarga, me estremece y me perturba. Maldita y reluciente figura que no dejas nunca que pueda admirar tu belleza ¿por qué te escondes de mí? ¿No soy digno? ¿acaso te mofas de mí? Sí, no soy merecedor por qué te presentas ante mí y rechifla y retuerce mi alma, ¿esto es un castigo? Qué clase de verdugo eres que vienes a asolar mi alma con un concepto que se me antoja difícil de entender<<

El pirata cayó rendido, de rodillas ante la misteriosa figura que sobrepasaba todo lo mundano. Podía sentirse como un demonio, un caído que bien se rendía ante la pureza yaciendo por siempre ante el frívolo concepto del bien contra el mal. Entonces ese rayo de esperanza esa imagen de pureza se giró hacia él. Demian en un intento inconsolable intentó mirarla a los ojos, pero la fuerte luz celestial nubló sus ojos, apenas pudo distinguir más allá de su mentón y sus labios, que bien se acercaban con intenciones de hablarle. Las manos, delicadas y suaves, como si estuviera tocando la más fina de las sedas, se posaron en sus mejillas. Y cuando sus labios quedaron al lado de su oído y sus dientes decidieron abrirse, para liberar al fin lo que sería la hermosa voz de su  musa, se abrieron los ojos del azabache se, trayendo consigo el amargo sabor de la realidad.

Demian se encontraba en su camarote, reposando en su amplia y extensa cama de dos personas, tal vez tres, de finas sábanas de seda que bien ha podido permitirse con sus ventas. Su cuerpo se encontraba minado con grandes gotas de sudor por la zona de su frente, cuello y sobre todo, había una gran concentración en su pecho.

Pestañeó, para acostumbrarse al pequeño abismo de oscuridad que conformaba su habitación, las cortinas de un intenso tono vino, se mantenían cerradas pero, por ellas, se podía apreciar los pequeños rayos de luz solar que se colaban e incidían directamente en su rostro. El barco había estado navegando toda la noche y calculando la cantidad de luz solar que entraba por la ventana, su sus cálculos no iban mal ya se encontraban a pocas horas se llegar a las remotas playas de Eadrom, o al menos eso era lo que indicaban sus cartas de navegación, que reposaban sobre su amplio escritorio de madera de caoba.  El azabache se incorporó lentamente y se sentó en su cama, masajeando su nuca, notando en aquel momento su cabello humedecido.

-Mierda…- protestó el pirata con una voz ligeramente ronca, viéndose en la obligación de carraspear para aclararse.

Su mirada se dirigió hacia la puerta de su camarote, cerca de ella podía ver su extenso y grueso abrigo, de tono negro, con el cosido en rojo de un estampado vintage de tono dorado a juego con sus ojos. Esa chaqueta que siempre llevaba puesta sólo de una manga, descansaba sobre una silla de madera, tallada a mano, lo que indicaba que él se encontraba solo con su fina camisa, propia de la moda inglesa que precedió a la actual y que hoy, sólo se veían en muy pocos diseños de blusa, que dejaba a la vista parte de su cuerpo, su esbelta figura y sus marcados pectorales. Irónicamente, no le gustaba en absoluto estar sucio, su mente pedía a gritos que se limpiara,pero simplemente, no podía. Carecía de la fuerza necesaria como para querer levantarse, salir a cubierta y crea aquella absurda ilusión de confianza y seguridad. En aquel instante, solo quería saber ¿que tan obseso le tenía aquella visión? Demian se dejó caer hacia atrás y pasó su mano por su mejilla.

- ¿tanta gracia te causa burlarte de mí?- susurró con una pequeña sonrisa ladina, cargada de ironía, como si “ella” pudiera escucharle de verdad.



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Tema Privado Re: ¿si te engañe? Puede [Priv. Karen]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 22, 2017 2:13 pm

S

i las Asradi dejan de nutrirse de la Luna, poco a poco se marchitarán.

Y eso que se decía, no era para menos o una exageración porque era cierto. Las Asradi dependen de la Luna, Karen no sabe cuanto máximo podría durar sin nutrirse de ella, y además, en el código genético de las Asradi siempre alberga algo de coquetería, un plus para nutrirse de la Luna, ya que después de todo, esta platina sus cabellos y le da propiedades. Por ello, Karen no faltaba ni una sola noche, usualmente se quedaba hasta muy tarde en el mar si es que no dormía allí por ello, usualmente salía a media noche o incluso de madrugada porque tendía a desvelarse, salía exclusivamente a dejar que la luz lunar le nutriese. Karen esta vez no se desveló a su hora normal, pero despertó cerca de las siete de la mañana, donde todavía el sol no había salido aunque poco faltaba.

La intención de Karen, como siempre era, nutrirse de la Luna. Pero al parecer, no iba a ser posible. No sabe con qué se golpeó exactamente, quizás con el remo de alguna pequeña barca, o vete tu a saber que le podría golpear. Pero lo último que recuerda es un golpe, después todo se tornó oscuro antes de que pudiese emitir cualquier quejido. Todo fue callado.

• • •

Las persianas que eran sus parpados se abrieron lentamente, todavía el golpe causaba estragos en ella, le dolía un poco la cabeza, además de sentirse levemente desorientada. Como plus, no se encontraba en el mar, se encontraba en una ¿bodega?, ¿un calabozo?, ¿Añadí desorientación a la lista de sentía Karen ahora mismo? debería hacerlo, eran muchos los sentimientos que se superponían. La opción de irse no estaba en la lista al parecer había sido bien encerrada allí, rodeada de varios hombres. Su vista no fue más allá de estos hombres, pues yacía preocupada por saber que le harían con ella, y todo lo que se le ocurría no era bueno viendo el panorama.

Todo lo que pensaba para tratar de escaparse era truncado por una u otra razón o inservible, como si estuviesen acostumbrados a tratar con seres como ella. Se sentía horriblemente mareada por aquella brecha en la cabeza y además sentía un horrible dolor en el pecho por no saber exactamente que iban a hacer con ella, su semblante se mantuvo sereno mucho tiempo, pero la mezcla de esos dos factores hizo que aquel semblante titubease, e incluso un quejido lastimero aún a sabiendas de que no iba a servir de nada escapó de sus labios; A-ayuda... Era estúpido, pero quería tener fe de que hubiese alguien con buen corazón allí dentro que se apiadase de ella. La tripulación reía, se reía de ella. Eso hizo que se mordiese el labio inferior. Uno de los hombres se acercó a ella, tomando un mechón de su cabello.

❝ — Quizás puedas parecer una princesa, pero aquí no hay ningún príncipe a lomos de un caballo blanco que venga a rescatarte.  ❞

Ella no quería que ningún príncipe viniese, solo quería algo de ayuda. Pese al mareo y la angustia, su orgullo no le permitió entrar al trapo, no respondió. Pero quiso hacerlo cuando tocaban su cabello, al primero respondió con un pequeño manotazo en mano contraria. Su cabello era algo sagrado, no dejaba que cualquiera lo tocase aunque aquella mirada que le echó aquel hombre cuando le dio el manotazo la acobardó, acabó simplemente moviendo su cabeza bruscamente para que sus mechones se deslizasen de la palma de los pocos que lo tocaban, era evidente que no le gustaba que le tocasen el cabello pese a que no emitiera palabras. Dos de ellos empezaron a agarrar fuertemente su cabello casi pegando tirones a este, con una sonrisa afiliada, una sonrisa que le dolió a Karen y le hizo preguntarse "¿Por qué¿". Esperaban sus gritos pero no iba a gritar, pese a ello, se contentaban, se divertían ya que Karen era transparente, sus gestos y sus expresiones podían decirlo todo. Su expresión gritaba por ella, y algunos podían divertirse con ello, personas horribles a los ojos de Karen. ¿Qué tipo de personas sino obtendría diversión molestando a otra? " Son lo peor de este mundo... "

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Mensaje por Demian Serkin el Lun Feb 13, 2017 1:13 am

P
or más que intentó cerrar sus ojos y volver a retomar ese estado de calma y ambigüedad que tanto le definían, no pudo. Se alzó de nuevo adoptando la postura que tenía en un principio, pero esta vez no fue por  propia voluntad sino por inercia. Afuera se estaba escuchando un buen escándalo. Su tripulación gritaba eufórica y alborotada. Apenas podía distinguir lo que decían, la gran mayoría ni sabía hablar, era de esperarse viniendo de mercantes pobres cuyo interés en la literatura se veía reducido al simple hecho de que un tomo servía para equilibrar la pata de una mesa. Era ridículo, sí, pero no podía pedir más de unos “humildes” descarriados.  Pasó su mano por su pelo, echando los mechones que cubrían su frente hacia atrás. Maldita sea, esperaba que no se estuvieran peleando otra vez. Hacía un par de meses habían hecho lo mismo y terminó lanzando un cadáver al mar. Esperaba de verdad que no fuera así. Menos mal. Entre todo el bullicio escuchó al comodoro gritar “-¡Dejadla para que el capitán la vea!-” No era un experto, pero su intuición le decía que las noticias eran gratas.

Elliot, su comodoro, entró en su camarote, golpeando la puerta contra el tope. Estaba entusiasmado, lo sabía, parecía un perro ansioso porque su amo reconociera su hazaña. Miró al joven de cabellos rubios, con una pequeña mueca y una sonrisa zumbona.

¿Buenas noticias, Elliot? ─ Agregó con sorna. Su mirada permaneció fija en la figura del hombre, era de mediana edad y de ropajes casi tan perfecto como el del pelinegro.

- A aparecido sirena, no se encontraba muy lejos de la costa señor. Estaba a plena luz. He ordenado que  le den caza, lo malo…-

Odiaba cuando Elliot hacía pausas, era un error que le exasperaba y detestaba. Aún planteaba la posibilidad de cambiar de comodoros de no ser por la fidelidad que parecía mostrarle, aunque igualmente no se fiaba.  Masajeó su sien, estaba satisfecho con el resultado y la efectividad de su chicos en su ausencia, pero sabía que había pasado algo, como siempre una pequeña contraparte que, muy posiblemente, no sería de su agrado.

- Elliot, querido, sabes que detesto que te pares cuando es el dato más  relevante - su tono de voz fue cálido, parecía que no pasaba nada. No era así -¿Qué habéis hecho? - Cuestionó con un tono de voz más frío y endurecido.

-Le...golpeamos la cabeza, está inconsciente, capitán y...Parece no respirar, ni moverse -

Frunció el ceño, no podía ser que  habían dañado su preciada mercancía. Panda de inútiles.  No tenía otra definición para ellos ¿Cómo podía ser que solo cerraba los ojos por un momento y ya se encontrase con una sirena probablemente muerta en su cubierta? Era obvio que si no respiraba tampoco iba a moverse. Necesitaba relajarse y lo necesitaba de verdad. Masajeó su sien con más insistencia. De pronto, la vena de sus sienes latían con tanta fuerza que pensaba que alguna vena del ojo le estallaría.  Su pulso se había acelerado y pareció que Elliot le entendió pues, sin decir nada más, despejó el camino y se apartó de la vista del azabache. Tal vez, fuera también porque se encontraba acariciando su pistola que ahora reposaba en su regazo. Maldita sea. Odiaba perder dinero y más de un ser cuya caza se hacía extremadamente difícil. Esperaba al menos que pudiera sacar algo de valor.

Salió a cubierta, el sol de la mañana residió directamente en sus ojos, obligándole a guiñar sus párpados y colocar su mano enfrente de su rostro por el gran contraste entre escenarios. Eran alrededor de las 9:30 am y el sol ya irradiaba sobre ellos con la suficiente intensidad como para que arrugara la expresión de su rostro. Sus muchachos se mantenían rodeando el cuerpo yacente de la sirena. Se inclinó y acarició el cuello de la joven, buscaba la vena principal. Estaba latente. El pulso era débil pero la sirena estaba viva. Podía respirar tranquilo. O al menos en paz, ella estaba respirando y, para asegurarse completamente de que estaba viva, colocó sus dedos bajo la nariz de la chica. Sí. Una suave brisa y dócil brisa emanaba de sus fosas nasales. Entonces, su mirada se deslizó hasta dar con aquella curiosa cola de tono plateado como la misma luna: Su querida Selene.  

Era una Asradi, las conocía bien, justamente había consultado la página de su guía cientos de veces. Siempre deseó toparse con una, estas eran muy raras de ver. Su cabello valía diez veces más que las sirenas comunes y sus escamas tenían un valor superior al diamante. Sus propiedades, no, todo su ser, poseía un valor incalculable. No obstante, peligroso para quien lo poseyera. Se alzó y exhaló con una ligera sonrisa, lo cual alertó a su tripulación. Podían respirar tranquilos, ella estaba con vida.

- Por suerte hoy no seréis fruto de mi frustración, está viva- Anunció con un tono seco-Pero, a la próxima asegurense de que la mercancía queda intacta. Esta no es una sirena común. Llévensela y átenla, no quiero que ocurra ningún accidente cuando despierte - Hizo el ademán de irse, no obstante, giró para volver a dirigirse a su tripulación - ¡ah! y avisadme de cuando lo haga - Aclaró para, luego, emprender su rumbo al timonel. La orden era, alejarse lo más posible del puerto de Éadrom.


Cuando le alertaron del despertar de la sirena, acudió raudo a con ella. Su paso, a pesar de tener prisa, era lento y camado, no reflejaba su ansiedad abiertamente. Sus muchachos parecían estar jugando un poco con ella. No les culpaba por ello, pero sí le molestaba que realmente tocasen lo que por derecho le pertenecía: Las sirenas eran sus juguetes. Como un buen niño egoísta, nunca dejaba que otros estropeasen sus muñecos.  Escuchó a la joven proferir un susurro de ayuda, al igual que las risas de su tripulación. No había mejor momento que ese para entrar en acción que cuando esta gritaba en silencio que la ayudasen. Agarró al grumete que sostenía el cabello de la joven para apartarlo hacia atrás y que este le soltase. Debía reconocer que en aquella condición le parecía aún más estimulante verla, tal vez fuera por conocer su rareza.

- Caballeros, un poco de compasión. No somos unas bestias descerebradas ¿Verdad? - Sus muchachos lo miraron, confusos, no sabían qué se traía su capitán entre manos. Al menos, él siempre dejaba que se divirtieran un poco, pero esta vez no.  

Se inclinó hacia la joven y se colocó de cuclillas para tener un mayor ángulo de la joven. Debía reconocer que  que poseía una gran belleza, podría cobrar solo porque la admirasen. No. Eso no iba ha hacer, intentarían robarla, probablemente.  Venderla sería un desperdicio, su valor era tan alto que en el mercado negro no encontraría quien la comprase. Entonces ¿Debía soltarla? No. Ya pensaría mejor qué hacer con ella. Alzó el rostro de la muchacha, no con rudeza, sino con delicadeza, para él, ella era una pieza que se podía fracturar con facilidad. Sus dedos era ásperos, no poseía la misma suavidad que ella, desgraciadamente se veían gastadas por el arduo trabajo que llevó antaño y que hoy a día ejercía.

- ¿Tienes nombre? - Cuestionó. Parecía mentira, para todos ellos que aquel fuera su capitán, su tono era cálido y amable acompañado de una pequeña sonrisa amena - ¿Recuerdas algo de lo que pasó? - Probablemente ese dato sería el que más valor tenía para él - Chicos ¿No tenéis nada que hacer?- Era la señal para que ellos se fueran, detestaba tenerlos cerca, simplemente observando como estúpidos cuya capacidad no llegaba más allá de comprender que algo se traía entre manos. A muchos de ellos se les escapaban risillas tontas y otros sonreían como si ella fuera a ser comida por un tiburón, prefería echarlos lo antes posible.  



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Mensaje por Invitado el Dom Mar 12, 2017 8:13 am

A

quellos hombres carecientes de delicadeza y decoro proseguían 'jugando' con la sirena, el que ella estuviese molesta y en firme desacuerdo con ello no parecía ser razón suficiente para aquellos hombres para finalmente parar. Sintió como su cabello era soltado de repente, por lo que no pudo evitar elevar la mirada en busca de la razón de ello.

❝ — Caballeros, un poco de compasión. No somos unas bestias descerebradas ¿Verdad?  ❞

Aquellas palabras sonaron reconfortantes de alguna manera teniendo en cuenta que aún estaba retenida, le hicieron a Karen soltar un suave suspiro de alivio. Pese a que aquellos hombres le dieron la peor impresión del mundo, aquel que acababa de llegar parecía ser el más decente de todos, cosa que Karen agradecía infinitamente por dentro, no sabían cuanto lo agradecía.

Dejó que aquel hombre tomase su mentón, aún así, miraba con algo de recelo. Natural teniendo en cuenta la basta compañía de la que había tenido antes. Se dignó a hablar una vez hasta el último de aquellos hombres que obviamente no tenían la simpatía de la sirena se fueron, a su vez, ablandó algo su mirada hacia el chico de ojos dorados, si bien guardaba algo de recelo por la situación, debía reconocer que prefería estar con aquel hombre que con cualquier de los de antes.  Karen. Soltó como en respuesta a su nombre, volviendo su vista al pirata de ojos dorados cuando se cercioró de que esos hombres de antes se habían ido.

Negó suavemente con la cabeza Y no, no recuerdo nada. Adoptó un gesto pensativa, tratando de forzar algún recuerdo, pero por mucho que tratase ningún recuerdo pasaba por su cabeza. Simplemente salió a la superficie y sintió un golpe seco, después, al abrir sus ojos se encontraba aquí.  Si no fuese por que tengo una herida, no sabría ni que me golpeé con algo. "A saber con qué" ¿Qué podría golpearla en medio del mar? Ni ella lo entendía bien.

Dejando eso a un lado, se la notaba fatigada, sobretodo por el golpe y por que había sangrado por este   P... Dudó si pedir algo teniendo en cuenta la situación ¿estaba secuestrada? no entendía demasiado bien que hacía aquí, pero por lo que le daba a entender la situación a Karen se le pasaban mil opciones, no demasiado buenas para ella.  No sé que es esto, si es un secuestro o vete a saber...pero por favor, lo imploro ¿Podrías atenderme la herida de la cabeza? Estoy mareada, me siento horrible. Y obviamente le dolía la cabeza, aunque eso posiblemente era por el golpe recibido. Esos mareos podrían igual ser por el vaivén del barco después de todo nunca montó en ninguno, era nuevo para ella. Pero no solía marearse, teniendo en cuenta eso le daba prioridad a que le atendiesen la herida cuando antes, que además, podría infectarse si simplemente se dejaba así.

Si bien sentía algo de estrés e inquietud, cosa normal por estar atada en una ¿bodega?, en un lugar desconocido, ahora que aquel hombre que parecía tener más humanidad en su corazón que todo aquel anterior grupo de hombres junto necesitaba pedirle ese favor, no quería desvanecerse por el dolor, o por cualquier cosa y quedar a merced de esos hombres si volvían cosa que de pensarlo le daba escalofríos, despierta aún podía resistirse -en mayor o menor grado teniendo en cuenta de que estaba atada- a lo que le hiciesen. Inconsciente, lamentablemente, no.

Sacudió su cabeza un poco para que su flequillo se moviese, dejando ver un poco la herida, aunque tenía rastros de sangre seca en su rostro que indicaban el camino hacia esta. No había pérdida, no se prescindía de mapa para llegar a aquella herida.

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Mensaje por Amadeus Mozart el Jue Ago 17, 2017 9:42 pm

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