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El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Instituto Takemori :: Ciudad :: Otros -
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El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Los primeros días en el instituto no habían sido de gran asombro. Pero definitivamente alguien en particular logró captar mi atención en el instante en que lo olfateé de lejos, más aún cuando distinguí su aura particularmente vil y añeja, con vestigios de un sinfín de muertes sobre su cuerpo y disfrutes del más bello y agradable lugar, el inframundo. Mi hogar, del que fui exiliada hace demasiados años atrás.
Desde ese entonces, no había disfrutado de una velada con uno de los míos. Bueno, podría decirse que sí, pero no le llegaban ni a los talones en nivel y pureza. Era difícil encontrarlos en la tierra ya que los humanos eran bastante insulsos y poco ingeniosos, sexualmente hablando. Claro que sus arranques impulsivos ante diferentes situaciones eran un tanto inesperadas en las personas más capaces, pero no quitaba que fuera más placenteras las relaciones con los demonios, todo tipo de relación. Principalmente con íncubos longevos.
Volviendo al tema, aquel personaje altamente llamativo tenía información valiosa para mí y estaba intrigada por su estancia en el purgatorio, más aún por saborearlo. No describiré lo que se me cruzaba por la cabeza acerca de él, ni mucho menos lo que creía sobre su persona ya que podía errarle en la explicación. Mejor dejaría pasar la noche para dar mi dictamen un tanto más certero. Quería tener una definición completa y profunda del profesor de gramática. Habíamos acordado en tomar unas copas para conocernos mejor y hablar de esos temas, obviamente que no esperaba solamente eso, pero el tiempo diría.
Llegué al mirador, el edificio más elegante y sofisticado del ala oeste de la ciudad, en donde las estrellas de la pantalla grande y las tablas solían pasar sus ratos de ocio. Allí adentro se podía encontrar restaurants, bares, sala de casino, tiendas de las más prestigiosas marcas, funcionaba como hotel y el lugar especial: el gran mirador con restaurant en un excelente balcón al estilo europeo. Cabe mencionar que la vista desde lo alto deleitaba los ojos de cualquier ser, el cielo nocturno bañado por pequeños astros resplandecientes combinaban con las luces de la urbe silenciosa ya entrada la noche. El lugar de encuentro era en aquel balcón, una hermosa mesa para dos con un par de copas esperándome y una elegante figura sentada en uno de los lados. La finura ante todo, así era cómo disfrutaba de una velada.
Esto se pondrá interesante, me agrada. Pensé pronosticándole a Hazbee lo que se avecinaba con una sonrisa en mi rostro.
*Con calma Alice, ya sabes que no todos son lo que sus auras dicen…* Me advirtió mi hermana en cuerpo recordando lo sucedido con Fausto. A la vez que asentí, encaminándome hacia el encuentro.
-Buenas noches, Alanriace. Es un excelente sitio para conversar con tranquilidad.- Me acerqué los últimos pasos que nos separaban con mi andar sensual y bailarín que poseía por naturaleza hacia donde él estaba para saludarlo con un suave beso en la mejilla.
Desde ese entonces, no había disfrutado de una velada con uno de los míos. Bueno, podría decirse que sí, pero no le llegaban ni a los talones en nivel y pureza. Era difícil encontrarlos en la tierra ya que los humanos eran bastante insulsos y poco ingeniosos, sexualmente hablando. Claro que sus arranques impulsivos ante diferentes situaciones eran un tanto inesperadas en las personas más capaces, pero no quitaba que fuera más placenteras las relaciones con los demonios, todo tipo de relación. Principalmente con íncubos longevos.
Volviendo al tema, aquel personaje altamente llamativo tenía información valiosa para mí y estaba intrigada por su estancia en el purgatorio, más aún por saborearlo. No describiré lo que se me cruzaba por la cabeza acerca de él, ni mucho menos lo que creía sobre su persona ya que podía errarle en la explicación. Mejor dejaría pasar la noche para dar mi dictamen un tanto más certero. Quería tener una definición completa y profunda del profesor de gramática. Habíamos acordado en tomar unas copas para conocernos mejor y hablar de esos temas, obviamente que no esperaba solamente eso, pero el tiempo diría.
Llegué al mirador, el edificio más elegante y sofisticado del ala oeste de la ciudad, en donde las estrellas de la pantalla grande y las tablas solían pasar sus ratos de ocio. Allí adentro se podía encontrar restaurants, bares, sala de casino, tiendas de las más prestigiosas marcas, funcionaba como hotel y el lugar especial: el gran mirador con restaurant en un excelente balcón al estilo europeo. Cabe mencionar que la vista desde lo alto deleitaba los ojos de cualquier ser, el cielo nocturno bañado por pequeños astros resplandecientes combinaban con las luces de la urbe silenciosa ya entrada la noche. El lugar de encuentro era en aquel balcón, una hermosa mesa para dos con un par de copas esperándome y una elegante figura sentada en uno de los lados. La finura ante todo, así era cómo disfrutaba de una velada.
Esto se pondrá interesante, me agrada. Pensé pronosticándole a Hazbee lo que se avecinaba con una sonrisa en mi rostro.
*Con calma Alice, ya sabes que no todos son lo que sus auras dicen…* Me advirtió mi hermana en cuerpo recordando lo sucedido con Fausto. A la vez que asentí, encaminándome hacia el encuentro.
-Buenas noches, Alanriace. Es un excelente sitio para conversar con tranquilidad.- Me acerqué los últimos pasos que nos separaban con mi andar sensual y bailarín que poseía por naturaleza hacia donde él estaba para saludarlo con un suave beso en la mejilla.

Alice Aldridge- Puntos: 117395
Mensajes: 42
Reputación: 6
Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
La brisa cálida de una deliciosa y tibia noche de verano mecía algunos de los rebeldes cabellos rojos que no se alineaban con el resto en la caída de un moño sujeto en la parte baja, para nada ceñido. Ya llevaba algunos minutos esperando a su acompañante, fanático de la puntualidad siempre prefería estar antes que justo a la hora para dejar tiempo a las eventualidades que jamás hacían falta.
Recordó aquel primer encuentro con Alice, una sucubo de muy buena cepa o mejor dicho, de muy hermosa cepa; últimamente sólo se veían criajos que intentaban atraer a cualquier chica con la mayor torpeza posible para luego vanagloriarse como los reyes de la seducción, además de aquellos que decían ser hijos de la primera sucubo o el primer incubo sin tener la menor idea de la raza en realidad. Tanta estupidez e inmadures lo hartaba, por eso conocer a Alice había sido como el frescor de una ráfaga de brisa marina en una calurosa tarde de verano.
Una curiosa casualidad le había permitido entablar una fugaz conversación con la sensual sucubo cuando salió el nombre de un demonio a colación, "Fausto". Su padre era muy dado a las fiestas y celebraciones por cualquier cosa aunque no fuera festividad por lo que estaba acostumbrado a ver pasar docenas de demonios de renombre a través de su salón de estar o en la cámara de baile, entonces fue que conoció al susodicho y gracias a ello pudo invitar unas copas a la bella mujer.
La aparición de su hermosa figura no se hizo esperar y ni siquiera tuvo que dirigir la mirada hacia ella para saber que venía, sólo fue necesario sentir las feromonas masculinas libres en el ambiente cuando ella pasaba en frente de los pobres tontos incautos que seguían su andar felino con miraba boba y babeando, recibiendo luego las bofetadas de sus parejas.
Se sonrió al sentir el aroma de esa chica que, gracias a su herencia familiar racial, no le causaba ningún atractivo hipnotizante de manera sobrenatural, pero si de forma normal como cualquier hombre disfrutaría de ver a una bella mujer.
Al fin la sintió en presencia totalmente cercana, dedicándole una sonrisa maliciosa, saludo amistoso entre los de su raza-
- Guten nacht, Alice - contestó cerrando un ojo cuando sus labios hicieron contacto con su piel, levatándose y descorriendo la silla de ella para permitirle sentarse, acomodándola seguidamente y devolviendo el saludo de beso en la mejilla.
Volvió a tomar su lugar y levantó la mano en la acostumbrada señal al camarero para que se acercara a llenar las copas de ambos, cosa que cumplió con habilidad y premura, dotes de un digno sirviente.
Recordó aquel primer encuentro con Alice, una sucubo de muy buena cepa o mejor dicho, de muy hermosa cepa; últimamente sólo se veían criajos que intentaban atraer a cualquier chica con la mayor torpeza posible para luego vanagloriarse como los reyes de la seducción, además de aquellos que decían ser hijos de la primera sucubo o el primer incubo sin tener la menor idea de la raza en realidad. Tanta estupidez e inmadures lo hartaba, por eso conocer a Alice había sido como el frescor de una ráfaga de brisa marina en una calurosa tarde de verano.
Una curiosa casualidad le había permitido entablar una fugaz conversación con la sensual sucubo cuando salió el nombre de un demonio a colación, "Fausto". Su padre era muy dado a las fiestas y celebraciones por cualquier cosa aunque no fuera festividad por lo que estaba acostumbrado a ver pasar docenas de demonios de renombre a través de su salón de estar o en la cámara de baile, entonces fue que conoció al susodicho y gracias a ello pudo invitar unas copas a la bella mujer.
La aparición de su hermosa figura no se hizo esperar y ni siquiera tuvo que dirigir la mirada hacia ella para saber que venía, sólo fue necesario sentir las feromonas masculinas libres en el ambiente cuando ella pasaba en frente de los pobres tontos incautos que seguían su andar felino con miraba boba y babeando, recibiendo luego las bofetadas de sus parejas.
Se sonrió al sentir el aroma de esa chica que, gracias a su herencia familiar racial, no le causaba ningún atractivo hipnotizante de manera sobrenatural, pero si de forma normal como cualquier hombre disfrutaría de ver a una bella mujer.
Al fin la sintió en presencia totalmente cercana, dedicándole una sonrisa maliciosa, saludo amistoso entre los de su raza-
- Guten nacht, Alice - contestó cerrando un ojo cuando sus labios hicieron contacto con su piel, levatándose y descorriendo la silla de ella para permitirle sentarse, acomodándola seguidamente y devolviendo el saludo de beso en la mejilla.
Volvió a tomar su lugar y levantó la mano en la acostumbrada señal al camarero para que se acercara a llenar las copas de ambos, cosa que cumplió con habilidad y premura, dotes de un digno sirviente.

Alanriace Blutkreislauf- Puntos: 145901
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Edad: 24
Localización: Por ahí, qué más da~
Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Como era de esperarse de alguien de su procedencia y clase, su sonrisa me invitó agradablemente a sentirme, nuevamente, entre los míos. Más aún su caballerosidad claramente marcada en su accionar cortés, sus gestos y modo de hablar. ¿Qué más pedir? Había tanto...
Agradecí con un asentimiento de cabeza el que me haya situado al lado de la mesa y disfruté de su particular aroma al saludarme, convidándole mi sensación a Hazbee de lo cómoda que me encontraba en aquel momento y lugar. No era propio de mí entablar confianza presurosamente por mis experiencias pasadas pero confiaba en mis capacidades y habilidades cualquiera sea el desarrollo de la noche, por lo cual me relajé y disfruté del encuentro. Sentada erguida y con aire refinado observaba fijamente los ojos verdes de mi acompañante, con una sonrisa y mirada provocativa mientras el mesero cumplía con las órdenes silenciosamente dadas. Al cabo de pocos segundos volvimos a estar solos y una fresca ráfaga de viento estratosférica acarició mi cabello y piel, llevándose consigo mi aroma.
Levantando la copa con delicadeza hice la clásica seña de “a su salud” y moviéndola circularmente pase a disfrutar de la fragancia de aquel vino, para después terminar con la degustación. Dulce y añejo, mi preferido.
-Delicioso, tal y como si hubieses leído mis gustos. Fina elección para una dama.- saqué apenas mi lengua humedeciendo los labios rosados al mismo tiempo que dejaba la copa en la mesa.
*Tiene tacto, eh. Ni que fuera un conquistador de primera categoría.* Se carcajeó Hazbee por dentro haciendo una pequeña broma de la cual tuve que contener la risa para que no asomara y no hacer desde un comienzo algún papelón. Como gran actriz que era la contuve sin problema, pero mentalmente en una fracción de segundo le advertí a mi hermana: cierra el pico, no me quieras arruinar la noche como siempre lo haces, él me interesa.
Ella no estaba a favor de mi venganza, mi casería de la cabeza de Fausto, ni siquiera de mi modo de ver el mundo y como uso los elementos que en éste se encuentran para mí conveniencia. Ella simplemente quería recuperar la gema, pero mucho no hacía al respecto por su afán de “buen comportamiento”. Un súcubo solamente en figura, el resto daba lástima.
-Y bien, déjame comenzar a mí con una simple pregunta: ¿qué hace un ser como tú en la tierra, siendo docente en un instituto para sobrenaturales?-
*¿Esa es una pregunta simple? Loca…* Acotó Hazbee, como de costumbre…
Envuelve tus pensamientos en una burbuja lejos de mí, por favor. Le dije mentalmente. Estaba agradecida de que en tantos años había aprendido a hablar con ella a través de pensamientos y poder conversar con alguien con mi propia voz, simultáneamente, sin que mi rostro mostrara signos de la revolución que en mi mente estaba pasando.
Agradecí con un asentimiento de cabeza el que me haya situado al lado de la mesa y disfruté de su particular aroma al saludarme, convidándole mi sensación a Hazbee de lo cómoda que me encontraba en aquel momento y lugar. No era propio de mí entablar confianza presurosamente por mis experiencias pasadas pero confiaba en mis capacidades y habilidades cualquiera sea el desarrollo de la noche, por lo cual me relajé y disfruté del encuentro. Sentada erguida y con aire refinado observaba fijamente los ojos verdes de mi acompañante, con una sonrisa y mirada provocativa mientras el mesero cumplía con las órdenes silenciosamente dadas. Al cabo de pocos segundos volvimos a estar solos y una fresca ráfaga de viento estratosférica acarició mi cabello y piel, llevándose consigo mi aroma.
Levantando la copa con delicadeza hice la clásica seña de “a su salud” y moviéndola circularmente pase a disfrutar de la fragancia de aquel vino, para después terminar con la degustación. Dulce y añejo, mi preferido.
-Delicioso, tal y como si hubieses leído mis gustos. Fina elección para una dama.- saqué apenas mi lengua humedeciendo los labios rosados al mismo tiempo que dejaba la copa en la mesa.
*Tiene tacto, eh. Ni que fuera un conquistador de primera categoría.* Se carcajeó Hazbee por dentro haciendo una pequeña broma de la cual tuve que contener la risa para que no asomara y no hacer desde un comienzo algún papelón. Como gran actriz que era la contuve sin problema, pero mentalmente en una fracción de segundo le advertí a mi hermana: cierra el pico, no me quieras arruinar la noche como siempre lo haces, él me interesa.
Ella no estaba a favor de mi venganza, mi casería de la cabeza de Fausto, ni siquiera de mi modo de ver el mundo y como uso los elementos que en éste se encuentran para mí conveniencia. Ella simplemente quería recuperar la gema, pero mucho no hacía al respecto por su afán de “buen comportamiento”. Un súcubo solamente en figura, el resto daba lástima.
-Y bien, déjame comenzar a mí con una simple pregunta: ¿qué hace un ser como tú en la tierra, siendo docente en un instituto para sobrenaturales?-
*¿Esa es una pregunta simple? Loca…* Acotó Hazbee, como de costumbre…
Envuelve tus pensamientos en una burbuja lejos de mí, por favor. Le dije mentalmente. Estaba agradecida de que en tantos años había aprendido a hablar con ella a través de pensamientos y poder conversar con alguien con mi propia voz, simultáneamente, sin que mi rostro mostrara signos de la revolución que en mi mente estaba pasando.

Alice Aldridge- Puntos: 117395
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Su padre, antes de instruírle en luchas, practicas demoníacas, el culto a Satanás o cualquier otra cosa, le había inculcado el trato impecable con las damas de categoría y la buena actitud con las de clase general. Haciendo uso de ese conocimiento fue que eligió el vino presente en la mesa y agradeció no haberse equivocado. Se había inspirado en el aroma que Alice le había dedicado cuando la vio por primera vez, un núcleo fuerte y salvaje, indomable, pero con notas delicadas a medida que la verdadera escencia se disimulaba, suave como el tacto del pétalo de una rosa.
Sonrió con la mirada afilada que le caracterizaba en el inframundo, la herencia de los Blutkreislauf que podía reconocerse casi en cualquier parte y por todos los demonios que se consideren de alto nivel. Esa pregunta era exactamente como quería que fuera, directa y sin rodeos, las palabras eran el primer paso del juego.
Ahora que la tenía en frente y sin la intervención de la gente alrededor que solía haber durante las clases o simples reuniones, sentía que desaparecía una barrera de forma muy conveniente. Podían hablarse como lo que eran, un par de desconocidos con confianza en si mismos y sobre todo, en sus habilidades, como un par de amantes que no se ven de muchos años atrás y ahora curosean qué cambios ejecutó el destino en sus vidas.
- Sin pelos en la lengua... - la sonrisa se volvió casi demoníaca, pero desapareció pronto -Estoy harto de la basura que pobla el infierno. Me es repugnante ver que los pequeños demonios que se crean de las pobres almas que llegan no pasen más allá que de susurrar cómo mentir o engañar. He decidido iniciar una búsqueda de almas provechosamente malignas para subir un poco el estandar de los insectos de ahí abajo - habló con total tranquilidad, mientras tomaba la copa y daba un sorbo al vino reservado - Qué opinas? -
Hizo girar el cristal en la mano sin quitarle la vista de encima ni desaparecer la sonrisa malévola. También tenía preguntas para ella, pero dejaría que respondiera esa antes de aventurarse en sobrepasarse en el respeto.
Sonrió con la mirada afilada que le caracterizaba en el inframundo, la herencia de los Blutkreislauf que podía reconocerse casi en cualquier parte y por todos los demonios que se consideren de alto nivel. Esa pregunta era exactamente como quería que fuera, directa y sin rodeos, las palabras eran el primer paso del juego.
Ahora que la tenía en frente y sin la intervención de la gente alrededor que solía haber durante las clases o simples reuniones, sentía que desaparecía una barrera de forma muy conveniente. Podían hablarse como lo que eran, un par de desconocidos con confianza en si mismos y sobre todo, en sus habilidades, como un par de amantes que no se ven de muchos años atrás y ahora curosean qué cambios ejecutó el destino en sus vidas.
- Sin pelos en la lengua... - la sonrisa se volvió casi demoníaca, pero desapareció pronto -Estoy harto de la basura que pobla el infierno. Me es repugnante ver que los pequeños demonios que se crean de las pobres almas que llegan no pasen más allá que de susurrar cómo mentir o engañar. He decidido iniciar una búsqueda de almas provechosamente malignas para subir un poco el estandar de los insectos de ahí abajo - habló con total tranquilidad, mientras tomaba la copa y daba un sorbo al vino reservado - Qué opinas? -
Hizo girar el cristal en la mano sin quitarle la vista de encima ni desaparecer la sonrisa malévola. También tenía preguntas para ella, pero dejaría que respondiera esa antes de aventurarse en sobrepasarse en el respeto.

Alanriace Blutkreislauf- Puntos: 145901
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Edad: 24
Localización: Por ahí, qué más da~
Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Con un agradable, suave y preciso jazz de fondo se creaba un ambiente lo suficientemente tentador, adornado con dos bellas criaturas que no se quitaban sus tajantes miradas el uno del otro, con sonrisas amistosamente malévolas y unas auras de lo más añejas que emanaban exquisitez llamando la atención de los ilusos humanos que había alrededor, pareciendo ser la obra principal de una exposición de arte. Ciertamente para mí, ellos no existían.
Volví a tomar la copa con mi mano derecha, sosteniendo el codo de este brazo con la mano izquierda formando un ángulo recto; apoyé mi espalda contra el respaldo de la silla de manera erguida y con aires de superioridad lo contemplaba, escuchando la razón por la que un ser como él permanecía aquí.
Con una sonrisa insidiosa de lado bastante complacida de lo que había escuchado, di mí opinión con total franqueza. –Te has propuesto una tarea extensa, bastante ardua y considerada. El mundo humano es un tanto amorfo, difícil se hace encontrar almas potables que puedan dar frutos perdurables y que no decaigan ante lo celestial. Son tan… débiles y susceptibles.- Hice una pausa con un rostro de negación ante la mayoritaria realidad que existía donde ahora me encontraba, pero no se extendió más de tres segundos.
-No imaginaba que en poco menos de un siglo aquellos seres residuales se hayan multiplicado. Recuerdo que los intentos de demonio daban lástima; y a nosotros, mala fama. Pero eran fáciles de evitar. Eran una minoría que podrían haber sido desterrados en una noche y terminar con la incompetencia. Aunque lamentablemente también hay demonios superiores que flaquean y traicionan.- Otra pausa al momento en que el jazz adquirió un ritmo más acelerado y enérgico, sin dejar de lado su esencia sensual a altas voces del saxo principal y sus acompañantes.
*Cálmate. Venías a hablar de él.* Hazbee comenzó a tararear aquella música relajante para mí, un código entre nosotras para que no broten mis impulsos en momentos inadecuados, que siempre eran por el mismo motivo: Fausto.
Esta vez te lo agradezco. Respondí con el clásico frío tono que usaba con ella. Haciendo una limpieza en mi mente sin inmutar mi rostro.
-¿Cómo está yendo tu búsqueda? Puedo decirte que en casi un siglo que llevo aquí fueron escasas aquellas almas que valen la pena para permanecer en un lugar de tan alto nivel como al que pertenecemos.- Finalicé para beber un corto sorbo del delicioso vino que tenía en mi mano.
*Qué acción más noble de su parte… Más despiadados.* Acotó Hazbee con la ironía emanándole desde su interior. Pero esta vez no le respondí, la silencié con una imagen interna de lo bella que sería su tortura y muerte.
Volví a tomar la copa con mi mano derecha, sosteniendo el codo de este brazo con la mano izquierda formando un ángulo recto; apoyé mi espalda contra el respaldo de la silla de manera erguida y con aires de superioridad lo contemplaba, escuchando la razón por la que un ser como él permanecía aquí.
Con una sonrisa insidiosa de lado bastante complacida de lo que había escuchado, di mí opinión con total franqueza. –Te has propuesto una tarea extensa, bastante ardua y considerada. El mundo humano es un tanto amorfo, difícil se hace encontrar almas potables que puedan dar frutos perdurables y que no decaigan ante lo celestial. Son tan… débiles y susceptibles.- Hice una pausa con un rostro de negación ante la mayoritaria realidad que existía donde ahora me encontraba, pero no se extendió más de tres segundos.
-No imaginaba que en poco menos de un siglo aquellos seres residuales se hayan multiplicado. Recuerdo que los intentos de demonio daban lástima; y a nosotros, mala fama. Pero eran fáciles de evitar. Eran una minoría que podrían haber sido desterrados en una noche y terminar con la incompetencia. Aunque lamentablemente también hay demonios superiores que flaquean y traicionan.- Otra pausa al momento en que el jazz adquirió un ritmo más acelerado y enérgico, sin dejar de lado su esencia sensual a altas voces del saxo principal y sus acompañantes.
*Cálmate. Venías a hablar de él.* Hazbee comenzó a tararear aquella música relajante para mí, un código entre nosotras para que no broten mis impulsos en momentos inadecuados, que siempre eran por el mismo motivo: Fausto.
Esta vez te lo agradezco. Respondí con el clásico frío tono que usaba con ella. Haciendo una limpieza en mi mente sin inmutar mi rostro.
-¿Cómo está yendo tu búsqueda? Puedo decirte que en casi un siglo que llevo aquí fueron escasas aquellas almas que valen la pena para permanecer en un lugar de tan alto nivel como al que pertenecemos.- Finalicé para beber un corto sorbo del delicioso vino que tenía en mi mano.
*Qué acción más noble de su parte… Más despiadados.* Acotó Hazbee con la ironía emanándole desde su interior. Pero esta vez no le respondí, la silencié con una imagen interna de lo bella que sería su tortura y muerte.

Alice Aldridge- Puntos: 117395
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
La oscuridad de la noche y las estrellas como única fuente luz, la melodía deliciosa y cómplice del jazz, una copa de buen vino en su poder, la tenue mirada de esos seres diminutos e insignificantes a rodeándolos, el dulce aroma provocador de la señorita frente a sus ojos, la perfecta armonía de sus movimientos, poses y palabras; el rítmico timbre de su voz que conducía de manera experta resonando con la secuencia exacta de notas en el su interior de incubo.
Una atmosfera tan acogedora, que casi podía compararse con las veladas de antaño en su hogar, las pocas invitaciones serias que se permitía en su juventud invadiendo su espacio personal. Ahora no se trataba de un territorio tan familiar como la mansión de sus padres o los jardínes en los alrededores, pero eso era un mero detalle, incluso podría llegar a arreglarse de ser necesario.
Pestañeó un par de veces mientras hacía girar el contenido de su copa, cerró los ojos para beberlo de un trago en un impulso que respondía a las ansias de acallar lo que esos pensamientos le provocaban, leve descontrol de sus emociones con lo que no quería lidiar ahora; volió a exponer su mirada esmeralda semi cubierta como siempre por los párpados.
Sus palabras estaban en lo cierto y eran bien sabidas por todos los demonios comprometidos y de buena cepa. No se había logrado una cosecha de almas decente desde la última gran guerra y eso empezaba a causar desmanes en los planes del señor Satán, Don Sata como lo llamaban su padre de forma más bien burlezca.
Traiciones, eran muy frecuentes ahí abajo. Rara vez llegaban a exhibir demsiada gravedad, pero los traidores eran siempre evitados. Sin embargo, en su hogar no se evitaba a nadie. Su madre le enseñó una lección que hasta el día de hoy practicaba con excelentes resultados: "Mantén cerca a tus aliados y amigos, pero aún más cerca a tus enemigos".
Hacía falta un carácter fuerte, una mente organizada y muestras de frialdad y neutralidades dignas de los más experimentados demonios para llevarla a cabo con perfección, pero contaba con la herencia de sus padres para lograrlo.
Eran pocos los nombres que se venían a la cabeza cuando el tema de la traición flotaba en las discusiones, pocos e importantes. Su madre manejaba muchas historias dueña siempre de una excelente memoria... lástima que no heredara eso de ella.
- Nada, sólo he visto porquerías en este lugar y sus alrededores - Por qué sigo en este patético lugar? ...ya sé por qué - Hiciste un pésimo trabajo ocultando esa preocupación con ese silencio tan obvio - sentenció luego de la breve pausa de sus pensamientos - Problemas con algún traidor de poca monta? - enarcó la ceja levemente como único cambio a su posición.
Apoyado en el respaldo desde el comienzo de la charla con el brazo derecho sobre la mesa mientras el izquierdo sujetaba la copa a una altura leve, esperó respuesta.
Una atmosfera tan acogedora, que casi podía compararse con las veladas de antaño en su hogar, las pocas invitaciones serias que se permitía en su juventud invadiendo su espacio personal. Ahora no se trataba de un territorio tan familiar como la mansión de sus padres o los jardínes en los alrededores, pero eso era un mero detalle, incluso podría llegar a arreglarse de ser necesario.
Pestañeó un par de veces mientras hacía girar el contenido de su copa, cerró los ojos para beberlo de un trago en un impulso que respondía a las ansias de acallar lo que esos pensamientos le provocaban, leve descontrol de sus emociones con lo que no quería lidiar ahora; volió a exponer su mirada esmeralda semi cubierta como siempre por los párpados.
Sus palabras estaban en lo cierto y eran bien sabidas por todos los demonios comprometidos y de buena cepa. No se había logrado una cosecha de almas decente desde la última gran guerra y eso empezaba a causar desmanes en los planes del señor Satán, Don Sata como lo llamaban su padre de forma más bien burlezca.
Traiciones, eran muy frecuentes ahí abajo. Rara vez llegaban a exhibir demsiada gravedad, pero los traidores eran siempre evitados. Sin embargo, en su hogar no se evitaba a nadie. Su madre le enseñó una lección que hasta el día de hoy practicaba con excelentes resultados: "Mantén cerca a tus aliados y amigos, pero aún más cerca a tus enemigos".
Hacía falta un carácter fuerte, una mente organizada y muestras de frialdad y neutralidades dignas de los más experimentados demonios para llevarla a cabo con perfección, pero contaba con la herencia de sus padres para lograrlo.
Eran pocos los nombres que se venían a la cabeza cuando el tema de la traición flotaba en las discusiones, pocos e importantes. Su madre manejaba muchas historias dueña siempre de una excelente memoria... lástima que no heredara eso de ella.
- Nada, sólo he visto porquerías en este lugar y sus alrededores - Por qué sigo en este patético lugar? ...ya sé por qué - Hiciste un pésimo trabajo ocultando esa preocupación con ese silencio tan obvio - sentenció luego de la breve pausa de sus pensamientos - Problemas con algún traidor de poca monta? - enarcó la ceja levemente como único cambio a su posición.
Apoyado en el respaldo desde el comienzo de la charla con el brazo derecho sobre la mesa mientras el izquierdo sujetaba la copa a una altura leve, esperó respuesta.

Alanriace Blutkreislauf- Puntos: 145901
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Edad: 24
Localización: Por ahí, qué más da~
Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
He de admitir la particular sensualidad de ese íncubo. Todos lo eran, demás está decirlo, pero cada cual tenía su toque personal que los hacían interesantes y diferentes entre los de nuestra especie. Como había mencionado al momento en que lo vi por vez primera esa noche, describirlo ahora sería atentar contra lo incierto, pero sí podía decir que su mirada y sonrisa eran exquisita y naturalmente perversas que activaban mi apetito como un antojo esperado por décadas. De alguna forma se me hacía familiar, pero había pasado tantos años fuera de mi hogar que pocos de los demonios que allí habitaban podía recordar. Solamente… un pequeño grupo.
Advertí un cambio en su aura, claramente reflejado en sus ojos verdes por aquellos movimientos rápidos de los párpados a la vez que intentaba ahogar algo con el dulce vino. Al parecer no era la única que tenía brotes de energía, impulsos que acallar de tanto en tanto. Particularidades de nosotros que debatimos con nuestro interior al mismo tiempo que lo hacemos con alguien frente a nuestro rostro.
¿Qué habrá cruzado por aquella mente, Hazbee? Será todo un desafío analizarlo a él. Le comenté a mi hermana con un deje ansioso y sugestivo en mis pensamientos.
*Sólo adentrándote en ella podrás descubrirlo. Claro que ahora sólo te conviene seguir la corriente con el tema que está.* Sugirió, lo cual aprobé.
Asentí al notar que estábamos de acuerdo con la bajeza de las almas que deambulaban por el mundo humano. Pero cerré los ojos y sonreí maliciosamente negando con la cabeza al compás de su voz cuando descubrió mi cambio interno, por los recuerdos de la lacra a la que perseguía, malinterpretándolo como preocupación. Si bien la razón primordial para mí del encuentro era la información que Alanriace podía brindarme acerca de Fausto, en ese momento quería abocarme más a nosotros, principalmente a él, ya que aquel demonio seguía sacándome de mis casillas con el simple hecho de mencionar su nombre. Hazbee hizo lo suyo para calmarme. Pero siendo justos, yo había comenzado con una pregunta. Era su turno, y el mío de responder.
Bebí un sorbo del dulce vino para luego aclarar el silencio que había producido, -Sabes que eso bajaría mi ego artístico, ¿verdad? Aunque definitivamente no lo has hecho, ni considero que haya estado entre tus intenciones, debo reconocer tu aguda percepción.- con cierto deje amenazante y provocativo en el tono de voz le comenté. –Si hubiera sido de poca monta no habría generado ningún problema, pero me he dado cuenta demasiado tarde de su degradación aún siendo uno de los mejores demonios en aquella época; traicionó a los de su propia raza.- Sin permitirle a mi ojo cambiar de color, aclaré. Me incliné lentamente con mis movimientos suaves hacia adelante para apoyar los antebrazos sobre el filo de la mesa luego de haber dejado la copa vacía sobre ésta. Me intrigaba saber el tiempo que llevaba en la tierra sin encontrar ningún alma potable.
*Hazlo, es tu turno. Yo quiero saber qué tan longevo es…* comentó la metida de mi hermana que claramente también estaba interesada. Sin responderle a ella, seguí mirando a Alanriace de manera penetrante.
-¿Cuánto tiempo ha pasado desde que comenzaste tu búsqueda de almas? Puedo decirte que aquí en el instituto hay una que me está llamando poderosamente la atención y no permitiré que tomes posesión de ella.- sonreí de lado perversamente marcando mi territorio sobre la única alma que en mucho tiempo no había visto ni degustado en el purgatorio.
No me molestaba en lo más mínimo que con mis últimas palabras concluyera mi imposibilidad de volver a mi hogar, debido ni más, ni menos a mi gran orgullo. Tampoco me negaría a contarle, más adelante, los detalles de aquella situación vivida hace alrededor de un siglo.
Advertí un cambio en su aura, claramente reflejado en sus ojos verdes por aquellos movimientos rápidos de los párpados a la vez que intentaba ahogar algo con el dulce vino. Al parecer no era la única que tenía brotes de energía, impulsos que acallar de tanto en tanto. Particularidades de nosotros que debatimos con nuestro interior al mismo tiempo que lo hacemos con alguien frente a nuestro rostro.
¿Qué habrá cruzado por aquella mente, Hazbee? Será todo un desafío analizarlo a él. Le comenté a mi hermana con un deje ansioso y sugestivo en mis pensamientos.
*Sólo adentrándote en ella podrás descubrirlo. Claro que ahora sólo te conviene seguir la corriente con el tema que está.* Sugirió, lo cual aprobé.
Asentí al notar que estábamos de acuerdo con la bajeza de las almas que deambulaban por el mundo humano. Pero cerré los ojos y sonreí maliciosamente negando con la cabeza al compás de su voz cuando descubrió mi cambio interno, por los recuerdos de la lacra a la que perseguía, malinterpretándolo como preocupación. Si bien la razón primordial para mí del encuentro era la información que Alanriace podía brindarme acerca de Fausto, en ese momento quería abocarme más a nosotros, principalmente a él, ya que aquel demonio seguía sacándome de mis casillas con el simple hecho de mencionar su nombre. Hazbee hizo lo suyo para calmarme. Pero siendo justos, yo había comenzado con una pregunta. Era su turno, y el mío de responder.
Bebí un sorbo del dulce vino para luego aclarar el silencio que había producido, -Sabes que eso bajaría mi ego artístico, ¿verdad? Aunque definitivamente no lo has hecho, ni considero que haya estado entre tus intenciones, debo reconocer tu aguda percepción.- con cierto deje amenazante y provocativo en el tono de voz le comenté. –Si hubiera sido de poca monta no habría generado ningún problema, pero me he dado cuenta demasiado tarde de su degradación aún siendo uno de los mejores demonios en aquella época; traicionó a los de su propia raza.- Sin permitirle a mi ojo cambiar de color, aclaré. Me incliné lentamente con mis movimientos suaves hacia adelante para apoyar los antebrazos sobre el filo de la mesa luego de haber dejado la copa vacía sobre ésta. Me intrigaba saber el tiempo que llevaba en la tierra sin encontrar ningún alma potable.
*Hazlo, es tu turno. Yo quiero saber qué tan longevo es…* comentó la metida de mi hermana que claramente también estaba interesada. Sin responderle a ella, seguí mirando a Alanriace de manera penetrante.
-¿Cuánto tiempo ha pasado desde que comenzaste tu búsqueda de almas? Puedo decirte que aquí en el instituto hay una que me está llamando poderosamente la atención y no permitiré que tomes posesión de ella.- sonreí de lado perversamente marcando mi territorio sobre la única alma que en mucho tiempo no había visto ni degustado en el purgatorio.
No me molestaba en lo más mínimo que con mis últimas palabras concluyera mi imposibilidad de volver a mi hogar, debido ni más, ni menos a mi gran orgullo. Tampoco me negaría a contarle, más adelante, los detalles de aquella situación vivida hace alrededor de un siglo.

Alice Aldridge- Puntos: 117395
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Casi podía imaginarse la copa de cristal perfecta y armoniosa, transparente y delicada con sus reflejos sutiles y brumosos... estallar en pedazos por la presión que esas fibrosas y perfectamente cuidadas manos pudieran ejercer sobre ella. Afortunadamente, la copita se liberó de su fatal destino por ahora tras ser depositaba anteriormente sobre la mesa. Una pena, le hubiese gustado ver ese arrebato de rabia que ahora tenía en frente y dibujado notoriamente en su rostro, aunque ningún mortal del común corriente pudiera haberse dado cuenta de ello, destrozar algo con sus garras bien pulidas y bien pintadas. Tendría la misma capacidad de las propias de no resquebrajarse jamás? Pero mejor aún hubiese sido verla disculpándose por el hecho, salpicándolo todo de gotitas rojas viéndose obligada a dar un paso atrás en su bien elaborada máscara que exhibía con propiedad exquisita, como si hubiera nacido para aparentar lo que ella quisiera sin corresponder continuamente con lo que en realidad sintiera. Ya tendría tiempo y oportunidad de averiguarlo en alguna otra ocasión, por ahora se contentaría con imaginárselo, armas no le faltaban para lograr su cometido, pero la pregunta del millón de dólares era... valdría la pena?
- Llevo buscando almas desde hace sólo un par de años, en realidad. Vengo pisando el suelo de esta tierra estéril hace unos 10 años tal vez, puede que más, puede que menos... el tiempo no es algo que ocupe un lugar demasiado importante en mis planes, soy inmortal y estoy consciente de ello, a menos que se me de la estúpida idea de morir por alguna causa... - sonrió levemente divertido cerrando los ojos y negando con la cabeza con suavidad al imaginarse qué clase de situación lo haría atentar contra su vida de alguna manera - Pero podemos hablar acerca de eso en alguna otra ocasión, estoy seguro de que tu verdadero motivo para aceptar mi invitación no es el de averiguar nada acerca de mi o de mi pasado - imitó la pose que adoptara su interlocutora dejando el cristal en un costado también, obviando el resto del líquido que dibujó varias auras en las paredes de la copa antes de volver a la calma - Conozco a muchos demonios y tu quieres saber más acerca de este que te revuelve tanto las entrañas, no es así? - indagó haciendo efusión en sus palabras enarcando una ceja sin quitar la vista de sus ojos casi en forma penetrante, como queriendo abrirse paso a su interior.
Dejó que sus palabras flotaran en el aire un momento mientras le sostenía la mirada, luego recordó algo más.
- Vaya... no pensé que te harían caer tan rápido, se puede saber de quién es esta alma que no quieres que manipule? - su mirada incluía bastante de malicia en señal de que podía no ser muy buena idea decir a quien pertenecía esa alma, pero por otro lado, dejarlo en el misterio significaría correr el mismo riesgo.
Ahora volvió a cruzarse de brazos y retroceder hasta quedar completamente apoyado en la elegante silla, su desafío ocular no cesaba dadas las ansias que tenía de ver la respuesta que buscaba provocar intensionalmente. No pudo evitar que una ligera sonrisa maquiavélica asomara una vez más en sólo uno de los extremos de sus labios.
Ella era un reto y la aceptaba como tal, así como ella parecía aceptarlo a él, también. Quién cedería y cómo? Hasta qué circunstancias estarían ambos dispuestos a llevar sus intenciones? Quién jalaría la cuerda más fuerte que el otro?
Tenía una ligera impresión de que... iba con las de perder. Sin embargo, eso no le impedía dar lo mejor de si y, sobre todo, cumplir con su mejor intento, como la prueba final.
- Llevo buscando almas desde hace sólo un par de años, en realidad. Vengo pisando el suelo de esta tierra estéril hace unos 10 años tal vez, puede que más, puede que menos... el tiempo no es algo que ocupe un lugar demasiado importante en mis planes, soy inmortal y estoy consciente de ello, a menos que se me de la estúpida idea de morir por alguna causa... - sonrió levemente divertido cerrando los ojos y negando con la cabeza con suavidad al imaginarse qué clase de situación lo haría atentar contra su vida de alguna manera - Pero podemos hablar acerca de eso en alguna otra ocasión, estoy seguro de que tu verdadero motivo para aceptar mi invitación no es el de averiguar nada acerca de mi o de mi pasado - imitó la pose que adoptara su interlocutora dejando el cristal en un costado también, obviando el resto del líquido que dibujó varias auras en las paredes de la copa antes de volver a la calma - Conozco a muchos demonios y tu quieres saber más acerca de este que te revuelve tanto las entrañas, no es así? - indagó haciendo efusión en sus palabras enarcando una ceja sin quitar la vista de sus ojos casi en forma penetrante, como queriendo abrirse paso a su interior.
Dejó que sus palabras flotaran en el aire un momento mientras le sostenía la mirada, luego recordó algo más.
- Vaya... no pensé que te harían caer tan rápido, se puede saber de quién es esta alma que no quieres que manipule? - su mirada incluía bastante de malicia en señal de que podía no ser muy buena idea decir a quien pertenecía esa alma, pero por otro lado, dejarlo en el misterio significaría correr el mismo riesgo.
Ahora volvió a cruzarse de brazos y retroceder hasta quedar completamente apoyado en la elegante silla, su desafío ocular no cesaba dadas las ansias que tenía de ver la respuesta que buscaba provocar intensionalmente. No pudo evitar que una ligera sonrisa maquiavélica asomara una vez más en sólo uno de los extremos de sus labios.
Ella era un reto y la aceptaba como tal, así como ella parecía aceptarlo a él, también. Quién cedería y cómo? Hasta qué circunstancias estarían ambos dispuestos a llevar sus intenciones? Quién jalaría la cuerda más fuerte que el otro?
Tenía una ligera impresión de que... iba con las de perder. Sin embargo, eso no le impedía dar lo mejor de si y, sobre todo, cumplir con su mejor intento, como la prueba final.

Alanriace Blutkreislauf- Puntos: 145901
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
La música se detuvo por un largo minuto mientras los intérpretes organizaban su siguiente pieza a tocar; al mismo tiempo que una brisa acarició el cabello de todos los presentes en cielo, un solo de piano comenzó a llenar el ambiente de manera agradable y envolvente. Mis ojos se cerraron al escuchar los cuatro primeros compases y volvieron a enfocarse en aquel otro par jade que con insistencia buscaban mi esencia, de la misma forma que intentaba descubrir de a poco la suya. Como pocas veces había logrado experimentar este tipo de encuentros en el mundo humano, disfrutaba cada palabra y cada movimiento en un análisis continuo de ese ser como un deleite ante mi vista, ya que no consideraba la relación profesor-alumna que técnicamente teníamos en aquel instituto, más si criaturas que compartían gustos e intereses de los más exigentes y, me atrevo a decir, que salvajes también. Eventualmente, haría de él su platillo principal.
Sentí un ligero asomo de envidia al escuchar aquellas palabras despreocupadas por el correr del tiempo. Quizás algún día pueda sentirme así cuando sobre la cama de mis padres deje la cabeza horrorizada de Fausto; sentirme libre de la atadura que aquel demonio había forjado en mis tobillos hacia los suyos con una cadena infinita e impalpable que se extendía a través del espacio y los calendarios, alejándose cada vez más de mí.
*Qué raro que esta vez no tenga que decir que te calmes, hermana. ¿Cómo es que lograste controlar tus impulsos negativos que tanto afloran cuando hablas o piensas acerca de él? ¿Acaso quieres demostrarme tu autocontrol? ¿O será a él?* Sus palabras fueron suaves como de costumbre pero su intención no era otra más que hacerme enfadar para que pierda los estribos ante Alanriace, cuestión que ella sabía tanto como yo que jamás pasaría. No hizo falta que le dijera nada de manera mental, con mi furia canalizada hacia su persona solita se silenció. Mis emociones estaban controladas y no iba a permitir que mi tren se descarrile. Por lo menos no ahora.
Sonreí con picardía y le dediqué una mirada felina a la hora de cazar. Hablar de él en otro momento sonaba interesante. –Tomaré tus palabras como una segunda invitación, Alanriace.- Me acomodé en la silla adoptando una posición un tanto más atractiva, provocándolo con mi figura y mirada, sabiendo que eran tentadoras aún ante los más poderosos de los íncubos. Sin embargo, continué con la conversación. –Estás en lo cierto, hay un demonio en particular que me revuelve no solo las entrañas, sino todo mi ser. Quiero saber dónde encontrarlo o por dónde seguirle la pista.- Sin inmutar mi rostro, fui directa y clara en lo que buscaba, no era parte de mí dar vueltas en algo tan sencillo como ello. –Su nombre es Fausto, conocido como El Domador de Cabellos, por nuestra tierra.- No veía la necesidad de realizar la pregunta exacta, demás estaba; sí hubiese preferido decir aquello mientras tuviera vino en mi copa para ahogar cualquier brote interno, pero ya estaba vacía. El dominio sobre mis emociones en ese momento me impresionaba. ¿En realidad lo había controlado completamente?
*Me sorprendes, Alice.*
Continué, pero ahora sobre el segundo tema en cuestión que él había interrogado: el alma que captó mi atención. –No lo llamaría “caer tan rápido”, más bien diría: “evitar perder una oportunidad pocas veces vista en este mundo”. Te darás cuenta cuál es aquel ser que me pertenece, mi aroma lo tiene sellado. Aún así, si se te dificulta reconocerlo, te lo haré saber. Quizás y hasta una agradable escaramuza podría librarse.- una mirada afilada asomó con un deje brilloso por las expectativas que generaba en mí, dejando un juego abierto en las palabras mencionadas. Continué, -No he encontrado un alma tan exquisita y provechosa desde los años treinta y no dudaré en adueñármela mientras exista. Ya sabes, el gusto por los juguetes…- dejé la frase a medio armar ya que daba por sentado que no era la única, ni parte de la minoría en mi especie, en adoptar muñequitos con los cuales entretenernos y alimentarnos.
*¿Crees que se dará cuenta de tus preguntas hechas al aire, Alice?* inquirió Hazbee.
Ahora la que me sorprende eres tú, hermana. Observa y verás que él no es del común, ya con el aroma que destila te puedes dar cuenta. Sonreí internamente para ella nada más dejando que en el aire nuestras esencias se mezclaran por el paso del viento, atrayendo las miradas de los presentes, otra vez.
Sentí un ligero asomo de envidia al escuchar aquellas palabras despreocupadas por el correr del tiempo. Quizás algún día pueda sentirme así cuando sobre la cama de mis padres deje la cabeza horrorizada de Fausto; sentirme libre de la atadura que aquel demonio había forjado en mis tobillos hacia los suyos con una cadena infinita e impalpable que se extendía a través del espacio y los calendarios, alejándose cada vez más de mí.
*Qué raro que esta vez no tenga que decir que te calmes, hermana. ¿Cómo es que lograste controlar tus impulsos negativos que tanto afloran cuando hablas o piensas acerca de él? ¿Acaso quieres demostrarme tu autocontrol? ¿O será a él?* Sus palabras fueron suaves como de costumbre pero su intención no era otra más que hacerme enfadar para que pierda los estribos ante Alanriace, cuestión que ella sabía tanto como yo que jamás pasaría. No hizo falta que le dijera nada de manera mental, con mi furia canalizada hacia su persona solita se silenció. Mis emociones estaban controladas y no iba a permitir que mi tren se descarrile. Por lo menos no ahora.
Sonreí con picardía y le dediqué una mirada felina a la hora de cazar. Hablar de él en otro momento sonaba interesante. –Tomaré tus palabras como una segunda invitación, Alanriace.- Me acomodé en la silla adoptando una posición un tanto más atractiva, provocándolo con mi figura y mirada, sabiendo que eran tentadoras aún ante los más poderosos de los íncubos. Sin embargo, continué con la conversación. –Estás en lo cierto, hay un demonio en particular que me revuelve no solo las entrañas, sino todo mi ser. Quiero saber dónde encontrarlo o por dónde seguirle la pista.- Sin inmutar mi rostro, fui directa y clara en lo que buscaba, no era parte de mí dar vueltas en algo tan sencillo como ello. –Su nombre es Fausto, conocido como El Domador de Cabellos, por nuestra tierra.- No veía la necesidad de realizar la pregunta exacta, demás estaba; sí hubiese preferido decir aquello mientras tuviera vino en mi copa para ahogar cualquier brote interno, pero ya estaba vacía. El dominio sobre mis emociones en ese momento me impresionaba. ¿En realidad lo había controlado completamente?
*Me sorprendes, Alice.*
Continué, pero ahora sobre el segundo tema en cuestión que él había interrogado: el alma que captó mi atención. –No lo llamaría “caer tan rápido”, más bien diría: “evitar perder una oportunidad pocas veces vista en este mundo”. Te darás cuenta cuál es aquel ser que me pertenece, mi aroma lo tiene sellado. Aún así, si se te dificulta reconocerlo, te lo haré saber. Quizás y hasta una agradable escaramuza podría librarse.- una mirada afilada asomó con un deje brilloso por las expectativas que generaba en mí, dejando un juego abierto en las palabras mencionadas. Continué, -No he encontrado un alma tan exquisita y provechosa desde los años treinta y no dudaré en adueñármela mientras exista. Ya sabes, el gusto por los juguetes…- dejé la frase a medio armar ya que daba por sentado que no era la única, ni parte de la minoría en mi especie, en adoptar muñequitos con los cuales entretenernos y alimentarnos.
*¿Crees que se dará cuenta de tus preguntas hechas al aire, Alice?* inquirió Hazbee.
Ahora la que me sorprende eres tú, hermana. Observa y verás que él no es del común, ya con el aroma que destila te puedes dar cuenta. Sonreí internamente para ella nada más dejando que en el aire nuestras esencias se mezclaran por el paso del viento, atrayendo las miradas de los presentes, otra vez.

Alice Aldridge- Puntos: 117395
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Su postura reclamaba por su atención a gritos, pero no era que este incubo cayera con esa clase de tretas tan simples. Buscaba desafíos, buscaba meterse en problemas y ponerse a prueba una vez más, pero cuando se han tenido varios años de vida concentrados y dedicados sola y únicamente a seducir, el trabajo se vuelve tan monótono que pocas escenas lograban removerle la conciencia y las hormonas, estas últimas permanentemente altas y activas, por lo que resultaba raro que se activaran aún más y terminaran por desatar el autocontrol que tan bien lo encadenaba.
Hizo un gesto con la mano a la altura sobre sus hombros y un mesero se acercó rápidamente para llenar las copas. No hubo atisbo de descontrol en ella, pero sus palabras, aunque no denotaban ninguna clase de emoción, si hacían deducir que sentía alguna clase de ansia inexistente, lo que debería verse presente y que de seguro estaba ahí, pero que no dejaba huellas de su paso. Como la muerte por asfixia producida por nieve, la garganta se tapa y no deja respirar, pero una vez consumado el hecho y que la muerte cobrara su víctima, la nieve se derrite y jamás nadie se entera de qué sucedió, aunque sabe con certeza que el ente cegador de almas estuvo ahí.
- Fausto... vas detrás de Fausto... - indagó en cuanto hubo terminado su primera respuesta llevando una mano a su barbilla con el tema, algo meditativo y desviando por primera vez su mirada lejos de la de ella, sabía que ese era un demonio peligroso.
Pudo haber ido más lejos, pero habían detalles y detalles, datos y pistas sin confirmar en su cabeza y parte de recuerdos que había escuchado entre las bocas de las sucubos y empusas en aquellos años en que no era más que un crío paseándose por debajo de las mesas para conseguir algún pedazo de los platillos que sus padres no le dejaban comer.
El mesero desapareció tan rápido como llegó y fue a disponerse a un lado de otros dos que no dejaban de mirar la mesa en la que estaban, cada cual guardando una posición de naturaleza casi uniformada y manteniendo la vista lejos de los ojos incursores de cualquiera de los dos. Camareros bien entrenados y dispuesto ahí sólo para atender esa mesa en específico, hombres reservados para los deseos de estos dos endemoniados comensales.
Volvió la atención a sus ojos continuando el contacto casi fruto de hechicería entre ambos cuando ella volvió a tomar la palabra.
Respondió la mirada y leyó bien el desafío, pero en su fuero interno aún no sabía si el premio valía la pena. Y algo en su interior se congeló cuando mencionó esos años, al parecer esa sucubo era mucho más antigua que él...
- Mis padres sabrán responder muchas cosas acerca de este demonio que buscas, más de alguna vez estuvo en la mansión de mi familia. Por lo que sé de bocas con lenguas venenosas, es un traidor de cuidado que sabe protegerse y hundirse entre las sombras si es necesario, deshaciéndose de sus enemigos manipulando a otros aliados suyos bien poderosos, pero más débiles que él para que lo protejan. Es un rival de cuidado para una sola sucubo, se puede saber qué es lo que andas buscando de un ser como él? -
La pregunta quedó en el aire que fue rápidamente llenado con las notas de la pieza que ya llegaba a su epicentro, ahí donde la magia se hace realidad en cada compás sincronizado con las pocas almas que lograban identificar y adueñarse de la frecuencia en la que los músicos hacían vibrar sus expresiones en busca del trigo entre la paja, del trébol de cuatro hojas en los pastizales o de los vivos entre los muertos vivientes de cada día.
Hizo un gesto con la mano a la altura sobre sus hombros y un mesero se acercó rápidamente para llenar las copas. No hubo atisbo de descontrol en ella, pero sus palabras, aunque no denotaban ninguna clase de emoción, si hacían deducir que sentía alguna clase de ansia inexistente, lo que debería verse presente y que de seguro estaba ahí, pero que no dejaba huellas de su paso. Como la muerte por asfixia producida por nieve, la garganta se tapa y no deja respirar, pero una vez consumado el hecho y que la muerte cobrara su víctima, la nieve se derrite y jamás nadie se entera de qué sucedió, aunque sabe con certeza que el ente cegador de almas estuvo ahí.
- Fausto... vas detrás de Fausto... - indagó en cuanto hubo terminado su primera respuesta llevando una mano a su barbilla con el tema, algo meditativo y desviando por primera vez su mirada lejos de la de ella, sabía que ese era un demonio peligroso.
Pudo haber ido más lejos, pero habían detalles y detalles, datos y pistas sin confirmar en su cabeza y parte de recuerdos que había escuchado entre las bocas de las sucubos y empusas en aquellos años en que no era más que un crío paseándose por debajo de las mesas para conseguir algún pedazo de los platillos que sus padres no le dejaban comer.
El mesero desapareció tan rápido como llegó y fue a disponerse a un lado de otros dos que no dejaban de mirar la mesa en la que estaban, cada cual guardando una posición de naturaleza casi uniformada y manteniendo la vista lejos de los ojos incursores de cualquiera de los dos. Camareros bien entrenados y dispuesto ahí sólo para atender esa mesa en específico, hombres reservados para los deseos de estos dos endemoniados comensales.
Volvió la atención a sus ojos continuando el contacto casi fruto de hechicería entre ambos cuando ella volvió a tomar la palabra.
Respondió la mirada y leyó bien el desafío, pero en su fuero interno aún no sabía si el premio valía la pena. Y algo en su interior se congeló cuando mencionó esos años, al parecer esa sucubo era mucho más antigua que él...
- Mis padres sabrán responder muchas cosas acerca de este demonio que buscas, más de alguna vez estuvo en la mansión de mi familia. Por lo que sé de bocas con lenguas venenosas, es un traidor de cuidado que sabe protegerse y hundirse entre las sombras si es necesario, deshaciéndose de sus enemigos manipulando a otros aliados suyos bien poderosos, pero más débiles que él para que lo protejan. Es un rival de cuidado para una sola sucubo, se puede saber qué es lo que andas buscando de un ser como él? -
La pregunta quedó en el aire que fue rápidamente llenado con las notas de la pieza que ya llegaba a su epicentro, ahí donde la magia se hace realidad en cada compás sincronizado con las pocas almas que lograban identificar y adueñarse de la frecuencia en la que los músicos hacían vibrar sus expresiones en busca del trigo entre la paja, del trébol de cuatro hojas en los pastizales o de los vivos entre los muertos vivientes de cada día.

Alanriace Blutkreislauf- Puntos: 145901
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Como caballero que parecía ser, no hizo falta qué decir ni ha dado la oportunidad al tiempo correr lo suficiente para que la última gota de vino dejara atrás su amorfa consistencia y se quedara adherida a la unión entre el cuerpo de la copa y su fino pie; un nuevo y pequeño caudal morado se unió a ella mezclándose con el agradable sonido del líquido golpear el cristal, dejando un aroma circundante que tentaba al paladar, cual diamante al ladrón.
Lo conocían bien en el inframundo al traidor. Ellos eran los primeros en salir a la luz cuando sus bajezas comienzan a rondar las bocas de los inferiores que sólo buscan armar pleitos para que los de alto rango se maten entre sí. Cuestión que pocas veces ha pasado ya que corroboran aquellos rumores, pero Fausto pertenecía a las pocas. Él era tan… imponente, fuerte y… delicioso. Los recuerdos comenzaban a abordarme a medida que pensaba su nombre, su aroma, su figura, sus hazañas y traiciones; como si no lo conociera. Lo odiaba tanto que estaba siempre presente, lo sentía aún más a flor de piel cada vez que me convertía a mi forma demoniaca, sufriendo la humillación por la falta del ala que él me quitó en un intento desesperado de vivir. Es por eso que en pocas ocasiones cambiaba, claro que cuando era inevitable…
*Del odio al amor hay un paso, pero del amor al odio hay sólo medio.* No dejó pasar oportunidad mi hermana para comentar al respecto. Detestaba que aludiera al pasado con tanta soltura cuando ella ni se preocupaba por recuperar nuestro orgullo, dejando de lado nuestra naturaleza y “perdonando” las traiciones que atentaba contra su propia especie. Su aire angelical me daba náuseas, pero había aprendido a ignorarlo.
-Venganza. Eso es precisamente lo que busco.- hice una pequeña pausa para considerar qué era lo que debía o no decirle. Claro que sólo quedaba en mí confiar nuevamente en un demonio tan particular. Viendo cómo venía la mano luego de tanto tiempo sin poder seguirle rastro, no había muchas alternativas. -Al parecer se han encargado de esparcir el rumor de su falsía luego de que viniera al mundo humano.- Se lo tenía merecido, era por eso que no regresaba al infierno. Sabía que en cuanto cruzara el umbral, dejaría de existir. Más le convenía no hacerlo… -Aún así, no creo que se hayan enterado de la naturaleza de su traición, sus intenciones en contra de su propia especie es deplorable.- Desvié un segundo la mirada para mirar a los músicos sin observarlos pero regresé a aquellos ojos verdes tan afilados como un sable. -Sabes, al mencionar que él ha estado varias veces en la mansión de tu familia no te hace un informante idóneo. ¿A qué se debe su frecuencia? Y dicho sea de paso, ¿A qué se debe el privilegio de que me brindes tus conocimientos al respecto?- No podía quedarme con la duda de sus intenciones aún diga en voz alta la verdad o una mentira bien elaborada. La confianza en otros la había perdido hace aproximadamente un siglo, con alguien que tenía un aura muy similar a él.
*No todos son iguales, lo sabes. Aquella época en la que tu mundo giraba sin interrupciones ni altibajos lo disfrutabas, y yo más. Me gustaría que vuelva.* Agregó Hazbee a mi silencio que esperaba una respuesta de Alanriace.
Disfruté y disfruto cada momento de mi existencia, que en aquel entonces estuviera satisfecha por los placeres que él me daba, no quiere decir que deje de lado mis actividades poco rutinarias. Sabes que detesto la monotonía. Mentalmente le respondí sin mostrar signo de ello en mi rostro, con un tono un tanto agresivo y poco flexible ante sus palabras que demostraban o no conocerme del todo, o conocerme lo suficiente para que le hablara más de lo normal..
Lo conocían bien en el inframundo al traidor. Ellos eran los primeros en salir a la luz cuando sus bajezas comienzan a rondar las bocas de los inferiores que sólo buscan armar pleitos para que los de alto rango se maten entre sí. Cuestión que pocas veces ha pasado ya que corroboran aquellos rumores, pero Fausto pertenecía a las pocas. Él era tan… imponente, fuerte y… delicioso. Los recuerdos comenzaban a abordarme a medida que pensaba su nombre, su aroma, su figura, sus hazañas y traiciones; como si no lo conociera. Lo odiaba tanto que estaba siempre presente, lo sentía aún más a flor de piel cada vez que me convertía a mi forma demoniaca, sufriendo la humillación por la falta del ala que él me quitó en un intento desesperado de vivir. Es por eso que en pocas ocasiones cambiaba, claro que cuando era inevitable…
*Del odio al amor hay un paso, pero del amor al odio hay sólo medio.* No dejó pasar oportunidad mi hermana para comentar al respecto. Detestaba que aludiera al pasado con tanta soltura cuando ella ni se preocupaba por recuperar nuestro orgullo, dejando de lado nuestra naturaleza y “perdonando” las traiciones que atentaba contra su propia especie. Su aire angelical me daba náuseas, pero había aprendido a ignorarlo.
-Venganza. Eso es precisamente lo que busco.- hice una pequeña pausa para considerar qué era lo que debía o no decirle. Claro que sólo quedaba en mí confiar nuevamente en un demonio tan particular. Viendo cómo venía la mano luego de tanto tiempo sin poder seguirle rastro, no había muchas alternativas. -Al parecer se han encargado de esparcir el rumor de su falsía luego de que viniera al mundo humano.- Se lo tenía merecido, era por eso que no regresaba al infierno. Sabía que en cuanto cruzara el umbral, dejaría de existir. Más le convenía no hacerlo… -Aún así, no creo que se hayan enterado de la naturaleza de su traición, sus intenciones en contra de su propia especie es deplorable.- Desvié un segundo la mirada para mirar a los músicos sin observarlos pero regresé a aquellos ojos verdes tan afilados como un sable. -Sabes, al mencionar que él ha estado varias veces en la mansión de tu familia no te hace un informante idóneo. ¿A qué se debe su frecuencia? Y dicho sea de paso, ¿A qué se debe el privilegio de que me brindes tus conocimientos al respecto?- No podía quedarme con la duda de sus intenciones aún diga en voz alta la verdad o una mentira bien elaborada. La confianza en otros la había perdido hace aproximadamente un siglo, con alguien que tenía un aura muy similar a él.
*No todos son iguales, lo sabes. Aquella época en la que tu mundo giraba sin interrupciones ni altibajos lo disfrutabas, y yo más. Me gustaría que vuelva.* Agregó Hazbee a mi silencio que esperaba una respuesta de Alanriace.
Disfruté y disfruto cada momento de mi existencia, que en aquel entonces estuviera satisfecha por los placeres que él me daba, no quiere decir que deje de lado mis actividades poco rutinarias. Sabes que detesto la monotonía. Mentalmente le respondí sin mostrar signo de ello en mi rostro, con un tono un tanto agresivo y poco flexible ante sus palabras que demostraban o no conocerme del todo, o conocerme lo suficiente para que le hablara más de lo normal..

Alice Aldridge- Puntos: 117395
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Apenas terminadas las palabras dedicadas a la princesa de las máscaras, pudo notar algo que la delató, al fin obtenía una pista de lo que ella realmente sentía bajo la densa capa de oscuridad que la rodeaba y que le hacía pensar en la ilusión falaz de que ahí frente a sus ojos, no había premio alguno que valiera la pena. La primera señal fue su edad, una súcubo madura, aunque no completamente, pero que en cualquier caso significaba un gran salto en la escala mental que medía el valor de las almas con las que se topaba. Estaba acostumbrado a darle más importancia a las personas mayores y que se incrementaba cuando demostraban serlo, pero ella pasaba a un ámbito un tanto más alto sólo por una cosa: se trataba de un ejemplo de su propia especie de la que podría sacar mucho provecho si lograba desentrañar la madeja que era su esencia.
Un desafío.
Una sonrisa de emoción apenas perceptible se hizo presente en un lado de sus labios y que expuso uno de sus colmillos, pero todo regresó a la expresión de siempre en un minuto. Sólo había visto la punta del iceberg y bien sabía que bajo la superficie del gélido mar que exhibía Alice, había mucho, mucho más que ver. Fue a través de su nariz que logró saber a qué se enfrentaba, la súcubo podía actuar muy bien, podía mantener su rostro bajo control si quería y era de forma perfecta que lo lograba. Sin embargo, hay señales que sólo el cuerpo es capaz de controlar sin llegar a necesitar la influencia de la mente para ello, señales químicas inconscientes y que este incubo era capaz de detectar con el olfato. Así fue como supo que Alice era presa del rencor, algo poco recomendable porque, en la poca experiencia de vida que registraba comparada con la suya, ese sentimiento conducía a actuar sin pensar y arriesgando más de lo debido en la mayoría de veces, un detalle que exponía sutilmente una debilidad, una brecha por donde podía colarse.
Dejó pasar el silencio ofreciendo una oportunidad a su interlocutora para reflexionar acerca de lo que él ya había detectado. Esperaba que se diera cuenta también, esperaba alguna reacción y no en su rostro, ya estaba claro que ese no era el lugar adecuado para buscar, sin embargo, no despegó la vista de la de ella, llevó la copa a su boca lentamente y bebió. Luego, tras dejar el cristal de regreso en la superficie, habló.
- Mis padres fueron subiendo en la escala social muy rápido, por lo tanto debían saber a qué se enfrentaban y la mejor forma de conocer a tus enemigos es invitándolos a tu casa. Al menos, esa es la forma de actuar de mi madre - hablaba con calma, casi como si el tema no le interesara, es más, el hecho de actuar como "informante" o no, simplemente le tenía sin cuidado - No me interesa... por eso abordo el tema como sea necesario. Podrías ser una espía enviada por Fausto para intentar algo en contra de mi familia, pero no me preocupa. Podría ser que tu sola intención de aceptar mi invitación corresponda a lo que te acabo de mencionar, obtener datos acerca del demonio del que hablas, sin embargo... pienso que eso te rebajaría demasiado - sonrió abiertamente y casi cálido, pero también desapareció de inmediato - Podría ser que necesites mi ayuda para encontrarlo, más allá de la calidad de informante, quiero decir. Tampoco es bien probable tratándose de una súcubo como tu - terminó la frase con otro trago - Todo se resume a una pregunta: Para qué quieres atrapar a Fausto? - esperaba que entendiera que no quería la respuesta "por venganza", ya lo había mencionado ella antes y ahí le tendía otra trampa, a ver si se daba con ella el refrán "a buen entendedor, pocas palabras".
La música calló y los intérpretes pasaban a prepararse para la siguiente pieza, sólo el murmullo de los presentes alrededor interrumpía el casi siempre inalcanzable silencio. Le pareció una agradable pausa que aprovechó para beber otro poco, mas no terminó lo que quedaba. Hambre no tenía, hambre de comida, al menos, debía aceptar que esa mujer le causaba algo raro dentro, algo como un efecto sedante que sólo podía atribuírsele a las primeras sustancias que el cerebro libera cuando se está ante una posible "pareja" y que inician el molesto ritual de apareamiento junto a su batalla interna de controlar esos innecesarios impulsos cavernícolas.
Un desafío.
Una sonrisa de emoción apenas perceptible se hizo presente en un lado de sus labios y que expuso uno de sus colmillos, pero todo regresó a la expresión de siempre en un minuto. Sólo había visto la punta del iceberg y bien sabía que bajo la superficie del gélido mar que exhibía Alice, había mucho, mucho más que ver. Fue a través de su nariz que logró saber a qué se enfrentaba, la súcubo podía actuar muy bien, podía mantener su rostro bajo control si quería y era de forma perfecta que lo lograba. Sin embargo, hay señales que sólo el cuerpo es capaz de controlar sin llegar a necesitar la influencia de la mente para ello, señales químicas inconscientes y que este incubo era capaz de detectar con el olfato. Así fue como supo que Alice era presa del rencor, algo poco recomendable porque, en la poca experiencia de vida que registraba comparada con la suya, ese sentimiento conducía a actuar sin pensar y arriesgando más de lo debido en la mayoría de veces, un detalle que exponía sutilmente una debilidad, una brecha por donde podía colarse.
Dejó pasar el silencio ofreciendo una oportunidad a su interlocutora para reflexionar acerca de lo que él ya había detectado. Esperaba que se diera cuenta también, esperaba alguna reacción y no en su rostro, ya estaba claro que ese no era el lugar adecuado para buscar, sin embargo, no despegó la vista de la de ella, llevó la copa a su boca lentamente y bebió. Luego, tras dejar el cristal de regreso en la superficie, habló.
- Mis padres fueron subiendo en la escala social muy rápido, por lo tanto debían saber a qué se enfrentaban y la mejor forma de conocer a tus enemigos es invitándolos a tu casa. Al menos, esa es la forma de actuar de mi madre - hablaba con calma, casi como si el tema no le interesara, es más, el hecho de actuar como "informante" o no, simplemente le tenía sin cuidado - No me interesa... por eso abordo el tema como sea necesario. Podrías ser una espía enviada por Fausto para intentar algo en contra de mi familia, pero no me preocupa. Podría ser que tu sola intención de aceptar mi invitación corresponda a lo que te acabo de mencionar, obtener datos acerca del demonio del que hablas, sin embargo... pienso que eso te rebajaría demasiado - sonrió abiertamente y casi cálido, pero también desapareció de inmediato - Podría ser que necesites mi ayuda para encontrarlo, más allá de la calidad de informante, quiero decir. Tampoco es bien probable tratándose de una súcubo como tu - terminó la frase con otro trago - Todo se resume a una pregunta: Para qué quieres atrapar a Fausto? - esperaba que entendiera que no quería la respuesta "por venganza", ya lo había mencionado ella antes y ahí le tendía otra trampa, a ver si se daba con ella el refrán "a buen entendedor, pocas palabras".
La música calló y los intérpretes pasaban a prepararse para la siguiente pieza, sólo el murmullo de los presentes alrededor interrumpía el casi siempre inalcanzable silencio. Le pareció una agradable pausa que aprovechó para beber otro poco, mas no terminó lo que quedaba. Hambre no tenía, hambre de comida, al menos, debía aceptar que esa mujer le causaba algo raro dentro, algo como un efecto sedante que sólo podía atribuírsele a las primeras sustancias que el cerebro libera cuando se está ante una posible "pareja" y que inician el molesto ritual de apareamiento junto a su batalla interna de controlar esos innecesarios impulsos cavernícolas.

Alanriace Blutkreislauf- Puntos: 145901
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
¿Cómo esquivar la mirada penetrante de aquel sujeto y perderse de aquellos instantes en que mostraba una sutil y tentadora sonrisa? No iba a dejar escapar ninguna oportunidad de analizar cada faceta, cada expresión e interrogarme el porqué de cada una de ellas. El misterio lo rodeaba como una guirnalda navideña al abeto, y eso hacía elevar mi curiosidad.
*¿Quién crees que lleva la delantera en el descubrimiento de cada quien?* Mi hermana parecía estar preocupada ahora y, extrañamente, quería la conversión. Eran escasas las oportunidades en las que lo pedía con tan profundo sentimiento. Claramente estaba comprendiendo mi interés, y no solamente por la información que podría brindarme acerca de mi odiado. Detestaba cuando no tomaba en serio mis palabras, pero no iba a pisar dos veces la misma piedra sin antes confirmar su firmeza y solidez, si es que llegaba a pisarla. Conocía esos estorbos en el camino, aquellos que simplemente se podían patear, los que te hacen trastabillar o caer. Todos dejando una experiencia, algunas veces gratas y otras no tan. Los íncubos eran buenos en los engaños, más también los de nuestra especie buenos en descubrirlos, aunque a veces el exceso en sentimientos nubla la vista dejando ocultos factores tan claros como el agua fresca de manantial.
De más está decir que le prohibí por completo la aparición a Hazbee, más estando con el galán enfrente y en un ambiente público. ¿Qué intentas hacer? ¿Estás desequilibrada? Cálmate, por favor. A continuación cité una frase de una obra musical que había interpretado hacía no más de un año para responderle su duda, He knows that I’m broke, but I must play... Y el silencio en mi interior tomó papel protagónico cual noche en altamar, en un clima cálido y tranquilo, dejándome llevar por la acompasada marea del jazz que envolvía mi piel. Por lo menos eso creía. Sus sonrisas mostraban un interés particular en lo que venía diciendo a pesar de su despreocupación en las palabras, y no quería demostrar mi debilidad frente a él, aunque quizás ya era demasiado tarde. Sus palabras me hacían avivar y apagar cual niño corroborando cuántas veces la piedra del encendedor funciona mientras tenga gas. No me negué a darle otra vuelta al asunto, raramente ahora lo controlaba. ¿Qué se le iba a hacer? Después de todo yo también quería conocerlo más… a fondo.
Con una media sonrisa creada por sus palabras justas, hablé sobre el tema. –En nuestra tierra, las noches nubladas han estado siguiéndome con cada paso que daba, rodeada de iguales y particulares, la densa neblina juega en contra y uno trata de atravesarla como héroe en la invidencia permanente. Pero la agudeza en el resto de los sentidos nos libera de inquietudes y esclarece la percepción, volviéndose tan traslúcido como el cristal.– acaricié con la punta de mis dedos el pie de la copa que con mi mano se encontró -La tormenta llegó y en un intento desesperado de que acabara, logró despojar parte de la esencia que uno posee.- pausé por un instante, había ya hablado demasiado. –La tormenta no había terminado, siguió su curso alejándose del punto de partida a la espera del comienzo del severo y respetuoso juego formal de caza para recuperar lo perdido y darle un final digno de su valor.- Sin desviar en ningún momento la mirada de sus ojos concluí. No vi la necesidad de crear ninguna pregunta, de tentarla en un gesto ni mucho menos de cambiar el tema. Las palabras llenaron aquel hueco que él había creado para ser completado y sólo le ofrecía el pequeño tiempo que se toma una persona para sopesar lo dicho.
Sostuve la copa de vino y bebí un sorbo, más para mi hermana que parecía necesitarlo con un desespero ahogado en nuestro interior, sus sentimientos estaban aflorando y me dificultaba cada vez más apartarlos de la cita. Su costumbre era preocuparse de más, cuidar excesivamente de mi cuerpo y mente, incrementándose esa labor desde hace un siglo por la supuesta baja emocional que ella creía que había tenido. Puras patrañas. A pesar de ello, esa dedicación por mí no era suficiente para que la amara. Ella sabía muy bien que veía en su ser una futura traidora como Claude Fausto Moncrieff. Tan perfecto sonaba su nombre como él parecía serlo, que inconscientemente pasé la punta de mi lengua por la comisura izquierda de mis labios. Pero no iba a permitírselo jamás, antes la haría caer en el sueño fatal de no sentir, aunque tenga que acompañarla.
*¿Quién crees que lleva la delantera en el descubrimiento de cada quien?* Mi hermana parecía estar preocupada ahora y, extrañamente, quería la conversión. Eran escasas las oportunidades en las que lo pedía con tan profundo sentimiento. Claramente estaba comprendiendo mi interés, y no solamente por la información que podría brindarme acerca de mi odiado. Detestaba cuando no tomaba en serio mis palabras, pero no iba a pisar dos veces la misma piedra sin antes confirmar su firmeza y solidez, si es que llegaba a pisarla. Conocía esos estorbos en el camino, aquellos que simplemente se podían patear, los que te hacen trastabillar o caer. Todos dejando una experiencia, algunas veces gratas y otras no tan. Los íncubos eran buenos en los engaños, más también los de nuestra especie buenos en descubrirlos, aunque a veces el exceso en sentimientos nubla la vista dejando ocultos factores tan claros como el agua fresca de manantial.
De más está decir que le prohibí por completo la aparición a Hazbee, más estando con el galán enfrente y en un ambiente público. ¿Qué intentas hacer? ¿Estás desequilibrada? Cálmate, por favor. A continuación cité una frase de una obra musical que había interpretado hacía no más de un año para responderle su duda, He knows that I’m broke, but I must play... Y el silencio en mi interior tomó papel protagónico cual noche en altamar, en un clima cálido y tranquilo, dejándome llevar por la acompasada marea del jazz que envolvía mi piel. Por lo menos eso creía. Sus sonrisas mostraban un interés particular en lo que venía diciendo a pesar de su despreocupación en las palabras, y no quería demostrar mi debilidad frente a él, aunque quizás ya era demasiado tarde. Sus palabras me hacían avivar y apagar cual niño corroborando cuántas veces la piedra del encendedor funciona mientras tenga gas. No me negué a darle otra vuelta al asunto, raramente ahora lo controlaba. ¿Qué se le iba a hacer? Después de todo yo también quería conocerlo más… a fondo.
Con una media sonrisa creada por sus palabras justas, hablé sobre el tema. –En nuestra tierra, las noches nubladas han estado siguiéndome con cada paso que daba, rodeada de iguales y particulares, la densa neblina juega en contra y uno trata de atravesarla como héroe en la invidencia permanente. Pero la agudeza en el resto de los sentidos nos libera de inquietudes y esclarece la percepción, volviéndose tan traslúcido como el cristal.– acaricié con la punta de mis dedos el pie de la copa que con mi mano se encontró -La tormenta llegó y en un intento desesperado de que acabara, logró despojar parte de la esencia que uno posee.- pausé por un instante, había ya hablado demasiado. –La tormenta no había terminado, siguió su curso alejándose del punto de partida a la espera del comienzo del severo y respetuoso juego formal de caza para recuperar lo perdido y darle un final digno de su valor.- Sin desviar en ningún momento la mirada de sus ojos concluí. No vi la necesidad de crear ninguna pregunta, de tentarla en un gesto ni mucho menos de cambiar el tema. Las palabras llenaron aquel hueco que él había creado para ser completado y sólo le ofrecía el pequeño tiempo que se toma una persona para sopesar lo dicho.
Sostuve la copa de vino y bebí un sorbo, más para mi hermana que parecía necesitarlo con un desespero ahogado en nuestro interior, sus sentimientos estaban aflorando y me dificultaba cada vez más apartarlos de la cita. Su costumbre era preocuparse de más, cuidar excesivamente de mi cuerpo y mente, incrementándose esa labor desde hace un siglo por la supuesta baja emocional que ella creía que había tenido. Puras patrañas. A pesar de ello, esa dedicación por mí no era suficiente para que la amara. Ella sabía muy bien que veía en su ser una futura traidora como Claude Fausto Moncrieff. Tan perfecto sonaba su nombre como él parecía serlo, que inconscientemente pasé la punta de mi lengua por la comisura izquierda de mis labios. Pero no iba a permitírselo jamás, antes la haría caer en el sueño fatal de no sentir, aunque tenga que acompañarla.

Alice Aldridge- Puntos: 117395
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
La copa se congeló en su lugar al igual que su mano, la sonrisa se borró de su rostro y todo se volvió oscuro a su alrededor, ya no escuchaba a los músicos, ya no veía a los demás presentes ni tenía conciencia de los otros seres que ocupaban el espacio en esa estancia. Ahora, tan concentrado en un objetivo de profundo interés como la mujer que tenía frente a si, podía intentar comprender de la mejor manera posible su enredada maraña de personalidad... y lo que sintió no le gustó. Identificó algo, un dejo que casi pasa desapercibido si no fuera por el esfuerzo extra que ponía: se rendía. Su espíritu perdía fuerza, su aura se volvía patética y añeja, consumida por alguna preocupación, moría de a poco y su luz flaqueaba como tantos otros que ya habían sucumbido ante su análisis.
Sin embargo, la balanza en su interior silencioso, metálico, frío y calculador, se inclinaba caprichosamente hacia no dejarla ir. No podía ser inconsecuente con sus propios designios y buscó una explicación a ellos: sentido paternal? Si, claro... como si esa sucubo pudiera necesitar ayuda, lo descartó enseguida. Cariño? No recordaba cuándo había sido la última vez que había sentido esa emoción, así que era muy poco probable. Atracción? Como todos los días ante diferentes seres, pero con este resultaba algo más pujante... y al fin dio con algo que podía ser una respuesta más concreta: había caído en alguna de sus trampas que no había identificado ni en el momento de ser víctima ni ahora mismo.
Ni recordaba sentirse vulnerable en ningún caso, no había razón. Entonces, por qué habría caído? Tal vez no era así y resultaba ser la teoría de la atracción la que tomaba más fuerza... y como ya se volvía estúpido seguir buscando una respuesta a lo inexplicable, lo dejó.
Guardó silencio sagrado (si es que esa palabra pudiera aplicarse en ese caso) mientras ella intentaba mantener los ojos puestos en los propios y decía "intentaba" porque bien podía interpretarse que más tenía su visión vuelta "hacia adentro", auto-inspección. Y podría haberle dado todo el tiempo del mundo, como concluyó cuando vio el resultado. Linda metáfora, se notaba la improvisación, pero vamos... qué mortal podría llegar a transcribir una historia traumante en una obra como esa? Notable, sin duda.
Otra sonrisa más cálida que lo normal.
- Parece que más que tu cuerpo, Fausto logró hacerse con un buen trozo de tu orgullo... - habría apoyado la cabeza en su mano respaldada en la superficie de blanco mantel, pero prefirió mantener la postura firme, simétrica y cómoda en la silla - Crees que te encuentras en condiciones de entrar una vez más en esa tormenta a intentar recuperar lo que es tuyo? Y más aún, planeas acabar con esa tormenta, no es así? - dejó las palabras clavadas en un cuerpo ya bien herido, de por si, pero que sabía que resistiría sin flectar una rodilla siquiera - Te das cuenta de que estás construyendo castillos en el aire? Y no sólo eso, también pretendes asegurarte de que las nubes de la desesperación no los cubran, cosa que es practicamente imposible dado el curioso caso de que estás construyendo en el cielo... - no esperaba que su propio intento de metáfora le hiciera más sentido que el de ella, pero no tenía miedo de intentar hablar en su idioma - Estás siendo insensata... y eso se paga caro -
No hubo trago que atravesara su garganta esta vez, se limitó a sostenerle la mirada con la dura y pétrea propia, una que guardaba para cuando quería hacerse entender en serio, cuando, de forma casi improbable, algo le interesara.
Sin embargo, la balanza en su interior silencioso, metálico, frío y calculador, se inclinaba caprichosamente hacia no dejarla ir. No podía ser inconsecuente con sus propios designios y buscó una explicación a ellos: sentido paternal? Si, claro... como si esa sucubo pudiera necesitar ayuda, lo descartó enseguida. Cariño? No recordaba cuándo había sido la última vez que había sentido esa emoción, así que era muy poco probable. Atracción? Como todos los días ante diferentes seres, pero con este resultaba algo más pujante... y al fin dio con algo que podía ser una respuesta más concreta: había caído en alguna de sus trampas que no había identificado ni en el momento de ser víctima ni ahora mismo.
Ni recordaba sentirse vulnerable en ningún caso, no había razón. Entonces, por qué habría caído? Tal vez no era así y resultaba ser la teoría de la atracción la que tomaba más fuerza... y como ya se volvía estúpido seguir buscando una respuesta a lo inexplicable, lo dejó.
Guardó silencio sagrado (si es que esa palabra pudiera aplicarse en ese caso) mientras ella intentaba mantener los ojos puestos en los propios y decía "intentaba" porque bien podía interpretarse que más tenía su visión vuelta "hacia adentro", auto-inspección. Y podría haberle dado todo el tiempo del mundo, como concluyó cuando vio el resultado. Linda metáfora, se notaba la improvisación, pero vamos... qué mortal podría llegar a transcribir una historia traumante en una obra como esa? Notable, sin duda.
Otra sonrisa más cálida que lo normal.
- Parece que más que tu cuerpo, Fausto logró hacerse con un buen trozo de tu orgullo... - habría apoyado la cabeza en su mano respaldada en la superficie de blanco mantel, pero prefirió mantener la postura firme, simétrica y cómoda en la silla - Crees que te encuentras en condiciones de entrar una vez más en esa tormenta a intentar recuperar lo que es tuyo? Y más aún, planeas acabar con esa tormenta, no es así? - dejó las palabras clavadas en un cuerpo ya bien herido, de por si, pero que sabía que resistiría sin flectar una rodilla siquiera - Te das cuenta de que estás construyendo castillos en el aire? Y no sólo eso, también pretendes asegurarte de que las nubes de la desesperación no los cubran, cosa que es practicamente imposible dado el curioso caso de que estás construyendo en el cielo... - no esperaba que su propio intento de metáfora le hiciera más sentido que el de ella, pero no tenía miedo de intentar hablar en su idioma - Estás siendo insensata... y eso se paga caro -
No hubo trago que atravesara su garganta esta vez, se limitó a sostenerle la mirada con la dura y pétrea propia, una que guardaba para cuando quería hacerse entender en serio, cuando, de forma casi improbable, algo le interesara.

Alanriace Blutkreislauf- Puntos: 145901
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Re: El pasado, el rencor. [Priv. Alanriace]
Hazbee estaba incomodándome demasiado, más que otras veces. Ya no intentaba calmarme la ira producida por el tema que tratábamos en la mesa, ni hablaba sus necedades que solía hacer. Peor aún, se alteraba, se preocupaba y comenzaba a revolvérsele el interior que compartíamos, cuestión que no era del todo agradable y manejable. De algún modo mi concentración aumentaba, apagando la llama que mi hermana estaba avivando con su perturbación, evitando inmutar el rostro o el tono de voz, tratando de mantener el papel que me tocaba interpretar en ese momento y lugar en particular. Dejar ver las heridas íntimas con soltura no era característica mía, menos delante de un desconocido y aún más lejos, de un íncubo. Había mucho más en el fondo de la cuestión, Fausto no solamente había robado mi esencia y mi orgullo…
Era entendido, no lo había dudado desde el momento en que lo vi por vez primera y también bueno para complementar. Sus palabras parecían tener intención de agitar el asunto, de revolverlo en mi interior con suma delicadeza, firmeza y… degustación, saboreando el efecto que ellas producían con la intensidad de su mirada, fría y tajante. Le agradaba su forma de expresarse, sin rodeos ni suavizantes. Dejé la copa de pie fino y boca ancha sobre la mesa, aún conteniendo el agradable vino elegido a la perfección.
-Ya no hay nubes en el trayecto, el camino está despejado y libre de molestias, pero las curvas son cerradas en el amplio mundo humano. Varias rutas y miles de formas de ocultar las pisadas que apenas se marcan en el sendero. Aún así, uno se aventura a comenzar un viaje nuevo, misterioso y, posiblemente, deliciosamente provechoso para descubrir una simple señal, un simple rastro que de la perspectiva de un destino final, con el toque extra del disfrute del ticket de partida. Claro que sólo tomo vuelos de primera clase, lo que me asegura la solidez y autenticidad de la estructura.- Suspicazmente sonreí. Él estaba demasiado rígido, más de lo que comúnmente aparentaba, le ofrecería algo más fuerte de beber, pero no estaba la situación como para dejarse llevar por bromas de mal gusto. Hazbee rió, por fin. Me limité a continuar. –No hay emoción que turbe el accionar, ni la más grande ira, ni el más poderoso rencor influye en la cacería que fue premeditada.- Hice que el contacto visual entre ambos sea más penetrante, para dejarle en claro que no estaba aturdida por lo que mi presa me causaba, ni lo que planeaba hacerle.
Aproveché para detallar aquella mirada en el rostro claro de mi acompañante, perfectamente anguloso; si bien era fría, seca y calculadoramente misteriosa, el verde era profundo. ¿Será que hay alguien diferente bajo aquel porte duro y disciplinado? No sabría decirlo con certeza, muchos aparentan para ocultar sus propósitos, otros para corresponder, otros por gusto y quién sabe cuántas otras razones más en las retorcidas mentes existen. Me intrigaba.
-Ya he pagado mi cuota, la insensatez ha quedado en el pasado.- continué -Espero haber respondido tu duda, Alanriace. Puedo aventurarme a considerar que algo de todo este asunto está tocándote el extremo más lejano de la curiosidad. ¿Estás falto de diversión que la historia de una súcubo desconocida te entretiene hasta el punto de sonar tan… interesado?- Cambié el adjetivo por una cuestión de respeto, no pretendía incomodarlo desde el vamos, aunque ya estábamos un tanto más allá. Dejé la pregunta en el aire, no desvié la mirada pero sí me tentaba ojear sus labios. Me contuve y bebí otro sorbo de vino.
Era entendido, no lo había dudado desde el momento en que lo vi por vez primera y también bueno para complementar. Sus palabras parecían tener intención de agitar el asunto, de revolverlo en mi interior con suma delicadeza, firmeza y… degustación, saboreando el efecto que ellas producían con la intensidad de su mirada, fría y tajante. Le agradaba su forma de expresarse, sin rodeos ni suavizantes. Dejé la copa de pie fino y boca ancha sobre la mesa, aún conteniendo el agradable vino elegido a la perfección.
-Ya no hay nubes en el trayecto, el camino está despejado y libre de molestias, pero las curvas son cerradas en el amplio mundo humano. Varias rutas y miles de formas de ocultar las pisadas que apenas se marcan en el sendero. Aún así, uno se aventura a comenzar un viaje nuevo, misterioso y, posiblemente, deliciosamente provechoso para descubrir una simple señal, un simple rastro que de la perspectiva de un destino final, con el toque extra del disfrute del ticket de partida. Claro que sólo tomo vuelos de primera clase, lo que me asegura la solidez y autenticidad de la estructura.- Suspicazmente sonreí. Él estaba demasiado rígido, más de lo que comúnmente aparentaba, le ofrecería algo más fuerte de beber, pero no estaba la situación como para dejarse llevar por bromas de mal gusto. Hazbee rió, por fin. Me limité a continuar. –No hay emoción que turbe el accionar, ni la más grande ira, ni el más poderoso rencor influye en la cacería que fue premeditada.- Hice que el contacto visual entre ambos sea más penetrante, para dejarle en claro que no estaba aturdida por lo que mi presa me causaba, ni lo que planeaba hacerle.
Aproveché para detallar aquella mirada en el rostro claro de mi acompañante, perfectamente anguloso; si bien era fría, seca y calculadoramente misteriosa, el verde era profundo. ¿Será que hay alguien diferente bajo aquel porte duro y disciplinado? No sabría decirlo con certeza, muchos aparentan para ocultar sus propósitos, otros para corresponder, otros por gusto y quién sabe cuántas otras razones más en las retorcidas mentes existen. Me intrigaba.
-Ya he pagado mi cuota, la insensatez ha quedado en el pasado.- continué -Espero haber respondido tu duda, Alanriace. Puedo aventurarme a considerar que algo de todo este asunto está tocándote el extremo más lejano de la curiosidad. ¿Estás falto de diversión que la historia de una súcubo desconocida te entretiene hasta el punto de sonar tan… interesado?- Cambié el adjetivo por una cuestión de respeto, no pretendía incomodarlo desde el vamos, aunque ya estábamos un tanto más allá. Dejé la pregunta en el aire, no desvié la mirada pero sí me tentaba ojear sus labios. Me contuve y bebí otro sorbo de vino.

Alice Aldridge- Puntos: 117395
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