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Hace 6 años se creó esta comunidad con la intención de unir a los roleros y crear una familia. Hoy me es grato decir que se ha cumplido desde el inicio. Bienvenidos a Éadrom, bienvenidos a Takemori.

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Muchas gracias!
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Espíritus libres [Ryuusuke Ray Minami]

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Tema Privado Espíritus libres [Ryuusuke Ray Minami]

Mensaje por Amélie Grindelwald el Dom Dic 11, 2016 8:37 pm

- ¡Atrápenla!
Bajo el manto de oscuridad que ahora azotaba la ciudad, el cuerpo de una muchacha se movía entre la maleza. Ya no había paz, ya no había amor entre todos. Todo se resumía entre el caos que azotaba la ciudad después de la caída de los trozos de esfera. Ni siquiera los seres de luz, como ella, estaban a salvo. No importaba si eras inocente o culpable, solo importaba derramar sangre.
Aquella albina no era la única corriendo. Podía escuchar y observar a varias personas cerca de ella esquivando cuantas ramas podían, enredándose entre la maleza, respirando entrecortadamente mientras luchaban pos sobrevivir.
La respiración de Amélie empezaba a volverse agitada. Observó a dos personas cruzarse en su camino, tomando dirección hacia la derecho. Apenas podían verse sus sombras, mas sus esencias eran suficientes. Todos se hallaban temerosos.
Las piernas de la muchacha se volvieron pesadas hasta negarse a avanzar.
- Ah, no puedo más – susurró tocando su costado derecho. Varias hincadas se extendían por su cuerpo.
Se agachó entre el pasto, escuchando como las voces y pisadas de la gente armada se volvía más cercana.
Amélie volteó, observando como a tan solo unos metros de ella se encontraba un hombre apuntando con un arma a alguien. Ante el ruido del disparo, ella cerró los ojos fuertemente. Su cuerpo adquirió la forma de un lobo blanco en su totalidad. Sus patas tocaron la tierra mojada y emprendieron una huida rápida.
El sonido se volvió lejano hasta el punto de escuchar únicamente su respiración agitada. Sus patas chocando contra el suelo y su corazón latiendo rápidamente eran síntomas de la adrenalina invadiendo su cuerpo. Pronto, escuchó un grito espantoso que resonó en su cabeza. Se giró con terror, parando y ocultándose entre los arbustos. Metió su hocico entre las plantas y observó como uno de los hombres armados apuntaba a una niña. La mirada de aquella pequeña fue motivo suficiente para que se armase de valor.
Su cuerpo dio un salto y rápidamente, ante la sorpresa del hombre, clavó sus colmillos en el brazo que llevaba el arma. La niña y el hombre pegaron un grito. Nunca había mordido a nadie en su vida, siempre había sido una loba mansa desde que llegó a ese mundo. Cerró los ojos intentando evitar degustar aquella sangre que ahora recorría también su pelaje blanco. Para cuando abrió los ojos, la niña se había marchado y el hombre se hallaba agonizando entre el pasto.
Amélie soltó de a pocos el cuerpo del hombre. Retrocedió anonadada mientras los gritos del hombre se reproducían una y otra vez en su mente. Él ya no la observaba, simplemente miraba el cielo buscando algún consuelo.
Sin pensarlo dos veces, corrió sin detenerse adentrándose en el bosque. Su vista se hallaba nublada. El olor de la sangre fresca recorría su olfato desarrollado. Una luz tenue pudo hacerse visible. Entre el cansancio, su pelaje fue convirtiéndose en piel. Pasó su muñeca, limpiando la suciedad de sus ojos y, poco a poco, fue observando como frente a ella se hallaba claro. Gateo sintiendo su cuerpo pesado. Sus vestidos eran pisoteados por sus rodillas. No tenía fuerzas para caminar ni para seguir huyendo. Solo tenía los gritos de aquel hombre en su mente, provocando que su mirada comenzase a perderse al igual que su mente en los recuerdos ¿En qué se estaba convirtiendo?






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Tema Privado Re: Espíritus libres [Ryuusuke Ray Minami]

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Mar Dic 20, 2016 10:00 am

Por su vida o la de muchos, un tanque de oxígeno más que aireara los pulmones, jadeos caninos que se perdían entre la fronda y la noche – Izquierda – susurraba siendo necesario tener vista de águila para leerle los labios, era suficiente para su compañero que no precisaba verlo. Las orejas se movían nerviosas al más mínimo sonido reconociendo qué hacer. Cómo. Rodillas que se esforzaban al máximo haciendo efervescer la energía contenida con cada salto, doblez, giro, flexión y posterior acrobacia corporal. Los brazos no se quedaban atrás, sin embargo, las patas superaban cualquier escollo estando siempre por delante del sujeto más grande, no era perseguido sino cuidado, mejor que un guardaespaldas porque le guardaba el lomo. El humano aceleró agitando su pecho con tal de posar una mano en la cabeza de su perro, ambos deteniéndose al unísono en esa señal física previamente arreglada entre ambos.

Parecían incansables aunque Ryuusuke enseñaba zonas perladas en sudor de su piel, y Beck jadeaba como si fuera una turbina con pulgas, curioso el completo silencio reinando allí donde ellos pisaban, procurando no ser descubiertos al mismo tiempo de avanzar tanto como pudieran. A cierta distancia se habían parapetado tras gruesos troncos en la zona que intermediaba la más nueva con los inicios de la vieja del enorme bosque, visto desde el cielo en el día parecía una alfombra verde con manchas marrones, ocres, doradas, naranjas y rojas. Se suponía estaban en mitad del otoño pero algo había pasado, extraño, haciendo al clima un enfermo esquizofrénico dispuesto a atormentar a las pobres almas allá abajo plantadas en tierra. La luna parecía menos brillante que de costumbre – ¿Qué le pasa a la gente? – tuvo que decirlo para no verse afectado por la locura en aquellas primeras personas vistas horas atrás cuando despertó, esperando otro día la mar de normal y aburrido en la Capital de la Paz y Armonía. Mis polainas, eso ya no sería cierto de ahora en adelante.

Entre la oscuridad se podía vislumbrar a lo lejos ráfagas de distintos colores, pero los que más le alarmaban a él eran aquellos comúnmente asociados al fuego, estimaba las columnas de humo culpables de velar ciertos sectores de la noche estrellada, mas todavía Ray se hallaba en la parte más alejada del bosque, boscosa y llena de vida. La preocupación se sentía en el aire cual caricia de la muerte, escalofriando huesos, almas ”Es como… Estar en cualquier otra parte del mundo” comparaba el ambiente al caos que en mayor o menor medida arropaba a los países en general delimitados en la tierra no sumergida de nuestro planeta ”Ya no habrá tranquilidad” en su fuero interno no tenía cabal razón o información clara de cuánta verdad poseía al pensar así, solamente expresaba sus más profundas corazonadas. El cerebro trabajaba a mil por hora, mientras el corazón angustiado bombeaba la incertidumbre por cada una de sus fibras, en cada músculo, articulación que le conformaba.

Los gritos bastante ahogados que provenían de seres vivos pensantes, la manera en que eran acabados sin más tiempo que el de un parpadeo; mucho menos le agradaba ese estallido repetido sabiendo que no se trataba de artificios para alegrar la vista, no eran los ruidos que harían fuegos voladores capaces de asombrar Bullets – tanteó en el interior de su chaqueta buscando cierta seguridad, si es que era poca, peor es nada, si le era permitido sentirla y hasta imaginarla, apenas le importaba. Apretó el puño sacándolo de su ropa, sin nada que agarrar excepto ese tronar de las falanges, abriendo los dedos en esa diestra donde descubrió un ligerísimo pulso distinto ”¿Temblores?”. Su condición humana, muy simple, resultaba chocante a veces en un mundo perfecto como este en el cual el vecino podía ser un ángel encubierto, y tu compañero de clases lograba realizar trucos de magia sobre la chica que quería enamorar sin saber que ella era inmune gracias a su sangre lupina ”Todo eso es inútil aquí”, la experiencia del pelinegro relucía imperturbable, tanto que nadie la vería de cerca de no ser que él lo quisiera. El lado oscuro de la Luna era más negro, la vieja analogía que le gustaba usar en la rutina de comportarse débil, muy fácil de predecir, horrendamente humanizado. Tenía talentos, es verdad, pero de lo que eran capaces las demás razas jamás lo igualaría; su linaje no era parte de ningún pacto antiguo, no había intercedido algún ser superior, macabro o benigno, en pos de “mejorar” su genética. Perdido en el tiempo estaba su rama de la evolución sin hallar otra cosa que pelaje perdido hasta diferenciarse de los monos, herramientas y en la cúspide de sus habilidades: la inteligencia. Inteligencia para perseguir el alimento que migraba, para crear cosas que facilitaran la vida, disminuir las tasas de mortalidad tempranas en todos los rangos de edades, viajar por el mundo en pos del descubrimiento… Para destruir, además. Excelente en ese último apartado era el ser humano, aprovechando las falencias y esa blanda carne tan fácil de desmembrar, perforar y desintegrar – Me dan asco – los vio, por fin, directamente. Ver morir y matar independientemente de quiénes se trataran o los propósitos que tuvieran, porque niños también morían e incluso había personas con armas que dudosamente eran mayores de edad.

”¡¿Qué ocurre en la ciudad, por qué disparan por la espalda?!”

La pregunta que bien se dividía en dos pero su mente iba veloz mezclando los signos de interrogación con los de sorpresa malvenida, Beck gruñía por lo bajo y se le erizaban los pelos del lomo hasta la punta de la cola – Shhh –, en otras ocasiones el perro desobedecía divertido al bípedo masculino, ahora mismo era de esas contadas excepciones puesto que la vida correría peligro si se atrevía a saltar a pesar de toda la tensión muscular en las patas flexionadas dispuestas a atacar. Era un animal, pero no estúpido.

Se mantuvieron ocultos intentando adivinar qué hacer. Los estuches colgando en los lomos de ambos, rozaban con la corteza añeja.

Sucedieron dos disparos – Bang! Bang! –


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Tema Privado Re: Espíritus libres [Ryuusuke Ray Minami]

Mensaje por Demian Serkin el Mar Mar 07, 2017 2:56 am


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Takemori
Este tema ha sido cerrado y trasladado a la papelera debido a que lleva más de dos meses inactivo.
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Tema Privado Re: Espíritus libres [Ryuusuke Ray Minami]

Mensaje por Sebastian Michaelis el Dom Mar 12, 2017 1:33 pm


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Tema Privado Re: Espíritus libres [Ryuusuke Ray Minami]

Mensaje por Amélie Grindelwald el Mar Abr 04, 2017 6:50 pm

https://www.youtube.com/watch?v=lgr1DWKxBmg
2 horas antes
Si alguien se diera el tiempo de buscar un culpable, realmente no lo encontraría. Habrían miles de nombres en sus cabezas, desde las personas con poder hasta sus propias familias y seres queridos. Nadie estaba a salvo de la traición, nadie.

En medio del caos, miles de personas corrían de un lado a otro en medio de las pistas frente a un centro comercial. La carretera en doble dirección se había convertido en un estacionamiento, pues entre los desastres y accidentes, no había forma de avanzar. Estábamos todos atrapados y cada uno de nosotros lo sabíamos.
No había rastro de la ciudad de la luz, ni en su gente, ni en sus ojos, ni en sus actos.

La cabeza de una pequeña niña de melena castaña rebotaba contra el pecho de una muchacha mayor. Sus cabellos blancos ocultaban parte del rostro de la pequeña, al igual que su sudor y lágrimas de susto. Desde hacia 2 días, Anie había sido víctima de una de las enfermedades que ahora se propagaban en Éadrom. Su tía había desaparecido y, por más que Amélie estuviese consiente de que no eran su familia real, nunca dejaría sola a esa pequeña niña.
Las medicinas se habían agotado y, por más que buscara, no había forma de conseguirlas. Por todos lados siempre había el mismo resultado: las tiendas eran saqueadas en su totalidad al igual que las farmacias. El pánico se hacía cada vez más grande y no había nada que nos salvase.
- Aguanta, por favor - habló la muchacha albina apretando contra su pecho a la niña.
Ella lo sabía, no podía dejarla sola en casa, podría empeorar.

Los gritos, los disparos, la lluvia empezando a caer, el tumulto de personas que te empujaban de un lugar a otro producto del miedo. Nadie podía salvarnos. Nadie más que nosotros mismos.

Como un llamado al cielo, Amélie miró las nubes en medio de la oscura noche, rogando por ayuda ¿De qué servía tener tanto poder si no lo podías usar? Aquello sinceramente le causaba impotencia.
Su cuerpo había empezado a rechazar cualquier forma de sanación externa, como si mutara producto de la ‘dichosa enfermedad’ que afectaba a la gente con poderes.

Con pocas esperanzas, bajó la cabeza, paseando por el lugar. Tal vez, si solo se fijaba con detenimiento por unos segundo podría hallar lo que buscaba… y así fue.
En una esquina algo alejada del tumulto, había una farmacia con el portón cerrado.

Con las pocas fuerzas que tenía, sus piernas corrieron con fuerza hacia el lugar. Disponía de poco tiempo antes de que alguna otra persona se diera cuenta, debía actuar rápido.
Dejó a Anie sentada en la acera, observándola de forma cansada.
- Tita, quiero ir a casa -susurró ella tallados los ojos con sus pequeñas manos.
- Pronto - dijo Amélie tomando entre sus manos una varilla de metal.
Se aproximó hacia el portón e intentó abrirlo con sus manos. Aquello parecía imposible.
- ¡Aaargg! -gritó de impotencia golpeando la puerta de metal.
Anie la observaba en silencio.

Lo siguiente que pasó sucedió tan rápido que tomó por sorpresa a todas las personas. En medio del caos, la explosión de un auto alertó a todos. En un abrir y cerrar se ojos, las personas corrían en dirección a Amélie y Anie.
- ¡Tita!
Fue lo último que logró escuchar. Sus manos se rozaron, más no hubo agarre. El cuerpo de Amélie fue arrastrado hacia adelante, cayendo de rodillas sobre el pavimento. Por más que intentó levantar su cabeza, las pisadas solo hacían que su cuerpo se debilitara hasta quedar inconsciente.


Su vista paseó por el entorno. Los árboles parecían más grandes que nunca o era el simple hecho de sentirse indefensa. No sabía donde se encontraba y no tenía fuerzas para intentar averiguarlo. Había una guerra en su interior, una con dos bandos: seguir o dejarse caer.

Tapó sus orejas una vez más, intentando quizá anular los gritos del hombre. Sus labios, sus dientes y sus ropas se hallaban llenas de sangre. Cualquiera que la viese pensaría que atacaría.
se arrastró a cuestas, observando un lago a unos metros. Cuando su mano apenas tocó el agua, movió sus dedos para disfrutarla. Quería lavarse la cara y todo el cuerpo para quitarse el recuerdo. Lo necesitaba, necesitaba dejar ir todo.

Tirada sobre el pasto, exhausta, observó el cielo con cierta confusión. Las estrellas brillaban aparentando tranquilidad. Deseó poder tener la suerte de ellas, mas sabía que era imposible. Algo en su interior se sentía vacío y triste, como si le hubiesen arrebatado una parte de su ser.
Sus ojos heterocromáticos se cerraron por unos segundos. Jamás había sentido el cuerpo tan pesado como en ese momento. Aquel vacío extraño en su ser se expandió hundiéndola en tristeza. Sin embargo, aquello no la detenía, al contrario, comenzaba a darle fuerzas. Algo en su interior le pedía a gritos que se levantara y siguiera, y ella deseaba hacerle caso.
Usó sus brazos para poder reincorporarse. A cuestas, pudo sentarse sobre el gras. Sus cabellos manchados de sangre caían sobre sus rodillas. Solo tomaría un respiro y seguiría.

Mas aquello no sucedió. El sonido de unos pisadas la alertaron. Levantó la cabeza, revelando su rostro manchado de sangre. Lo único que alcanzó a ver entre las sombras fue un destello dirigido hacia ella seguido de otro. El primero le dio en medio del pecho y el segundo en el brazo derecho.
Su cuerpo cayó al suelo boca arriba. Sus ojos se volvieron más pesados que nunca. Lo último que vería sería el cielo. Aquel lugar extraño envuelto en oscuridad. Una oscuridad acogedora.






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