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Después de clases.
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Después de clases.
Terminada la jornada de lo que fuera su primer día de clases. Su cabeza daba vueltas entre los recuerdos de los chicos bromeando o jugueteando entre las explicaciones que anoche había repasado. Todo había salido de maravilla, incluso las insistentes conversaciones de los jóvenes de esa tarde estaban dentro de los planes y fueron muy bien recibidas por todos, aún los chistes y las bromas. Sus manos jugueteaban entre los informes que acomodaba en un costado del escritorio acomodándolos con orden y pulcritud, luego los desordenaba a conciencia y volvía a empezar.
A través de los ventanales la luz de un atardecer rojizo se colaba y hacía que los elementos metálicos brillaran dibujando lindas lucecitas en las paredes, detalles de la vida que a cualquiera podrían hacerlo sonreír si sólo pudieran identificarlos.
Recordó las luces de la aurora boreal que podía ver en primera fila en su palco celestial junto a sus compañeros de batalla cuando no estaban combatiendo demonios salvajes que se infiltraban por todos lados. Viejos y dulces tiempos en que las preocupaciones no equiparaban los placeres. Muchos demonios podían existir, pero los ángeles tenían fé y voluntad, la mejor combinación de combustibles posible, una que puede ser eterna si se sabe aprovechar y manejar.
Borró la sonrisa de su rostro.
El instituto Takemori era un lugar apacible y habían muchos jóvenes en busca de respuestas que él podía darles, pero que en el momento indicado para que fueran aprovechadas, siempre siguiendo la voluntad de Dios, siempre ayudando a quien lo necesitara por simple amor al prójimo, demasiado simple como para que estas criaturas humanas complejas y esclavas del dinero y lo material pudieran entenderlo. Por eso debía encontrar el instante perfecto...
- "No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová y haz el bien, habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad..." -
Como cada vez que no sabía cómo sacarse malos pensamientos de la cabeza, rezó uno de sus salmos favoritos. Siempre fue ridiculizado por aprenderlos, incluso por sus mismos subordinados, esos meros ángeles de su ejército, los más pequeños y novatos en el arte de la batalla... y los otros arcángeles siempre le replicaban que debía poseer mano más dura para con los soldados.
- "Deléitate asimismo en Jehová y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, confía en Él y Él hará. Exhibirá tu justicia como la luz y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades..."-
Pronto anochecería y no tenía ganas de volver a su cuarto, sólo quería poder tener la posibilidad de "apagarse" un momento, encontrarse el botón de encendido y desactivarlo al menos por un par de horas.
A través de los ventanales la luz de un atardecer rojizo se colaba y hacía que los elementos metálicos brillaran dibujando lindas lucecitas en las paredes, detalles de la vida que a cualquiera podrían hacerlo sonreír si sólo pudieran identificarlos.
Recordó las luces de la aurora boreal que podía ver en primera fila en su palco celestial junto a sus compañeros de batalla cuando no estaban combatiendo demonios salvajes que se infiltraban por todos lados. Viejos y dulces tiempos en que las preocupaciones no equiparaban los placeres. Muchos demonios podían existir, pero los ángeles tenían fé y voluntad, la mejor combinación de combustibles posible, una que puede ser eterna si se sabe aprovechar y manejar.
Borró la sonrisa de su rostro.
El instituto Takemori era un lugar apacible y habían muchos jóvenes en busca de respuestas que él podía darles, pero que en el momento indicado para que fueran aprovechadas, siempre siguiendo la voluntad de Dios, siempre ayudando a quien lo necesitara por simple amor al prójimo, demasiado simple como para que estas criaturas humanas complejas y esclavas del dinero y lo material pudieran entenderlo. Por eso debía encontrar el instante perfecto...
- "No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová y haz el bien, habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad..." -
Como cada vez que no sabía cómo sacarse malos pensamientos de la cabeza, rezó uno de sus salmos favoritos. Siempre fue ridiculizado por aprenderlos, incluso por sus mismos subordinados, esos meros ángeles de su ejército, los más pequeños y novatos en el arte de la batalla... y los otros arcángeles siempre le replicaban que debía poseer mano más dura para con los soldados.
- "Deléitate asimismo en Jehová y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, confía en Él y Él hará. Exhibirá tu justicia como la luz y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades..."-
Pronto anochecería y no tenía ganas de volver a su cuarto, sólo quería poder tener la posibilidad de "apagarse" un momento, encontrarse el botón de encendido y desactivarlo al menos por un par de horas.

Likhael- Puntos: 112445
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Reputación: 7
Re: Después de clases.
Volvió a echar un vistazo al papelito: Sociología, piso uno. Suspiró ante la vaga idea de recuerdo de cuando su compañera le pasara el papelito en los lockers, con las enormes necesidades de que fuese ella la que llevara la tarea que le había sido encomendada a su vez, por otra persona. Resopló riendo para sí por su pequeña tontería; realmente no podía negarse a ayudar a otra persona que realmente la necesitara, mucho menos si se trataba de una conocida así de cercana, que dependiera de ella.
Los pasillos estaban notablemente desiertos en aquel instituto, parecía como si todos los profesores hubiesen decidido que tendrían que irse muy tempranito a las casas ese día, pero ello era lo que menos le preocupaba, dado que le habían informado que aquel profesor solía quedarse a veces hasta muy tarde en los salones donde terminaba de dar clases. Likhael, si es que no recordaba mal el nombre; era realmente uno curioso, tomando en cuenta que muchos nombres de ángeles culminaban en "el" y ella sabía bastante acerca de lo que refería a los ángeles, así como sus respectivos apodos. Sonrió algo agradada, quizá hasta el profesor fuese de cierto agrado e interés para ella, no tenía muchas personas con las cuales tener una charla amena.
Sus pasos la llevaron inconscientemente hasta un pasillo desde donde el cual un solo halo de luz proveniente de una puerta dada al atardecer, se podía percibir por el suelo esparramada. Sonrió satisfecha para sus adentros con el encuentro del profesor, por lo que se acercó hasta tomar posición frente a la puerta entreabierta y tocar suavemente al tiempo que la abría por completo exponiendo sus asuntos.
- Buenas tardes ¿Profesor Likhael? -musitó pasando a mirarle con calma y aquel característico tono respetuoso de ella; tras notar la mirada de aquel, el aura que logró apreciar (o mejor dicho) parte de la misma, esa que tanto conocía, no le fue muy fácil de digerir en el mismo instante. Aquel encuentro se le hacía por completo imposible- ...tengo un recado para... -se calló unos segundos, internamente consciente de que aquello ya no tenía ningún significado- Mi... ¿Mikael? –indagó en un tono que mezclaba incredulidad con algarabía en una pugna por superación de uno de los dos.
La escena quizá era algo tensa, mucho; el encontrarse con uno de sus antiguos camaradas, hermanos, iguales... era algo que iba mucho más allá de sus expectativas de vivencia en cada una de sus encarnaciones (a pesar de haber rogado por ese encuentro en más de una) nunca pensó que llegaría a ser así, tan extrañamente manejado por los hilos del destino; él, siendo un profesor y ella, siendo una alumna, para él. El arcángel ante el ángel caído; era algo realmente poco probable.
Los pasillos estaban notablemente desiertos en aquel instituto, parecía como si todos los profesores hubiesen decidido que tendrían que irse muy tempranito a las casas ese día, pero ello era lo que menos le preocupaba, dado que le habían informado que aquel profesor solía quedarse a veces hasta muy tarde en los salones donde terminaba de dar clases. Likhael, si es que no recordaba mal el nombre; era realmente uno curioso, tomando en cuenta que muchos nombres de ángeles culminaban en "el" y ella sabía bastante acerca de lo que refería a los ángeles, así como sus respectivos apodos. Sonrió algo agradada, quizá hasta el profesor fuese de cierto agrado e interés para ella, no tenía muchas personas con las cuales tener una charla amena.
Sus pasos la llevaron inconscientemente hasta un pasillo desde donde el cual un solo halo de luz proveniente de una puerta dada al atardecer, se podía percibir por el suelo esparramada. Sonrió satisfecha para sus adentros con el encuentro del profesor, por lo que se acercó hasta tomar posición frente a la puerta entreabierta y tocar suavemente al tiempo que la abría por completo exponiendo sus asuntos.
- Buenas tardes ¿Profesor Likhael? -musitó pasando a mirarle con calma y aquel característico tono respetuoso de ella; tras notar la mirada de aquel, el aura que logró apreciar (o mejor dicho) parte de la misma, esa que tanto conocía, no le fue muy fácil de digerir en el mismo instante. Aquel encuentro se le hacía por completo imposible- ...tengo un recado para... -se calló unos segundos, internamente consciente de que aquello ya no tenía ningún significado- Mi... ¿Mikael? –indagó en un tono que mezclaba incredulidad con algarabía en una pugna por superación de uno de los dos.
La escena quizá era algo tensa, mucho; el encontrarse con uno de sus antiguos camaradas, hermanos, iguales... era algo que iba mucho más allá de sus expectativas de vivencia en cada una de sus encarnaciones (a pesar de haber rogado por ese encuentro en más de una) nunca pensó que llegaría a ser así, tan extrañamente manejado por los hilos del destino; él, siendo un profesor y ella, siendo una alumna, para él. El arcángel ante el ángel caído; era algo realmente poco probable.

Sariel- Puntos: 112118
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Edad: 19
Re: Después de clases.
Jugaba con un lápiz a meter y sacar la punta al ritmo de cada sílaba que rezaba sosteniéndose la cabeza en un brazo apoyado sobre el escritorio.
- Deja la ira y desecha el enojo. No te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo. Observarás su lugar y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra y se recrearán con abundancia de paz... -
Sintió un par de pasos que hacían eco entre los pasillos que se acercaban con insistencia, aunque sin prisa realmente. Pronto rugió la puerta que se descorría y dejaba enrar a alguien que no miró y que empezó a hablar con una pregunta que él contestó asintiendo con la cabeza, luego vino algo de un recado, pero el nerviosismo se la comió como pudo notar en las vibraciones que recibía de ella. Eso si provocó que la mirara extrañado y preocupado. Dejó el jueguito del lápiz para prestarle mayor atención en señal de apoyo ante la fragilidad que empezaba a demostrar, entonces dijo su nombre, su antiguo y perdido nombre.
- Pero qué estoy pensando, ese nombre se perdió con mi caída en la tierra, ya nadie lo recuerda. Además, "Likhael" y Mikael" tienen sólo una letra de diferencia en la pronunciación -
- ¿Quién eres tu, pequeña? Has errado al nombre, soy Likhael, no Mikael - sonrió con calidez tratando de infundirle más fuerzas y valentía a su intento que claramente, había fracasado.
Recordó los días en que era llamado "Mikael", comandante de los ejércitos celestiales en la guerra contra Luzbel y sus secuaces que buscaban apoderarse de la tierra antes de que existiera la raza humana hacía un par de eones atrás en la historia, entonces se hizo famoso su nombre cuando derrotó al temible Satanás y lo encerró en el centro de la tierra junto con los pocos demonios que sobrevivieron y que compartieron la llegada al infierno.
Cuánto tiempo hacía ya de eso? Mucho, nunca sabría con precisión, pero si era mucho, sin duda alguna.
Cuánto hacía que había perdido el contacto con sus hermanos? También, mucho tiempo. Con tristeza recordó a Azrael, caído al servicio del diablo cuando menospreció la sabiduría de Dios o Sariel, amado Sariel... cuántos momentos compartido con él y su locura de guardar secretos sin causa, de criticar y juzgar sin razón, cuántas sonrisas a su lado, cuántos deseos reprimidos y lágrimas derramadas...
Volvió de su ensueño.
- ¿N-Necesitas algo? ¿Alguna clase de encargo? ¿Alguien tiene algo para mí? - trató de guardar la compostura ante los ojos de ella que le producían una extraña sensación de exposición, como si esa niña le conociera de antes.
- Deja la ira y desecha el enojo. No te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo. Observarás su lugar y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra y se recrearán con abundancia de paz... -
Sintió un par de pasos que hacían eco entre los pasillos que se acercaban con insistencia, aunque sin prisa realmente. Pronto rugió la puerta que se descorría y dejaba enrar a alguien que no miró y que empezó a hablar con una pregunta que él contestó asintiendo con la cabeza, luego vino algo de un recado, pero el nerviosismo se la comió como pudo notar en las vibraciones que recibía de ella. Eso si provocó que la mirara extrañado y preocupado. Dejó el jueguito del lápiz para prestarle mayor atención en señal de apoyo ante la fragilidad que empezaba a demostrar, entonces dijo su nombre, su antiguo y perdido nombre.
- Pero qué estoy pensando, ese nombre se perdió con mi caída en la tierra, ya nadie lo recuerda. Además, "Likhael" y Mikael" tienen sólo una letra de diferencia en la pronunciación -
- ¿Quién eres tu, pequeña? Has errado al nombre, soy Likhael, no Mikael - sonrió con calidez tratando de infundirle más fuerzas y valentía a su intento que claramente, había fracasado.
Recordó los días en que era llamado "Mikael", comandante de los ejércitos celestiales en la guerra contra Luzbel y sus secuaces que buscaban apoderarse de la tierra antes de que existiera la raza humana hacía un par de eones atrás en la historia, entonces se hizo famoso su nombre cuando derrotó al temible Satanás y lo encerró en el centro de la tierra junto con los pocos demonios que sobrevivieron y que compartieron la llegada al infierno.
Cuánto tiempo hacía ya de eso? Mucho, nunca sabría con precisión, pero si era mucho, sin duda alguna.
Cuánto hacía que había perdido el contacto con sus hermanos? También, mucho tiempo. Con tristeza recordó a Azrael, caído al servicio del diablo cuando menospreció la sabiduría de Dios o Sariel, amado Sariel... cuántos momentos compartido con él y su locura de guardar secretos sin causa, de criticar y juzgar sin razón, cuántas sonrisas a su lado, cuántos deseos reprimidos y lágrimas derramadas...
Volvió de su ensueño.
- ¿N-Necesitas algo? ¿Alguna clase de encargo? ¿Alguien tiene algo para mí? - trató de guardar la compostura ante los ojos de ella que le producían una extraña sensación de exposición, como si esa niña le conociera de antes.

Likhael- Puntos: 112445
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Re: Después de clases.
¿Qué estaba sucediendo? El hombre que tenía en frente poseía todas las características del aura, y algunas varias de su apariencia, totalmente afines a como las recordara en los lindes del cielo. Su cabello, sus ojos, incluso la estatura que apenas lograba digerir; todo encajaba tal y como su memoria lo indicaba, pero él parecía no reconocer en absoluto su nombre. Quizá... ¿Había errado?
Errar, no; ella no erraba en las lecturas de auras, de eso estaba más que segura. Sus habilidades angelicales menores siempre estuvieron presentes desde el mismo día de su creación, ¿Por qué lo negaba entonces? Fue allí que cayó en cuenta que sus emociones le habían traicionado una vez más; Mikael no tenía formas de saber que se trataba de él, por supuesto que no. Sonrió tanto más calmada y se acercó hasta el escritorio a dejarle los papeles en el mismo con sumo cuidado así como pulcritud; aquella que tanto le caracterizaba. Recordó entonces las preguntas de él, cuales pasó a responde seguidamente:
- Es un recado de una de las alumnas de su clase de hoy, es un informe que le pidió que pasara para antes de finalizar la tarde -comentó con aquella diplomacia perenne más renovada.
La confianza y equidad de su ser se amansó nuevamente al tiempo en que veía levemente por el rabillo del ojo aquel hermoso atardecer; uno que traía tantos recuerdos.
- Sari- -se contuvo- puede llamarme Sahri, profesor -comentó recordando que no era bueno revelar su nombre original una vez caída, aunque el hecho la carcomiera por dentro al tener que mentirle, más aún ya habiendo mirado sus ojos- y... creo que será bueno que me retire
Concluyó dirigiéndose con ciertas prisas hasta la puerta, más al llegar a esta la punzada de la culpa era bastante fuerte ¿Cómo podía? Tenía frente a ella a quien deseara abrazar hacía tanto; no, no era bueno dejarlo pasar. Cerró la puerta con cuidado y se quedó estática unos segundos dialogando internamente consigo misma con respecto a ese asunto; la más que común pugna que tenía ella/él ante obedecer lo establecido y obedecer los vestigios de su corazón. Apretó la diestra tras unos segundos, ya decidida a aceptar lo que tuviera que venir.
- No he errado, arcángel Mikael -susurró lenta y suavemente para no demostrar hostilidad ni mucho menos.
Calló entonces para aguardar a una reacción de su parte, sabía que él era tanto más centrado que ella en algunas situaciones, y los cambios sufridos en la tierra eran algo que podían destacarse muy levemente en ella; empezando por el hecho de llegar a perder la calma ante los choques emocionales demasiado personales como para omitirlos.
Errar, no; ella no erraba en las lecturas de auras, de eso estaba más que segura. Sus habilidades angelicales menores siempre estuvieron presentes desde el mismo día de su creación, ¿Por qué lo negaba entonces? Fue allí que cayó en cuenta que sus emociones le habían traicionado una vez más; Mikael no tenía formas de saber que se trataba de él, por supuesto que no. Sonrió tanto más calmada y se acercó hasta el escritorio a dejarle los papeles en el mismo con sumo cuidado así como pulcritud; aquella que tanto le caracterizaba. Recordó entonces las preguntas de él, cuales pasó a responde seguidamente:
- Es un recado de una de las alumnas de su clase de hoy, es un informe que le pidió que pasara para antes de finalizar la tarde -comentó con aquella diplomacia perenne más renovada.
La confianza y equidad de su ser se amansó nuevamente al tiempo en que veía levemente por el rabillo del ojo aquel hermoso atardecer; uno que traía tantos recuerdos.
- Sari- -se contuvo- puede llamarme Sahri, profesor -comentó recordando que no era bueno revelar su nombre original una vez caída, aunque el hecho la carcomiera por dentro al tener que mentirle, más aún ya habiendo mirado sus ojos- y... creo que será bueno que me retire
Concluyó dirigiéndose con ciertas prisas hasta la puerta, más al llegar a esta la punzada de la culpa era bastante fuerte ¿Cómo podía? Tenía frente a ella a quien deseara abrazar hacía tanto; no, no era bueno dejarlo pasar. Cerró la puerta con cuidado y se quedó estática unos segundos dialogando internamente consigo misma con respecto a ese asunto; la más que común pugna que tenía ella/él ante obedecer lo establecido y obedecer los vestigios de su corazón. Apretó la diestra tras unos segundos, ya decidida a aceptar lo que tuviera que venir.
- No he errado, arcángel Mikael -susurró lenta y suavemente para no demostrar hostilidad ni mucho menos.
Calló entonces para aguardar a una reacción de su parte, sabía que él era tanto más centrado que ella en algunas situaciones, y los cambios sufridos en la tierra eran algo que podían destacarse muy levemente en ella; empezando por el hecho de llegar a perder la calma ante los choques emocionales demasiado personales como para omitirlos.

Sariel- Puntos: 112118
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Edad: 19
Re: Después de clases.
A cada paso que la joven daba acercándose más y más a su lugar en el escritorio, un latido de su alma en sincronía con su corazón marcaba un profundo repiqueo que podía sentir retumbando en todo en su interior, como si con cada bombeo se achicara cada vez más bajo esa simple presencia. Pronto se arrepintió de la clasificación, porque revelaba un aura intrínseca y antigua, muy sabia y experimentada que o guardaba correpondencia con el cuerpo de la jovencita que se le acercaba.
- Qué es esto... es... como cuando... Azrael... Rapael... - recordó a sus compañeros - Sariel... - esta última mención provocó nerviosismo y un trago de saliva que bajó con dificultad a través de su garganta.
Dejó unos papeles sobre tu escritorio, pero no le puso ninguna atención por encontrarse hipnotizado por sus ojos que no le dejaban alternativa alguna como escapatoria. Sentía que era absorbido por ellos, que lo transportaban a alguna dimensión antigua de recuerdos que no sabía explicar. Veía a Sariel en ella a través de esas orbes que actuaban como canalizador.
Por supuesto, eso no tenía justificación alguna.
- Qué está... pasando -
Dijo su nombre y un escalofrío recorrió su espina con el comienzo de las letras, mas detuvo el avance tras notar que se equivocaba en las similitudes.
Volteó y caminó apresurada a la puerta... huía.
Detectó mentira en su aura, pero fue demasiado tarde, ella ya abandonaba el lugar. Pero no salió.
- Arcángel Mikael - repitó mentalmente.
Esta vez no podía equivocarse.
- ¿Quién eres? - su voz era firme y autoritaria sin dejar espacio a la duda entre responder o no, pero calma y cálida, comprensiva ante todo.
Esa muchacha tenía mucho que explicar y sería mejor que empezara ahora mismo.
Su propio corazón era el que no permitía dar paso a demasia paciencia ante la ilusión de las primeras sospechas, de ver a... Sariel, otra vez... una sola vez más, de volver a sentirle cerca, de volver a alimentarse de su energía y su amor.
- Qué es esto... es... como cuando... Azrael... Rapael... - recordó a sus compañeros - Sariel... - esta última mención provocó nerviosismo y un trago de saliva que bajó con dificultad a través de su garganta.
Dejó unos papeles sobre tu escritorio, pero no le puso ninguna atención por encontrarse hipnotizado por sus ojos que no le dejaban alternativa alguna como escapatoria. Sentía que era absorbido por ellos, que lo transportaban a alguna dimensión antigua de recuerdos que no sabía explicar. Veía a Sariel en ella a través de esas orbes que actuaban como canalizador.
Por supuesto, eso no tenía justificación alguna.
- Qué está... pasando -
Dijo su nombre y un escalofrío recorrió su espina con el comienzo de las letras, mas detuvo el avance tras notar que se equivocaba en las similitudes.
Volteó y caminó apresurada a la puerta... huía.
Detectó mentira en su aura, pero fue demasiado tarde, ella ya abandonaba el lugar. Pero no salió.
- Arcángel Mikael - repitó mentalmente.
Esta vez no podía equivocarse.
- ¿Quién eres? - su voz era firme y autoritaria sin dejar espacio a la duda entre responder o no, pero calma y cálida, comprensiva ante todo.
Esa muchacha tenía mucho que explicar y sería mejor que empezara ahora mismo.
Su propio corazón era el que no permitía dar paso a demasia paciencia ante la ilusión de las primeras sospechas, de ver a... Sariel, otra vez... una sola vez más, de volver a sentirle cerca, de volver a alimentarse de su energía y su amor.

Likhael- Puntos: 112445
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Re: Después de clases.
Escuchar su voz una vez más produjo en ella un leve escalofrío que arrancó a su vez una sonrisa al pensar que él pudiera estar tratando de reconocerle; algo que le alegraba en demasía, no podía negarlo. El rojizo sol que entraba por los ventanales comenzaba a apagarse cada vez más vaticinando la noche bastante próxima, algo que no podía inquietarle en nada, más bien ponerle algo ansiosa. Se procuró dar la vuelta con calma, sonriendo con aires de nostalgia y cariño a aquel que compartiera con ella momentos tan gratos.
Su postura no demostraba para nada la cobardía de la que había sido portadora al tratar de marcharse; muy al contrario, destacaba educación y moderación en lo que respectaba al equilibrio equitativo de las energías que los representaban. Los orbes azules de Sariel escrutaron un tanto más los de aquel rubio con total calma, recobrando las fuerzas de aquellos sentimientos que podía apreciar con claridad brotando de los escondites donde él les tenía guardados con cierto recelo. La joven dio un paso en pos del arcángel con decisión, comprobando que este se mantuviera tranquilo en la amena compañía de ella.
- Esa respuesta ya te la han dado ¿Me equivoco? -el corazón de Mikael aún la guardaba a ella dentro, no podía pedir nada mejor.
Dio pasos pausados y lisos, prácticamente quedos, en dirección a él. Sus miradas se cruzaron por segundos que se hicieron eternos ante la calma de ella mientras aguardaba completamente callada por si él se le ocurría decir su nombre en algún arrebato de pensamiento. Se le denotaba algo inquieto, necesitado de respuestas, como si el corazón lo tuviera puesto en la mano en ofrecimiento hacia ella a cambio de algo igual de valioso; casi no soportaba ella misma las ganas de correr a sus brazos una vez más. Posó su mirada en los labios de él y todo su mundo se desmoronó, no podía aguantar la alegría de reencontrarse con Mikael una vez más.
- Soy Sariel, Mikael... -susurró con cariño tratando de no exaltarse más de la cuenta, pero demostrando en sus facciones lo aliviada que estaba de encontrarle nuevamente- Soy yo... -repitió sin apartar su mirada e intentando no derramar lágrimas en aquel encuentro, esperando que él no terminara por odiarle en lo profundo por haber decidido bajar del trono en los cielos.
Su postura no demostraba para nada la cobardía de la que había sido portadora al tratar de marcharse; muy al contrario, destacaba educación y moderación en lo que respectaba al equilibrio equitativo de las energías que los representaban. Los orbes azules de Sariel escrutaron un tanto más los de aquel rubio con total calma, recobrando las fuerzas de aquellos sentimientos que podía apreciar con claridad brotando de los escondites donde él les tenía guardados con cierto recelo. La joven dio un paso en pos del arcángel con decisión, comprobando que este se mantuviera tranquilo en la amena compañía de ella.
- Esa respuesta ya te la han dado ¿Me equivoco? -el corazón de Mikael aún la guardaba a ella dentro, no podía pedir nada mejor.
Dio pasos pausados y lisos, prácticamente quedos, en dirección a él. Sus miradas se cruzaron por segundos que se hicieron eternos ante la calma de ella mientras aguardaba completamente callada por si él se le ocurría decir su nombre en algún arrebato de pensamiento. Se le denotaba algo inquieto, necesitado de respuestas, como si el corazón lo tuviera puesto en la mano en ofrecimiento hacia ella a cambio de algo igual de valioso; casi no soportaba ella misma las ganas de correr a sus brazos una vez más. Posó su mirada en los labios de él y todo su mundo se desmoronó, no podía aguantar la alegría de reencontrarse con Mikael una vez más.
- Soy Sariel, Mikael... -susurró con cariño tratando de no exaltarse más de la cuenta, pero demostrando en sus facciones lo aliviada que estaba de encontrarle nuevamente- Soy yo... -repitió sin apartar su mirada e intentando no derramar lágrimas en aquel encuentro, esperando que él no terminara por odiarle en lo profundo por haber decidido bajar del trono en los cielos.

Sariel- Puntos: 112118
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Edad: 19
Re: Después de clases.
Partió con claras intenciones de ser el que mantenía el control ante la situación, el que podría decir que no en caso de que las cosas empezaran a irse por lugares desagradables, siempre acostumbrado a dirigir a su ejército, a los demás humanos y seres terrestres que confiaban en él, a los mismos profesores que buscaban algún consejo, a los visitantes del templo cuando iba a dar un paseo por ahí.
Sin embargo, ahora ella estaba tomando el mando tal y como lo hacía en el cielo.
Mikael fue siempre el primero en la lista por la sola razón de llevar el título de comandante, pero a él no le gustaba para nada el número uno. Al contrario, se consideraba el último en la lista por tener el trabajo "meos importante" en su punto de vista, ya que sobrevivir, proteger y atacar representaban instintos tan primitivos para él, que bien podían estar presentes en todos sin necesidad de llevar el título.
Sentía un profundo respeto por los demás arcángeles, sobre todo por Sariel, juez de las almas pecadoras.
Mucho trabajo para un solo arcángel, en realidad. Pero sabía cumplirlo perfectamente y, además, darse tiempo de divertirse con él.
Paseos, competencias sanas, abrazos, besos amistosos, compañía, apoyo, calidez, ternura... cariño. Todas esas sensaciones envolvieron su aura a medida que los recordaba.
Su corazón bien pudo haber explotado con la cercanía de ella.
- Sariel... - apenas pudo soportar esas palabras.
Varias sensaciones se encontraron en su interior, pero por sobre todo... amor.
- Sariel... de verdad... ¿Eres tú? - indagó con voz suave y casi demasiado bajita, aún más para sus natural tono de volumen moderado - ¿Eres mi Sariel? -
Liberó su sellada presencia que se escapaba de por si de forma leve ante presencias tan poderosas como ella, pero esta vez completamente, para sentirla como en los buenos tiempos.
Sinceramente, en sus espectativas no cabía el rechazo o no la consideración de este, guardaba la esperanza de se bien recibido, tal y como él la recibía.
Sin embargo, ahora ella estaba tomando el mando tal y como lo hacía en el cielo.
Mikael fue siempre el primero en la lista por la sola razón de llevar el título de comandante, pero a él no le gustaba para nada el número uno. Al contrario, se consideraba el último en la lista por tener el trabajo "meos importante" en su punto de vista, ya que sobrevivir, proteger y atacar representaban instintos tan primitivos para él, que bien podían estar presentes en todos sin necesidad de llevar el título.
Sentía un profundo respeto por los demás arcángeles, sobre todo por Sariel, juez de las almas pecadoras.
Mucho trabajo para un solo arcángel, en realidad. Pero sabía cumplirlo perfectamente y, además, darse tiempo de divertirse con él.
Paseos, competencias sanas, abrazos, besos amistosos, compañía, apoyo, calidez, ternura... cariño. Todas esas sensaciones envolvieron su aura a medida que los recordaba.
Su corazón bien pudo haber explotado con la cercanía de ella.
- Sariel... - apenas pudo soportar esas palabras.
Varias sensaciones se encontraron en su interior, pero por sobre todo... amor.
- Sariel... de verdad... ¿Eres tú? - indagó con voz suave y casi demasiado bajita, aún más para sus natural tono de volumen moderado - ¿Eres mi Sariel? -
Liberó su sellada presencia que se escapaba de por si de forma leve ante presencias tan poderosas como ella, pero esta vez completamente, para sentirla como en los buenos tiempos.
Sinceramente, en sus espectativas no cabía el rechazo o no la consideración de este, guardaba la esperanza de se bien recibido, tal y como él la recibía.

Likhael- Puntos: 112445
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Re: Después de clases.
Aquella sensación que prosiguió a acariciar su piel se presentó tan dulce como ella le recordara de antes. Primeramente un suave cosquilleo que recorrió su cuerpo, obligándole a cerrar los ojos para poder sentir con mayor claridad ese sutil contacto que hiciera para con ella, quien no conteniendo las ansias envueltas en alegría, se dejó a luz tanto como él. Esa aura que le recorría el alma destacaba por sobre todos los rastros de nostalgia y afecto, un amor puro y completo, aquel que se cuida con mucha atención y se mantiene bien alimentado con el paso del tiempo muy a pesar de las cosas que sucedan en el transcurso de la vida. Ella podría jactarse de expresar lo mismo en el reflejo de su alma, pero no creía capaz que él pudiese amarle tanto, después de todos esos siglos.
Apretó uno de sus puños en aras de contener por completo sus impulsos dado que por el estatus que por ahora poseían, no se preciaba de ser lo más adecuado; en realidad, ya estar a solas con él era lo menos adecuado dada la relación profesor-alumna. Pudo haber seguido con ese pensamiento, pudo haberse quedado quieta y simplemente tener un encuentro como lo tuviese cualquier par de viejos amigos; pero algo susurró muy cerca de su oído unas palabras que se prometió jamás olvidar: "Deja de reprimir tus emociones, Sariel".
Fue como darle pan a un muerto de hambre, no estaría ni a dos metros de distancia, pero ello le bastó para correr el corto tramo y abrazarle por el cuello; plantando sin previo aviso, un beso en sus labios.
La energía llena de alegría que desprendía ella, a pesar de ser levemente oscura, pudo apreciarse principalmente en el centro de su columna vertebral en la cual se desplegaba como si evocara la sensación que le propiciaran anteriormente sus alas. Una bella ilusión que terminó ni bien abriera los ojos lentamente para verle, tras permitirse ese pequeño desquite de emociones que hubiese contenido.
- Mi... kael -susurró vagamente con las mejillas levemente rojizas, a pesar de que no se sentía abrumada en ningún sentido. Posaba sus orbes azules en él con cariño, con sutileza, como los ojos de aquella persona que admira al ser más preciado de su alma; conectándose ambas por medio de las puertas de las mismas- Te he extrañado tanto, Mikael... -susurró acariciando su rostro con suavidad, negándose instintivamente a soltarle- todos estos siglos, y yo sin poder decirte que te necesitaba, que te extrañaba, que te... quería -musitó con algo de dolor, pero aún, reteniendo gran parte de su sentir.
Apretó uno de sus puños en aras de contener por completo sus impulsos dado que por el estatus que por ahora poseían, no se preciaba de ser lo más adecuado; en realidad, ya estar a solas con él era lo menos adecuado dada la relación profesor-alumna. Pudo haber seguido con ese pensamiento, pudo haberse quedado quieta y simplemente tener un encuentro como lo tuviese cualquier par de viejos amigos; pero algo susurró muy cerca de su oído unas palabras que se prometió jamás olvidar: "Deja de reprimir tus emociones, Sariel".
Fue como darle pan a un muerto de hambre, no estaría ni a dos metros de distancia, pero ello le bastó para correr el corto tramo y abrazarle por el cuello; plantando sin previo aviso, un beso en sus labios.
La energía llena de alegría que desprendía ella, a pesar de ser levemente oscura, pudo apreciarse principalmente en el centro de su columna vertebral en la cual se desplegaba como si evocara la sensación que le propiciaran anteriormente sus alas. Una bella ilusión que terminó ni bien abriera los ojos lentamente para verle, tras permitirse ese pequeño desquite de emociones que hubiese contenido.
- Mi... kael -susurró vagamente con las mejillas levemente rojizas, a pesar de que no se sentía abrumada en ningún sentido. Posaba sus orbes azules en él con cariño, con sutileza, como los ojos de aquella persona que admira al ser más preciado de su alma; conectándose ambas por medio de las puertas de las mismas- Te he extrañado tanto, Mikael... -susurró acariciando su rostro con suavidad, negándose instintivamente a soltarle- todos estos siglos, y yo sin poder decirte que te necesitaba, que te extrañaba, que te... quería -musitó con algo de dolor, pero aún, reteniendo gran parte de su sentir.

Sariel- Puntos: 112118
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Re: Después de clases.
En el momento en que ambas auras se encontraron, se produjo un choque que hubiese preferido evitar. Pudo notar claramente la influencia de la oscuridad en su ser con un dejo de tristeza que no llegó a manifestarse en su energía enviada por controlarlo bien, no quería alejarla por una tontería como esa. Tontería? Si, una tontería; a lo largo de su existencia había aprendido que no existen barreras para amar, absolutamente ninguna barrera, si siquiera ser parte de la oscuridad parcial o totalmente. Lo que realmente le importaba era que, tras esa primera línea densa y opaca, se encontraba la escencia verdadera, antigua, sabia y imperecedera de ese ángel que lo acompañó siempre en el reino celestial, el único que entendía sus afanes pasivos tras sus divinas habilidades para combatir.
Sabía que haría algo como eso, sabía que buscaría acabar con la distancia física y emocional que los separaba en ese momento, por eso buscó servirle de apoyo cuando la tuvo ya en sus brazos y evitar que su emoción terminara lastimándola con alguna caída. Pero no había forma de predecir esa muestra de afecto que le llegó hasta lo más profundo en una mezcla bien variada. Primero estaba la preocupación por evitar que se cayera que tornó rápidamente en cariño y ansias cuando tuvo su cuerpo en contacto directo, después sintió el contacto de sus labios dejando escapar un ruido de la garganta que no pudo clasificarse como gemido, tampoco era un gruñido, pero si fue sincero y expontáneo. Cerró los ojos cuando llegó la siguiente sensacón, la pasión despertando en su interior de forma tan frenética que tuvo que deshacerse del aire que guardaban sus pulmones y de las ideas que poblaban su cabeza, quedó literalmente "en blanco". Finalmente ella se separó y él permaneció un momento envuelto en la hipnósis, pronto abrió sólo un poco los párpados para poner atención a sus palabras... su voz...
-También te extrañé... también quería decírtelo... decirte que... -
No lograba juntar la voluntad suficiente como para responder aún influenciado por el torbellino de sentimientos, pero no permitiría que eso le durara para siempre.
- Te quiero... - al fin habló.
Todos esos siglos en que él podía verla, vigilarla desde lo alto como el guardián que era, protegiéndola a su manera... mas no hacer contacto con ella.
Contacto... eso era lo que necesitaba, más de ella.
Teniéndola tan cercana, correpondió su arrojo y volvió a hacer contacto con sus labios, besándola con esas ganas que pujaban por salir de una vez, pero que supo controlar. No dejaría que un arrebato caprichoso arruinara el momento, la besó tranquilo, con calma, pero con insistencia. Buscó aferrarla con el abrazo protector en primer lugar, ahora posesivo y firme. Podía canalizar esas ansias sin descontrolarse, demostrándolas manteniéndola sujeta para ayudarla a recibirlas, presionando sobre ella hasta arquearla un poco hacia atrás, mas siempre sosteniéndola.
Sabía que haría algo como eso, sabía que buscaría acabar con la distancia física y emocional que los separaba en ese momento, por eso buscó servirle de apoyo cuando la tuvo ya en sus brazos y evitar que su emoción terminara lastimándola con alguna caída. Pero no había forma de predecir esa muestra de afecto que le llegó hasta lo más profundo en una mezcla bien variada. Primero estaba la preocupación por evitar que se cayera que tornó rápidamente en cariño y ansias cuando tuvo su cuerpo en contacto directo, después sintió el contacto de sus labios dejando escapar un ruido de la garganta que no pudo clasificarse como gemido, tampoco era un gruñido, pero si fue sincero y expontáneo. Cerró los ojos cuando llegó la siguiente sensacón, la pasión despertando en su interior de forma tan frenética que tuvo que deshacerse del aire que guardaban sus pulmones y de las ideas que poblaban su cabeza, quedó literalmente "en blanco". Finalmente ella se separó y él permaneció un momento envuelto en la hipnósis, pronto abrió sólo un poco los párpados para poner atención a sus palabras... su voz...
-También te extrañé... también quería decírtelo... decirte que... -
No lograba juntar la voluntad suficiente como para responder aún influenciado por el torbellino de sentimientos, pero no permitiría que eso le durara para siempre.
- Te quiero... - al fin habló.
Todos esos siglos en que él podía verla, vigilarla desde lo alto como el guardián que era, protegiéndola a su manera... mas no hacer contacto con ella.
Contacto... eso era lo que necesitaba, más de ella.
Teniéndola tan cercana, correpondió su arrojo y volvió a hacer contacto con sus labios, besándola con esas ganas que pujaban por salir de una vez, pero que supo controlar. No dejaría que un arrebato caprichoso arruinara el momento, la besó tranquilo, con calma, pero con insistencia. Buscó aferrarla con el abrazo protector en primer lugar, ahora posesivo y firme. Podía canalizar esas ansias sin descontrolarse, demostrándolas manteniéndola sujeta para ayudarla a recibirlas, presionando sobre ella hasta arquearla un poco hacia atrás, mas siempre sosteniéndola.

Likhael- Puntos: 112445
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Re: Después de clases.
Te quiero… Esas palabras resonaron en su cabeza con demasiada sutileza, demasiado cariño, envolviendo su rostro con un pequeño pero perenne calor que a su vez comenzó a recorrer el resto de su cuerpo en una sensación realmente reconfortante. Seguidamente se suscitó un nuevo beso que le agarró con la guardia baja, haciendo que ese inexistente sello en su alma por el voto a la serenidad se rompiera; permitiendo que su presencia se presentara como en realidad se encontraba: ansiosa, emocionada, inquieta, eufórica de poder volver a encontrarle con aquella cercanía que tanto le era menester.
Sus manos rodeaban el cuello de él al tiempo en que correspondía con soltura las caricias insistentes de sus labios para con ella, dejando que el ambiente se volviera cada vez más íntimo gracias a que el sol claramente se estaba escapando más rápido de lo normal, a lo lejos en el horizonte. Sus ojos yacían cerrados ante las caricias tan solo para sentirlas con mayor claridad, para poder sentir por completo aquella piel que tanto extrañaba, aspirar el aroma de su cabello que resbalaba encima de ella mientras la arqueaba ligeramente hacia atrás. Su diestra levemente escurridiza volvió a acariciar el rostro de aquel ángel, pasando a descender por su pecho con cuidado, quedando allí con cariño para sentir el corazón de aquel ángel palpitar bajo la piel y la tela.
Pronto el sol se dejó de apreciar, dando paso a una noche que se veía claramente despejada, permitiendo que las numerosas constelaciones que se alzaban, pudiesen ser apreciadas a lo largo del firmamento. No había luna esa noche, pero era lo suficientemente clara como para permitir una leve visibilidad en el amiente. Tras un rato de corresponder y recibir los afanes de sus labios, ella rompió levemente el contacto para otear en la oscuridad de las sombras el leve brillo de su mirada, acariciar con admiración la suavidad de su piel nuevamente y sentir el calor que emanaba de ambos.
- Mikael -susurró acariciando sus labios con la punta de sus dedos sin dejar de mirar sus ojos- mi bienamado Mikael -musitó sonriendo con cariño volviendo a besar sus labios, un error leve, ya que su estado sensible más la abundancia de oscuridad en el ambiente, comenzaban a despertar todos y cada uno de sus sentimientos para con él de forma poco controlada, dándole un leve brillo de lujuria a sus ojos que le hizo despertar y separarse para ocultar su rostro en el cuello de él con sumo cuidado; no, no podía permitirse que los descontroles de los que ahora era capaz de experimentar muy seguido, salieran a flote en ese momento.
Sus manos rodeaban el cuello de él al tiempo en que correspondía con soltura las caricias insistentes de sus labios para con ella, dejando que el ambiente se volviera cada vez más íntimo gracias a que el sol claramente se estaba escapando más rápido de lo normal, a lo lejos en el horizonte. Sus ojos yacían cerrados ante las caricias tan solo para sentirlas con mayor claridad, para poder sentir por completo aquella piel que tanto extrañaba, aspirar el aroma de su cabello que resbalaba encima de ella mientras la arqueaba ligeramente hacia atrás. Su diestra levemente escurridiza volvió a acariciar el rostro de aquel ángel, pasando a descender por su pecho con cuidado, quedando allí con cariño para sentir el corazón de aquel ángel palpitar bajo la piel y la tela.
Pronto el sol se dejó de apreciar, dando paso a una noche que se veía claramente despejada, permitiendo que las numerosas constelaciones que se alzaban, pudiesen ser apreciadas a lo largo del firmamento. No había luna esa noche, pero era lo suficientemente clara como para permitir una leve visibilidad en el amiente. Tras un rato de corresponder y recibir los afanes de sus labios, ella rompió levemente el contacto para otear en la oscuridad de las sombras el leve brillo de su mirada, acariciar con admiración la suavidad de su piel nuevamente y sentir el calor que emanaba de ambos.
- Mikael -susurró acariciando sus labios con la punta de sus dedos sin dejar de mirar sus ojos- mi bienamado Mikael -musitó sonriendo con cariño volviendo a besar sus labios, un error leve, ya que su estado sensible más la abundancia de oscuridad en el ambiente, comenzaban a despertar todos y cada uno de sus sentimientos para con él de forma poco controlada, dándole un leve brillo de lujuria a sus ojos que le hizo despertar y separarse para ocultar su rostro en el cuello de él con sumo cuidado; no, no podía permitirse que los descontroles de los que ahora era capaz de experimentar muy seguido, salieran a flote en ese momento.

Sariel- Puntos: 112118
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Re: Después de clases.
Su aura desatada completamente ahora le sobrecogía, había olvidado lo que se sentía estar tan cerca de ella en su forma tan arrollantemente verdadera. Sus ojos permanecieron cerrados aún cuando ella se spearó, cuando recorrió sus labios y cuando reanudó la fantasía. No le fue difícil identificar el descontrol al que ella se sometía sin real intención, evitándolo ahora, pero él no era capaz de hacerlo, él quería más y no veía nada suficientemente malo como para evitar saciar sus ganas aquí, allá o donde fuera. El calor nublabla sus sentidos y si ella no terminaba por deternerlo, muy seguramente él no se detendría.
La atrajo nuevamente demandante de sus labios, volvió a sellarlos en directo contacto con los propios con ansias de beber nuevamente de su miel que le resultaba la droga más adictiva que pudiese probar jamás en su existencia presente o pasada, incluso en la futura. Queía más de ella, quería seguir tan con ella, volando juntos tan lejos como su fuerza se lo permitiera. Y es que siglos de separación y añoranza secreta tenían su efecto por más perfecto que se suponían que fueran los de la raza a la que una vez ambos pertenecieron, poco le importó la lejanía suya de la gloria, poco le importó que Dios decidiera castigarla y enviarla donde quisiera, poco le importó que los siglos pasaran para ellos en algún lugar recóndito ya fuera en el cielo, en el infierno, en la tierra o vaya a saber quién quiera dónde. Cualquier clase de castigo sería nulo si pudiera pasarlo con ella o por ella.
Sus brazos representaban muy bien su ánimo posesivo sin muchos miramientos, era presa del deseo y una muy obediente, atrayéndola con fuerza casi en un intento por fusionarse con ella reclamándola en la unión buscando su lengua, aunque no lo suficientemente arrebatador como para no dejarla respirar. Dejó un par de centímetros siempre entre sus labios para permitir al aire llenar los pulmones de ambos en turnos bien definidos y predispuestos.
No supo cuándo, pero sus manos viajaron a su cintura buceando bajo su ropa en busca del contacto directo con su piel, el que hizo escapar un rebelde suspiro insonoro cuando se llevó a cabo, a causa del que la respiración empezó a aumentar la frecuencia transformándose casi en un jadeo, mas no aún.
Algo le hizo entrar en razón y efectuó una suave y perezosa retirada para intentar regresar a la consciencia recordando que no estaba solo, que ella debía respirar también, que no podía dejar que sus impulsos lo dominaran así y arrollaran contra su Sariel por muchas ansias que sintiera.
- Sariel... - intentó buscar entre su mente algunas palabras adecuadas para disculparse, pero fue su aura la que lo delató, pasando de mostrarse tranquila en un principio a apasionada y sobrecogedora durante el arrebato, luego agitada y contraída finalmente.
La atrajo nuevamente demandante de sus labios, volvió a sellarlos en directo contacto con los propios con ansias de beber nuevamente de su miel que le resultaba la droga más adictiva que pudiese probar jamás en su existencia presente o pasada, incluso en la futura. Queía más de ella, quería seguir tan con ella, volando juntos tan lejos como su fuerza se lo permitiera. Y es que siglos de separación y añoranza secreta tenían su efecto por más perfecto que se suponían que fueran los de la raza a la que una vez ambos pertenecieron, poco le importó la lejanía suya de la gloria, poco le importó que Dios decidiera castigarla y enviarla donde quisiera, poco le importó que los siglos pasaran para ellos en algún lugar recóndito ya fuera en el cielo, en el infierno, en la tierra o vaya a saber quién quiera dónde. Cualquier clase de castigo sería nulo si pudiera pasarlo con ella o por ella.
Sus brazos representaban muy bien su ánimo posesivo sin muchos miramientos, era presa del deseo y una muy obediente, atrayéndola con fuerza casi en un intento por fusionarse con ella reclamándola en la unión buscando su lengua, aunque no lo suficientemente arrebatador como para no dejarla respirar. Dejó un par de centímetros siempre entre sus labios para permitir al aire llenar los pulmones de ambos en turnos bien definidos y predispuestos.
No supo cuándo, pero sus manos viajaron a su cintura buceando bajo su ropa en busca del contacto directo con su piel, el que hizo escapar un rebelde suspiro insonoro cuando se llevó a cabo, a causa del que la respiración empezó a aumentar la frecuencia transformándose casi en un jadeo, mas no aún.
Algo le hizo entrar en razón y efectuó una suave y perezosa retirada para intentar regresar a la consciencia recordando que no estaba solo, que ella debía respirar también, que no podía dejar que sus impulsos lo dominaran así y arrollaran contra su Sariel por muchas ansias que sintiera.
- Sariel... - intentó buscar entre su mente algunas palabras adecuadas para disculparse, pero fue su aura la que lo delató, pasando de mostrarse tranquila en un principio a apasionada y sobrecogedora durante el arrebato, luego agitada y contraída finalmente.

Likhael- Puntos: 112445
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