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[OneShot]~ Él no era el enemigo ~

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Finalizada [OneShot]~ Él no era el enemigo ~

Mensaje por Murakami Yuu el Sáb Oct 15, 2016 9:33 pm

El sonido de la lluvia resonaba en la habitación, el golpeteo de las gotas en la superficie era lo único que rompía el silencio del cuarto, y una oscuridad que era iluminada por los escasos rayos de luz del sol de la tarde que entraban por la ventana a través de las cortinas transparentes que se movían por las pequeñas ráfagas de viento que se filtraban por las rendijas de la ventana cerrada. No había sonidos en toda la casa, estaba vacía, una familia que salió durante el medio día y que aún no había vuelto, dejando su hogar solitario y abandonado, o eso pensaba el único miembro de la familia que se había quedado en casa, cuyos pensamientos estaban disparados en pensar que estaba totalmente solo en el mundo en esos momentos, pensamientos impulsados por el miedo que en ese momento sentía.
Un joven Yuu arrinconado en una esquina de la sala, temblando de miedo y ojos llorosos, notablemente desaliñado por las anteriores persecuciones que había estado efectuando desde que la electricidad se fue hace unas horas atrás, dejando su hogar a merced de una escasa iluminación del atardecer y que desde entonces tuvo que huir. Una desaliñada jardinera y una sudadera transpirada era su única defensa a su perseguidor, cuyo cual escuchaba que se estaba acercando, paso a paso, gemidos y llantos era lo que escuchaba acercarse, poco a poco, centímetro a centímetro, sabía que lo vería pronto, sus instintos se lo decían, un rostro de terror se figuraba en el infantil rostro del pequeño de no mas de 8 años.

Un relámpago iluminó toda la casa, y en ese preciso instante, lo que duró la iluminación de éste, pudo verlo, la silueta de niño parado en medio de la sala, un rostro tapado por las sombras de su cabello y que se movía son sutileza. Otro relámpago, pero no escuchó ni un sonido, el terror de ver al ente en medio de su sala, un ser ajeno a éste mundo, lo ensordeció totalmente. Un grito de terror inundó todo su hogar, proveniente del pequeño aterrorizado, para solo segundos después, otro grito, uno diferente, un grito de ultratumba proveniente de la silueta, viéndose claramente una boca abierta, dentro de ésta, solo había obscuridad, como si estuviese respondiendo al anterior grito perpetuado por Yuu, un grito que hizo helar la sangre del menor, un grito que sin duda quitaría el sueño a cualquiera.

Corrió, en un acto sin premeditación, su cuerpo reaccionó por si solo con un impulso casi animal a huir de lo que le estaba aterrando, subió las escaleras entre tropezones y gemidos de cansancio, agarrándose de donde podía. Miró atrás. Ahí estaba, parado en el primer escalón, otro grito, ensordecedor, de ultratumba, un grito para nada natural ni de éste mundo.
Corrió, el cuarto de sus padres era el mas cercano, cerró la puerta de golpe, buscó algo con que trabarla, en un intento por crear una fortaleza donde el ente no pudiese penetrar, en un intento por volver a sentirse seguro. Una silla, arrastrándola la acercó a la puerta, intentando que encajara en el pomo de la puerta como cientos de veces lo había visto en la televisión. La puerta de un golpe, un fuerte golpe, pero no desde su lado. Otro golpe, mas fuerte que el anterior. Cae sentado mirando aterrado la puerta, congelado por el miedo, otro golpe, cuyo cual lo hizo reaccionar, gateó hasta la cama de sus padres, se arrastró por debajo de ésta y mirando la puerta desde su nuevo refugio esperó, esperó a que un milagro ocurriese, un milagro que lo salvara de esa agonía que estaba viviendo, milagro cuyo cual no ocurrió.

La puerta se abre de golpe, de par en par, un espasmo de miedo lo hizo saltar un poco, la silla fue arrastrada a un lado como si un trapo se tratara, no había nada en el umbral, ni una silueta, ni un rostro, ni un sonido. Miró detenidamente, buscando a su perseguidor, pero nada encontró, la lluvia se hace mas fuerte.
No movía ni un músculo, ni un pestañeo, una gota rueda por su frente, su mentón tiembla, sus piernas parecen de gelatina, su sudadera aún mas mojada por su helada transpiración, su tez es pálida, parece que se fuera a desmayar en cualquier momento. Intenta moverse, lentamente, poco a poco, como si estuviese en cámara lenta, miró a un costado, buscó una salida, el costado de la cama era su mejor opción, se deslizó nuevamente, miró al frente, nada aún, nada lo estaba observando desde el umbral abierto de par en par, no había nada.
Otro relámpago, la luz iluminó todo, el rostro oscurecido apareció frente a el, mirándolo fijamente desde afuera de la cama, hincado de tal forma que estuviese mirando bajo la cama, donde él se encontraba, sus oscuros ojos e inexistente boca era lo que vislumbraba por efímera iluminación del fenómeno natural. Gritó, como nunca lo había hecho, se retorció de miedo, empalideció tanto que el blanco mas puro sentiría envidia de él. Salió de su trinchera no sabiendo ni como, corrió, la esquina del cuarto, el ente seguía ahí, ahora parado, inamovible a los pies de la cama de sus progenitores, mirándolo, sabía que no era de éste mundo, sabía que no estaba vivo, sabía lo que él era, y seguramente el ente sabía lo que él era. Corrió nuevamente, salió del cuarto, miró atrás, ahí estaba, parado ahora mas cerca, como si cada vez que miraba, estaba parado mas cerca, obscuro, quieto, tenebroso. El sol se ocultó, la penumbra cayó, nada en varias manzanas generaba luz, estaba solo, en esa penumbra con ese ente, estaba aterrado, se orinó, el vapor en su pantalón flotó, se tropezó, desde el piso miró hacia atrás, no estaba, miró adelante, ahí estaba, a escasos centímetros de su rostro, ojos oscuros como la noche, lagrimas rojas salían de esas cuentas malditas, parado en medio de su vía de escape, donde comenzaban las escaleras, como si supiera que iba a volver a bajar, no lo dejó, lo estaba viendo, volvió a gritar.

Corriendo en dirección opuesta, cruzando la puerta abierta de la habitación de sus progenitores, entró en el umbral de su izquierda, frente al cuarto de sus padres. Su habitación, su lugar seguro, su santuario donde ningún mal podía entrar, se tropezó. Miró a su alrededor, buscaba algo que lo salvara, algo que lo ayudara a escapar de esa pesadilla, estaba oscuro, no veía nada, sus manos tantearon el terreno, conocía su habitación, sabía donde estaban los muebles, pero no sabía donde estaba cada cosa, su derecha tocó algo, lo examinó, un móvil de juguete, un teléfono falso que funcionaba con baterías, una luz, pensó. Encendió el aparato, una melodía que a la luz del día y en un día feliz parecería agradable, ¿ahora?, parecía su marcha fúnebre, nada mas lúgubre había escuchado en su vida hasta ese momento, la luz del aparato encendió, iluminó su frente y para su suerte, no había nada ahí. Apuntó el haz de luz hacia los rincones de su cuarto, buscando la causa de todo ese terror que estaba sintiendo en ese momento, buscando la causa de todo el miedo que sentía ahora. Lo encontró, parado a escasos metros de él, la ahora perpetua tiniebla de la noche y la escasa luz que le proporcionaba su juguete, volvían el, anterior ente, en ahora una silueta tan aterradora como jamás antes conoció algo, lagrimas rojas aún caían de las cuencas de su cara, donde deberían estar sus ojos, pero la obscuridad se los había tragado, no veía ni una facción en su rostro, ésta vez no gritó, no pudo, estaba congelado, no podía mover ni un músculo, solo se le quedó viendo, temblando de terror, lagrimas cayeron en la cara del joven aterrado. Se escuchaban gemidos, el ente lloraba, gemía, temblaba. Se escuchan voces a lo lejos, el piso de abajo, la puerta principal se abre, escucha dos voces conocidas, sus progenitores entran, mira otra vez, el ente ya no estaba.

Sale disparado, corre a toda velocidad escaleras abajo, llora, de terror por lo ocurrido, de alegría por su salvación. Sus padres iluminan la casa con sus móviles al entrar, hablando vanamente de por que la luz se había cortado, no percatándose de que su hijo corría hacia ellos. Da un salto hacia su padre y lo abraza, éste rompe a llorar. Sus padres sorprendidos se miran entre ellos y atienden al muchacho, la luz vuelve, la casa se ilumina totalmente con la artificial luz de los focos, la TV se enciende al volver a estar alimentada, hay ruido, hay luz, estaba al fin a salvo.
Su padre lo carga en brazos, lo intenta tranquilizar, su madre deja las bolsas en el piso e intenta consolarlo en brazos de su marido, el chico llora.
Ya mas tranquilo, gimotea en brazos de su padre, que ahora estaba sentado en el sofá principal de la casa, su madre preocupada de su hijo lo intenta consolar y disculpándose por haberlo dejado solo, hablan entre ellos de como el tráfico les impidió llegar antes, de que no debieron dejarlo solo.
El chico ya a salvo, sintiéndose el ser mas seguro del mundo en los brazos de su fuerte padre, mira a su alrededor, el lugar donde antes la penumbra reinaba y donde había estado tan aterrado, ahora reinaba la paz y la luz. Mira a su alrededor, empalidece, ahí estaba, a los pies de la escalera, parado y mirándolo, iba a gritar, pero se lo traga. Lo observa bien, no era un ente de obscuridad, no tenía huecos en su rostro en vez de ojos, no lloraba sangre. Era un niño, estaba llorando, estaba asustado, lo sabía, por que él también lo estaba. Estira su pequeño brazo hacia el ser que antes lo había aterrorizado.

-Ya está bien... y-ya no temas... ya volvió la luz...-

En casi un hilo de voz, intentó consolar a su antiguo perseguidor, éste reaccionó, lo miró, era un niño, se miraron mutuamente, el fantasma le sonrió con ojos lagrimosos al igual que los suyos, ambos estaban escapando, ambos escapaban de la obscuridad, pero solo el vivo no lo sabía, sus padres se miraron entre ellos al ver que hablaba solo. En ese instante, el peli azul descubrió que si tan solo se hubiera calmado, si tal solo hubiera respirado y afrontado a su perseguidor, tal vez podrían haberse consolado entre ellos ante la aterradora obscuridad.


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