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El camino del deshielo

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Tema Privado El camino del deshielo

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Lun Ago 22, 2016 9:30 pm

Regios días enseñaban el mejor lado de la ciudad, aquél que brillaba en cada esquina y las personas reían reverberando las olas de calor en sus cuerpos a raudales. Rápido, Ray se movía entre sombras, tratando de aguantar como pudiera cada minuto que el sol le asfixiaba, ¡No lo soportaba, para nada! – I want… to die – las exageradas gesticulaciones, el cuerpo encorvado aparentando tener joroba; el verano le hacía envejecer por lo menos 2 días más. Es sábado, pero para él ya es lunes, un maldito lunes donde el astro rey se le burlaba en la cara, allá a lo lejos, mientras repartía felicidad entre los demás seres vivientes. En especial las plantas. Y las parejas, las ***** parejas.
 
Ryuusuke solía decir que era alérgico a dos cosas cuando llegaba la primavera: al polen y al amor; y eso se potenciaba en la estación de la playa y las noches cortas. Le resultaba chocante ver tanta gente pululando por allí con las emociones a flor de piel, sea acompañados o incluso compartiendo mundanos mensajes por Internet. ¿Quién tenía en su sano juicio la capacidad de escribir algo, lo que sea, con 35º centígrados?. El intento de músico, presente en cuerpo y su alma saliéndosele por la boca igualito que en las caricaturas japonesas, en esos televisores de pantalla plana apilados en la vidriera de la tienda justo donde él estaba caminando… Bueno, arrastrando los pies. – ¡BASTA! – gritaba en rasposo y enajenado argentino, llevándose las miradas de los transeúntes y algún respingo de señoritas y señoritos cercanos. Alzando los brazos, echó a correr con sus últimas fuerzas al ver lejos, a donde fue el conejo, la heladería que parecía en estos momentos la exacta encarnación del cielo. ”Es una Stairway to Hielo”, mezclaba lenguas en el fuero interno, sonriendo para sí, cansado, entrando por la puerta giratoria y hallándose en jodida Tierra Santa.
 
Era un buen nombre para una canción burlesca dedicada a la mítica banda que escribía canciones basadas en el Señor de los Heladillos, digo Anillos.
 
Exhausto recalculó la cantidad de energías restantes en busca de poder sentarse y despatarrarse sobre una mesa sin mayores contratiempos, cuidando las últimas gotas de combustible, y sudor, en pedir una refrescante bebida a base de leche batida con pitahaya roja, la Fruta del Dragón, su favorita. Y mucho, demasiado, congelamiento mental en cuanto se lo beba de un trago; fondo blanco pero sin alcohol, sino mejor.
 
Revitalizadas sus células resecas, el cabello parecía desgreñarse con mayor facilidad, hace unos minutos parecían hojas de una palmera negra caídas y aullando por agua. Líquido bendito, preferentemente a temperaturas bajo cero y que le recordaran internamente al llegar a su panza, los días donde los inviernos sudamericanos le lanzaban agujas en los huesos; esos juegos con sus amigos latinos hace tiempo olvidados sus rostros y nombres, excepto apodos, de quién aguantaba más tiempo nadando en el lago durante el amanecer en los campamentos entre las montañas. Saltar desde el muelle cubierto con una fina capa de nieve, procurando no morir de un resbalón y “morder” las tablas con la cara, antes de hundirte inerte en el perezoso ojo de agua de turno.
 
Reclamando el presente, que quitara esa cara de idiota al rememorarse más pequeño, donde Ray se veía a sí mismo de pequeño y revoltoso. Gracias a las memorias, se preguntaba qué estaría viendo su “yo” del futuro, a través de los recuerdos. Suficiente de galimatías – A banana split, please! – exigió con un tono jocoso y sin cordialidad, enfriarse de adentro hacia fuera inducía el mismo efecto que el anterior descrito para el verano y las personas amantes del calor. Era un extraño en tierra de locos, monstruos y criaturas tan extrañas y enrevesadas que el joven Minami todavía no tenía el placer de conocerlos a todos. Eso también le causaba curiosidad, oculta en un recelo constante porque no quería encontrarse con las peores de todas aquellas creaciones de la deidad en quien elijas depositar tu fé. Los inestables y salvajes humanos, cómo él.
 
Sin aviso ni concierto, empezó a sentir nuevamente un Aumento de Temperatura No Esperado, UTI por sus siglas en inglés… Dentro de la cabeza de Ray. Se puso de pie, queriendo hallar la fuente infernal que había invadido el sacro imperio helado.


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ayami Miyamoto el Lun Ago 22, 2016 10:25 pm

35°C no es nada. Pero es suficiente para descontrolar su cuidado control de temperatura corporal. Por la mañana le pareció una idea espléndida dar un paseo por las calles de la ciudad, pero a medida que se iba alejando a pie del Instituto fue arrepintiéndose cada vez más. Casi sin darse cuenta, su cuerpo fue aumentando uno.. dos... tres.. cuatro grados. Para cuando estaba en el centro de la ciudad, fácilmente habría alcanzado los 45... ¡Y sin darse cuenta!. Era lo único malo de los días extremadamente soleados y calurosos, era tan consciente de los demás que se olvidaba de comprobarse a si misma.
Trató de buscar sombra para bajar un poco, pero ni siquiera consiguió un triste árbol que la ayudara. A medida que iba entrando en pánico el asunto se descontrolaba, empezando a emanar calor fuera de su propio cuerpo. Se puso nerviosa y empezó a caminar más rápido, buscando con la mirada algo que pudiese ayudarla. El agua en su mochila ya se había recalentado tanto como ella así que no era una opción. Las personas se apartaban un poco cuando pasaban cerca de su cuerpo, rechazando el calor pero atribuyéndolo al terrorífico estado climatológico. Se paró en seco al ver una heladería y fue como un descubrimiento para ella... "¿Cómo no se me había ocurrido?".
Avanzó con pasos firmes dentro del local y un golpe de aire acondicionado la envolvió de la cabeza a los pies; casi sintió como se evaporaban las partículas de aire frío a su alrededor. Simplemente pasó apresuradamente dejando una estela de calor a su paso y casi le suplicó al chico tras el mostrador. -¿Me das la bebida más fría que tengas, por favor?- "Y rápido, por favor" Agregó mentalmente, evitando apoyarse en el mostrador de helados porque empezarían a derretirse si los llegaba a tocar por más de un segundo. -Mejor dame dos de esos- Añadió, señalando los frappe de menta super-refrescante con limón y hierbabuena, que acababan de sacar para la venta.
Se revolvió impaciente mientras pagaba y se los daban. A riesgo de parecer extraña, sujetó una copa por la base y prácticamente la vació dentro de su boca, decepcionada porque se había derretido antes de llegarle a la garganta. Sin embargo el hielo tuvo un efecto positivo sobre ella, bajando de golpe varios grados de su cuerpo. Tomó la segunda copa de frappe y le sonrió al dependiente, que no salía de su asombro; se dio la vuelta y trató de huir lentamente para no ser observada.
Entonces fue realmente consciente del desastre que había dejado tras de si. En particular, por el sujeto que se alzaba con toda su estatura en medio del local, mirándola con una expresión que simplemente no supo interpretar. Casi casi volvía a recalentarse, pero actuó de inmediato -y por instinto- pegando la copa de frappe a su oreja derecha, sin pensar que eso empeoraba la extraña imagen que brindaba a todos los presentes en ese momento. No podía despegar los ojos del moreno. "Oh, mierda' Pensó, bajando leeentamente la copa, como si eso hiciera que llamara menos la atención.
-Lo siento, me recalenté- Pronunció simplemente, en voz alta, al ser lo único que pudo ocurrirsele a modo de excusa. Provocó alguna risa en el fondo y sintió el ambiente más relajado. Respiró al haberle quitado hierro al asunto. Se preparó para buscar una mesa en la cual sentarse, pero las encontró todas llenas. No tenía ni la menor intención de salir y enfrentarse a esos 35°C de nuevo. Se envalentonó y caminó dirección al moreno (que fácilmente le sacaba una cabeza), con una expresión de seguridad que poco a poco iba volviéndose más incómoda. Ya no emanaba calor, pero su frappe estaba a punto de empezar a derretirse. -Perdona.. ¿puedo sentarme acá?- Musitó, aún de forma audible, señalando la mesa con su mano libre. -Todas las demás están ocupadas- Agregó inmediatamente, justificando su pedido. Efectivamente, todas las demás mesas estaban llenas, aunque gracias a la distribución del local y al fuerte aire acondicionado apenas se notaba la multitud.


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Lun Ago 22, 2016 11:11 pm

La paz circundante viéndose interrumpida por una entrada en la práctica muy similar a la del pelinegro, con al diferencia de varios centímetros, se trataba de un chichón del piso desde su punto de vista. Una protuberancia de color rubio y sensación de traer consigo la aflicción más aberrante que haya conocido Ryuusuke, ¿era posible provocar tal crispación en la piel debido a su cercanía? Los vellos no se erizaban por algún escalofrío refrescante, no señor, en realidad intentaban escapar de aquél centro de calor que si bien no brillaba por cuenta propia, estaba más ardiente que el medio-ambiente allá afuera – La madre de todos los demonios – y tal vez era la hija de la misma. No pensó que su voz se escaparía tan fácil, sorprendido, acompañado de un quejido gutural asemejado a un pequeño eructo.
 
Buscaba la manera de escaquearse, pero ella estaba entre su mesa, y la puerta, un poco separada del mostrador, observándole pidiendo infusiones que se deshacían a su contacto. Abrió los ojos, al igual que el muchacho que le servía la primera bebida, por la forma en que la situación se tornaba surrealista en las manos de la nueva cliente. ¡Se estaba desarmando su preciado brebaje ultra-frío! Y por la forma en que lo agarraba, quizá el cáliz también sería presa y se moldearía al agarre candente si ella lo sostuviera correctamente.
 
Se volvió a sentar, sin quitarle los ojos de encima, ya los párpados relajados pero se imaginaba sus orejas enrojecerse lentamente por la inesperada nueva fuente de dolor. Cuán exagerado podía llegar a ser Ray. – Pffft… – tampoco lo siguiente que dijera la mujercita, sin querer queriendo causándole risa a él y algunos pobladores del reino helado; espiaba la forma del frappé en caso que se hubiera deformado y tomado la silueta del rostro aquél.
 
¡Oh, no! Se está acercando, ¡mayday, mayday! Caemos en picada, solicitamos equipo de rescate… Y las comunicaciones se cortaron apenas ella formó palabras con sus labios, Ray se convertiría en la nueva presa de ese calor no solemne, ”Insóleme pues” la miró atento ahora que tenían relativamente la misma altura, y estiró la pierna derecha dando una patada suave a la silla libre hallada frente a él, corriéndose varios decímetros. Era su forma caballerosa de ser – Mientras beber más de esas mentas limonadas con mucha hierba, puedes quedarte – volvió a su banana, como un mono concentrado en vencer el sofoco de la selva tropical. Y eso que la humedad este día rompía los estándares, empeorando siquiera, la vida de los invernales, ese grupo con el cual Ryuusuke se identificaba tanto.
 
Debía planear una estrategia, y su Split ante sus ojos empezaba a ser rehén de ella, despacio y con tortura a cámara lenta – ¡Tráigame 3 kilos de helado, y sendas copas de lo mismo que pidió la chica! Lo quiero – elevando la voz lo necesario así le escuchaban desde detrás del mostrador, rápidamente se movieron los empleados, obedeciendo los sabores pedidos por el músico callejero. De reojo, bajando el brazo de la orden apenas dada, señaló la silla vacía con obvia invitación, aceptando el petitorio femenino – Es toda tuya –
 
”¿Cómo se termina así?”, frunciendo los labios en una fina línea recta, paralela a la que formó la alegría veloz en haber llegado y ya se había largado por donde vino. Lo que fácil viene, pronto se pierde; deseaba ser capaz de saber cuándo volvería aquella, pero si eran líneas de verdad iguales, se trataría de misión imposible ”Ojalá sea todo una broma pesada”, atisbó justo al centro de los ojos azules en la joven, y cuales flechas acertando en dianas claras y color turquesa, ¿y si lo que pensaba ella lo podría escuchar? O tal vez leer, quién sabe si le agradará saberlo.


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ayami Miyamoto el Mar Ago 23, 2016 12:02 am

Se le escapó una risita ante la condición impuesta y ahora fue ella quien se relajó enseguida, agradecida y sin prestar demasiada atención a sus maneras... Realmente le costaba reconocer cuando alguien estaba siendo grosero o no, en general le daba menos importancia a las cosas que el resto de humanos. Puso su bebida en la mesa, evitando mantener contacto con ella por más tiempo y no ocultó su sorpresa al escuchar el pedido del moreno, con senda voz. Se sentó casi por inercia y volvió a reír un poco, dando un sorbo más lento al frappe, ésta vez para disfrutar realmente su sabor.
-Lo siento, hice un alboroto innecesario- Se disculpó personalmente, por el incidente reciente. Comprendía que en un día tan caluroso, su presencia era un motivo de rechazo, pero dado que ahora se encontraba fría y calmada, no veía razón para seguir causando rechazo. Probablemente no era algo físico sino psicológico, fenómeno que frecuentemente se presentaba en humanos... Tras una primera impresión, costaba muchísimo cambiar la forma en que te percibían. La hierbabuena siempre le daba un toque asombroso a los frappes, de haber tenido algo de ron blanco habría sido un mojito asombroso. Se lamentó por primera vez de haberse inscrito en el Instituto, pues como estudiante era realmente difícil conseguir locales dispuestos a venderle licor.
Las copas de frappes enormes fueron puestas en la mesa por los camareros y casi ocupaban todo el espacio, por lo que tuvo que arrimar su copa un poco más hacia si misma para no incomodar. -Pruebalo. Si te disgusta el calor, probablemente vas a agradecer mucho más el frappe que el banana split- Sonrió de medio lado, sin desprestigiar el sabor dulzón y empalagoso de los banana split... Sólo era demasiado para ella el día de hoy, hacía poco fue el evento del club de cocina y había quedado a hartar de helados. Probablemente no era capaz de consumir ni una sola bola de helado sin que su cuerpo colapsara. Una mueca imperceptible le atravesó el rostro y sorbió menta para refrescarse la mente. La parte de arriba se estaba aguando así que dio un par de sorbos más grandes, dejando el hielo por debajo de la mitad del vidrio.
Despreocupadamente dio una mirada alrededor, deteniéndose en el sonido del motor de los numerosos aires acondicionados del sitio. "El mejor invento después del internet" Resolvió, sin criticar, y desde el fondo de su corazón. Gracias a ellos su vida era más sencilla, pero todavía habían días como hoy, donde el verano de Japón era más fuerte que todos los aires acondicionados del mundo. Volvió su atención al chico frente a ella, que viéndolo bien no le pareció de allí. No es que hubiese algo de racismo en su razonamiento, pero biológicamente su aspecto era muy distinto al de los japoneses comunes. Para empezar, era altísimo. Se sintió interesada inmediatamente, pues si había algo que le gustaba de los humanos era su adaptabilidad... Especialmente en la convivencia. Se mordió la lengua para no preguntar -aún-, pues así como eran adaptables, también eran recelosos; bombardear a una persona que de por si se sentía incómoda con tu presencia definitivamente no era buena idea.


OFF:

De verdad, Ray. Tenía mucho tiempo sin reírme tanto leyendo algo. Amé ese post xD A carcajada limpia y hasta con lágrimas en los ojos akjsdak


Última edición por Ayami Miyamoto el Mar Ago 23, 2016 11:17 pm, editado 1 vez (Razón : OMG errores ortográficos, kill me plz)


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Mar Ago 23, 2016 12:56 am

Habituado a tener que charlar con extraños, desde hace mucho tiempo aprendió a resignarse cuando alguien se le colocaba en frente sea por propia voluntad o las circunstancias de los hechos. Le gustaría formar una excusa, en realidad no, sólo ponerse de pie e irse, pero – Hace demasiado calor afuera – ni pregunta, o afirmación. Escupió información cual computadora o altavoz informativo. Su rostro era el periódico matutino, incoloro, aburrido y con noticias digeridas con inestable ligereza sólo para ganarse el editor el pan de cada día. Poco le importaban lo que los lectores querrían hallar en sus páginas. El ministro de Nación “encargándose” de los problemas mientras el Emperador, tan amado y respetado, pasaba sus vacaciones en las montañas de Hokkaido haciendo parapente junto a su privilegiada progenie con genes de los dioses. En Takemori las cosas se hervían a fuego tortuga, ojalá se le escapara alguna flatulencia y explotara por los aires, trayéndonos la noche de inmediato. Un sueño tonto que le llevó a sonreír de medio lado en sus típicos pensamientos indescifrables.
 
¿Quién pensaba en reptiles acorazados y con caras de “eh, me fumado de la mejor”, haciendo el “afuera las risitas, pa’ que no estallen las tripitas”?
 
Sólo un japonés con ascendencia latina, devenida de germanos y probablemente tendría tatarabuelos rusos, ¡sí! He ahí la respuesta, esos locos desde la Revolución en la Plaza Roja habían dejado de ser los mismos. Increíble terminar heredándose en un don nadie con título en vagancia y doctorado en faltar a clases. ”Todos los caminos llevan a Romyuusuke”, crearlo a él, en su entera condición de humano simplón y sin mucha magia más que la expresada con un instrumento en las manos. Inició un paso pegajoso al oído conocedor, con los dedos de la mano libre sobre la mesa, a veces inventando acordes sobre cuerdas imaginarias. La otra mana, zurda, estaba muy ocupada en alimentar y refrescar el paladar exigente, las orejas agrandándose con el temor de escuchar el chispazo que encendiera las llamas refulgentes desde la fémina. Y las primeras fueron respiradas.
 
El fuego interior. La socialización.
 
Incontables veces buscando restar dureza al semblante del muchacho bronceado no por los rayos solares, sino por el regalo genético de una dulce señorita japonesa y un severo arrrrrgentino (de ahí lo germano). ”¿Qué diría mamá en esta ocasión?”
 
“Hainemman Ryuu, mi dragoncito, deberías ser más amable con la niña que conociste en la plaza. Está buscando jugar contigo, sé bueno y comparte con ella, ¿si? Mi Ryuu”
 
Odiaba recordarla así, porque ya no la tenía – Grr… Tsk – refunfuñó, con el ceño enseñando igualito a cierto enano de pelo corto que supo ser alejados años en su pasado, en otro continente, otra historia. Otra economía – Parece que luego de esta gula, no podré volver a casa en el metro – soltó molesto, pero tranquilizándose cada vez más sintiendo en sus poros, y vellos escapistas amateur, el calor desapareciendo, regalándole aquella pequeña desventura una compañía singular, ahora a temperatura aceptable y hasta se diría, agradable. – A ver, Gastón –, ¡maleducado hijo de la fruta! Fue en español, porque obviamente en japonés un comentario así era intraducible. Requiriendo abandonar la Sonata Arctica y el helado de naranja en sus manos, deslizó el pote de buenos kilos fríos, tomando con ambas primates y evolucionadas extremidades, un ventilador se quedó inmóvil en tal posición que su empuje eólico sacó a bailar las pelucas en la presente mesa, algo más alborotada la de la muchachita por su mayor largo y frondosidad – Gracias, Rubiales – bebió primero con extrañeza, enseguida con aprensión por haberse perdido tal buenísimo manjar líquido, apenas espeso por el hielo triturado – Tú sí que tomas de la buena, ¿no deberías tener cuidado con este tipo de bebidas?Y no lo digo por la menta – aah, miren quién… Hablador el tipo, es que el frío y la frescura le ponían de, ¿es posible?
 
Buen humor


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ayami Miyamoto el Miér Ago 24, 2016 12:06 am

Por un instante se acobardó ante la clara molestia del moreno, incómoda al verla dirigida hacia ella, pero parecía distraído por momentos y eso le daba tiempo a ella de reponerse. Puede que le intimidara un poco, dadas las circunstancias, pero ella nunca había sido del tipo acomplejado; respiró profundo y se acomodó el cabello a un lado del cuerpo, arrepintiéndose un poco de haberlo dejado crecer tanto. Oh, no es cierto, adoraba su melena larguísima y ondulada, tanto como la ropa de abrigo, con la diferencia de que se cabello no aislaba el calor (pero si causaba bastante, eso sí). Lo entrelazó en una trenza gruesa, descuidada, con el único objetivo de que dejara de tocarle la espalda. Dejó de acariciar el cabello dorado con sus dedos, en el momento que escuchó los de él dibujando una melodía con la mesa, el rumor del aire acondicionado, el bullicio sutil de las voces humanas y el hielo chocar contra el cristal en un ruidito seco, al derretirse la base que lo mantenía firme.
Refunfuñaba, se quejaba, se distraía. ¿Eran todos los humanos así? En días como hoy, sí. Misteriosamente, el calor sacaba lo peor de las personas. Prefirió guardar silencio ante su afirmación, pues en realidad aquello no era asunto suyo (y habría tenido un peor efecto si intentaba entrometerse preguntando dónde vivía o cosas similares). Muchas veces era simple a la hora de tomar decisiones, pero no era tonta. Y sentir hostilidad la volvía más recatada. Dejó entrever una mueca de vacilación, al no entender por completo lo que quiso decir… “¿Me decía a mi o a él?” Se preguntó, olvidado casi de inmediato la palabra que había escuchado, al no formar parte de su vocabulario. Su trenza de cabello a medias mostraba signos de estar a punto de desbaratarse, pero un brisón extraño acabó el trabajo, desanudando totalmente las hebras y alborotándole la melena dorada. Nuevamente le restó importancia y asintió con una media sonrisa ante su pre-agradecimiento, tratando de aplastarse el cabello para que no siguiera revoloteando. Las dudas y líos se le despejaron en un segundo, al escuchar las palabras del chico frente a ella, tras disfrutar verdaderamente del super-mega-frappe.
-¿Cuidado de morir de un brain freeze?- Bromeó para tomar su propio helado y mezclarlo un poco con la pajita, más en un jueguecito de agrado que cualquier otra cosa. Dio un sorbo pequeñito y le dedicó una sonrisa a él. -Con todo el gusto del mundo- Declaró, fingiendo una cara de seriedad que no le duró mucho. -Además, de no beberlas me revocas el permiso para quedarme. Y si voy allí fuera, me muero de verdad- Agregó sin dar mucha importancia a aquellas frases, aunque eran las más francas que había dicho en todo el día. Sorbió frappe con los ojos bien abiertos mirándolo fijamente, estaba haciendo un ruidito de hielo seco para darle gravedad al asunto (de muerte, si salía al calor), pero todo muy en broma. Se había vuelto a sentir cómoda de una forma tan tonta que daba miedo. Aunque tenía tantos años observando humanos, en muy escasas oportunidades se había inmiscuido con ellos. Había adoptado su propia personalidad en función de las cosas que había visto y, si teníamos que ser estrictamente honestos, no tenía una idea clara de cómo reaccionaría al exponerse a otros tipos de personas.
En Takemori le había ido bien, había hablado con muchas personas, aunque no había estrechado lazos con nadie. Se preguntó por un instante qué significaba aquello, pues si se trataba de sentirse atraído por otro ser, eso lo venía sintiendo ella hacia las criaturas terrestres como especie, desde hace muchísimo tiempo. Fijó sus ojos en el moreno, preguntándose qué rayos le atraía tanto de su especie. Y enseguida le vino a la mente la forma en que se distraía, dibujando escenas imposibles, variadas y exquisitas desde su mente y hacia afuera. Eso era lo que le encantaba de los humanos, sí. Su capacidad de crear incluso cuando no estaban haciendo nada. Lo inagotable de sus capacidades. -¿No te gusta la gente?- Soltó, motivada por el ensimismamiento que la había atacado, pero con una sonrisa tan amena que simplemente no incitaba a la discusión. Era una pregunta sincera.


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Miér Ago 24, 2016 10:30 am

– El gusto, con sabor a menta, es suyo – sin necesidad de mostrar galantería, a su vez se permitía ser descuidado y atento a la vez; atacó su regalo y se acabó el frappé regalado hasta la última esquirla de hielo congelado, mirando a través del traslúcido vidrio de la copa alta a quien ocupaba la segunda silla – ¡Aah! Dem-ma-masiado tarde – golpeteó el recipiente sobre la mesa unos segundos, cerraba los ojos como si hubiera chupado el limón más ácido del Universo, y su rostro indicaba las señales más claras de habérsele aplicado al cerebro una regresión a la última era glacial. Podía imaginarse ardillas dientes de sable persiguiendo bellotas gigantes correteando justo a su lado, sensación de dolor en la frente y parte alta del tabique. Fruncía los labios, en forma de gracioso serrucho, y las arrugas en su ceño terminaban de pintar la escena que trucaba por la cara.
 
Fue tomado desprevenido, había bajado sus armas fundamentales ante una chica se presumía menor en edad que él; hasta diría estar perdiendo la batalla. Una que recién comenzaba, – Yo también me estoy muriendo – escuchó las palabras que terminaban el cuento de “no me gusta tanto calor” en tonos femeninos. Abrió el ojo izquierdo, con una imperceptible gotita formándose en el derecho, por la comisura exterior, y trataba con todas sus fuerzas que no se notara más o se saliera como la muy rebelde quería. Agitó una mano esperando trazar en el aire los ininteligibles códigos que le liberaran de esa tortura casi eterna; pero en realidad duró solamente unos segundos el cerebelo congela’oh. Se quejó una segunda vez, abriendo la mirada por completo y quedándose en trance con la figura en frente dispuesta, disfrutando de su propia bebida de álgidos ingredientes – Uuhg… Estoy mejor ya, no te preocupes – posó la palma agitadora en su pobre faz, tapándola de medio lado con la obvia excusa de simular el instinto de auto-protección, y buscó eliminar de la existencia a la lágrima.
 
– Y a ti sí parece que te agrada – respondiendo con una suposición dirigida para ella, llevó al centro de la mesa el vaso vacío ”Siempre habrá Vasos Vacíos ♫ Oooh, con agua de la ciudad ♪”  en el centro de la mesa junto a los otros dos que la compañera finiquitaba sin piedad, una vieja canción de su segunda tierra natal irrumpió en su mente, – Ponte esta noche a bailar – cantó sin darse la más mínima cuenta. Quedó mudo de repente, y la manera en que Ray reaccionaba ante momentos vergonzosos no era un leve sonrojo; en vez de ello sentía un espeluznante escalofrío recorriéndole toda la espalda desde la base hasta las cervicales, ampliándose por los nervios nacientes en la espina oculta en esa dorsal, llevando pequeños tembleques a sus brazos y piernas. Como un shock eléctrico al corazón, cual descarga de desfribiladores a baja intensidad.
 
Es decir, de verdad raro y si no fuera porque la rubia le estaba observando atentamente, no se hubiera notado tal estertor suyo. Deseando salir por la tangente, respondió de nueva cuenta la inquisición – Claro que no, no es divertido escuchar lo que piensan las personas alrededor todo el tiempo, a cada momento – misterioso, apenas valor le otorgaba a sus palabras, sin intuir lo que estas serían capaces de significar para mentes ajenas.
 
Le “prestó” de su importante cantidad de helado a la señorita, con estos alimentos ricos en frío y azúcar, estimular otros derroteros para la charla – ¿No estarás enferma, verdad? Hace un rato te veías bastante roja – distraerla, esa era la clave – Parecías el sol naciente, pero con fondo amarillo paaatito – hablaba de la bandera nipona, y estirando la sílaba exacta emulando cierto acento cordobés. En el pote gigante que le quedarían ya unos 2 kilos y medio de helado, casi todo el de fresa se lo había acabado Ryuusuke, en y los restantes tres cuartos temían su similar final los sabores de mascarpone, dulce de leche con chispas de chocolate, y mamey-mamey. Para la sorpresa de los nuevos consumidores, debajo de la casi olvidada crema rosa, había otro sabor, descubierto a la vista; y así sucedía debajo de los gustos recién nombrados.


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ayami Miyamoto el Miér Ago 24, 2016 9:15 pm

Agradeció el gesto del helado de menta sin darle demasiadas vueltas, sólo porque esperaba su reacción al devorar el frappé con tanta voracidad. Los humanos normales carecían de su resistencia a este tipo de situaciones, así que en el fondo fue gracioso verlo sufrir un poco ante su descuido. Las palabras ahogadas y moribundas fueron recibidas con una carcajada ligera de su parte, que se acrecentó al ver sus manos agitarse. Se llevó la mano a la barriga, pues se le revolvía al reírse con tanto frappé en el estómago; sus ojos estaban cerrados y apenas si era capaz de ver la lagrimita que se le estaba saliendo. Casi que era ella a quien iban a saltarle lágrimas, pero por razones bien distintas. -Ahhh, lo siento, debí avisarte antes- Se lamentó con una risita ahora amable, tras haber pasado la peor parte. Trató de calmarse respirando profundo con los ojos cerrados, pero pequeños brotes de risa se lo impedían.

-A mí me encanta la gente- Respondió sin pensarlo, agradeciendo el cambio de tema porque le ayudaba a relajarse. Su estómago y mejillas le dolían un poco, pero buscó helado para comer un poquito más, aliviada por el frescor del helado derritiéndose al contacto con su paladar. Alzó la vista inquisitiva al escuchar su tarareo en un idioma extraño, quizá… ¿español?. Parecía REALMENTE incómodo, por lo cual enseguida trató de quitarle importancia al asunto. -¿Es eso esp…- Se vio interrumpida, al haber empezado a hablar tan repentinamente, de modo que escuchó atentamente. Aún si era cambiar de tema, estaba bien si dejaba de temblar de esa forma tan extraña. -Ooooh, pero si esa es la mejor parte- Se emocionó, al ver su inicial tema de conversación siendo desarrollado. -Además, es divertido siempre y cuando sean pensamientos interesantes- Agregó, asintiendo gravemente, acto que provocó unos cuantos mechones de cabello deslizarse hacia su rostro. Hundió los dedos en la melena, recogiéndola desde su cráneo para darle un par de vueltas a la altura de la nuca. Rebuscó una liga en el bolsillo exterior de su mochila y, al no encontrar ninguna, simplemente dejó caer su cabello otra vez. Al menos ahora estaba bien ubicado hacia su espalda.

-Con tanto helado, voy a terminar llevándote a tu casa arrastrado- Bromeó, ignorando deliberadamente el hecho de que el moreno le doblaba el peso y ella era particularmente debilucha. -En metro- Añadió abiertamente, hundiendo la cuchara en un helado cremoso de tonalidades marrones claras. Al acércalo a sus labios percibió un olor dulzón que enseguida le hizo agua la boca. -¿Enferma?- Preguntó extrañada tras tragar, para luego soltar una carcajada medio risueña. -Esa estuvo buena- Le concedió, refiriéndose a la comparación con la bandera del país en el cual se encontraban. Se había imaginado y la verdad es que le había causado bastante gracia porque, con la melena dorada, era verdad. Ayumi no era una persona complicada, ni tenía vocación natural para elaborar conspiraciones muy enrevesadas, por lo que haber evitado su pregunta tomándola como chiste fue algo totalmente inconsciente. -¡Ese es rico, ese es rico!- Exclamó señalando con su cuchara la zona de helado con dulce de leche, que era exactamente el que acababa de probar. Aún no se sentía llena, pero de alguna manera sentía que el frasco con helado no había bajado prácticamente nada desde que lo trajeron. Iba a ser una conversación bastante larga si se quedaba a acompañarlo.

OFF:
Me salió intensivo de los Fabulosos Cadillacs y La mosca Tse-Tse por culpa tuya xD


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Jue Ago 25, 2016 3:50 pm

Leve bufido escapaba, de entre sus labios y en forma de soplido también por la nariz – Entretenido si lo intentaras – la sola de idea de que un mastodonte a comparación de la muchachita de porte compacto, de bolsillo como los libros, fuera llevado aquí allá; situación que era mejor si Ray se emborrachara, y NADIE quería eso, en serio. Lo bueno de los helados, muy pocos tenían alcohol entre sus ingredientes – Nacido de los más recónditos lugares del planeta. En el fin del mundo – en realidad el mismo país de ese lugar que Ray nombraba con tanta algarabía – Se llama Dulce de Leche – señalaba y lo decía en español, para que no le quedaran dudas a la comensal enfrente.
 
Poniéndose de pie – Necesito visitar la naturaleza – enfiló el cuerpo hacia los baños, procurando leer bien los kanjis para no meterse en el de mujeres como a veces le pasaba por no recordar exactamente cuál era el correcto. Llevándose malas pasadas y sobretodo marcas enrojecidas de manos en sus mofletes; es curioso que siempre le dieran en el de la derecha. Tras haber cumplido su imperiosa tarea con su anatomía humana, mientras se lavaba las manos con un buen de jabón algo viejo, se preguntaba qué hacer respecto a la sin querer queriendo, compañía ”Quiero que Beck no la conozca, sino es  muy peligroso. Para mí”, en un territorio como Éadrom, la ciudad de la paz entre razas, era imposible saber cómo responderían los diversos entes. Volvió rampante a su lugar, aliviándose de sentir el fresco que enviaba el ventilador todavía dirigido a ellos dos.
 
¿Era útil ese tipo de gustos? – ¿Por qué? – sin darse cuenta, la curiosidad comenzaba a surgir dentro, como una chispa anunciando un fuego antes improbable – Y si ninguna de esas personas tuviera ideas interesantes, ¿qué harías? – observó el modo en que jugueteaba con su abundante melena, de color natural a juzgar por los tonos tan vivaces y reales, cuando se lo llevó a una especie de rodete, no evitó Ryuusuke sonreír no obstante era imperceptible, apenas, chiquito, cual cristal en un copo de nieve, ¡cuánto extrañaba el invierno! Atisbó la problemática peluda que reclamaba urgente, y las manos femeninas atendían con esmero – Toma – de uno de sus bolsillos, el muchacho tomó uno de esos ganchos para cabello, nunca recordaba su nomenclatura exacta, pero para él eran “los invisibles”. Obvio ya que el color negro de los mismos se camuflaba a la perfección al recogerse el cabello, al estudiar (o fingir hacerlo), leer partituras nuevas o el flequillo no le incordiara su reciente y aventurera lectura antes de dormir, o desvelarse leyendo. Sin embargo, sería el ganchito notado en la dorada cabellera, contraste – Otro más  – le cedió un segundo, dándose cuenta que solito no podría aquél con tantos mechones por recoger y sostener.
 
”Con cuidado, debo disimular que estoy a punto de ocuparme” alzó la mano para pedir la cuenta, a lo cual el anteriormente impresionado heladero, trajo el papel escrito a mano, casi con letra de doctor, ininteligible para Ray ”¿Por qué los escriben tan mal, si son números usados en todo el mundo?”, se rendía de querer leerlo, extendió el trozo blanco a la chica – ¿Puedes decir qué carajos hay  aquí? – estaba a punto de tomar la mitad del dinero en su bolsillo y dejarlo allí, pretendiendo quedarse con algo para volver a casa. Un par de ladridos desde fuera del local le llevaron a perder la entera atención, los ojos entornaron detrás de la rubia, y una música tranquila inició su danza entre los oídos de los clientes. Sonaba “Bittersweet Symphony” y a pesar de lo relajante que era, por la cabeza del pelinegro no entraban notas o letras. Esa voz perruna la tenía grabada en la memoria; desconocida, miró a la de ojos azules, verdes, no era capaz de discernirlo bien – Si te doy todo ese helado, ¿me ayudarías en algo…? –, al final, si es que lo habría, se tomaría la molestia de preguntarle su nombre. El tiempo se le acababa para tales nimiedades.
 
Salió corriendo de la heladería como alma que lleva el diablo, y más parecía estar escapando de pagar.


Spoiler:
¡Aguante el ska, vieja, no me importa nada!
Esta es la voz, la voz del Genio del Dub ♫


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ayami Miyamoto el Jue Ago 25, 2016 6:07 pm

Asintió sin cuidado, sacando su teléfono de la mochila una vez el moreno se puso de pie. Revisó la hora y el pronóstico del tiempo, cosa que debió hacer antes de salir de los dormitorios, pero Ayami es Ayami y no sabe pensar ni ser precavida. Una nubecita milagrosa se dibujó en la detallada tabla horaria para la tarde y casi sintió su corazón brincar de la emoción. Adoraba el sol, de verdad lo adoraba, pero cómo le dificultaba las cosas cuando intentaba hacerse pasar por una humana. Por una fracción de segundo se preguntó qué pasaría si cambiaba a su forma verdadera y desechó la idea rápidamente por el disgusto. Muy en el fondo, sabía que hacer esa sencilla transformación una sola vez relajaría sus constantes sobrecalentamientos, como una forma de drenar de golpe todo el calor acumulado. Durante más de dos décadas se había esforzado religiosamente por mantener una temperatura corporal cercana a los 38-40°C y eso empezaba a pasarle factura. Por su naturaleza de fuego, ese sobreesfuerzo no era corriente ni saludable. Lo sabía, lo sabía muy bien. Y por eso sentía el miedo oculto de haber perdido sus habilidades. Dio un respingo al escuchar la voz del muchacho, saliendo de sus pensamientos de golpe y guardando el teléfono que se había quedado firmemente apretado entre sus manos.
Frunció un instante el ceño, dejando entrever su confusión por la repentina pregunta del moreno. Enseguida comprendió a qué se refería, por su planteamiento sobre ideas interesantes. Se quedó en silencio un instante, tratando de concentrarse y buscar las palabras correctas. -Bueno, el interés no viene dado por lo buenas o malas que sean sus ideas, o lo entretenidas que sean, sino por lo mucho que me atraigan a mí. Y usualmente encuentro cosas muy cautivadoras en cualquiera- Razonó, justificando su interés nato por las personas, y explicando de la misma forma que todos llamaban su atención, en mayor o menor grado.  -Incluso en las malas personas. Porque a pesar de todo, me gustan- Admitió, rascándose la nuca algo incómoda por esa frase, sin saber exactamente el motivo de su incomodidad. Habitualmente nunca le molestaba ese aspecto de ella misma, pero decirlo en voz alta la hizo sentir avergonzada… Ahora comprendía un poco el recelo de los humanos al hablar, las razones para guardarse ciertos comentarios para sí mismos. El miedo a ser juzgados por la sociedad en la cual se desenvolvían. Ahora que ella se integraba a esa sociedad, empezaba a sentir el peso de la misma sobre sus hombros. No dejaría de decir lo que sentía, pero aquel apretón en el pecho terminó por hacerla sentir realmente feliz… Más compenetrada. El objetivo principal para su coexistencia con humanos estaba dando frutos muy rápido.
Extendió la mano para aceptar la liga, con una naturalidad extraña tratándose de dos desconocidos -Gracias- Se las llevó a la cabeza y volvió a recogerlo, esta vez en una trenza pues, de intentar sujetarlo con una sola liga, ésta cedería y adiós liga. Volvió a extender la mano y recibió la segunda liga con una sonrisa. Terminó la trenza rápidamente y la selló con ambas ligas, evitando así que se fuera a soltar el cabello. Extendió la mano una tercera vez, esta vez recogiendo la cuenta para leerla; entrecerró los ojos y se acercó más. Cielos si escribían mal, qué les costaba hacerlas impresas para evitar malentendidos. Cuando dio con la letra que no entendía, alzó la vista casi emocionada y habló sobre sus palabras -Dice que so…- Solo entendió que le estaba diciendo algo de ayudarle, pero acto seguido salió disparado. Se quedó con la palabra en la boca y la cuenta en la mano. Tras unos segundos se volvió y le vio correr fuera de la heladería. Sólo pudo empezar a reírse a carcajada limpia, como una loca. Si bien había pensado entender a los humanos, la verdad es que no entendía nada. Encontraba aquello como una escena surrealista, de película, pero la irreverencia de aquel instante sólo le puso de buen humor. Sacó de su mochila el monedero y dejó una importante cantidad de dinero sobre el platito de la cuenta. Prácticamente todo su dinero, de hecho. Estaban sus helados, los del moreno, y además el mega helado que habían compartido "Y ahora es mío". La melodía pegajosa de Bittersweet symphony era ahora lo único que ocupaba su cerebro.
El camarero recogió el pago y ella se cambió de asiento, al que anteriormente había ocupado el moreno. Cruzó sus piernas y empezó a atacar el helado que aún iba por la mitad. Si bien acababa de descubrir que no entendía en absoluto la mente de ese sujeto, tenía la completa e injustificada certeza de que iba a regresar. Y de todos modos iba a tener que esperar a comer todo el helado porque, de acercarlo al vapor inclemente que reinaba fuera del local, no resistiría ni cinco segundos en estado sólido. Probablemente eso le hizo creer que regresaría, su repudio a esa temperatura infernal. Pidió un vaso de agua para contrarrestar la sensación empalagosa en la garganta y continuó disfrutando del helado, con la esperanza de que su anterior compañero reapareciera o el cielo afuera se nublara, lo que ocurriera primero.

OFF:

De hoy en adelante, Ayami mirará a Ray con esa miradita de “Me debes” kojo  xD

btw, ¿estás consciente de que Bittersweet Symphony de The Verve es mi canción favorita en el mundo? Te estás ganando mi confianza musical  
:pirat:


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Tema Privado Re: El camino del deshielo

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Sáb Ago 27, 2016 3:51 am

Al notar que ella no vendría, aceleró el paso atravesando la puerta, sintiendo el sofocante palmetazo de las olas de calor como si un ataque de sumo se tratase. Un planchazo en toda regla. A punto de regresar a la fresca heladería, reencauzó su voluntad en ubicar al maldito perro de mie… – ¡¿Qué estás haciendo?! – encontró a su peludo amigo saltando y gruñendo queriendo asustar a un conjunto de palomas que “pastaban” a la vera de la plazoleta ubicada cruzando la calle. Llevó el puño a su cara y cruzando el otro brazo sobre el pecho y debajo del codo flexionado, cerrando los ojos – Cómo disfrutas engañándome, eh, cabroncete con rabia – se dio la vuelta pensando en regresar a su mesa y terminar el helado, pero debido a fuerzas de la naturaleza incontrolables, fue derribado por el can quien hace horas sabía que su humano estaba cerca y sólo esperaba que apareciese y joderle la existencia, práctica habitual y que le mantenía entretenido al animal. Casi podría escucharse su risa ahogada como cierto Pulgoso de unas caricaturas, mordiéndole la camisa muy fuerte, rajándosela debajo de la nuca y la playera sería la próxima víctima de no responder a tiempo el “dueño”, un título difícil de defender.
 
Apenas pudo amortiguar un poco la caída con los las manos por delante, los antebrazos se llevaron la peor parte y el impacto en la frente dolía por punzadas – ¡BECK! La pu*a madre – por unos segundos en el suelo, el perro enseguida se le volvió a encimar, pisándole el estómago y el pecho repetidas veces. Lo que más quería, jugar con Ray, y no se preocupaba si excedía en fuerza ni medía las consecuencias, mordiéndole la mano izquierda, su favorita para masticar, arrancó un grito enfurecido del muchacho. Al homínido la paciencia le duraba poco así, ”El mejor amigo del hombre, mis polainas” lo empujó agarrándole del hocico y por un costado, clavándole los dedos en las costillas, quejido del peludo incluido cuando fue apartado con violencia, la única forma que poseía el pelinegro en intentar parar las molestas acciones contrarias – Si pudieras hablar, me gustaría saber por qué buscas todo el tiempo que nos peleemos – se arrodilló, a punto de saltar sobre el perro, pero este en un brinco hacia atrás ladró en señal clara de desafío. Gruñendo deportivamente, comenzó carrera por la acera alejándose veloz de aquél rival sin pelo excepto en cabeza, pecho y otras partes del cuerpo.
 
Escapó el aire por la boca en un bufido, enojado y recaliente a su manera – ¡Ven aquí, pulgoso y roñoso perro! – atravesando estadios de interés, atención, y finalmente furia que se convertirían en la energía necesaria para encarar la persecución. Gato al ratón, o humano al perro. A veces las amistades más extrañas sobre la Tierra traían aparejadas estas situaciones, Beck pagaría por lo que hacía si su dueño lograba cazarle con éxito. Respirando profundamente por la nariz y controlando la oxigenación de sus músculos, Ryuusuke con el trote inicial se fue acelerando hasta alcanzar su máxima velocidad la cual resultaba relativamente importante. Los años de disfrutar la natación y amar horas y horas de música con sus instrumentos, le habían dotado de una resistencia respetable, e interesante.
 
Así nuestro pelinegro se perdía entre las calles de Éadrom, dejando atrás la posibilidad de conocer a una persona peculiar, que seguía degustando las heladas comidas, muy cómoda la rubia exceptuando el hecho de que había gastado dinero de su propio bolsillo, culpa de lo pedido por el escapista músico. Algún día se las cobraría.
 
¿Estaría Ray también dispuesto a pagar? Será otro tipo de persecución que se contará en nuevas historias.


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