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¿Estas preparado para escribir tu propia historia en el Instituto Takemori? Adéntrate en el mundo mágico de Éadrom en donde casi todo es posible. Convive junto a otros seres sobrenaturales y humanos. Comprueba si es posible que ambas especies vivan en paz y armonía. Diseña tus propias aventuras, persigue los objetivos que te trajeron hasta aquí y por sobre todo pásatelo en grande! Estas a un paso de formar parte de esta gran historia! Adelante!
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La historia de como Gelatos Erráticos llegó a ser lo que es.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 28, 2016 5:39 pm

La historia que aquí más o menos se leería, no cuenta como rol, por más canon que se quiera que sea o considere, más porque decidimos que era la única zona del foro donde podríamos tratar una historia así, es la única zona donde podemos hallar la fléxibilidad buscada para llevar a cabo esta narración que comenzaré ahora:




Pocos años atrás, durante una de aquellas crisis económicas que no afectan a nadie, que la idea de una dominación helada estalló en la mente del ser que hoy en día todos conocemos.

Poco tiempo después de su llegada a este mundo y de su segundo encuentro con la demonio del hielo, Hikari, se encontraba Cronirion con su carpa en los jardines por donde tanta gente pasaba. Allí pasaba casi todo el tiempo tomando el helado que su errática carpa le proporcionaba y observando a la gente pasar por aquí y allá, jugando o paseando, ignorándolo ya por costumbre y ni observando al ser esférico que tomando helados los observaba a todos pasear.

Fue durante uno de aquellos días que la primera chispa estalló en su mente; un niño pequeño, tras observar a Cronirion con su helado en tentáculo, se fue a saltitos hasta una pequeña casucha metálica no muy lejana, dentro de ella había un sujeto que acostumbraba vender golosinas y bebidas a los transeúntes que por allí andaban, nada que Cronirion no hubiera visto ya, excepto que en aquella ocasión algo nuevo ocurrió.



Uno de chocolate por favor -monedas de aquí para allá.

Aquí tienes -y el viejo de la tienda le daba uno.

Un helado. Una paleta helada de chocolate pasaba de las manos del vejestorio al niño y el vejestorio recibía dinero por ello.- ¡Claro! -Exclamó Cronirion recordando fugazmente la humana vida que vidas atrás habría de llevar- ¡los helados se vendían! -Pero pronto recordó lo que no deseaba, que muchas vidas atrás había sido uno de aquellos seres, Cronirion se sintió asqueado por la idea y acabó matando al viejo disparándole un rayo para luego escapar del lugar con ciertos pensamientos encontrados que lo disgustaban.

La noche ya por la ciudad, una noche nubosa, era quizás ya uno de los pocos abrazos que acariciaban a Cronirion y lo alejaban poco a poco de aquellas extrañas memorias.- De todos modos no estoy acá para pasar por esto -se repetía y repetía. Y era cierto, Cronirion no había llegado a ese mundo para que algo lo disgustara, no, había llegado a aquel mundo en busca de aquellos seres que por coincidencia de la vida utilizaban el mismo nombre que él... o ella, no importaba.

A eso de las dos de la mañana, la visión de una pequeña sombra sobrevolando algunos pequeños edificios de una zona residencial acabó por atraer la atención de Cronirion. 

Los efectos de utilizar el nombre aquel nombre siempre eran los mismos: quienes lo utilizaran ganaban poderes y habilidades como los que Cronirion habría obtenido en vidas pasadas, pero también pasaban a atraer a Cronirion hacia ellos, el utilizar aquel nombre desgarraba el alma del dueño original y lo atraía hacia quienes usurpaban aquel nombre, luego Cronirion los devoraba para recuperar lo perdido y ganas también las almas ajenas cuando estas se fusionaban lo suficiente con la suya que “perdía”.

La pequeña sombra le resultó reconocible al alcanzarla, la había seguido flotando desde lo alto por algunas horas, era aquel odioso niño del helado, el niño solo volaba feliz de la vida, pero para Cronirion esa era una vista que ya no podía soportar. Todo ocurrió muy rápido, fue como ver a una mosca caer, un muro metálico apareció de la nada frente al pequeño niño volador interceptándolo y dejándolo inconsciente, mandándolo al suelo cual saco de plomo, muchos dirían que con eso ya estaba muerto, pero su alma no abandonaba el cuerpo, no era su alma. Cronirion finalmente llegó a su altura y cubrió al cuerpo con una manta de nanomáquinas que agresivamente devoraron el cuerpo y el alma del niño, recuperando el poco del alma perdida no sin antes también absorber las últimas sensaciones del niño. El placer de un dinero bien gastado en un delicioso helado.

Cronirion pasó una noche extraña tras eso, la idea un tanto intangible de lo que las sensaciones del día significaban no le permitieron descansar correctamente por más que forzara sus sistemas a apagarse, dichas ideas presentaban quizás el único objetivo para su nueva vida en este mundo, pero no las comprendía.
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